lunes, 17 de septiembre de 2018

De las "Nueve Musas" a "La Soledad" pasando por "Las tres Gracias"



Hay una anécdota simpática sobre un escultor, que donde la leo identifican con Rodin pero que dudo muchísimo que sea realmente el protagonista, que servirá al menos para traer por aquí la foto de un detalle de "Las tres gracias": la belleza, el encanto y la alegría, representadas por las tres damiselas conocidas por Eufrósine, Aglaya y Thalia, las hijas de Zeus y la ninfa Eurínome, que inspiraron el maravilloso grupo escultórico de Antonio Canova que encabeza esta entrada.

La anécdota cuenta que un escultor, al que no daremos nombre, hizo nueve esculturas de mujer, todas de tamaño similar pero con posturas o gestos totalmente diferentes. Un amigo suyo al ver el grupo finalizado le preguntó qué representaban y el escultor le dijo que eran "Las nueve musas": Calíope musa de la poesía, Clío de la historia, Euterpe de la música, Erato de la poesía lírica, Melpómene de la tragedia, Polimnia de la retórica, Talía de la comedía, Terpsícore de la danza y Urania, musa de la astronomía.

El escultor hubiese deseado vender el grupo al completo pero al no encontrar comprador, aceptó a regañadientes la venta de dos de aquellas esculturas y desde ese mismo momento pasó a denominar al grupo restante como "Los siete pecados capitales". Por mucha palabrería que le echó al asunto no logro venderlas todas y de nuevo tuvo que aceptar vender dos de las piezas por separado y como un artista ha de tener recursos no encontró problema alguno en intentar vender el grupo como "Los cinco sentidos". Falto de suerte y con la cartera vacía solo pudo colocar una de las obras, que convirtió a las restantes  en "Las cuatro estaciones",  un grupo que no duró ni un verano juntas, pues cuando de nuevo el escultor se vio en la necesidad de vender otra de las obras hubo de rebautizar el grupo como "Las tres gracias". Ni por esas logró vender el lote, que solo iba colocando pieza a pieza y con mucho trabajo. De este modo tras vender una nueva escultura se quedó con las que pasaron a ser "La noche y el día" y cuando vendió una de las obras de la pareja, se quedó con una única talla que paso a llamar "La soledad". Tampoco ella duró. Desde ese día las musas nunca más volvieron a visitarle.

Suena a chistecillo antiguo, pero no cabe duda de que sirve a la perfección para ilustrar esa habilidad que tienen muchos artistas para buscar una razón de ser para sus obras, a veces con disquisiciones casi de tipo filosófico o metafísico que obligan a los aficionados al arte a fruncir el ceño mientras que escrutan la obra a la búsqueda de aquella elaborada explicación que dio el sesudo artista.

Por supuesto el grupo de "Las tres Gracias" de Canova jamás podrían haber sido las figuras que se citan en la anécdota puesto que las figuras no son individuales y forman parte de un mismo bloque del que existen dos copias, una en el Hermitage y otra que muestran por temporadas en el Victoria & Albert Museum o las Galerías Nacionales de Escocia.



Las imágenes han sido tomadas de la siguiente página:
https://encontrandolalentitud.wordpress.com/2012/12/05/las-tres-gracias-antonio-canova/