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sábado, 24 de noviembre de 2012

Wroclaw (Polonia).- Una ciudad con duendes




Wroclaw, situada al sudoeste de Polonia, es la capital económica, cultural e intelectual de la Baja Silesia. Edificada a los pies de los Sudetes y a orillas del río Oder, con su entramado de canales y afluentes tributarios, se expande por doce islas unidas por 120 puentes que engarzan la población confiriéndole una paradójica personalidad insular. Su centro histórico está considerado como uno de los diez más bonitos de Europa, y su dramática y vieja historia le dan la pátina de los lugares intemporales. La capital de la Baja Silesia es una pequeña joya engarzada por canales, ríos y afluentes. Unida por nada menos que 120 puentes, es una población sosegada por el influjo de las aguas y abstractamente consolidada en un territorio, tan acostumbrado a los giros históricos y bélicos de Europa, que ha acabado por amalgamar la personalidad centroeuropea y el dinamismo de una ciudad eternamente joven, perpetuamente reconstruida. Por más que la bombardeen, la transfieran de fronteras o le cambien la significación política, sobrevive con la atmósfera vital e informal que le dan sus universidades históricas y la acumulación de más de cien mil estudiantes. Wroclaw se levanta sobre 12 islas en un cruce del río Oder. Se tiene constancia de su nacimiento cuando tras ser una simple empalizada que pretendía proteger un importante lugar de comercio, Wratislaw -Rey de Bohemia- hizo construir un castillo para garantizar las fronteras y las transacciones económicas. Ahí nació Vratislavia o Wratislaw.

Uno de los ejemplos de duendes repartidos por toda la ciudad

Vista desde la frialdad de un mapa, Wroclaw se ve cuarteada por las aguas; su casco histórico nació en una isla que ha dejado de serlo a fuerza de secar canales, aunque existe el proyecto de anegar de nuevo el canal que la abría al río Oder y permitir que el Centro Histórico recupere su aspecto insular. Más allá del casco antiguo la ciudad se estira saltando sobre meandros, esquivando brazos de ríos, brincando sobre puentes. El día de mi llegada Wroclaw lucía gris, fría y desértica. Los 5º bajo cero y la nieve acumulada en algunos tejados umbríos no invitaban al paseo, y eso se notaba especialmente en la zona más vital de la población, la amplia Plaza del Mercado, epicentro del barrio viejo, con su bello Ayuntamiento gótico ejerciendo de punto de encuentro y eje alrededor del que se desarrolla la zona más viva de la ciudad.


(Texto tomado de la página de Joan Biosca)

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