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miércoles, 20 de marzo de 2019

"Jacinto Contreras recibe su paga extraordinaria". Cuento de Camilo José Cela



A Jacinto Contreras, en la Diputación, le habían dado la paga extraordinaria de Navidad. A pesar de que la esperaba, Jacinto Contreras se puso muy contento. Mil doscientas pesetas, aunque sean con descuento, a nadie le vienen mal.
-Firme usted aquí.
-Sí, señor.
Jacinto Contreras, con sus cuartos en el bolsillo, estaba más contento que unas pascuas. ¡Qué alegría se iba a llevar la Benjamina, su señora, que la pobre era tan buena y tan hacendosa! Jacinto Contreras, mientras caminaba, iba echando sus cuentas: tanto para unas medias para la Benjamina, que la pobre tiene que decir que no tiene frío; tanto para unas botas para Jacintín, para que sus compañeros de colegio no le pregunten si no se moja; tanto para una camiseta de abrigo para él, a ver si así deja de toser ya de una vez (las zapatillas ya se las comprará más adelante); tanto para un besugo (gastarse las pesetas en un pavo, a como están, sería una insensatez sin sentido común), tanto para turrón, tanto para mazapán, tanto para esto, tanto para la otro, tanto para lo de más allá, y aún sobraba dinero. Esto de las pagas extraordinarias está muy bien inventado, es algo que está pero que muy bien inventado.
-¿Usted qué piensa de las pagas extraordinarias?
-¡Hombre qué voy a pensar! ¡A mí esto de las pagas extraordinarias, es algo que me parece que está la mar de bien inventado!
-Sí, eso mismo pienso yo.
Jacinto Contreras, para celebrar lo de la paga extraordinaria -algo que no puede festejarse a diario-, se metió en un bar y se tomó un vermú. Jacinto Contreras hacía ya más de un mes que no se tomaba un vermú.
-¿Unas gambas a la plancha?
-No, gracias, déjelo usted.
A Jacinto Contreras le hubiera gustado tomarse unas gambas a la plancha, olerlas a ver si estaban frescas, pelarlas parsimoniosamente, cogerlas de la cola y, ¡zas!, a la boca, masticarlas despacio, tragarlas entornando los ojos...
-No, no, déjelo...
El chico del mostrador se le volvió.
-¿Decía algo, caballero?
-No, no, nada..., muchas gracias..., ¡je, je!..., hablaba solo, ¿sabe usted?
-¡Ah, ya!
Jacinto Contreras sonrió.
-¿Qué le debo?
En la calle hacía frío y caía un aguanieve molesto y azotador. Por la Navidad suele hacer siempre frío, es la costumbre. Jacinto Contreras, en la calle, se encontró con su paisano Jenaro Viejo Totana, que trabajaba en la Fiscalía de Tasas. Jenaro Viejo Totana estaba muy contento porque había cobrado su paga extraordinaria.
-¡Hombre, qué casualidad! Yo también acabo de cobrarla.
Jenaro Viejo y Jacinto Contreras se metieron en un bar a celebrarlo. Jacinto Contreras, al principio, opuso cierta cautelosa resistencia, tampoco muy convencida.
-Yo tengo algo de prisa... Además, la verdad es que yo ya me tomé un vermú ...
-¡Venga, hombre! Porque te tomes otro no pasa nada.
-Bueno, si te empeñas.
Jenaro Viejo y Jacinto Contreras se metieron en un bar y pidieron un vermú cada uno.
-¿Unas gambas a la plancha?
-No, no, déjelo usted.
Jenaro Viejo era más gastador que Jacinto Contreras; Jenaro Viejo estaba soltero y sin compromiso y podía permitirse ciertos lujos.
-Sí, hombre, sí. ¡Un día es un día! ¡Oiga, ponga usted un par de raciones de gambas a la plancha!
El camarero se volvió hacia la cocina y se puso una mano en la oreja para gritar.
-¡Marchen, gambas plancha, dos!
Cuando llegó el momento de pagar, Jenaro Viejo dejó que Jacinto Contreras se retratase.
-Y ahora va la mía. ¡Chico, otra ronda de lo mismo!
-¡Va en seguida!
Al salir a la calle, Jacinto Contreras se despidió de Jenaro Viejo y se metió en el metro, que iba lleno de gente. En el metro no se pasa frío, lo malo es al salir. Jacinto Contreras miró para la gente del metro, que era muy rara e iba como triste; se conoce que no habían cobrado la paga extraordinaria; sin cuartos en el bolsillo no hay quien esté alegre.
-Perdone.
-Está usted perdonado.
Al llegar a su casa, Jacinto Contreras no sacó el llavín, prefirió tocar "una copita de ojén", en el timbre (to ring the doorbell very lightly-as if with a glass of brandy).  A Jacinto Contreras salió a abrirle la puerta su señora, la Benjamina Gutiérrez, natural de Daimiel, que la pobre era tan buena y tan hacendosa y nunca se quejaba de nada.
-¡Hola, Jack!
La Benjamina, cuando eran novios, había estado una vez viendo una película cuyo protagonista se llamaba Jack, que ella creía significaba Jacinto, en inglés. Desde entonces siempre llamaba Jack a Jacinto.
-¡Hola, bombón!
Jacinto Contreras era muy cariñoso y solía llamar bombón a la Benjamina, aunque la mujer tenía una conjuntivitis crónica que la estaba dejando sin pestañas.  
-He cobrado la paga extraordinaria. La Benjamina sonrió.
-Ya lo sabía.
-¿Ya lo sabías?
-Sí; se lo pregunté a la Teresita por teléfono.
La Benjamina puso un gesto mimoso y volvió a sonreír.
-Mira, ven a la camilla, ya verás lo que te he comprado.
-¿A mí?
-Sí, a ti.
Jacinto Contreras se encontró al lado del brasero con un par de zapatillas nuevas, a cuadros marrones, muy elegantes. -¡Amor mío! ¡Qué buena eres!
-No, Jack, el que eres bueno eres tú ... Te las compré porque tú no te las hubieras comprado jamás ... Tú no miras nunca por ti ... Tú no miras más que por el niño y por tu mujercita...
Jacinto Contreras puso la radio y sacó a bailar a su mujer.

-Señorita, ¿quiere usted bailar con un joven que va con buenas intenciones y que estrena zapatillas?
-¡Tonto!
Jacinto Contreras y la Benjamina bailaron, a los acordes de la radio, el bolero Quizás, que es tan sentimental. La Benjamina, con la cabeza apoyada en el hombro de su marido, iba llorando.
La comida fue muy alegre y de postre tomaron melocotón en almíbar, que es tan rico. La Benjamina, a cuenta de la paga extraordinaria, había hecho unos pequeños excesos al fiado.
-Y ahora te voy a dar café.
-¿Café?
-Sí; hoy, sí.
Mientras tomaban café, Jacinto Contreras, con el bolígrafo, fue apuntando.
-Verás: unas medias para ti, cincuenta pesetas.
-¡No seas loco, las hay por treinta y cinco!
-Bueno, déjame. Una barra de los labios, con tubo y todo, otras cincuenta.
-Anda, sigue, los hay por treinta y duran lo mismo.
-Déjame seguir. Llevamos cien. Unas botas para el Jacintín, lo menos doscientas. Van trescientas. Una camiseta de abrigo para mí, cuarenta pesetas... Hasta lo que me dieron, menos el descuento y los dos vermús que me tomé ... ¡Tú verás! Queda para el besugo, para turrón, para mazapán, para todo, ¡y aún nos sobra!
Jacinto Contreras y la Benjamina se sentían casi poderosos.
-¿Hay más café?
-Sí.
Jacinto Contreras, después de tomarse su segundo café, palideció.
-¿Te pasa algo?
-No, no...
Jacinto Contreras se había tocado el bolsillo de los cuartos.
-¿Qué tienes, Jack?
-Nada, no tengo nada...
La cartera donde llevaba el dinero -una cartera que le había regalado la Benjamina con las sobras de la paga de Navidad del año pasado- no estaba en su sitio.
-¿Qué pasa, Jack? ¿Por qué no hablas?
Jacinto Contreras rompió a sudar. Después besó tiernamente a la Benjamina. Y después, con la cabeza entre las manos, rompió a llorar.
Hay gentes sin conciencia, capaces de desbaratar a los más honestos sueños de la Navidad: comprarle unas medias a la mujer y unas botas al niño, comer besugo, tomar un poco de turrón de postre, etc.
Fuera, el aguanieve se había convertido en nieve y, a través de los cristales, los tejados y los árboles se veían blancos como en las novelas de Tolstoi...


Solo tenía un recuerdo borroso de este cuento, leído en un libro escolar en la niñez, cuando uno es fácilmente impresionable. Muchas veces intenté dar con él y no tuve suerte hasta hoy. Más allá del valor literario que pudiera tener, para mi tiene el valor de ser un recuerdo de la infancia, por triste que la historia pueda resultar. Por cierto el nombre completo del cuento es: "Jacinto Contreras recibe su paga extraordinaria. Sentimental fabulilla de Navidad" y se incluye en "Café de artistas y otros cuentos" (1969).

No puedo dar datos de la autoría o título de la fotografía que ha sido tomada de la siguiente página:
https://verne.elpais.com/verne/2014/11/27/articulo/1417097634_207985.html

lunes, 19 de noviembre de 2018

"Otras veces" - Ángel González



Quisiera estar en otra parte,
mejor en otra piel,
y averiguar si desde allí la vida,
por las ventanas de otros ojos,
se ve así de grotesca algunas tardes.

Me gustaría mucho conocer
el efecto abrasivo del tiempo en otras vísceras,
comprobar si el pasado
impregna los tejidos del mismo zumo acre,
si todos los recuerdos en todas las memorias
desprenden este olor
a fruta madura mustia y a jazmín podrido.

Desearía mirarme
con las pupilas duras de aquel que más me odia,
para que así el desprecio
destruya los despojos
de todo lo que nunca enterrará el olvido.

El poema se titula "Otras veces" y es obra del ovetense Ángel González (1925 - 2008), un poeta español de la Generación del 50, académico y Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1985.  El poema se incluye en “Breves acotaciones para una biografía” (1971). El cuadro que le acompaña se titula "Contemplación" y es obra del pintor inglés Archibald George Barnes (1887–1972).

La imagen ha sido tomada sin animo de lucro alguno de la siguiente página:
https://www.pinterest.es/pin/511158626441135496/

domingo, 18 de noviembre de 2018

"Ni de Eva ni de Adán" - Amélie Nothomb



"Al parecer, huir es poco glorioso. Lástima, porque es muy agradable. La huida proporciona la más formidable sensación de libertad que se pueda experimentar. Te sientes más libre huyendo que si no tienes nada de lo que huir. El fugitivo tiene los músculos de las piernas en trance, la piel temblorosa, las fosas nasales palpitantes, los ojos abiertos. El concepto de libertad es un tema tan manido que las primeras palabras me hacen bostezar. La experiencia de la libertad es otra cosa. Uno debería tener siempre algo de lo que huir, para cultivar esa maravillosa posibilidad. De hecho, siempre hay algo de lo que huir, aunque sólo sea de uno mismo."

El fragmento pertenece a la obra "Ni de Eva ni de Adán", una novela de la escritora belga Amélie Nothomb (1967) y que narra el romance que la escritora tuvo con un joven acomodado al que daba clases de francés. La escritora, nacida en Kobe e hija de un embajador belga vivió durante años en Japón y China y conoce perfectamente la cultura de la que habla en este libro. Publicada originalmente el 20 de agosto de 2007 por la Editorial Albin Michel, en España el libro está publicado por Anagrama (2009).

Una de las críticas del libro, en el diario L'Express, dice así: "Amélie Nothomb se sube en Tokio a la montaña rusa de una hilarante educación sentimental en brazos del muy delgado y muy oriental Rinri, un ávido lector que sueña con entrar en la orden del Temple. Amélie, decidida a aprender japonés enseñando francés a los autóctonos, conoce a Rinri en un bar. Pero, pocos días después, la relación entre maestra y alumno dará paso a una hermosa historia de amor. Distintos episodios nos sitúan, una vez más, ante una rica y peculiar visión de Japón, la de alguien nacido allí pero cuyos orígenes son occidentales, y donde la percepción de la alteridad cobra los más variopintos matices. Nothomb analiza sus experiencias desde una perspectiva casi antropológica, nunca exenta de ironía. La diversión está asegurada, pero también la ternu-ra e incluso la melancolía…, porque cuando Nothomb escribe en primera persona fascina, divierte, hace pensar y hace reír. «Los lectores de Amélie no se quejarán ante tan espléndida cosecha Nothomb»" (Marianne Payot, L’Express).

La imagen ha sido tomada de la siguiente página:
https://www.pinterest.es/pin/705235622870193906/

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Molière y la virtud


En cierta ocasión el gran dramaturgo y actor francés Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), para todos más conocido por "Moliére", se encontró en su paseo con un pobre que pedía limosna y al que generosamente le dio un Luis de oro. El pedigüeño no daba crédito a la excelencia de la ayuda recibida y creyendo que su benefactor se había equivocado al sacar la moneda de su bolsa se dirigió a él presurosamente y le dijo: "No quisiera ser un aprovechado con quien tuvo caridad conmigo".
Molière, autor de obras como "El avaro", le contestó que no había sido error alguno y que podía quedarse con la moneda, añadiendo otra de igual valor para premiar la honradez de aquel hombre. Posteriormente comentó: "¡Dios mío, donde fue a refugiarse la virtud!"

Algo que bien podríamos decir hoy en día, viendo el estado en el que se encuentran las élites.

En el cuadro aparece un detalle del retrato de Molière realizado por Pierre Mignard y que se exhibe en el Museo Condé  - Chantilly (Francia)

La imagen ha sido tomada de Wikimedia donde aparece como de dominio publico:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Moli%C3%A8re_Mignard_Chantilly.jpg

George Orwell y las élites "1984"


“En un mundo en que todos trabajaran pocas horas, tuvieran bastante que comer, vivieran en casas cómodas e higiénicas, con cuarto de baño, calefacción y refrigeración, y poseyera cada uno un auto o quizás un aeroplano, habría desaparecido la forma más obvia e hiriente de desigualdad. Si la riqueza llegaba a generalizarse, no serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era posible imaginarse una sociedad en que la riqueza no, en el sentido de posesiones y lujos personales, fuera equitativamente distribuida mientras que el poder siguiera en manos de una minoría, de una pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica, semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres humanos, a quienes la pobreza suele imbecilizar, aprenderían muchas cosas y empezarían a pensar por si mismos; y si empezaran a reflexionar, se darían cuenta más pronto o más tarde que la minoría privilegiada no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y acabarían barriéndoles. A la larga, una sociedad jerárquica sólo sería posible basándose en la pobreza y en la ignorancia”

El fragmento pertenece a "1984", obra del escritor inglés Eric Arthur Blair (1903-1950), más conocido por todos por su seudónimo George Orwell.

Imagen tomada de los fondos C.C. de Wikimedia, donde llega desde Cassowary Colorizations
Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:George_Orwell,_c._1940.jpg

lunes, 12 de noviembre de 2018

El mal estilo de Hemingway para con Scott Fitzgerald



Hubo un tiempo en el que dos de los más grandes literatos del siglo XX, los pesos pesados de la denominada Generación Perdida: Francis Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway fueron grandes amigos y compartieron su mutua admiración y alguna que otra botella de champán francés. Después, con el tiempo y el descenso a los infiernos del autor de "El gran Gatsby", Hemingway le perdió todo el respeto a un atribulado Fitzgerald y lo criticaba abiertamente por vender su talento a Hollywood por cuatro cuartos, sin entender que los necesitara siempre con urgencia para pagar los tratamientos de Zelda, su enferma esposa, lo tildaba además de cobarde e inmaduro y llegó un momento en que incluso, con poquísima elegancia llegó a hablar mal de él hasta en sus relatos. 

     El suceso se dio en agosto de 1936, en la revista Squire, donde se publicó la versión original del relato corto "Las nieves del Kilimanjaro" en el que aparecía un pasaje en el que el narrador del cuento al describir a los ricos dice:

“Eran aburridos y bebían demasiado, o jugaban al backgammon. Se acordó del pobre Scott Fitzgerald y de su romántico, reverencial respeto por esas gentes; se acordó del comienzo de uno de sus relatos: ‘Los multimillonarios son diferentes de ti y de mí'. Y se acordó de algo que alguien le había dicho a Scott: sí, es que ellos tienen más dinero: por eso son diferentes. Pero eso a Scott no le hizo gracia. Creía que los millonarios formaban una raza especial, y cuando descubrió que no era así se sintió destrozado, tanto o más que con todo lo que le había hecho sentirse fatal. Él despreciaba a la gente que se quedaba hecha polvo. Que comprendieras una cosa no significaba que tuviera que gustarte. Se creía capaz de superar cualquier cosa porque nada podía afectarle si no le importaba."

Fitzgerald se sintió dolido con esta "puñaladita" pública de Don Ernesto y se decidió a escribirle la siguiente carta:

“Querido Ernest:
Por favor, no hables de mí en tus libros. Si a veces decido escribir de profundis, eso no significa que quiera que los amigos recen en voz alta sobre mi cadáver. Sin duda que tu intención fue buena, pero me costó una noche de insomnio. Y cuando incorpores el relato a un libro, ¿te molestaría quitar mi nombre? Es un bello relato, uno de los mejores que has escrito aunque eso del “pobre Scott Fitzgerald, etc.” más bien me lo haya estropeado.  Siempre tu amigo Scott.

P. S.: Los millonarios nunca me han fascinado, a menos que les adorne el mayor encanto o distinción”

La respuesta que Hemingway dio a esta carta se perdió, pero el propio Fitzgerald afirmaba que en ella Hemingway se mostraba dispuesto a retirar el nombre de Scott Fitzgerald del relato cuando fuera publicado en un libro. 

Cuando a finales de año aparecieron los mejores relatos de 1937 el cuento seguía sin modificar y cuando Hemingway envió a la editorial la primera versión del libro en que se recopilarían sus primeros cuarenta y nueve relatos cortos se limitó a sustituir "pobre Scott Fitzgerald" por "pobre Scott". Fitzgerald escribió al editor y le recordó: "No olvides que ha prometido eliminar mi nombre. Fue una perrería, y aun cualquiera que no fuera Ernest se la hubiera devuelto". En la publicación difinitiva de su recopilación de relatos de 1938 "Scott" fue sustituido ya para siempre por "Julián".

A pesar de todo, Fitzgerald siguió hablando en términos amistosos de Hemingway mientras que este alternaba los comentarios diplomáticos con las habituales críticas que incomprensiblemente continuaron incluso después de la muerte de Scott en 1940, a cuyo entierro, por cierto, no asistió. Poco antes, en una carta fechada en 1939, Hemingway tuvo un momento de lucidez al escribir:

"Siempre he tenido un estúpido e infantil sentimiento de superioridad ante Scott, como el de un chico duro y resistente que desprecia a otro, más delicado quizá, pero con talento" 

Nuestra página en Twitter:     https://twitter.com/PacoPizca

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viernes, 2 de noviembre de 2018

Pasito a pasito hacia "Un mundo feliz"



“En la excitación que le producía el hecho de conocer a un hombre que había leído a Shakespeare, había olvidado momentáneamente todo lo demás. El Interventor se encogió de hombros.
—Porque es antiguo; ésta es la razón principal. Aquí las cosas antiguas no nos son útiles.
—¿Aunque sean bellas?
—Especialmente cuando son bellas. La belleza ejerce una atracción, y nosotros no queremos que la gente se sienta atraída por cosas antiguas. Queremos que les gusten las nuevas.
—¡Pero si las nuevas son horribles, estúpidas! ¡Esas películas en las que sólo salen helicópteros y el público siente cómo los actores se besan! —John hizo una mueca—. ¡Cabrones y monos! Sólo en estas palabras de Otelo encontraba el vehículo adecuado para expresar su desprecio y su odio.
—En todo caso, animales inofensivos —murmuró el Interventor, a modo de paréntesis.
—¿Por qué, en lugar de esto, no les permite leer Otelo?
—Ya se lo he dicho: es antiguo. Además, no lo entenderían.
Sí, esto era cierto. John recordó cómo se había reído Helmholtz ante la lectura de Romeo y Julieta.
—Bueno, pues entonces —dijo tras una pausa—, algo nuevo que sea por el estilo de Otelo y que ellos puedan comprender.
—Esto es lo que todos hemos estado deseando escribir —dijo Helmholtz, rompiendo su prolongado silencio.
—Y esto es lo que ustedes nunca escribirán —dijo el Interventor—. Porque si fuese algo parecido a Otelo, nadie lo entendería, por más nuevo que fuese. Y si fuese nuevo, no podría parecerse a Otelo”.

El fragmento pertenece al libro "Un mundo feliz" (1932) de Aldous Huxley, ese mundo distópico que tanto se va pareciendo al nuestro ¿o era al revés? El libro nos muestra un mundo feliz pero castrado y anestesiado, libre de guerras y pobreza pero también falto de arte, literatura, familia o amor. Curiosamente el título del libro encontraba su inspiración precisamente, con no poca ironía, en unos versos de "La tempestad" de Shakespeare, el autor citado en el fragmento anterior y que decían: ¡Oh qué maravilla! ¡Cuántas criaturas bellas hay aquí! ¡Cuán bella es la humanidad! Oh mundo feliz, en el que vive gente así. 

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martes, 30 de octubre de 2018

Kafka y los buitres



"Erase un buitre que me picoteaba los pies. Ya había desgarrado los zapatos y las medias y ahora me picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra.

Pasó un señor, nos miró un rato y me preguntó por qué toleraba yo al buitre.

– Estoy indefenso -le dije- vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies: ahora están casi hechos pedazos.

– No se deje atormentar -dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.

– ¿Le parece? -pregunté- ¿quiere encargarse del asunto?

– Encantado -dijo el señor- ; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿Puede usted esperar media hora más?

– No sé -le respondí, y por un instante me quedé rígido de dolor; después añadí -: por favor, pruebe de todos modos.

– Bueno- dijo el señor- , voy a apurarme.

El buitre había escuchado tranquilamente nuestro diálogo y había dejado errar la mirada entre el señor y yo. Ahora vi que había comprendido todo: voló un poco, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en mi boca, profundamente. Al caer de espaldas sentí como una liberación; que en mi sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buitre irreparablemente se ahogaba."


"El buitre" (1920) es un pequeño cuento del siempre singular Franz Kafka, en cuya interpretación no quiero entrar. Para ilustrarlo nos hemos permitido un pequeño giro y hemos colocado una imagen de la escultura "Prometeo encadenado" (1762)  una espectacular obra del escultor Nicolas S. Adam en la que se representa el castigo de los dioses a Prometeo por haberles robado el fuego para dárselo a los hombres. En este mito es un águila el que interminablemente comerá del hígado de Prometeo que como inmortal que era volvía a sufrir el suplicio al día siguiente al crecerle el hígado por la noche. Prometeo finalmente será liberado por Hércules quien logra matar al águila de un flechazo. El buitre en vez de flecha tenía reservado un tiro pero, Kafka decidió otro final... La historia del buitre me recordó este mito y la afición de Kafka a jugar con la mitología en sus relatos; de hecho incluso tiene otro pequeño cuento titulado "Prometeo". La escultura se exhibe en el Museo del Louvre (París)

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sábado, 27 de octubre de 2018

El Síndrome de Mario Benedetti



Todavía tengo casi todos mis dientes 
casi todos mis cabellos y poquísimas canas 
puedo hacer y deshacer el amor 
trepar una escalera de dos en dos 
y correr cuarenta metros detrás del ómnibus 
o sea que no debería sentirme viejo 
pero el grave problema es que antes 
no me fijaba en estos detalles.


El poema, titulado "Síndrome" es obra del admirado Mario Benedetti y se encuentra recogido en la obra "Cotidianas" (1978-79) y como ya el reflejo del espejo no es todo lo bonancible que uno desearía lo hemos acompañado de una de esas aparentemente sencillas pero a la vez enormemente complejas obras de Rene Magritte, en este caso "Reproducción prohibida", en la que el espejo se pone un tanto juguetón. La obra se expone en el Museo Boijmans Van Beuningen de Rotterdam.

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lunes, 22 de octubre de 2018

Hay gentes que lo poseen todo... Jean Cocteau



"Hay gentes que lo poseen todo y no consiguen hacerlo creer; ricos tan pobres y nobles tan vulgares que la incredulidad que suscitan acaba por hacerlos tímidos y les da una actitud sospechosa. En algunas mujeres, las más hermosas perlas resultan falsas. En cambio, en otras las perlas falsas parecen verdaderas. De igual modo, hay hombres que inspiran una confianza ciega y que gozan de privilegios que no podrían pretender. Guillermo Tomás pertenecía a esa raza de ventura. Se le creía. No necesitaba adoptar precaución alguna ni hacer ningún cálculo. Una estrella de mentira le llevaba derechamente a su objeto. Así, nunca tenía el rostro preocupado, turbado ni ceñudo. No sabiendo nadar ni patinar, podía decir: «Yo patino y yo nado.» Todos le habían visto sobre el hielo y en el agua. Un hada especial da esa suerte en el nacimiento. Hay algunos que triunfan y a cuya cuna no acudió más hada que esa. Nunca se le ocurrió a Guillermo hacer su examen y pensar: «¿Cómo saldré de esto?», o «Estoy engañando», o «Soy un miserable», o «Soy un hombre hábil». Caminaba estrechamente unido a su fábula. Cuanto más vivía su papel, más se incorporaba a él y más le aportaba ese fuego y esa franqueza que persuade."

El fragmento pertenece a la novela "Tomás el impostor" (1923) obra de Jean Cocteau. 

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lunes, 8 de octubre de 2018

Lolita, Nabokov y el cine



"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita"

El fragmento pertenece a "Lolita" (1955) la sensacional obra de Vladimir Nabokov que a pesar de narrar la irresistible atracción que ejerce una niña de apenas doce años sobre el ya maduro Humbert Humbert, ha logrado que su valor literario supere las evidentes críticas y controversias que su escabroso contenido es capaz de suscitar. La escritora Laura Freixas lo resumía de forma excelente: “Está escrita de tal modo que consigue hacernos olvidar que está mal violar niñas”.

Stanley Kubrick no tardó en llevarla al cine y para encarnar a Lolita eligió a la joven Sue Lyon, a la que dio el visto bueno hasta el propio Nabokov que hacía de guionista de la adaptación de su novela al cine. Rendido a sus pies quedaría ya por siempre James Mason que sería el actor que encarnaría al sucumbido profesor de poesía Humbert Humbert. La actriz realizaría después otro interesante papel de chica peligrosa en "La noche de la Iguana" (John Huston - 1964), para después ir diluyéndose aceleradamente en papeles de escasa importancia. Fue lo que se dice una estrella fugaz, un juguete roto como tantas otras prometedoras estrellas de usar y tirar al estilo Hollywood. Ellas comentaba al respecto: "Mi destrucción como persona proviene de Lolita. Esa película me expuso a tentaciones a las que ninguna niña de esa edad debía ser sometida. Desafío a cualquier chica bonita a ser catapultada al estrellato a los 14 años y poder mantenerse en ese nivel de ahí en adelante". Pero claro, al final siempre queda Kubrick, y su cine siempre con mayúsculas,  que aquí no es ni un musical, ni una película de gangsters ni del oeste, los géneros preferidos de "Lolita", una enamorada del cine, según contaba el Profesor Humbert en la novela:

"Lo (Lolita) aún tenía verdadera pasión por el séptimo arte (...) Vimos, voluptuosamente, sin discriminación, ciento cincuenta o doscientas películas sólo durante ese año (...) Sus películas favoritas eran, en este orden: las musicales, las policíacas y las del Oeste. En las primeras, cantantes y bailarines reales hacían carreras irreales en un mundo del espectáculo que venía a ser, en esencia, una esfera impermeable a todo lo que representara pena o tristeza, de la cual estaban excluidas la muerte y la verdad y donde, al final, el canoso, inocente y confiado, y técnicamente inmortal, padre de la heroína, reticente al principio a permitir que su hija se entregue a su loca pasión por las tablas, acaba aplaudiendo a rabiar su apoteósico triunfo en el fabuloso Broadway. Las películas policíacas también se desarrollaban en un mundo aparte: en él, heroicos periodistas eran torturados, las facturas telefónicas ascendías a cifras astronómicas y, en un ambiente sano y deportivo, aunque caracterizado por una inepta falta de puntería a la hora de disparar, los malos eran perseguidos por cloacas y almacenes de los más variados artículos por policías de patológica temeridad (mi captura no habría de causar tan extenuante ejercicio). En último lugar estaban los paisajes de tonos pardos, los domadores de caballos salvajes, de rostro rosado y ojos azules, la recatada y hermosa maestra, que llega al pueblo levantado a orillas del rumoroso arroyo, el caballo que se encabrita, la espectacular estampida del ganado, el cristal roto con un vigoroso golpe de revólver, la increíble pelea a puñetazo limpio, las montañas de muebles viejos que sueltan nubes de polvo al romperse, la mesa utilizada como proyectil, el oportuno salto mortal, la mano atada que busca a tiendas el cuchillo de monte caído al suelo, el rugido de la desesperación, el ruido amortiguado del puño al chocar contra la barbilla, la patada en la entrepierna, el hábil salto sobre el contrario para derribarlo al suelo; e, inmediatamente después de recibir una serie de golpes demoledores, que habrían mandado a Hércules al hospital (a estas alturas puedo afirmarlo por experiencia propia), el valiente héroe de la película, en cuya bronceada mejilla no aparece más que la sombra de un morado, lo que le da todavía mayor atractivo, si cabe, abraza a su entusiasmada futura esposa, toda una mujer del Oeste."


Con el vídeo hacemos justicia a Shelley Winters, que no habíamos citado y que hace un papel sensacional como madre de la jovencita en la película, y vemos como presente inocentemente a Lolita al Profesor Humbert, que por supuesto se queda con ellas por las tartas de cerezas:


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viernes, 5 de octubre de 2018

Imagen Vs Palabras: Poseidón


"Conduciendo su carro a través del mar, Poseidón, dios de los océanos y de los caballos, encarna los dos antiquísimos símbolos del inconsciente: el caballo y el agua. El agua siempre ha evocado en el hombre el misterio del infinito, posibilidades infinitas y peligros infinitos de nuestra conciencia fluida. Al carecer de forma predeterminada propia, está en constante movimiento, nunca cambia y, sin embargo, nunca es la misma en dos momentos sucesivos. Y el caballo personifica en su primitiva potencia los impulsos instintivos de nuestra naturaleza bruta [...]. Poseidón era el más primitivo de los dioses, el que hacía temblar la tierra, el dios de las tormentas y de los terremotos, de la devastación repentina de los maremotos. Los peligros se desatan cuando brotan las fuerzas yacentes que están bajo la superficie de la conciencia."

El fragmente pertenece al libro "Los dioses de Grecia" (1993) obra de la escritora norteamericana de origen griego Arianna Huffington (de soltera se apellidaba Stassinopoulos) y famosa actualmente por ser una de las fundadoras de "The Huffington Post" Por otro lado tenemos como imagen de un posible Poseidón moderno al modelo Patrick Petitjean en una fotografía realizada por Nathaniel Goldberg en 2008 para GQ

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sábado, 29 de septiembre de 2018

Virginia Woolf y la magia de las Palabras


"Las palabras (...) están llenas de ecos, de memorias, de asociaciones. Han estado por todas partes: en los labios de la gente, en las calles, en sus casas, en los campos, por tantos siglos. Y esa es una de las principales dificultades para escribirlas hoy: están llenas de otros significados, de otras memorias, y han contraído muchos matrimonios famosos en el pasado.(...) En los viejos tiempos, por supuesto, el inglés era una nueva lengua, los escritores podían inventar nuevas palabras y usarlas. Hoy en día, es bastante fácil inventar nuevas palabras -brotan a los labios cuando vemos una nueva vista o tenemos una nueva sensación- pero no podemos usarlas porque el inglés es una lengua vieja. No se puede usar una palabra nueva en un lenguaje viejo por el hecho tan obvio pero siempre misterioso de que una palabra no es una entidad distinta y separada, sino parte de otras palabras. En efecto, no es una palabra hasta que no es parte de un enunciado. Las palabras pertenecen las unas a las otras (...) -Las palabras- Son la más salvaje, libre, la más irresponsable, la más inenseñable de todas las cosas. Por supuesto, puedes atraparlas y distribuirlas y colocarlas en orden alfabético en los diccionarios. Pero las palabras no viven en diccionarios. Viven en la mente. Si se quiere una prueba de ello, que se considere cuán seguido, en momentos de emoción, cuando más necesitamos las palabras, no encontramos ninguna. Y sin embargo, ahí está el diccionario; ahí, a nuestra disposición, está medio millón de palabras, todas en orden alfabético. Pero, ¿podemos usarlas? No, porque las palabras no viven en diccionarios, viven en la mente.  Mira una vez más al diccionario. Ahí, más allá de toda duda, yacen obras más espléndidas que Antonio y Cleopatra, poemas más amorosos que la Oda al ruiseñor, y novelas junto a las cuáles Orgullo y prejuicio o David Copperfield son garabatos crudos de amateurs. Es sólo cuestión de encontrar las palabras correctas y ponerlas en el orden adecuado. Pero no podemos hacerlo porque no viven en diccionarios; viven en la mente. ¿Y cómo viven en la mente? En forma extraña y variada, en gran parte como los seres humanos, deambulando de aquí para allá, enamorándose, juntándose. Es cierto que están menos atadas por la ceremonia y la convención que nosotros. Las palabras de la realeza se juntan con las comunes. Las palabras inglesas se casan con las francesas, las alemanas, las indias, las negras, si así lo quieren.

(...) Unas cuantas reglas triviales de gramática y ortografía es cuanta mordaza podemos ponerles. Todo lo que podemos decir sobre ellas, conforme nos aparejamos con ellas a la orilla de esa caverna honda, oscura y apenas iluminada en la que viven -la mente-, todo lo que podemos decir de ellas que es que parece gustarles la gente que piensa antes de usarlas, y que siente antes de usarlas, pero no piensa y siente sobre ellas, sino sobre algo completamente diferente. Son altamente sensibles, y fácilmente se incomodan y apenan. No les gusta que se discuta su pureza o impureza. Si se abriera una Sociedad por el Inglés Puro, mostrarían su resentimiento iniciando otro inglés impuro, y de ahí la antinatural violencia de gran parte del discurso moderno, en protesta contra los puritanos. Son muy democráticas, también. Piensan que una palabra es tan buena como la otra, y las palabras mal educadas tan buenas como las educadas, y las incultas tan buenas como las cultas: no hay rangos ni títulos en su sociedad. Tampoco les gusta ser elevadas en el punto de una pluma y examinadas por separado. Se pasean juntas, en enunciados, en párrafos -a veces en páginas enteras a la vez. Odian ser útiles, odian hacer dinero, odian que se les den lecciones en público. En pocas palabras, odian cualquier cosa que les estampe un significado o las confine a una actitud, pues su naturaleza es cambiar.

Quizá esa sea su mayor peculiaridad: su necesidad de cambio. Es porque la verdad que tratan de atrapar tiene muchos tamaños, y la transportan adquiriendo muchos tamaños, corriendo para aquí, luego para allá. Por eso, significan una cosa para una persona, otra cosa para otra persona; son ininteligibles para una generación, directas como una lanza para la siguiente. Y es por esta complejidad, este poder para significar distintas cosas para distintas personas, que sobreviven. Quizás, entonces, una razón por la que no tenemos un gran poeta, novelista o crítico que escriba hoy es que nos negamos a permitir a las palabras su libertad. Las encajamos en un significado, su significado útil, el significado que nos hace llegar al tren, el que nos hace pasar el examen."

Hace ya tiempo, nuestra amiga Celia Valdelomar Codejón ya publicó en esta página un extracto de este magnífico texto de Virginia Woolf que fue la contribución que hizo la escritora inglesa en 1937 a la serie de la BBC  "Las palabras me fallan" (Words fail me). El ensayo creo que tiene como título original "Craftmanship" (Artesanía) y puede encontrarse en "La muerte de la polilla y otros ensayos".

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jueves, 20 de septiembre de 2018

La presentación de "El padrino"



"Don Vito Corleone era un hombre a quien todos acudían en demanda de ayuda, y nadie salía defraudado. Nunca hacía promesas vagas ni se excusaba alegando que sus manos estaban atadas por fuerzas más poderosas que él mismo. No era necesario que uno fuera amigo suyo, como tampoco tenía importancia que uno no tuviera medios de devolverle el favor. Sólo existía una condición: que uno, uno mismo, proclamara su amistad hacia él. Y luego, por pobre que fuera el suplicante, Don Corleone asumía sus problemas y no se concedía descanso hasta haberlos solucionado. ¿Su premio? La amistad, el respetuoso título de "Don", a veces el más íntimo de "Padrino", y tal vez, sólo en prueba de agradecimiento y nunca con ánimo de lucro, algún que otro regalo, como una botella de vino casero o una canasta de taralles hechas especialmente para ser saboreadas en la mesa de Don Corleone el día de Navidad. Así pues, sólo se trataba de pruebas de amistad, una forma de reconocer que se estaba en deuda con él y que Don Vito, en cualquier momento, tenía el derecho de pedir, en pago, cualquier pequeño servicio que precisara."

Así nos presentaba Mario Puzo, en su novela "El padrino" (1969) a Don Vito Corleone, uno de los personales más sobresalientes de la historia del cine. No cabe duda de que la película logró captar la atmósfera del texto. Una gran película.

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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Risa en la oscuridad - Vladimir Nabokov



"Sin más techo que un cielo profundamente azul, Margot se hallaba tumbada con los brazos y piernas extendidos sobre la arena de color platino; con el rico tono melado de sus miembros y el fino cinturón de goma blanca que daba vida al negro de su traje de baño, componía la imagen perfecta para un cartel de reclamo turístico. Tendido junto a ella, Albinus tenía apoyada la mejilla en el suelo y contemplaba con un placer inextinguible el brillo oleoso de sus cerrados párpados y sus labios recién maquillados. Su pelo oscuro y húmedo aparecía echado hacia atrás, despejando la redondeada frente y en sus orejitas resplandecían granitos de arena."

Por supuesto los de arriba no son Margot y Alibinus, los protagonistas de este maravilloso fragmento del libro de Vladimir Nabokov titulado "Risa en la oscuridad" (1932). Son los inconfundibles Burt Lancaster y Deborah Kerr segundos después de darse aquel tórrido beso bañado por las olas en "De aqui a la eternidad". Ella no es morena, ni el reposa con la mejilla en el suelo, pero el texto me recordó la imagen y servirá seguro para despedir un verano que ya está dando sus últimos coletazos. Yo seguiré buscando granitos de arena en el pelo de mi lady, aún a sabiendas de que ya no habrá ninguno.

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domingo, 16 de septiembre de 2018

Hemingway, el amor y las campanas



“Y hubo entonces el olor de la jara aplastada y la aspereza de los tallos quebrados debajo de la cabeza de María, y el sol brillando en sus ojos entornados. Toda su vida recordaría él la curva de su cuello, con la cabeza hundida entre las hierbas, y sus labios, que apenas se movían, y el temblor de sus pestañas, con los ojos cerrados al sol y al mundo. Y para ella todo fue rojo naranja, rojo dorado, con el sol que le daba en los ojos; y todo, la plenitud, la posesión, la entrega, se tiñó de ese color con una intensidad cegadora."

El fragmento pertenece a "Por quién doblan las campanas", un libro escrito por Ernest Hemingway en 1940 justo después de su estancia en España durante la Guerra Civil, obra de la que posteriormente se hizo una película con el mismo título en 1943 dirigida por Sam Wood y en la que los papeles principales corrían a cargo de Gary Cooper como Robert Jordan e Ingrid Bergman como María, protagonistas de la preciosa escena de amor relatada por Hemingway. El escritor había tomado el título de la novela de un magnífico poema del inglés John Donne incluido en "Devociones para ocasiones emergentes" (1624)  y titulado "Las campanas doblan por ti", un pensamiento sin duda muy adecuado para condensar todo el dolor que provoca una guerra:

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,
como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad;
por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

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viernes, 7 de septiembre de 2018

Bernard Shaw y los imbéciles


"A los políticos y a los pañales hay que cambiarlos frecuentemente... y por las mismas razones"

Hay personajes que tienen una verdadera habilidad para resultar ingeniosos y que acumulan anécdotas gracias a su afilado talento para la réplica. Uno de estos personajes es el escritor irlandés George Bernard Shaw, que ya, con la frasecita de arriba solamente, merece ser recordado. De él se cuenta que un día recibió una carta en la que únicamente había escrita una palabra: "Imbécil". Nuestro protagonista se quedó mirando la carta y comentó a quien le acompañaba en aquel momento:"Curioso, he recibido muchas cartas sin firma, pero es la primera vez que recibo una firma sin carta"


Y es que Bernard Shaw, era todo un personaje, talentoso como él solo. Fue el primero que logró con su obra ganar un Nóbel de literatura y un Oscar (por el guión para el cine de su obra "Pigmalión"), un premio este del Oscar que por supuesto despreció airadamente, al igual que se negó con el tiempo a aceptar la Orden del Mérito británica, y si bien aceptó el Nóbel rechazó la cantidad monetaria, nada despreciable, que lo acompañaba, arguyendo: "Mis lectores y mi público me proporcionan dinero más que suficiente para mis necesidades"

Como ya intuiréis era además un polemista de marca mayor con ideas tan singulares como su apoyo a la eugenesia, o su oposición a las vacunaciones. No tenía empacho en alabar dictaduras tanto de izquierdas como de derechas y simpatizaba, por supuesto a contracorriente, con las ideas de Hitler o Stalin. Supongo que sería un cascarrabias maravilloso, de esos que siempre quieren llevar la razón. Una persona con la que cualquiera, si se tiene la paciencia suficiente, desearía intercambiar ideas.... si él te lo permite claro está.

Por que eso de intercambiar ideas no era algo que Bernard Shaw hiciera con cualquiera. A pesar de su difícil carácter, todo el mundo quería tenerlo en sus fiestas sociales como invitado debido a su prestigio. Eran reuniones que él en realidad aborrecía soberanamente y a las que intentaba por todos los medios no acudir. En una ocasión, al abrir la invitación de turno, nuestro protagonista encontró el siguiente texto "Lady "X" comunica al Sr. George Bernard Shaw que permanecerá en su residencia desde las 7 de la tarde en adelante". Al imaginativo Shaw no se le ocurrió otra cosa que contestarle con otra carta de esta forma: "George Bernard Shaw comunica a Lady "X" que hará exactamente lo mismo"

En una de las ocasiones que no tuvo más remedio que acudir a una de aquellas reuniones sociales Shaw intentó ser lo más cortés posible y al ser presentado a una señorita le dijo: "Qué hermosa es usted". La "dama" que no sabría con quien se jugaba los cuartos, le respondió con desagrado: "Caballero, no puedo decir lo mismo de usted. ¿Qué me recomienda?". El escritor no pudo refrenarse y le contestó: "Le sugiero que haga lo que hice yo, que mienta". Touché!

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domingo, 2 de septiembre de 2018

La vida no es más que "Una comedia ligera"



"A veces tengo la sensación de que toda mi vida se derrumba. Tal vez es un momento de flaqueza, tal vez un momento fugaz de lucidez, eso poco importa; luego vuelve todo a la normalidad.(…). Los años pasan (…) y en vez de añadir algo a nuestras vidas, nos quitan lo poco que tenemos; siempre es lo mismo: deseamos una cosa con todas nuestras fuerzas, durante mucho tiempo, y cuando por fin lo conseguimos, es demasiado tarde, o es menos de lo que imaginábamos, o descubrimos que en el fondo no lo deseábamos con tanto ardor. Todos nuestros sueños son insignificantes cuando se materializan. En cambio, si perdemos algo, no hay consuelo. Así es la vida. Siempre lo supe, pero lo que no podía sospechar es que además todo ocurriera con tanta rapidez. Miro hacia atrás y no veo nada."

El fragmento pertenece al libro "Una comedia ligera" obra escrita por Eduardo Mendoza en 1996.

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miércoles, 29 de agosto de 2018

Los dardos de Benavente



"Dicen que me burlo de todo y me río de todo, porque me burlo de ellos y me río de ellos, y ellos creen serlo todo"

Se cuenta de Jacinto Benavente, uno de nuestros escasos premios Nobel y autor de obras como "Los intereses creados" o "La malquerida", la deliciosa anécdota de que un día se encontró mientras paseaba con un militar de alta graduación situándose uno frente al otro en una acera estrecha, entonces, ante la duda de quien pasaría primero y la indecisión mutua, el militar le dice a Benavente: "Yo no cedo el paso a maricones" a lo que Benavente contestó bajándose de la acera: "Pero yo si"

No cabe duda, con esta perla, de la apabullante facilidad para dar respuesta a situaciones incomodas con elegancia y rotundidad que lucia Benavente, una cualidad que para nosotros mismos desearíamos todos, acostumbrados a quedar muchas veces indefensos ante un ataque verbal para el que solo después, cuando ya no sirve para nada, encontramos la afilada respuesta que hubiera sido adecuada y nos repetimos nuevamente el consabido: "Le debería haber dicho...". 

Una de las anécdotas que más me gustan de Benavente a este respecto es la que habla del día en que el escritor se encontraba en una tertulia, y en ella dedicaba frases elogiosas hacia la figura de Valle-Inclán. En ese punto uno de los participantes en la conversación le indicó a Benavente, que quizás no debería hablar tan positivamente de alguien que en realidad lo que hacía era hablar mal de su persona cuando no estaba presente. Jacinto Benavente se quedó pensativo unos momentos, meditando sobre las malas palabras que al parecer le dedicaba Valle-Inclán, y entonces contestó afilada, y elegantemente "Quizás estemos equivocados los dos". Así dejaba claro que posiblemente ni Valle-Inclán fuera tan bueno como antes proclamaba, ni él mismo tan malo como pudiera decir su colega escritor. 

Algunas citas de Don Jacinto:

"Los pueblos débiles y flojos, sin voluntad y sin conciencia, son los que se complacen en ser mal gobernados"

"Piense usted que siempre es más noble engañarse alguna vez que desconfiar siempre."

"El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece."

"Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos."

"Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos."

"Bienaventurados nuestros imitadores porque de ellos serán nuestros defectos."

"La cultura es la buena educación del entendimiento."

"Una hora de alegría es algo que robamos al dolor y a la muerte, y el cielo nos recuerda pronto nuestro destino."

"Todos creen que tener talento es cuestión de suerte; nadie piensa que la suerte puede ser cuestión de talento."

"Para comprender el dolor no hay inteligencia como el dolor mismo."

"El dinero no puede hacer que seamos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo."

"La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe ."

"Sólo temo a mis enemigos cuando empiezan a tener razón."

"Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes."

"El peligro del amor no está en las flechas que nos tira, sino en la venda que nos pone"

"En asuntos de amor, los locos son los que tienen más experiencia. De amor no preguntes nunca a los cuerdos; los cuerdos aman cuerdamente, que es como no haber amado nunca"

"Los libros son como los amigos, no siempre es el mejor el que más te gusta"

"La educación no es cosa de un día ni de dos... He conocido familias mal educadas hasta la quinta generación. Es la enfermedad más hereditaria"

"Lo peor de la ingratitud es que siempre quiere tener razón"

"Cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa"

"La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe"

"Bien sé que las mujeres aman, por lo regular, a quienes lo merecen menos. Es que las mujeres prefieren hacer limosnas a dar premios"

"El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir"

"En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la victoria, se conoce al caballero"

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martes, 28 de agosto de 2018

Pessoa y el desasosiego



"El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico, que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad. Toda acción es, por naturaleza, la proyección de la personalidad sobre el mundo exterior, y como el mundo exterior está en buena y en su principal parte compuesto por seres humanos, se deduce que esa proyección de la personalidad consiste esencialmente en atravesarnos en el camino ajeno, en estorbar, herir o destrozar a los demás, según nuestra manera de actuar. Para actuar es necesario, por tanto, que no nos figuremos con facilidad las personalidades ajenas, sus penas y alegrías. Quien simpatiza, se detiene. El hombre de acción considera el mundo exterior como compuesto exclusivamente de materia inerte –inerte en sí misma, como una piedra sobre la que se pasa o a la que se aparta del camino; o inerte como un ser humano que, por no poder oponerle resistencia, tanto da que sea hombre o piedra, pues, como a la piedra, o se le apartó o se le pasó por encima. El máximo ejemplo de hombre práctico, por reunir la extrema concentración de la acción junto con su importancia extrema, es la del estratega. Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida. Ahora bien, el estratega es un hombre que juega con vidas como el jugador de ajedrez juega con las piezas del juego. ¿Qué sería del estratega si pensara que cada lance de su juego lleva la noche a mil hogares y el dolor a tres mil corazones? ¿Qué sería del mundo si fuéramos humanos? Si el hombre sintiera de verdad, no habría civilización. El arte sirve de fuga hacia la sensibilidad que la acción tuvo que olvidar."

El párrafo está tomado del "Libro del desasosiego" una verdadera colección de pensamientos y reflexiones sobre todo lo que nos rodea. Fernando Pessoa su autor, amigo de crear personalidades paralelas -heterónimos- y firmar con sus nombres sus libros, ideó esta obra como una autobiografía de Bernardo Soares, de quien decía que se trataba de un "semiheterónimo porque no siendo su personalidad la mía, es no diferente de la mía, sino una mutilación de ella. Soy yo, menos el raciocinio y la afectividad". En el libro se reúnen pensamientos reunidos desde 1913 a 1935, fecha en la que falleció Pessoa, quedando todos aquellos aforismos en completo desorden y con instrucciones poco claras sobre como debían quedar estructurados. La primera publicación de la obra se hizo décadas después de la muerte del escritor portugués, concretamente en 1982. 

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