Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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martes, 19 de noviembre de 2013

Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999)




"Tengo mucho amor que dar, pero no sé dónde colocarlo. "

"Hay historias de coincidencias, y casualidades, y cruces, y cosas extrañas, y de tal y cual, y de quien sabe. Y generalmente decimos, bueno, si eso saliese en una película no me lo creería. No se quien conoce a no se cual y tal y tal y tal. Y, en la humilde opinión de este narrador, ocurren cosas extrañas a todas horas. Y así es, y así es. Y la vida dice, quizá nosotros hayamos acabado con el pasado pero el, no ha acabado con nosotros. "


" Vayamos al grano. Los hombres son cerdos. LOS HOMBRES SON CERDOS! ¿no es eso lo que dicen? Porque hacemos cosas malas, hacemos cosas horribles, espantosas, atroces y terribles cosas que una mujer jamas haría...Las mujeres no mienten...Las mujeres no engañan...Las mujeres no nos manipulan... "


"Perdonar a alguien que te ha jodido es duro, pero es más duro saber que le puedes perdonar "


"¿Que es lo que quieren las mujeres?." "Siempre más".


"¿En que estas pensando? Te estoy juzgando en silencio".


"¡Él necesita pastillas, yo necesito respuestas!. "


Prólogo:


"En el New York Herald del 26 de Noviembre del año 1911, hay una noticia del ahorcamiento de tres hombres, murieron por el asesinato de Sir Edmund William Godfrey, esposo, padre, farmacéutico y todo un caballero residente en Greenberry Hill, Londres. Fue asesinado por 3 vagabundos cuyo móvil fue simple robo. Fueron Identificados Como Joseph Green, Stanley Berry y Daniel Hill. Green, Berry, Hill. Me gustaría pensar que fue solo una cuestión de azar.

Tal y como informa el "Reno Gazette" en Junio de 1983, hay una historia de un incendio, el agua necesaria para apagar el fuego y de un buzo llamado Delmer Darion. Era empleado del Hotel y casino Nugget en Reno, Nevada dónde trabajaba como couprier. Muy Apreciado y considerado como un hombre dinámico, alegre y deportivo. La verdadera pasión de Delmer era el lago. Según el acta del forense Delmer murió de un ataque al corazón, pero lo más curioso es la nota aparte del suicidio, al día siguiente, de Craig Hansen, un voluntario para combatir el incendio, padre de cuatro hijos abandonados y con cierta tendencia a la bebida.

El Sr. Hansen fue el piloto del avión que por accidente sacó a Delmer Darion del agua. Además la atormentada vida del Sr. Hansen se había cruzado con la de Delmer Darion tan solo dos noches antes.

-Solo necesito un dos.

-Solo necesita un dos.

-Eso es todo lo que necesito.

-Muy bien llego el momento de la verdad.

-Eso es un ocho.

Ante el peso de la culpabilidad y la magnitud de tamaña coincidencia Craig Hansen se quito la vida. Y yo intento pensar que fue solo una cuestión de azar.


La anécdota que contó en 1961 durante una entrega de premios de la Asociación Americana de Ciencias Forenses, el Dr. John Harper, presidente de la asociación, empezó con un simple intento de suicidio. Sydney Barringer de 17 años, En la ciudad de Los Angeles el 23 de Marzo, de 1958.

El forense dictaminó que el suicidio sin éxito se había convertido de repente en un homicidio con éxito. Me explico, el suicidio quedó confirmado con una nota hayada en el bolsillo derecho de Sydney Barringer. Al mismo tiempo que el joven Sydney estaba en la cornisa de aquel edificio de nueve pisos una discusión subía de tono tres más abajo.

Los vecinos escucharon, como ya era habitual, las discusión de los inquilinos y no era nada extraño que se amenazasen con una escopeta o con una de las muchas pistolas que guardaban en la casa.

- ¡Atrévete!

Y cuando la escopeta se disparó por accidente...

- ¡Cállate! ¡Eres un cerdo!

... Sydney pasaba por allí.

- ¿Qué? - ¡Calla de una puta vez!

Además, los dos inquilinos resultaron ser Fay y Arthur Barringer. La madre de Sydney. Y el padre de Sydney.

Al ser acusada de los cargos, después de que la policia le diera muchas vueltas a la situación. Fay Barringer juró que no sabía que el arma estaba cargada.

- No lo sabía - Siempre me amenaza con un arma, pero no las tengo cargadas. - ¿Y usted no cargó el arma? - ¿Porqué iba a cargarla?

Un niño que vivía en el edificio, visitante ocasional y amigo de Sydney Barringer dijo que había visto seis días antes como cargaban la escopeta.

- Ricky, ven aquí un momento

Al parecer las discusiones y peleas y tanta violencia era demasiado para Sydney Barringer y conociendo la tendencia de sus padres a pelearse decició hacer algo.

- Dijo que quería que se mataran entre sí, que lo único que deseaban hacer era matarse. Que él los ayudaría si eso era lo que querían.

Sydney Barringer salta de la azotea del noveno piso. Sus padres discuten tres pisos más abajo. El disparo por accidente de su madre alcanza a Sidney en el estomago cuando pasa por la ventana del sexto piso. Muere al instante pero sigue cayendo, para dar tres pisos más abajo con una red de seguridad instalada tres días antes, para un grupo de limpiaventanas, que hubiera amortiguado su caida, y le hubiera salvado la vida de no ser por el agujero que tenía en el estomago.

De modo que Fay Barringer fue acusada del asesinato de su hijo y Sydney Barringer fue declarado cómplice de su propia muerte.

Y en la humilde opinión de este narrador, eso no es algo que simplemente pasó. Esto no puede ser una de esas cosas. Esto, por favor, no puede ser eso. Y por lo que a mí respecta, no puede ser. Esto no fue solo una cuestión de azar. No. Estas cosas extrañas suceden a todas horas."

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