Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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miércoles, 23 de julio de 2014

Maya Plisétskaya o el arte de transformarse en cisne

Maya Plisétskaya por Cecil Beaton (1964)

En 1907 Anna Pávlova pidió a Michel Fokine que le creara una coreografía para un solo de ballet que debía representar en el Teatro del Círculo de la Nobleza de San Petersburgo. Por aquel entonces Fokine se encontraba estudiando unas partituras de Camille Saint-Saëns entre las que se encontraba ese pasaje de "El carnaval de los animales" correspondiente al cisne y sobre este tema construye la coreografía "La muerte del cisne", de modo que nada que ver tiene esta pieza con la famosísima obra "El Lago de los Cisnes" de Tchaikovsky con la que es generalmente confundida, una obra esta última que ya había sido un éxito tremendo y había resultado un hito mayúsculo en la carrera de la Pávlova, que ahora, con esta pequeña miniatura de apenas tres minutos, volvía a convertir al cisne en el protagonista del mundo de la danza, aunque apareciera en escena simplemente para morir y dar su último canto, reclamando de paso, eso si, un sitio de honor entre los grandes espectáculos de la danza.

Maya Plisétskaya en "La muerte del cisne"
Los brazos, esenciales en la obra, debían expresar resignación, pero también los últimos aleteos de un ser que había conocido la libertad más absoluta. Pávlova consiguió una representación épica de la pieza que le fue entregada, tanto como para que el famoso poeta Stéphane Mallarmé la calificara como "la agonía blanca". Sin embargo ver ahora el primitivo vídeo que se conserva de ella con este tema no deja de resultarnos un pelín cómico. Ya en su día le dedicamos una entrada al momento en el que la Pavlova, viendo a un cisne moribundo, solicita la creación de la obra para recrear aquella dolorosa pero bella imagen y donde se incluye el referido vídeo. Link: Ana Pavlova y el origen de "La muerte del cisne"

Maya Plisétskaya
Pero después vendría Maya Plisétskaya (1925), la prima ballerina absoluta de toda una generación, y aquí ya no hay nada de comicidad y si de la más absoluta belleza. Maya bordaría la pieza, con unos brazos ligeros y maravillosos, con un cuello tan elegante como el de un cisne (véase la foto que encabeza la entrada) y una espalda que acogía cada uno de los aleteos y estertores del cisne de una manera sorprendente. Maya era etérea y este fue su número por excelencia, el que le pedían continuamente desde su ingreso en el ballet Bolshoi en 1943. Maya que renovó en algunos aspectos el número, lo había llevado a un grado tal de perfección que la Pávlova, que es a quien se lo debemos, ha quedado relegada al olvido cuando de disfrutar de esta pieza se trata. Y en cuanto a las bailarinas presentes y futuras que tratan de emular a Maya, que decir… muchas serán las llamadas y muy pocas las elegidas… aunque nunca habría que olvidar a otros maravillosos cisnes como Galina Ulánova, Marina Semyonova, Alicia Markova, Yvette Chauviré, Margot Fonteyn, Alicia Alonso o Natalia Makarova. 



Ahora solo cabe dar paso a las imágenes y constatar la belleza absoluta de esta gran bailarina que es Maya Plisétskaya dando vida a la pieza que le dio la fama. El vídeo data de 1975.




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