Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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lunes, 19 de noviembre de 2012

Aforismos de Fernando Pessoa



AFORISMOS EXTRAÍDOS DEL "LIBRO DEL DESASOSIEGO"

La vida es la búsqueda de lo imposible a través de lo inútil.

Morir es ser completamente otros. Por eso el suicidio es una cobardía; es entregarnos por completo a la vida.

El arte es la expresión intelectual de la emoción, a diferencia de la vida, que es la expresión volitiva de la emoción.

El alma humana es víctima tan inevitable del dolor, que padece el dolor de la sorpresa dolorosa incluso de aquello que debería esperar.

La vida práctica siempre me pareció el menos cómodo de los suicidios.

Nadie se amaría a sí mismo si de verdad se conociera.

Nos entendemos porque nos ignoramos.

El arte miente porque es social.

Soy como el hombre que vendió su sombra, o mejor, como la sombra del hombre que la vendió.

Una opinión es una grosería, incluso cuando no es sincera.

Si te resulta imposible vivir solo, es que naciste esclavo. Puedes poseer todas las grandezas del espíritu, todas las del alma: serás un esclavo noble, o un siervo inteligente, pero no serás libre.

La muerte es una liberación, porque morir es no necesitar del otro.

Lo perfecto es inhumano, porque lo humano es imperfecto.

Sufrir mucho puede dar la ilusión de que se es el Elegido del Dolor.

El mundo es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la ausencia de sensibilidad.

Toda la vida es guerra, y la batalla es, pues, la síntesis de la vida.

Todo hombre de acción es esencialmente animado y optimista porque quien no siente es feliz.

Todo placer es un vicio, porque buscar el placer es lo que todos hacen en la vida, y el único vicio negro consiste en hacer lo que hace todo el mundo.

Y yo, que odio la vida con timidez, temo la muerte con fascinación.

El hombre superior se distingue del hombre inferior y de sus hermanos animales por la simple cualidad de la ironía. La ironía es el primer indicio de que la conciencia se hizo consciente.

Lo que hay de más grosero en los sueños es que todos los tienen.

Nunca amamos a alguien en concreto. Amamos tan sólo la idea que nos formamos de alguien. Es un concepto nuestro -es, en suma, a nosotros mismos- lo que amamos.

El pensamiento colectivo es estúpido porque es colectivo: nada pasa las barreras de lo colectivo sin dejar en ellas, como impuesto indirecto, la mayor parte de la inteligencia que lleve consigo.

Las palabras de los otros son errores de nuestro oír, naufragios de nuestro comprender.

¿Por qué es hermoso el arte? Porque es inútil. ¿Por qué es fea la vida? Porque toda ella es fines, intenciones y propósitos.

Nunca se vivió tanto como cuando se pensó mucho.

Existir es renegar. ¿Qué soy yo hoy, viviendo hoy, sino un renegar de lo que fui ayer, del que fui ayer?

Cada uno de nosotros es varios, es muchos, es una multiplicidad de sí mismos. En la inmensa colonia de nuestro ser hay gente de especies muy diversas, pensando y sintiendo de forma diferente.

En lo que nace tanto podemos sentir lo que nace como pensar lo que ha de morir.

Nuestra imaginación de lo imposible quizás no sea exclusivamente nuestra, que yo ya he visto gatos mirando a la luna, y no sé si no la pretendían.

Conocer es matar, tanto en la felicidad como en todo lo demás. No conocer, sin embargo, es no existir.

Nada hay que mejor señale la pobreza de espíritu que el no saber usar el ingenio sino con personas.

En el momento en que sufrimos, parece que el dolor humano es infinito. Pero ni el dolor humano es infinito, pues nada de lo humano es infinito, ni nuestro dolor tiene otro valor que el de ser un dolor que nosotros sentimos.

Ver y oír son las únicas cosas nobles que la vida encierra. Los otros sentidos son plebeyos y carnales. La única aristocracia consiste en no tocar nunca. No aproximarse –he ahí la hidalguía.

No es el tedio la enfermedad del aburrimiento de no tener nada que hacer, sino la enfermedad más grave de sentir que no vale la pena hacer nada. Y, siendo esto así, cuanto más tengamos que hacer, más tedio sentiremos.

Sólo la debilidad extrema de la imaginación justifica que uno tenga que trasladarse para poder sentir.

La vida es lo que hacemos de ella. Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos.

Caras que veía habitualmente en mis calles de siempre –si dejo de verlas, me entristezco; y no significaron nada para mí, salvo el ser el símbolo de la vida entera.

Y todo cuanto hago, todo cuanto siento, todo cuanto vivo, no será más que un transeúnte de menos en la cotidianidad de las calles de una ciudad cualquiera.

El premio natural de mi alejamiento de la vida fue la incapacidad, que creé en los otros, de sentir conmigo.

Tan difícil es conseguir aquella distinción del espíritu que permite al aislamiento ser un reposo sin angustia.

Nunca dudé de que sería traicionado por todos; y siempre me sorprendí cuando me veía traicionado. Cuando acontecía lo que yo ya esperaba, siempre me resultaba inesperado.

La vida nos persigue como nuestra propia sombra. Y sólo deja de haber sombra cuando todo es sombra.

Nunca debe de hacerse hoy lo que puede dejar de hacerse también mañana.

Todo cuanto vive, vive porque muda; muda porque pasa; y, porque pasa, muere.

Todo cuanto vive, perpetuamente se transforma en otra cosa, constantemente se niega, se hurta a la vida.

El amor quiere la posesión, pero no sabe lo que es la posesión. Si yo no soy mío, ¿cómo seré tuyo, o tú mía? Si no poseo mi propio ser, ¿cómo habré de poseer un ser ajeno? Si ya soy diferente de aquel de quien soy idéntico, ¿cómo seré idéntico de aquel de quien soy diferente?

Sólo las cartas comerciales son dirigidas. Todas las otras deben, por lo menos para el hombre superior, ser solamente para sí mismo.

Por la boca mueren el pez y Oscar Wilde.

Y así cambiar para mejor, por ser malo cambiar, significa siempre cambiar para peor. Y perder un defecto, o una deficiencia, o una negación, es siempre perder.

La única realidad, para mí, son mis sensaciones. Yo soy una sensación mía. Por lo tanto, ni de mi propia existencia estoy seguro. Puedo estarlo apenas de aquellas sensaciones a las que llamo mías.

Y porque este libro es absurdo, yo lo amo; porque es inútil, quiero darlo; y porque de nada sirve querértelo dar, te lo doy...

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