Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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viernes, 12 de octubre de 2012

Rita Hayworth: La verdadera condesa descalza


 
Gilda convirtió a Rita Hayworth en un verdadero mito erótico y más cuando para dar publicidad a esta película se utilizaba aquel pegadizo y rotundo "Nunca hubo una mujer como Gilda". Y era cierto, ni tan siquiera la propia Margarita Cansino, nombre real de Rita y que vivía debajo de la piel de ese icono, podía ni quería acercarse a tal ideal. Por ejemplo, ella era una declarada pacifista, pero cuando lanzaron aquella bomba atómica en el atolón de bikini a modo de prueba, la silueta que iba dibujada en el artefacto era la Rita Hayworth, y es que los soldados no encontraron nada más explosivo en su imaginación. Definitiamente Margarita y Gilda iban por caminos separados.

Margarita Cansino era hija de un bailarín del pueblo sevillano de Castilleja de la Cuesta, un sujeto analfabeto, bebedor y que no pocas veces le pegaba, llegando incluso a abusar de ella. Nunca le dio a Rita la oportunidad de formarse y desde muy corta edad la incluyó en sus espectáculos de baile. Cuando el éxito inicial de su padre fue menguando, a este se le hizo evidente el potencial que mostraba su ya crecidita y apabullantemente hermosa hija, que paso a convertirse en la estrella central de sus actuaciones tras agotadoras sesiones de ensayo y clases de baile, situación que quedaba aderezada con unos celos enfermizos por proteger la virtud de su hija (para con los demás) y que lo llevaban a encerrarla en su camerino durante los descansos de las funciones y a mantenerla alejarla de cualquier posible pretendiente. Fue en esta época en la que aprendió a callar, a hacerse rehén de su timidez y a conformarse con una forma de vivir que no le gustaba, en definitiva, a tragar carretas y carretones y a la triste condena de no saber decir que no.

A través del baile fue descubierta por Xavier Cugat y tras éste fue pretendida por el todopoderoso Darryl Zanuck que intentó ingresarla en su nomina de actrices que se habían visto obligadas a entregarle sus encantos (y no fueron pocas) para proseguir con éxito sus carreras. Cuando ella se negó a formar parte de sus ilusiones horizontales, éste la despidió y solo gracias a la intervención de Edward Judson pudo rehacer su carrera.
 


Judson, que se convirtió en su primer marido se esmeró en crear una estrella y cuido cada detalle, creando una nueva y sofisticada mujer, tal y como ya hiciera Sternberg con Marlene Dietrich. La todavía Margarita siguió al pie de la letra todas las directrices de su marido y así adelgazó su silueta, se tiño el pelo de castaño a pelirrojo, hizo más sugerente su mirada modificando sus cejas, se dejaba elegir cada vestido y finalmente se dejo cambiar el nombre, pasando ya por siempre a ser Rita Hayworth, para lo cual añadió una "y" al apellido Haworth de su madre, una de las bailarinas de las Ziegfeld Follies. La pareja procuraba estar siempre en la pomada, en todas las fiestas y saraos, mostrandose permanentemente dispuestos y agradables, a la caza de un buen contrato o un buen artículo de prensa. Judson resultó mucho menos protector que el padre de Rita y la hizo pasar en sus reservas amatorias de un extremo al otro, facilitando que tuviera relaciones con cualquiera que pudiera ayudarla a subir en la escalera hacia el estrellato. Y no le fue mál. Pronto fichó por la Columbia y pudo demostrar su solvencia como bailarina con genios de la talla de Fred Astaire y Gene Kelly, en películas tan deliciosas como "Desde aquel beso", "Bailando nace el amor" o "Las modelos"... pasos que antecedieron a la que es su película por excelencia, Gilda.

En aquella por entonces considerada "pecaminosa" película aparecía como una devorahombres enfundada en aquel traje negro de seda, un look que terminó poniendo de moda entre todas las mujeres los escotes sin hombros y los zapatos de tiras cruzadas en los tobillos, y también, quien puede olvidarlo, se quitaba los guantes al ritmo de un sugerente "Put the blame on mame" que en realidad no cantaba ella sino Anita Ellis. Un baile que era sencillamente arrebatador y que posteriormente ha sido imitado hasta la saciedad, en cualquier oportunidad en la que una mujer, ya fuera en un espectáculo público o en la vida privada quería aparentar ser una genuina "femme fatale". A ese nivel, solo podría tener algún parangón en aquel "Diamonds are the best girl friend" de Marilyn (aquí la tentación era la versión rubia), pero la cosa es que por muy "marilynmaníaco" que se pueda ser (yo lo soy -ego me absolvo ad pecatis meus), ha de reconocerse que en eso de parecer "maravillosamente inaccesible y peligrosa" Rita en este baile resulta muy superior. Su baile, su forma de mover el pelo, el ritmo de la canción, su sonrisa, el remedo de strip-tease, y la sensación de lo prohibido que entonces evocaba, hizo que cualquier hombre de cualquier país, de cualquier ciudad soñara con ella y con recibir cuando menos la brisa que provocaba su melena al moverse. No creo que ningún otro hombre aparte de Glenn Ford se atreviera a abofetearla nuevamente.
 


Gilda la hizo un mito sexual del siglo XX del mismo tamaño que Marilyn, pero también fue su condena. Ella misma lamentaba que los hombres se acostaban por la noche con Gilda, a la que deseaban, y se despertaban con ella, con la realidad de una Margarita Cansino a la que no le daban el mismo trato y admiración. Sólo deseaban poseer al mito no al ser humano.

Su segundo marido resultó ser el genial Orson Welles, posiblemente su gran amor. Este tras ver sus fotos en una revista, pregonaba ante todos que se iba a casar con ella, cuando realmente ni siquiera se conocían. Rita no sabía como tomarse aquellas declaraciones y fanfarronadas a la prensa de un Welles que se encontraba por entonces rodando una película en Brasil y que aseguraba que tan pronto volviera a su país, la conquistaría. Y evidentemente lo consiguió. El decía de ella que como estaba realmente bella era sin maquillaje, mientras los demás, un mundo entero de envidiosos, se referían a la pareja como "la bella y el cerebro". Ciertamente no tuvo que ser una relación fácil, nunca lo es cuando uno de los cónyuges es un genio reconocido por todos y a la otra parte, sin apenas formación solo le dejan el papel de cara bonita. Con estos ingredientes y un Hollywood lleno de tentaciones, no es raro que finalmente la relación terminara por deteriorarse y romperse. Antes de la separación total, la pareja tuvo su canto del cisne en el espectacular film "La Dama de Shanghai" en la que Welles tuvo el atrevimiento de teñirla de rubia y recortar su pelo, a pesar de lo cual, seguía mostrándose enigmática y preciosa. Para muchos esta película tiene muchas deficiencias y en su tiempo fue un gran fracaso, pero a mí me sigue pareciendo soberbia y el talento de Welles es palpable en cada escena.

Tras Welles, Rita Hayworth se convirtió en la primera princesa que nos dio el cine, siete años antes que la "señorita" Grace Kelly, que sin embargo se ha llevado todas las portadas por este tipo de efeméride. Rita se casó con el Principe Ali Khan, descendiente directo de Fátima, la hija de Mahoma y cuyo padre era el líder religioso de millones de Ismaelitas en el mundo. La boda que se celebró cerca de Mónaco, fue como era de esperar, de cuento de hadas y a nuestra pelirroja le hicieron un camino formado por los pétalos de decenas de miles de rosas e incluso tuvieron la excentricidad de llenar una piscina con agua de colonia (espero que nadie se tirara a ella con los ojos abiertos). Tras romper su relación con Ali Khan aun vendrían dos matrimonios más, pero el declive ya sería inexorable.
 

 Margarita Cansino había luchado toda su vida por conseguir la felicidad, pero cuando le abandonó la belleza también se esfumo el éxito, y el recuerdo de la que fue y ya no era se convertía en una condena más que una bendición. Se mostraba en su última etapa con un aspecto descuidado, en el que los años más que aportar esa patina de elegancia y respeto que todos desearíamos cuando nos abandona la arrogante plenitud de la juventud, ofrecían en cambio un rostro de derrota y miedo, una imagen que más que otra cosa movía a la compasión, y más aun al ser conscientes de la belleza absoluta que había contenido aquel rostro ahora arrugado y sin luz. El alzehimer vino además a anidar en los sótanos de su otrora subyugante melena pelirroja, e hizo que incluso fuera incomprendida en sus padecimientos y que su ocaso físico fuera totalmente atribuido al alcoholismo que también la atenazaba. Antes de morir llegó a ser declarada incapaz para administrar sus propios bienes, quedando bajo la tutela de su hija y falleciendo en 1987, en un estado en el que su personalidad resultaba totalmente irreconocible. A pesar de todo ello y gracias al cine su belleza no se rindió del todo y cuando desde la pantalla nos susurra su "Amado mío" no tenemos más remedio que seguir considerando su hermosura como algo eterno.
 
 
                                                                          Amado mio
 
 
Put the blame on mame boy
 
 
Una selección de fotos
 
Era una de las grandes bailarinas de Hollywood, aqui con Fred Astaire en "You´ll never get rich"


 
 
Cineclasicajazz Pizcadelodemás

2 comentarios:

  1. Rita es la mujer de toda la historia de Hollywood que más me fascina, por su belleza y su encanto. No hubo otra como ella.

    Genial blog, ha sido una alegría encontrarlo.

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  2. Enhorabuena por el blog, estaba buscando fotos de Rita y he llegado hasta aquí. Ya he compartido tu blog en mis redes. Un saludo!

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