miércoles, 27 de febrero de 2019

El origen de la Marcha Eslava op. 31 de Piotr Tchaikovsky



"El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad" (P. Tchaikovsky)

El fuerte vinculo existente entre el pueblo serbio y el ruso viene de muy atrás y curiosamente, la maravillosa Marcha Eslava nº 31 en si bemol menor de Piotr Tchaikovsky tiene mucho que ver con ello. Durante mucho tiempo Serbia se encontró sojuzgada por el imperio Otomano lo que provocó no pocas revueltas de los serbios que se resistían a sus imposiciones religiosas y lo que no es menos importantes a sus agobiantes impuestos. En junio de 1876 hubo una refriega en la que soldados turcos dieron muerte a un nutrido número de campesinos eslavos de religión cristiana. La indignación fue general y Serbia declaró la guerra a Turquía, con el apoyo de Austria y Rusia. 

Muchos rusos no dudaron en solidarizarse con sus colegas eslavos y marcharon como voluntarios a una guerra en la que fueron rápidamente derrotados por los turcos. Cuando aquellos soldados rusos, vencidos y mutilados durante aquella guerra, llegaron a Moscú, la recientemente creada Sociedad de la Cruz Roja tuvo la iniciativa de convocar un concierto benéfico con el que recoger fondos para auxiliar a los soldados que ahora difícilmente podrían ganarse el pan a causa de sus heridas. Y como por aquel entonces los conciertos no eran de pop o rock como se estilan en la actualidad en las iniciativas benéficas ni estaba Freddie Mercury para animarlo, Nikolái Rubinstein le pidió a Tchaikovsky que participara en la iniciativa con una pieza suya. Tchaikovsky, valiente, tomo el ofrecimiento como una oportunidad de mostrar sus sentimientos patrióticos a través de su música, su mejor arma y así no dudó en ponerse inmediatamente manos a la obra para dar forma a la que en principio fue la "Marcha serbo-rusa". No necesitó más de cinco días para dar cima a esta apasionada obra en la que se ayudó de las melodías de canciones tradicionales serbias que si bien comienzan en tono fúnebre para mostrar el sentimiento y el dolor por la derrota sufrida, poco a poco irán cambiando de tono para adoptar un tono más heroico en el que parece llamarse a todos a cambiar el signo de aquella derrota en una inapelable victoria del pueblo eslavo, sentimiento para el que se ayudará de una música en la que parecen que todos los instrumentos luchan sonoramente contra el enemigo marchando a paso firme, incluyéndose una versión del himno "Dios salve al Zar", en clara alusión al apoyo de Rusia a ese cambio en Serbia, que ciertamente lograría la independencia formal en 1878. Por supuesto la obra fue un rotundo éxito en su estreno en el concierto benéfico celebrado el 17 noviembre de 1876, tras lo cual Tchaikovsky le contaría a su hermana en una carta: "El sábado pasado mi marcha serbo-rusa se tocó aquí por primera vez y produjo una verdadera tempestad de entusiasmo patriótico"

Ahora solo queda disfrutarla y para ello hemos elegido la interpretación de esta obra por Mikhail Pletnev dirigiendo a la Orquesta Nacional Rusa en 2005:



La imagen de cabecera es un retrato de Tchaikovsky datado en 1893, obra del pintur ruso  Nikolai Dimitriyevich Kuznetsov (1850 - 1929) y expuesto en la Galeria Tretiakov de Moscú.

Fuente de la imagen: Wikimedia Commons donde figura como Dominio Público. Link: →
https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Pyotr_Ilyich_Tchaikovsky#/media/File:Portr%C3%A4t_des_Komponisten_Pjotr_I._Tschaikowski_(1840-1893).jpg

sábado, 23 de febrero de 2019

La Tocata y Fuga BWV 565 de Johann Sebastian Bach


«Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la eterna armonía habla consigo misma como debe haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo». (Johann Wolfgang Goethe)

¡Y si lo dice Goethe...! Pero antes de hablar de Bach, me gustaría hablar de los organistas. Hoy día, las figuras más sobresalientes de la interpretación en la música clásica suelen contarse entre pianistas o violinistas y para ellos parece que quedó reservado el calificativo de genios, pero entre los instrumentistas todavía hay quien, a mi modesto juicio, los supera: los organistas; esos interpretes que se enfrentan a mastodónticos y complejos instrumentos, con decenas, cuando no centenares de tubos y clavijas, con varios teclados y hasta pedales para tocar parte de la música con los pies. Bach fue seguramente el mejor de todos y su fama con este instrumento era grande. No es fácil enfrentarse a uno de esos ingenios y para muestra un botón: un guitarrista ha de leer e interpretar las notas recogidas en un pentagrama, el pianista las de dos, uno para cada mano, en cambio un organista debe enfrentarse a tres pentagramas al sumar a los dos del teclado uno más en clave de Do para los pies, con los que consigue los sonidos más graves y densos del órgano. No cabe duda de que a los organistas las 88 teclas del piano se les quedaron cortas y a la búsqueda de retos mayores llegaron a la gran complicación y hermosura embriagadora de esos órganos en los que han de coordinar brazos y piernas para sacarle todo el rendimiento a un instrumento ante el que se asemejan a una araña que está tejiendo una complicadísima red sonora. 

Y entre los grandes retos que se pueden acometer con un órgano de tubos se encuentra en una posición de preeminencia la Tocatta y fuga en re menor BWV 565 de Johann Sebastian Bach, una obra soberbia y apabullante en su sonoridad y complejidad que el bueno de Bach compuso en plena juventud, en algún momento entre 1703 y 1707, o sea, cuando Bach tenía tan solo entre los 18 y los 22 añitos. Puede que por esa efervescencia y atrevimiento que suele acompañar la juventud la obra resulte tan singular,  al condesar en su desarrollo todos los registros que ofrece el órgano y no dudar en exprimirlo a fondo en varios momentos. Bach, como decíamosera un renombrado organista y también era solicitado a menudo para probar los nuevos órganos que se instalaban en las numerosas iglesias alemanas, por ello hay quien considera que la Tocata y Fuga es una obra concebida como una herramienta, como un examen para los órganos que eran probados por Bach, un test de calidad para ver la salud del instrumento, sus capacidades y prestaciones en todos y cada uno de sus registros. Igual que si en punto muerto pisáramos a fondo el acelerador de un coche para oir como ruge su motor, Bach no dudaba en sacarle al inicio de la Tocata todo el poder al órgano requiriéndole toda su potencia en los graves para ver que tal respiraban sus pulmones, logrando una atmósfera inigualable y sobrecogedora, para después empezar a hacer diabluras con sus teclados, exprimirle todas sus posibilidades y ver sus prestaciones. Es como si para probar un micrófono en vez de decir el consabido "uno dos, uno dos, probando" el cantante improvisara con el "Largo al factotum" de "El Barbero de Sevilla", y es que si realmente Bach ideó esta obra como una "piececita" para realizar pruebas, no cabe duda de que terminó componiendo una de las obras más famosas de la historia de la música, versionada y manoseada hasta la saciedad por pianistas, orquestas y violinistas, no consiguiendo por supuesto ninguno de ellos la atmósfera que ofrece su ejecución en un órgano de tubos. Recordar que este instrumento  puede abarcar hasta diez octavas, una por encima y otra por debajo de las que ofrece el ya de por si completo teclado de un piano, abarcando con ello prácticamente toda la gama de sonidos audibles por el ser humano. 

En el desarrollo de la fuga hay quien mantiene que las evoluciones sobre el teclado del órgano podrían estar inspiradas en un original para violín perdido, aunque es algo que difícilmente podremos llegar a saber con certeza. La obra estuvo durante mucho tiempo olvidada hasta que el gran Mendelsshon, al igual que con otras obras de Bach, como la Pasión según San Mateo, la recuperó para nuestro disfrute y admiración. Ahora solo queda escucharla y para ello os dejo este maravilloso vídeo en el que vemos las evoluciones del organista alemán Hans-André Stamm, tocando un órgano construido entre 1724 y 1730 (en vida de Bach) por Tobias Heinrich Gottfried Trost y ubicado en la iglesia Stadkirche de la ciudad alemana de Walterhausen, a menos de 200 kilómetros de Leipzig, ciudad en la que desarrolló parte de su carrera Bach y en la que murió en 1751. Puede que hasta "el pelucas", como gustaba llamar Fernando Argenta a Bach, probara con su exigente Tocata y Fuga, este mismo órgano, que como vemos tiene buenos pulmones y respira una salud envidiable.




"Inicialmente estaba Bach..., y entonces todos los otros" (Pau Casals)
"A pesar de todo mi amor para muchos otros -y Beethoven y Mozart no son los menos- puedo solamente estar de acuerdo con Casals: Bach los domina a todos" (Paul Tortelier)
"Bach es la única cosa que te da la impresión de que el universo no es un fracaso" (Emil Cioran)


ImagenJohann Sebastian Bach (61 años) en un retrato de Elias Gottlob Haussmann , copia o segunda versión de su lienzo de 1746. La pintura original cuelga en la galería de arriba del Altes Rathaus (Old Town Hall) en Leipzig, Alemania
La imagen ha sido tomada de Wikipedia commons donde figura como dominio público. 
Link: https://commons.wikimedia.org/wiki/Johann_Sebastian_Bach#/media/File:Johann_Sebastian_Bach.jpg