domingo, 30 de septiembre de 2018

Luis Buñuel y sus "relojes mágicos"




No cabe duda de que todos los directores de cine tienen sus argucias para, de una manera u otra, meter en cintura a su equipo, dicho en otras palabras, de conseguir que se pongan las pilas y den lo mejor de sí mismo durante el rodaje. El aragonés Luis Buñuel (1900-1983), considerado uno de los más importantes y originales directores de la historia del cine, no podía ser menos, aunque su método era toda una puesta en escena "made in Spain"

Según cuentan algunos de los que trabajaron con él, Buñuel solía comprar relojes de cadena baratos o incluso estropeados en los mercadillos por los que pasaba, con la idea de ayudarse de ellos posteriormente cuando empezaba una nueva película.  

Buñuel siempre estaba de allá para acá y lo mismo rodaba una película en México, que en Francia o España y sus equipos, aparte de los indispensables, no solían ser las mismas personas motivo por el que la escenita que ahora contamos parece que la repitió más de una vez. Así, el primer día de rodaje, se echaba uno de aquellos relojes en el bolsillo de la chaqueta y si al comenzar veía que el equipo estaba distraído, no se implicaba lo suficiente o no atendía como él deseaba a sus instrucciones, montaba en cólera y cogiendo el referido reloj lo estrellaba violentamente contra el escenario, tras lo cual y en una súbita calma, como si hubiera hecho algo inadmisible, caminaba a grandes pasos hacia donde había tirado el reloj y tras recogerlo y mirarlo dolorosamente se volvía hacia el resto del equipo y les decía: 

"Ha pasado por todos mis antepasados y me lo regaló mi abuelo antes de morir. ¿Os dais cuenta de lo que me habéis llevado a hacer?

Parece que el ardid le daba resultado y tras ese tenso momento todo el equipo marchaba como un "reloj", suave como la seda, atento a la más mínima indicación del "atribulado" director, que ahora si, era ya el dueño de la situación.

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sábado, 29 de septiembre de 2018

Virginia Woolf y la magia de las Palabras


"Las palabras (...) están llenas de ecos, de memorias, de asociaciones. Han estado por todas partes: en los labios de la gente, en las calles, en sus casas, en los campos, por tantos siglos. Y esa es una de las principales dificultades para escribirlas hoy: están llenas de otros significados, de otras memorias, y han contraído muchos matrimonios famosos en el pasado.(...) En los viejos tiempos, por supuesto, el inglés era una nueva lengua, los escritores podían inventar nuevas palabras y usarlas. Hoy en día, es bastante fácil inventar nuevas palabras -brotan a los labios cuando vemos una nueva vista o tenemos una nueva sensación- pero no podemos usarlas porque el inglés es una lengua vieja. No se puede usar una palabra nueva en un lenguaje viejo por el hecho tan obvio pero siempre misterioso de que una palabra no es una entidad distinta y separada, sino parte de otras palabras. En efecto, no es una palabra hasta que no es parte de un enunciado. Las palabras pertenecen las unas a las otras (...) -Las palabras- Son la más salvaje, libre, la más irresponsable, la más inenseñable de todas las cosas. Por supuesto, puedes atraparlas y distribuirlas y colocarlas en orden alfabético en los diccionarios. Pero las palabras no viven en diccionarios. Viven en la mente. Si se quiere una prueba de ello, que se considere cuán seguido, en momentos de emoción, cuando más necesitamos las palabras, no encontramos ninguna. Y sin embargo, ahí está el diccionario; ahí, a nuestra disposición, está medio millón de palabras, todas en orden alfabético. Pero, ¿podemos usarlas? No, porque las palabras no viven en diccionarios, viven en la mente.  Mira una vez más al diccionario. Ahí, más allá de toda duda, yacen obras más espléndidas que Antonio y Cleopatra, poemas más amorosos que la Oda al ruiseñor, y novelas junto a las cuáles Orgullo y prejuicio o David Copperfield son garabatos crudos de amateurs. Es sólo cuestión de encontrar las palabras correctas y ponerlas en el orden adecuado. Pero no podemos hacerlo porque no viven en diccionarios; viven en la mente. ¿Y cómo viven en la mente? En forma extraña y variada, en gran parte como los seres humanos, deambulando de aquí para allá, enamorándose, juntándose. Es cierto que están menos atadas por la ceremonia y la convención que nosotros. Las palabras de la realeza se juntan con las comunes. Las palabras inglesas se casan con las francesas, las alemanas, las indias, las negras, si así lo quieren.

(...) Unas cuantas reglas triviales de gramática y ortografía es cuanta mordaza podemos ponerles. Todo lo que podemos decir sobre ellas, conforme nos aparejamos con ellas a la orilla de esa caverna honda, oscura y apenas iluminada en la que viven -la mente-, todo lo que podemos decir de ellas que es que parece gustarles la gente que piensa antes de usarlas, y que siente antes de usarlas, pero no piensa y siente sobre ellas, sino sobre algo completamente diferente. Son altamente sensibles, y fácilmente se incomodan y apenan. No les gusta que se discuta su pureza o impureza. Si se abriera una Sociedad por el Inglés Puro, mostrarían su resentimiento iniciando otro inglés impuro, y de ahí la antinatural violencia de gran parte del discurso moderno, en protesta contra los puritanos. Son muy democráticas, también. Piensan que una palabra es tan buena como la otra, y las palabras mal educadas tan buenas como las educadas, y las incultas tan buenas como las cultas: no hay rangos ni títulos en su sociedad. Tampoco les gusta ser elevadas en el punto de una pluma y examinadas por separado. Se pasean juntas, en enunciados, en párrafos -a veces en páginas enteras a la vez. Odian ser útiles, odian hacer dinero, odian que se les den lecciones en público. En pocas palabras, odian cualquier cosa que les estampe un significado o las confine a una actitud, pues su naturaleza es cambiar.

Quizá esa sea su mayor peculiaridad: su necesidad de cambio. Es porque la verdad que tratan de atrapar tiene muchos tamaños, y la transportan adquiriendo muchos tamaños, corriendo para aquí, luego para allá. Por eso, significan una cosa para una persona, otra cosa para otra persona; son ininteligibles para una generación, directas como una lanza para la siguiente. Y es por esta complejidad, este poder para significar distintas cosas para distintas personas, que sobreviven. Quizás, entonces, una razón por la que no tenemos un gran poeta, novelista o crítico que escriba hoy es que nos negamos a permitir a las palabras su libertad. Las encajamos en un significado, su significado útil, el significado que nos hace llegar al tren, el que nos hace pasar el examen."

Hace ya tiempo, nuestra amiga Celia Valdelomar Codejón ya publicó en esta página un extracto de este magnífico texto de Virginia Woolf que fue la contribución que hizo la escritora inglesa en 1937 a la serie de la BBC  "Las palabras me fallan" (Words fail me). El ensayo creo que tiene como título original "Craftmanship" (Artesanía) y puede encontrarse en "La muerte de la polilla y otros ensayos".

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viernes, 28 de septiembre de 2018

"Un bel dí, vedremo" - Madame Butterfly


La opera no es plato de agrado para la mayoría, pero incluso sus más acérrimos detractores suelen rendirse ante la suprema belleza de algunas de sus arias. Es lo que ocurre con "Un bel dì, vedremo", un aria perteneciente a la ópera "Madama Butterfly" de Giacomo Puccini. Es sin duda el aria más famosa de esta sensacional opera y en ella Butterfly ("Cio-Cio-San"), una joven geisha que se ha casado con un teniente de la marina un tanto egoísta y cobarde, el señor Pinkerton, le expresa a su criada Suzuki la esperanza de que su marido regrese después de que hayan pasado ya tres años desde su marcha. Para todos es evidente la desfachatez del marinerito, pero ella sigue contando las horas, inocente y obstinada en su amor. La canción no es más que una recreación de cómo imagina Cio Cio San ese encuentro feliz. Poner más palabras es retardar el disfrute de la obra así que os dejo la letra traducida y pasamos a oírla en la voz de Angela Georghiu, una de las grandes voces actuales (que no es bueno quedarnos siempre en María Callas y dejar todo lo demás de lado)

Un bello día veremos
levantarse un hilo de humo
en el extremo confín del mar.
Y después aparece la nave.
Y después la nave es blanca.
Entra en el puerto, truena su saludo.
¿Ves? ¡Ha venido!
Yo no voy a buscarlo, yo no.
Me pongo ahí, en lo alto de la colina
y espero, espero mucho tiempo.
Y no me importa la larga espera.
Y, salido de entre la multitud de la ciudad,
un hombre, un pequeño punto,
sube por la colina.
¿Quién será?, ¿quién será?
Y cuando esté aquí,
¿qué dirá?, ¿qué dirá?
Llamará: - Butterfly- desde lo lejos;
yo sin responder.
Estaré escondida.
Un poco por bromear,
y un poco por no morir
al primer encuentro.
Y él, un poco ansioso,
llamará, llamará;
“Pequeñita, mi pequeña esposa, perfume de verbena”,
los nombres que solía llamarme.
Todo esto sucederá,
te lo prometo.
Guárdate tus temores,
¡yo con segura fe lo espero!"




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jueves, 27 de septiembre de 2018

Miguel Ángel, el David y los poderosos



"El mayor peligro para la mayoria de nosotros no es que nuestra meta sea demasiado alta y no la alcancemos, sino que sea demasiado baja y la consigamos" (Miguel Ángel Buonarroti)

Y no cabe duda de que Miguel Ángel no era precisamente de los que se ponían las cosas fáciles a si mismos. El David es buena prueba de ello, una obra de más de cuatro metros de altura que por su cabezonería y la osadía propia de la juventud de un genio habría de nacer de un bloque de mármol ya comenzado y abandonado durante años por otros escultores que lo daban por imposible para abordar una nueva obra.

En Florencia, tras los Médicis y la convulsa caída de Savonarola, tomó el poder Piero Soderini, que se convirtió en "gonfaloniere" de justicia vitalicio en un intento de lograr acabar con la inestabilidad de la República florentina. Soderini se convirtió en la máxima autoridad de Florencia, con un poder comparable al de los Signori de Médicis. Y en esta época en la que el que cortaba el bacalao era el tal Soderini surgió el encargo al joven Miguel Ángel de la ejecución del David.

El caso es que Piero Soderini, cuando fue a ver como marchaba la escultura encargada se mostró muy crítico con el tamaño de la nariz y así se lo hizo saber al escultor. Miguel Ángel sabedor del poder de Soderini, decidió no entrar en polémicas con él. Se limitó a mirar fijamente la nariz de su escultura, que él sabía perfecta, y tras unos segundos de aparente reflexión tomó disimuladamente un puñado de polvo de mármol en su mano, se subió decididamente a los andamios hasta enfrentarse al rostro del David (la escultura mide cuatro metros), y allí simuló que daba ligeros golpes en la nariz de la escultura, mientras que dejaba caer algo del polvo que guardaba en su mano, pero sin tocar en ningún momento su obra, que quedó exactamente como estaba.

Tras esta simulación se dirigió a Piero Soderini y le dijo:
-Mirad ahora.
-Ahora me gusta mucho más
–dijo Soderini- le habéis dado vida.

Entonces, Miguel Ángel bajó y río silenciosamente.

La soberbia del poder ha cambiado poco cinco siglos después.


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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Jack Nicholson: El Joker que ríe primero ríe mejor



En estos días que se han filtrado las primeras imágenes de Joaquin Phoenix dando vida al nuevo Joker, todo son comparaciones y comentarios acerca de si el look que presenta está a la altura de las caracterizaciones que en su día tuvo el personaje con Heath Ledger, Jared Leto o Jack Nicholson.

Ya el maquillaje de Heath Ledger fue un tanto conceptual y a mi juicio toda la fuerza del personaje vino de la vida que supo darle el actor, de la contradictoria sombra con la que supo vestirlo. A ese respecto no me cabe duda de que Joaquin Phoenix tiene los recursos actorales de sobra para no andar "En la cuerda floja" con este Joker  y sentirse "Cómodo" en su piel. Pero hoy de quien quería hablar era del Joker de Nicholson, que para no pocos "Jokermaníacos" es la mejor de las caracterizaciones de este personaje hasta ahora, en dura competencia con Ledger, todo hay que decirlo. Y es que si alguien pudo reírse a gusto con este papel hasta desencajar la mandíbula fue él. De hecho todavía tiene que estar riéndose.

Ya tenía Nicholson dos Oscar cuando le ofrecieron meterse en el traje del Joker. Por aquel entonces, su cache como actor, el salario que demandaba en cada película, era imposible de asumir por los productores, que a pesar de ello sentían que era el actor adecuado para dar fuerza a la película "Batman" (1989 - Tim Burton) con su histrionismo a veces desbocado. Solo quedaba buscar un acercamiento. Un yo te doy tu me das. Así, después de duras negociaciones, y de ir en contra del consejo de sus propios abogados, Nicholson siguiendo su instinto, accedió a rebajar sustancialmente su salario inicial, pero con unas condiciones algo inusuales. No solo quería poder decidir sobre la hora a la que comenzaba a rodar cada día o tener libre los días que jugara su equipo de baloncesto, Nicholson se aseguró por contrato un 10% sobre de los beneficios que pudiera arrojar no solo esa película, sino también sobre sus posibles secuelas y su merchandising. 

Su corazonada le salio redonda. "Batman", una película que sentaría las bases del cine de superhéroes, costó solo 40 millones de dólares pero recaudó diez veces más, lo que provocó que cuando la película se retiró de la cartelera, Nicholson ya había ganado la friolera de entre 50 y 60 millones de dólares. Y todavía quedaban por estrenarse "Batman Returns" (Tim Burton - 1992), "Batman Forever" (1995 - Joel Schumacher) además de "Batman y Robin" (1997 - Joel Schumacher), que aun cuando Nicholson ya no actuara en ellas, seguían rindiéndole beneficios. Las películas, aunque no tanto como la primera,  funcionaron de maravilla en taquilla, lo que hizo a nuestro Joker inmensamente rico con bastante más de 100 millones de dólares en su bolsillo por la astucia y acierto que tuvo a la hora de firmar el contrato de marras. Ahora uno entiende a la perfección como podía presentar aquella sonrisa tan amplia. Sin duda, este astuto Joker ya sabía lo que iba a pasar. 

Seguro que por mucho que cobre Joaquin Phoenix, se sentirá mal pagado en comparación.



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martes, 25 de septiembre de 2018

Cyd Charisse: La tentación verde


Cyd Charisse fue una de las grandes diosas de los tiempos dorados del cine. Sus piernas eran legendarias, tanto que en 2001 llegó a aparecer en el libro Guinness de los records en el apartado "Piernas más valiosas", y es que en 1952 firmó un seguro por valor de 5 millones de dólares para protegerlas, dejando muy por detrás el hito de su antecesora en tal cuestión, la conocida como "la chica de las piernas del millón de dólares" que no era otra que Betty Grable


Pero más allá de la belleza estaba el talento, Charisse poseía unas  dotes extraordinarias de bailarina que la hicieron aparecer en algunos de los musicales más gratamente recordados de los que se hicieron en la época dorada de Hollywood, como por ejemplo "Cantando bajo la lluvia" (Stanley Donen - 1952), una película perfecta en la que para colmo, en medio de tanta diversión y alegría, aparece nuestra Cyd Charisse vestida de verde, dando vida a una devorahombres que vuelve loco al genial Gene Kelly y que con solo levantar una pierna paró el mundo por un instante e hizo a todos pensar en verde aunque no hubiera cerveza cerca. Nunca una sola escena tuvo tanto impacto, su personaje no tenía ni siquiera nombre pero nadie deja de hablar de ella cuando acaba la película, tanto entonces como ahora. Con Kelly también grabó "Brigadoon" (Vincente Minelli - 1954), pero antes rodó la sensacional "Melodías de Broadway 1955" (Vincente Minelli - 1953) en la que la tentación esta vez se vistió de rojo y se marcó un baile sencillamente espectacular con Fred Astaire -que incluimos al final de esta entrada- quien con razón la definía en sus memorias como "una hermosa dinamita".

Con Astaire también rodó la deliciosa película "La Bella de Moscú" (Rouben Mamoulian - 1957); y si la Garbo pudo reír cuanto quiso como Ninotchka, desde luego nunca llegaría a ponerse unas pecaminosas medias de seda, símbolo de todo lo malo del capitalismo, con la magia de la que era capaz Cyd Charisse que en esta película estaba sencillamente preciosa. Fred Astaire terminó sentenciando: "Cuando bailas con Cyd sabes lo que es bailar", todo un cumplido viniendo de alguien tan exigente y perfeccionista como él.

Poniendo de ejemplo a esta estupenda actriz, queríamos comentar lo rocambolesco que a algunas veces puede resultar el conseguir un nombre artístico. Cyd Charisse se llamaba en realidad Tula Ellice Finklea, pero desde muy pequeña su hermano menor le puso el apodo de "Sid" (parece que derivado de "sister) algo que en principio quedó en el olvido. Con el tiempo llegó a participar en los exigentes ballets rusos del famoso Sergei Diaghilev y evidentemente aunque hubiese nacido en Texas, tenía que presentarse con un nombre artístico a modo, con lo que pasó a ser conocida como "Felia Sidorova" y en otras ocasiones como "María Istomina". No tardaría en casarse con su profesor de baile Nico Charisse y cuando decidió dar el salto al cine, a pesar de empezar con el nombre de Lily Norwood, al ver el potencial que tenía aquel bellezón, que bailaba como los ángeles, los directivos de la MGM la instaron a cambiar de nombre, proponiendo ella misma llamarse "Sid" como la apodaba su hermano y "Charisse" por el apellido de su marido y que en esos momentos era también el suyo. La cosa quedó cerca y los directivos de los estudios solo introdujeron un ligero cambio, se llamaría "Cyd Charisse". La tentación verde ya tenía nombre.




En Melodías de Broadway 1955 con Fred Astaire: 



En "Cantando bajo la lluvia" con Gene Kelly 



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lunes, 24 de septiembre de 2018

Imágenes Vs Palabras: Los payasos



"Se resistían a hablar de sí mismos, y tardé un tiempo prolongado y tedioso en reunir incluso los contornos de sus historias. Es cierto que me aceptaron enseguida en la vida del circo, pero nunca sentí que perteneciera del todo a su ambiente, como si el pacto mediante el cual ellos se sentían obligados a cuidarme no exigiera nada más allá de lo esencial"

Las palabras pertenecen al libro "Regreso a Birchwood" (1973), obra del escritor irlandés John Banville (Premio Booker en 2005 por "El mar"). Por su parte la imagen, titulada "Dos payasos entre bastidores" (1940), corre a cargo del fotógrafo estadounidense, de origen alemán, John Gutmann (1905-1988) que obtuvo cierta fama por su forma de captar la vida cotidiana de la gente durante la Gran Depresión de los años 30. Perteneció en su juventud al grupo expresionista "Die Brücke" (El puente) que pretendía romper con todo el azúcar de la trasnochada Belle Époque y hubo de marchar de Alemania en 1933 por su condición de judío.  Otro fichaje más para los Estados Unidos. La música que cierra este triángulo corre a cargo de la voz perlina de Luciano Pavarotti que canta, como no puede ser de otra manera en esta entrada, la famosa aria "Vesti la giubba" de la opera "Pagliacci" de Leoncavallo, un pieza maravillosa en la que se cuenta el momento en que un payaso, a pesar de encontrarse totalmente derrumbado tras descubrir la infidelidad de su esposa, ha de ponerse el traje de payaso y pintar su cara de blanco para hacer reír al publico que le espera bajo la carpa del circo: "Ponte el traje y empólvate el rostro. La gente paga y aquí quiere reír, y si Arlequín te roba a Colombina, ¡ríe, Payaso, y todos te aplaudirán! Transforma en bromas la congoja y el llanto; en una mueca los sollozos y el dolor"

Freddie Mercury hubiera dicho "The show must go on"

"Vesti la giubba" con subtítulos en español:


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domingo, 23 de septiembre de 2018

Imágenes Vs Palabras: El viento



La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar.
Hace vibrar árboles, ropas,
abrasa espigas, hojas secas,
acuna en su oleaje los objetos
que duermen en la playa.

La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar:
da apariencia de vida
a lo inmóvil, a lo paralizado.
Y el leño que arde,
las conchas que las olas traen o llevan,
el papel que arrebata el viento,
destellan una vida momentánea
entre dos inmovilidades.

Los versos son del poeta español José Hierro  -Premio Cervantes en 1998- y son un fragmento de un poema titulado "Teoria"  recogido en el "Libro de las alucinaciones" 1964. A a sus palabras se opone o las complementa una imagen de Henk Jonker (1912-2002), un fotógrafo holandés, habitual de publicaciones tan prestigiosas como "Time" o "Der Spiegel", y muy elogiado por su acierto en la forma en la que sabía capturar la esencia de la gente común y los pequeños momentos. La imagen tiene por título: "Laundry blowing in the wind" - Volendam, 1947 

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sábado, 22 de septiembre de 2018

Las plataformas de Humphrey Bogart



“Cada uno tiene su destino, para bien o para mal.” (Rick Blaine en "Casablanca")

Y el destino de Bogart en "Casablanca" (Michael Curtiz - 1942) era crecer milagrosamente. No cabe duda de que para conservar la magia de algunas películas hay anécdotas que sería mejor no contar pero... ¡quién se resiste! Ya saben que antiguamente en el cine se intentaba emparejar a las estrellas de modo que el hombre fuera un poco más alto que la actriz que le acompañaba. Esa es la sensación que se nos transmite también en las escenas de la mítica "Casablanca" en las que Humphrey Bogart coincide en el mismo plano con Ingrid Bergman


Ya decíamos ayer que en el cine todo es mentira o  al menos, jugando un poco con aquellos versos de Calderón: un frenesí, una sombra, una ficción... y es que el bueno de Bogart era en realidad unos centímetros más bajo que Ingrid. En algunas páginas para exagerar la anécdota afirman que Bogie medía solo 1'60 y la Bergman 1'80, pero la realidad es que la diferencia no era tan acusada y a los 172 cm. del actor, ella respondía con 175 centímetros de pura belleza "made in Sweden". Ciertamente la pareja tenía glamour, pero el efecto no hubiese sido el mismo con un galán que mirase hacia arriba a su partenaire, así que no quedaba otra; había que buscar una solución fuera como fuese para cumplir con lo que esperaba el público, de modo que al duro de Bogart no le quedó más remedio que someterse a filmar todas las escenas en las que coincidía con la Bergman subido a unas plataformas de aproximadamente 15 centímetros. A la derecha pueden ver los rudimentarios suplementos que hicieron de Bogart todo un hombretón. Y ahora, olvídense del dichoso método Stanislavski  y otras zarandajas sobre la técnica actoral. ¿Cómo diantres se consigue poner cara de tipo duro subido a esas plataformas? Yo al menos me sentiría tremendamente ridículo. Aunque también es cierto que yo no soy Bogart…. Sin duda, y solo por esto, Rick se merecía un Oscar.

Ahora, seguro que esta escena tiene un puntito diferente:




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viernes, 21 de septiembre de 2018

"Si me dejas caer, te mataré, cabrón"



Una de las incógnitas que siempre ha tenido el buen aficionado al cine mudo es saber qué se dirán realmente los actores entre ellos cuando hablan en las imágenes de una película muda. Es evidente que aprenderse unas líneas de texto que no se van a oír no tiene sentido alguno en una época en la que lo importante era la credibilidad que los actores supieran transmitir con sus gestos y no con sus palabras. ¿Qué podría estar diciéndole John Gilbert a Greta Garbo para tenerla tan rendida como aparece en las fotos  de "El demonio y la carne" (1926 - Clarence Brown) que acompañan esta entrada?

El caso es que siempre hay alguien que sabe leer los labios y llegar a entender que se hablan entre si las personas aun sin oírlas (que se lo digan a los políticos, lo bien que han aprendido a ocultar sus labios tras la palma de su mano), de esta forma se cuenta que en una película muda en la que el galán de turno llevaba en brazos a una damisela totalmente rendida por la pasión, se podía leer en los amorosos labios de ella: "Si me dejas caer, te mataré, cabrón", pero eso si, con una gesto que parecía estar declarándole apasionadamente su adoración o algo parecido a un "haz conmigo lo que quieras". Y es que ya saben: "En el cine todo es mentira".



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jueves, 20 de septiembre de 2018

La presentación de "El padrino"



"Don Vito Corleone era un hombre a quien todos acudían en demanda de ayuda, y nadie salía defraudado. Nunca hacía promesas vagas ni se excusaba alegando que sus manos estaban atadas por fuerzas más poderosas que él mismo. No era necesario que uno fuera amigo suyo, como tampoco tenía importancia que uno no tuviera medios de devolverle el favor. Sólo existía una condición: que uno, uno mismo, proclamara su amistad hacia él. Y luego, por pobre que fuera el suplicante, Don Corleone asumía sus problemas y no se concedía descanso hasta haberlos solucionado. ¿Su premio? La amistad, el respetuoso título de "Don", a veces el más íntimo de "Padrino", y tal vez, sólo en prueba de agradecimiento y nunca con ánimo de lucro, algún que otro regalo, como una botella de vino casero o una canasta de taralles hechas especialmente para ser saboreadas en la mesa de Don Corleone el día de Navidad. Así pues, sólo se trataba de pruebas de amistad, una forma de reconocer que se estaba en deuda con él y que Don Vito, en cualquier momento, tenía el derecho de pedir, en pago, cualquier pequeño servicio que precisara."

Así nos presentaba Mario Puzo, en su novela "El padrino" (1969) a Don Vito Corleone, uno de los personales más sobresalientes de la historia del cine. No cabe duda de que la película logró captar la atmósfera del texto. Una gran película.

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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Risa en la oscuridad - Vladimir Nabokov



"Sin más techo que un cielo profundamente azul, Margot se hallaba tumbada con los brazos y piernas extendidos sobre la arena de color platino; con el rico tono melado de sus miembros y el fino cinturón de goma blanca que daba vida al negro de su traje de baño, componía la imagen perfecta para un cartel de reclamo turístico. Tendido junto a ella, Albinus tenía apoyada la mejilla en el suelo y contemplaba con un placer inextinguible el brillo oleoso de sus cerrados párpados y sus labios recién maquillados. Su pelo oscuro y húmedo aparecía echado hacia atrás, despejando la redondeada frente y en sus orejitas resplandecían granitos de arena."

Por supuesto los de arriba no son Margot y Alibinus, los protagonistas de este maravilloso fragmento del libro de Vladimir Nabokov titulado "Risa en la oscuridad" (1932). Son los inconfundibles Burt Lancaster y Deborah Kerr segundos después de darse aquel tórrido beso bañado por las olas en "De aqui a la eternidad". Ella no es morena, ni el reposa con la mejilla en el suelo, pero el texto me recordó la imagen y servirá seguro para despedir un verano que ya está dando sus últimos coletazos. Yo seguiré buscando granitos de arena en el pelo de mi lady, aún a sabiendas de que ya no habrá ninguno.

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El actor y el disfraz



"Una de las pretensiones más vanas de los actores es la de "meterse en el personaje". ¡Con lo cómodo y económico que resulta meter al personaje en el actor! Pero el lado infantil parece indispensable a todo actor, y especialmente a los buenos, hace que el actor, como un niño pequeño que se disfraza y al que sus papás siguen la corriente haciendo creer que no saben quién es, tenga esa ilusión y afición por el disfraz. Si el público le quiere, como si de un papá babeante se tratase, le permite jugar a ser Hamlet o Juana de Arco, y hasta disfruta con ello, aunque ni el más lerdo de los espectadores ha olvidado por un segundo que se trata de Marlon Pérez o Pepito Brando haciendo de Hamlet o de Juana de Arco. Ahora bien, si ese actor disfrazado carece de la gracia del público, el espectáculo que ofrece resulta tan grotesco como ridículo. (...) El actor inteligente sería el que, conocedor de sus limitaciones, evita el lamentable espectáculo de pretender ser lo que no es y nunca podrá ser. Montgomery Clift y Humphrey Bogart se pusieron una vez el sombrero y las pistolas. Una y no más. No repitieron. Charles Laughton nunca hizo de anoréxico ni Marilyn Monroe de madame Curie" 

Extracto de la entrada "Actor" en "Mi diccionario de cine", una sensacional libro de Fernando Trueba. En la cabecera podemos ver a Marlon Brando "disfrazado" de Napoleón en "Desirée" (Henry Koster - 1954)

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martes, 18 de septiembre de 2018

Bogart y el "Monstruo" John Huston


“No me fío de nadie que no beba, el mundo entero lleva tres copas de retraso.”

Eso decía Humphrey Bogart y puede que por eso mismo se llevará tan fenomenalmente bien con el director John Huston. Ambos rodaron seis películas juntos y no es excesivamente descabellado el decir que su amor por el whisky podía estar detrás de muchas de estas colaboraciones. 

Tras ponerse Bogart a las ordenes de Huston en maravillas como: "El Halcón maltés" (1941), "A través del Pacífico" (1942), "El tesoro de Sierra Madre" (1948) y "Cayo Largo" (1948),  al aventurero director se le metió en la cabeza cazar un elefante en África y la historia de aquel heroico barquito llamado "La reina de África" le venía que ni pintada para convencer a los estudios de la necesidad de rodar en escenarios reales y de camino le pagaran el safari. Una jugada maestra que le permitiría hacerse con su codiciado trofeo de caza (Clint Eastwood contaría la historia en la magnífica "Cazador blanco, corazón negro") y de propina rodar una película sensacional. Solo le faltaba un compañero ideal con el que tomar unos tragos en los ratos libres. Así, justo después de que John Huston llamara a Humphrey Bogart para ofrecerle el papel protagonista de "La Reina de África" (1953) junto a Katherine Hepburn, en un rol muy alejado de los que solía hacer el actor, este le comentaba a su esposa, Lauren Bacall: "El Monstruo quiere que vaya a rodar en plena selva africana, con cuarenta grados a la sombra, en una aldea plagada de mosquitos y rodeada de animales salvajes. Naturalmente, he aceptado..." Bogart tenía la costumbre de llamar a Huston, su amigote de juergas, con el apelativo "El monstruo" por que según el propio Bogie era "la única persona que conozco capaz de beber más whisky que yo en una sola tarde..."

Lauren Bacall pensó que Humphrey no escucharía sus silbidos desde África y se marchó con él al idílico rodaje de la película en plena selva, sabedora además de que después de los rodajes vendrían los habituales maratones de trasegar líquidos y su ayuda sería esencial por las mañanas para que Bogart recuperara un poquito de verticalidad con sus desayunos. Tal era la querencia que tenían estos dos personajes al whisky, que prácticamente todos los integrantes del equipo de rodaje de la película se pusieron enfermos por un problema con el agua, excepto Bogart y Huston que jamás la bebían, nunca se les habría ocurrido teniendo reservas de whisky a mano. 

Y es que si Frank Sinatra tenía fama de darle bien al vaso, solo era un mero seguidor de Bogart, el verdadero creador del Rat Pack, un grupo que fue bautizado así precisamente por Lauren Bacall en una ocasión en la que los encontró a todos borrachos y tirados en el suelo de la habitación de un hotel como una sucia pandilla de ratas. Pero esa es otra historia para contarla en otra ocasión.... Ahora es el momento de ir de caza con Huston, al que vemos más abajo rifle en mano, flanqueado por Bogart y Lauren Bacall.


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lunes, 17 de septiembre de 2018

De las "Nueve Musas" a "La Soledad" pasando por "Las tres Gracias"



Hay una anécdota simpática sobre un escultor, que donde la leo identifican con Rodin pero que dudo muchísimo que sea realmente el protagonista, que servirá al menos para traer por aquí la foto de un detalle de "Las tres gracias": la belleza, el encanto y la alegría, representadas por las tres damiselas conocidas por Eufrósine, Aglaya y Thalia, las hijas de Zeus y la ninfa Eurínome, que inspiraron el maravilloso grupo escultórico de Antonio Canova que encabeza esta entrada.

La anécdota cuenta que un escultor, al que no daremos nombre, hizo nueve esculturas de mujer, todas de tamaño similar pero con posturas o gestos totalmente diferentes. Un amigo suyo al ver el grupo finalizado le preguntó qué representaban y el escultor le dijo que eran "Las nueve musas": Calíope musa de la poesía, Clío de la historia, Euterpe de la música, Erato de la poesía lírica, Melpómene de la tragedia, Polimnia de la retórica, Talía de la comedía, Terpsícore de la danza y Urania, musa de la astronomía.

El escultor hubiese deseado vender el grupo al completo pero al no encontrar comprador, aceptó a regañadientes la venta de dos de aquellas esculturas y desde ese mismo momento pasó a denominar al grupo restante como "Los siete pecados capitales". Por mucha palabrería que le echó al asunto no logro venderlas todas y de nuevo tuvo que aceptar vender dos de las piezas por separado y como un artista ha de tener recursos no encontró problema alguno en intentar vender el grupo como "Los cinco sentidos". Falto de suerte y con la cartera vacía solo pudo colocar una de las obras, que convirtió a las restantes  en "Las cuatro estaciones",  un grupo que no duró ni un verano juntas, pues cuando de nuevo el escultor se vio en la necesidad de vender otra de las obras hubo de rebautizar el grupo como "Las tres gracias". Ni por esas logró vender el lote, que solo iba colocando pieza a pieza y con mucho trabajo. De este modo tras vender una nueva escultura se quedó con las que pasaron a ser "La noche y el día" y cuando vendió una de las obras de la pareja, se quedó con una única talla que paso a llamar "La soledad". Tampoco ella duró. Desde ese día las musas nunca más volvieron a visitarle.

Suena a chistecillo antiguo, pero no cabe duda de que sirve a la perfección para ilustrar esa habilidad que tienen muchos artistas para buscar una razón de ser para sus obras, a veces con disquisiciones casi de tipo filosófico o metafísico que obligan a los aficionados al arte a fruncir el ceño mientras que escrutan la obra a la búsqueda de aquella elaborada explicación que dio el sesudo artista.

Por supuesto el grupo de "Las tres Gracias" de Canova jamás podrían haber sido las figuras que se citan en la anécdota puesto que las figuras no son individuales y forman parte de un mismo bloque del que existen dos copias, una en el Hermitage y otra que muestran por temporadas en el Victoria & Albert Museum o las Galerías Nacionales de Escocia.



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domingo, 16 de septiembre de 2018

Hemingway, el amor y las campanas



“Y hubo entonces el olor de la jara aplastada y la aspereza de los tallos quebrados debajo de la cabeza de María, y el sol brillando en sus ojos entornados. Toda su vida recordaría él la curva de su cuello, con la cabeza hundida entre las hierbas, y sus labios, que apenas se movían, y el temblor de sus pestañas, con los ojos cerrados al sol y al mundo. Y para ella todo fue rojo naranja, rojo dorado, con el sol que le daba en los ojos; y todo, la plenitud, la posesión, la entrega, se tiñó de ese color con una intensidad cegadora."

El fragmento pertenece a "Por quién doblan las campanas", un libro escrito por Ernest Hemingway en 1940 justo después de su estancia en España durante la Guerra Civil, obra de la que posteriormente se hizo una película con el mismo título en 1943 dirigida por Sam Wood y en la que los papeles principales corrían a cargo de Gary Cooper como Robert Jordan e Ingrid Bergman como María, protagonistas de la preciosa escena de amor relatada por Hemingway. El escritor había tomado el título de la novela de un magnífico poema del inglés John Donne incluido en "Devociones para ocasiones emergentes" (1624)  y titulado "Las campanas doblan por ti", un pensamiento sin duda muy adecuado para condensar todo el dolor que provoca una guerra:

¿Quién no echa una mirada al sol cuando atardece?
¿Quién quita sus ojos del cometa cuando estalla?
¿Quién no presta oídos a una campana cuando por algún hecho tañe?
¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo?
Ningún hombre es una isla entera por sí mismo.
Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo.
Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida,
como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.
Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta,
porque me encuentro unido a toda la humanidad;
por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

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sábado, 15 de septiembre de 2018

"All of me" y Dinah Washington: Puro Jazz



Todo de mí, por qué no (vamos toma) todo de mi
No puedes verlo, no soy bueno sin ti.
Toma mis labios, quiero perderlos.
Toma mis brazos, nunca los usare.
Tu adiós - me dejó con los ojos llorosos.
Cómo puedo, seguir adelante sin ti
(Ya sabes) tu tomaste la parte que una vez fue mi corazón
Por qué no, por qué no tomar todo de mi.


Una letra preciosa y sin duda uno de los grandes temas del jazz. "All of me" fue compuesto por Gerald Marks y Seymour Simons en 1931 y fue grabado por primera vez por Belle Baker. "All of me" se ha convertido con el tiempo en una de las canciones más versionadas de la historia, de modo que no hay cantante de jazz que no haya dejado su particular visión del tema, y aunque son muy valoradas las versiones de Billie Holiday o Frank Sinatra, yo tengo debilidad por la de Dinah Washington, cantante que cada día me gusta más y más y por supuesto por este vídeo en concreto, que rezuma swing y buenas vibraciones a cada segundo que avanza y tiene mucha culpa de que hoy hagamos esta entrada. En la foto Dinah Washington en una foto tomada en el Festival de Newport en 1955. 



 "All of me" - ¡Qué delicia de video!


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Gal Gadot: Una maravilla de mujer


No cabe duda de que este bellezón moreno de 178 centimetros que es Gal Gadot siempre fue para todos una maravilla de mujer, una modelo de cautivadora sonrisa que  llegó a representar a su Israel natal en el concurso de Miss Universo de 2004.

Lo que nadie podía prever es que después de pasar por el ejercito Israelí durante dos años, cambiara las palabras de sitio y se convirtiera en "La mujer Maravilla" del Universo DC, la Princesa Diana de Themiscyra, líder de las Amazonas e hija de Zeus a la que todos conocemos simplemente como "Wonder woman". No resulta nada fácil recrear un personaje femenino dotado de superpoderes y que aune belleza y credibilidad en la proporción adecuada para lograr una película ciertamente entretenida y que convenza a los seguidores del personaje. No cabe duda de que esta preciosa heroína no necesita hacer uso de su lazo de la verdad para que todos le confesemos nuestra admiración, más aun cuando sabemos que alguna escena que hubo de regrabarse de la película de "Wonder Woman" la rodó embarazada de 5 meses y ayudada por supuesto de esos truquillos de filmación que hoy abundan.

Sobre la motivación de su personaje decía: "Quería demostrar que las mujeres son poderosas y fuertes, y no tienen que ser salvadas por algún héroe masculino, ellas pueden cuidar de si mismas usando su inteligencia y su poder". Yo, sin ser mujer, ya tengo claro que si me veo en alguna situación comprometida prefiero ser salvado por ella que por el musculitos de Batman. Y es que hay algunas mujeres que son de armas tomar. En 2019 nos llegará la segunda entrega de la mujer maravilla con "Wonder Woman 1984" , aunque supongo y espero que en breve empezaremos a verla y a disfrutarla más frecuentemente en otro tipo de roles.

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viernes, 14 de septiembre de 2018

¿Era Harpo Marx mudo de verdad?



En la historia del cine pocos nos han hecho reír más que Harpo, el "mudo" de los Hermanos Marx, Siempre nos sorprendía con las cosas que era capaz de sacar de aquella mágica gabardina donde parecía que cupiera todo. Como olvidar su peluca naranja, sus gestos y señas adobados con bocinazos y silbidos ininteligibles para los demás pero clarísimos en su caótica expresión para su hermano Chico, que se convertía así en el mejor traductor del mundo. Siempre tentado por las damiselas a las que correteaba febrilmente, era además aficionado a cortar cualquier cosa con sus tijeras, o a eso que algunos llaman "legging", esa manía de hacerse sujetar la pierna para poner nervioso a cualquiera que se le cruzara por delante. Era capaz de tocar cualquier instrumento y en sus películas no faltaban sus numeritos de harpa (instrumento que le daba nombre artístico), y que ciertamente estaban siempre metidos con calzador en la trama del film y era la parte donde la mayoría de nosotros, que no queríamos perdernos un segundo de sus absurdos diálogos, iba al baño.

Pero el caso es que Harpo evidentemente era mudo por elección, de hecho fuera de las películas era muy hablador y se codeaba con toda la intelectualidad neoyorkina. El propio Harpo, nos cuenta como llegó a la decisión de convertir su personaje en mudo: 

"Un crítico escribió en el periódico, refiriéndose a mi papel en una función, que los efectos de mi caracterización se perdían cuando abría la boca. Cuando leí la reseña comprendí que no podía superar a Groucho o Chico hablando y era ridículo por mi parte intentarlo. Sin embargo, fue un duro revés para mi orgullo. Cuando dije a Minnie, mi madre, que nunca volvería a decir una sola palabra en el escenario se dio cuenta de que me sentía herido y me miró con tristeza, pero no intento hacerme cambiar de opinión. Enmudecí. Nunca más dije una palabra -ni en el escenario ni frente a las cámaras- como Hermano Marx. Volcado en cuerpo y alma a la pantomima busque recursos escénicos que no requiriesen parlamentos. Así que robe de un taxi una bocina de bulbo y me la puse bajo el cinturón. Así nació Harpo Marx". 

Y es que a veces menos es más, sólo hay que tener la visión para advertirlo. Se convirtió de este modo y a través de sus gags, en un eco del cine mudo, en pleno cine sonoro y a todos nos encantaba.


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jueves, 13 de septiembre de 2018

Un retrete para Charlot



Pocos actores han obtenido tanto cariño y fama como Charles Chaplin gracias a su personaje "Charlot" y ya os podréis imaginar que esa fama no siempre era oportuna y más de una vez le supuso graves trastornos. Cuenta David Niven que en cierta ocasión que se encontraba haciendo un crucero por el Mediterraneo en compañía del mentado Chaplin y de Douglas Fairbanks tuvieron una cena a base de mejillones que no le sentó nada bien a nuestro Charlot . La cosa fue cada vez a peor y cuando se encontraban de excursión por el pequeño pueblecito pesquero de Grasse (Francia) Chaplin estaba desesperado por encontrar un retrete donde aliviar su malestar. Parte del problema era que ninguno de ellos sabía francés y para colmo los lugareños reconocieron a los famosísimos actores, haciendo un corro alrededor de ellos mientras coreaban sus nombres. El momento no era evidentemente el más indicado para ponerse a firmar autógrafos ni para dedicar sonrisas o muecas charlotescas por mucho que a los admiradores no pararan de corear su nombre ¡Charlot!, ¡Charlot!, ¡Charlot!, ¡Charlot!


A falta de francés y como buen actor de cine mudo que era, Charlot empezó a intentar explicarse con gestos, llevándose la mano al estomago y haciendo como si tirara de la cadena…. Pero de nada sirvió, el improvisado público empezó a reír y a aplaudirle pensando que les estaba dedicando una pantomima a lo Charlot en atención a todos ellos. Entre los gritos de ¡bravo!, Chaplin, doblado como una alcayata, desesperaba y Fairbanks acudió a su rescate y chapurreando dijo algo así como "Le retrete pour Charlot".  Un quesero, entendió finalmente el "problema" y apiadándose de él le ofreció el retrete que tenía detrás de su tienda. Según se cuenta, unos minutos después de que entrara Charlot, los admiradores no pudieron contenerse y se abalanzaron sobre la casetilla de débil madera que se derrumbó por completo ante el empuje de un gentío que quería ver y tocar a su estrella favorita, aunque fuera en un momento tan delicado. A Chaplin, absolutamente abrumado, supongo que se quedaría sin ganas de sonreír en aquel trance y solo le quedó una solución, la que tantas veces ponía en práctica en sus películas, agarrar fuerte sus pantalones y poner pies en polvorosa para huir de aquella marabunta. Parece que los vecinos del pueblo se pelearon por conseguir algún resto del retrete en el que estuvo Charlot "pensando" en sus cosas. El caso es que algunas de las bisagras de aquel rústico aliviadero se llegaron a vender por hasta 53 francos de entonces…. Como decía Don Quijote: "Cosas veredes Sancho, que non crederes". 

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miércoles, 12 de septiembre de 2018

John Ford, el tuerto que no lo era



“Nunca pensé en lo que hacía en términos de arte, o esto es grande o estremecedor, o cosas por el estilo. Para mí siempre fue un trabajo, que yo disfruté enormemente, y eso es todo.” 
(John Ford)

Siempre fue amigo John Ford de quitarle importancia a su trabajo y a pesar de la poesía y sensibilidad que destilan muchas de sus películas, el gustaba mostrarse con un ser rudo y casi siempre malhumorado e inaccesible. Nadie duda por supuesto de que era muy amigo de sus amigos, aunque a su manera, algo de lo que John Wayne podría dar buena cuenta. Amante de los monosílabos en las entrevistas -pobrecito Bogdanovich- y de hacer siempre su santa voluntad, lucía para colmo un parche en el ojo izquierdo que todavía amedrentaba más.

El caso es que en muchas fotos Ford aparece con el parche a medio poner, como si realmente no fuera del todo necesario y en otras con unas gafas especiales en las que el cristal del lado izquierdo aparece mucho más oscuro. Y es que John Ford, el tuerto por excelencia de Hollywood (hubo otros muy famosos), no era en realidad tuerto. A pesar de esta afirmación tampoco podemos decir que eso de llevar un parche sin ser tuerto fuera una excentricidad del director de "La Diligencia", o una extravagancia gratuita como señalan algunos. Todo tenía su razón de ser.

El director empezó a utilizar el parche en el año 1953, poco después de rodar "El hombre tranquilo", con el único fin de recuperarse de una operación de cataratas a la que se había sometido, en principio, exitosamente. El problema surgió en el postoperatorio cuando Ford se sentía tan irritado por los vendajes que le habían puesto los médicos para proteger el ojo, que este sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, decidió por su cuenta quitarse prematuramente los vendajes. A consecuencia de ello su ojo izquierdo no se recuperó del todo satisfactoriamente, quedando desde entonces hipersensibilizado a la luz. Así para aminorar las molestias que le producía la incidencia directa de la luz en su ojo tuvo que llevar de por vida el famoso parche, aunque a veces no necesitaba llevarlo perfectamente colocado y con que le diera un poco de protección y sombra era bastante. Por eso podemos afirmar que el tuerto más famoso de la historia del cine, lo que se dice tuerto, no era y aun con un ojo envuelto en sombras tenía talento de sobra para rodar aún obras maestras del calado de: "Mogambo", "Centauros del Desierto", "Misión de audaces", "El sargento negro" y por supuesto "El hombre que mató a Liberty Balance". 




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martes, 11 de septiembre de 2018

Joan Crawford o como ganar un Óscar desesperadamente


“Me encanta interpretar a zorras. Todas las mujeres somos un poco zorras. Y los hombres incluso más.” (Joan Crawford)


Con esta frasecita como inicio creo que casi sobra decir que Joan Crawford era, además de una soberbia actriz, una persona sumamente particular y con una personalidad muy fuerte. Es famoso su enfrentamiento con Bette Davis y todo el acontecer del rodaje de "¿Qué fue de Baby Jane?", tanto como para que haya generado una serie de televisión al respecto, la muy interesante "Feud". Y si bien es innegable su talento como actriz lo cierto es que tras una esplendorosa etapa en los años 30, la Crawford se encontraba ya entrados los años cuarenta "compuesta y sin Óscar", algo que no podía consentir una leona como ella y que estaba dispuesta a remediar fuera como fuese a poco que se le presentase la ocasión. 

Y la ocasión de ganar la estatuílla dorada se le presentó en 1945 gracias a su sensacional actuación en "Alma en suplicio" (Michael Curtiz), en la que daba vida a una ama de casa que tras la muerte por asesinato de su segundo marido, sufre un interrogatorio a través del cual cuenta su vida y los sacrificios y esfuerzos que tuvo que hacer para ofrecer a su caprichosa hija -Ann Blyth- todas las oportunidades que ella no pudo tener.

Con este trabajo se siente con posibilidades de ganar definitivamente el Óscar pero también es consciente que frente a ella tiene poderosas competidoras: Ingrid Bergman por "Las campanas de Santa María", Greer Garson por "El valle del destino", Jennifer Jones por "Cartas a mi amada" y Gene Tierney por "Que el cielo la juzgue". Parece que a la Crawford le preocupaba especialmente esta última porque de sus oponentes era la única que tampoco había ganado el Oscar y su interpretación había sido también excelente.

Y el caso es que esta Joan Crawford era por mor de no tener un Oscar una verdadera "alma en suplicio" como Mildred, su personaje, y desesperada como estaba por ganar la estatuílla de una manera u otra, podría haber recurrido a las armas tal y como se la ve en el fotograma de "Alma en suplicio" de arriba a la derecha, pero en cambio decidió ser un poco más cerebral y acordó con su agente que ella desde un mes antes de la entrega de los premios estaría enferma, sin dejar nunca claro la gravedad de su dolencia.


La Crawford sabía muy bien el efecto que tendría su supuesta enfermedad sobre los miembros de la Academia que habrían de votar el premio, y para meter un poco más de presión de calderas, comunicó con tan sólo dos semanas de antelación que no podría asistir a la ceremonia de entrega de los premios por sus problemas de salud, que la tenían imposibilitada en cama.

La estratagema dio resultado, y gracias a su "buena actuación", durante la película y después de ella, le fue concedido el premio a la mejor actriz que fue recogido por Michael Curtiz, director de la película, que posteriormente se lo entregó a la "enferma" que muy metida en su papel, lo recibió en la cama y en presencia de los miembros de la prensa, a los que no tuvo empacho en declarar:

“Al diablo si los votantes de la Academia me dieron el Oscar a mí, por razones sentimentales, por Mildred o por 200 años de esfuerzo: me lo merecía”

Ni que decir tiene que unos días después se recuperó totalmente, puede que por los efectos milagrosos de San Oscar. Ya podía mirar al cielo y dar Gracias.



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lunes, 10 de septiembre de 2018

Miguel Ángel: Sobre los detalles y la perfección



"La perfección no es cosa pequeña, pero está hecha de pequeñas cosas" (Miguel Ángel)


En cierta ocasión un amigo del gran Miguel Ángel que llevaba tiempo sin pasar por el taller del artista, le hizo una visita y encontró al escultor contemplando una de sus famosas obras, aún inacabada. El amigo, que no encontró ningún avance sobre la obra desde la última vez que la vio, le dijo algo decepcionado:


- ¡Pero Miguel Ángel, no has avanzado nada!

El escultor pacientemente empezó a señalarle como había perfeccionado y pulido unos detalles de la mano, como había mejorado la sombra de determinados músculos para darle más sensación de vida o modificado alguna doblez del vestido para que la luz incidiera de forma diferente

Ante esta explicación, el amigo lo interrumpió y le dijo:

- Pero… eso son solo meros detalles, bagatelas.

- Ciertamente, son solo detalles, - le contestó Miguel Ángel mientras le miraba fijamente - pero la perfección se hace de detalles; y la perfección no es de ninguna manera una bagatela.

No es de extrañar que ante tal búsqueda de la perfección, una vez Miguel Ángel terminó su Moisés y viendo aquellas venas por las que sin duda debía correr la sangre, los cabellos de aquella barba que en modo alguno podrían ser de piedra y la vivacidad de aquel airado rostro, exclamara, tras golpear la rodilla de la obra: ¡Habla!

En la imagen de cabecera podemos ver un detalle del famoso Moisés, una obra maestra que bien pudiera ser -o también puede que no- la escultura sobre la que trabajaba Miguel Ángel en la anécdota anterior.


La imagen, de la que se ha ampliado un detalle, para el inicio de la entrada ha sido tomada de la siguiente página:
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