miércoles, 19 de septiembre de 2018

Risa en la oscuridad - Vladimir Nabokov



"Sin más techo que un cielo profundamente azul, Margot se hallaba tumbada con los brazos y piernas extendidos sobre la arena de color platino; con el rico tono melado de sus miembros y el fino cinturón de goma blanca que daba vida al negro de su traje de baño, componía la imagen perfecta para un cartel de reclamo turístico. Tendido junto a ella, Albinus tenía apoyada la mejilla en el suelo y contemplaba con un placer inextinguible el brillo oleoso de sus cerrados párpados y sus labios recién maquillados. Su pelo oscuro y húmedo aparecía echado hacia atrás, despejando la redondeada frente y en sus orejitas resplandecían granitos de arena."

Por supuesto los de arriba no son Margot y Alibinus, los protagonistas de este maravilloso fragmento del libro de Vladimir Nabokov titulado "Risa en la oscuridad" (1932). Son los inconfundibles Burt Lancaster y Deborah Kerr segundos después de darse aquel tórrido beso bañado por las olas en "De aqui a la eternidad". Ella no es morena, ni el reposa con la mejilla en el suelo, pero el texto me recordó la imagen y servirá seguro para despedir un verano que ya está dando sus últimos coletazos. Yo seguiré buscando granitos de arena en el pelo de mi lady, aún a sabiendas de que ya no habrá ninguno.

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El actor y el disfraz



"Una de las pretensiones más vanas de los actores es la de "meterse en el personaje". ¡Con lo cómodo y económico que resulta meter al personaje en el actor! Pero el lado infantil parece indispensable a todo actor, y especialmente a los buenos, hace que el actor, como un niño pequeño que se disfraza y al que sus papás siguen la corriente haciendo creer que no saben quién es, tenga esa ilusión y afición por el disfraz. Si el público le quiere, como si de un papá babeante se tratase, le permite jugar a ser Hamlet o Juana de Arco, y hasta disfruta con ello, aunque ni el más lerdo de los espectadores ha olvidado por un segundo que se trata de Marlon Pérez o Pepito Brando haciendo de Hamlet o de Juana de Arco. Ahora bien, si ese actor disfrazado carece de la gracia del público, el espectáculo que ofrece resulta tan grotesco como ridículo. (...) El actor inteligente sería el que, conocedor de sus limitaciones, evita el lamentable espectáculo de pretender ser lo que no es y nunca podrá ser. Montgomery Clift y Humphrey Bogart se pusieron una vez el sombrero y las pistolas. Una y no más. No repitieron. Charles Laughton nunca hizo de anoréxico ni Marilyn Monroe de madame Curie" 

Extracto de la entrada "Actor" en "Mi diccionario de cine", una sensacional libro de Fernando Trueba. En la cabecera podemos ver a Marlon Brando "disfrazado" de Napoleón en "Desirée" (Henry Koster - 1954)

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