miércoles, 12 de septiembre de 2018

John Ford, el tuerto que no lo era



“Nunca pensé en lo que hacía en términos de arte, o esto es grande o estremecedor, o cosas por el estilo. Para mí siempre fue un trabajo, que yo disfruté enormemente, y eso es todo.” 
(John Ford)

Siempre fue amigo John Ford de quitarle importancia a su trabajo y a pesar de la poesía y sensibilidad que destilan muchas de sus películas, el gustaba mostrarse con un ser rudo y casi siempre malhumorado e inaccesible. Nadie duda por supuesto de que era muy amigo de sus amigos, aunque a su manera, algo de lo que John Wayne podría dar buena cuenta. Amante de los monosílabos en las entrevistas -pobrecito Bogdanovich- y de hacer siempre su santa voluntad, lucía para colmo un parche en el ojo izquierdo que todavía amedrentaba más.

El caso es que en muchas fotos Ford aparece con el parche a medio poner, como si realmente no fuera del todo necesario y en otras con unas gafas especiales en las que el cristal del lado izquierdo aparece mucho más oscuro. Y es que John Ford, el tuerto por excelencia de Hollywood (hubo otros muy famosos), no era en realidad tuerto. A pesar de esta afirmación tampoco podemos decir que eso de llevar un parche sin ser tuerto fuera una excentricidad del director de "La Diligencia", o una extravagancia gratuita como señalan algunos. Todo tenía su razón de ser.

El director empezó a utilizar el parche en el año 1953, poco después de rodar "El hombre tranquilo", con el único fin de recuperarse de una operación de cataratas a la que se había sometido, en principio, exitosamente. El problema surgió en el postoperatorio cuando Ford se sentía tan irritado por los vendajes que le habían puesto los médicos para proteger el ojo, que este sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, decidió por su cuenta quitarse prematuramente los vendajes. A consecuencia de ello su ojo izquierdo no se recuperó del todo satisfactoriamente, quedando desde entonces hipersensibilizado a la luz. Así para aminorar las molestias que le producía la incidencia directa de la luz en su ojo tuvo que llevar de por vida el famoso parche, aunque a veces no necesitaba llevarlo perfectamente colocado y con que le diera un poco de protección y sombra era bastante. Por eso podemos afirmar que el tuerto más famoso de la historia del cine, lo que se dice tuerto, no era y aun con un ojo envuelto en sombras tenía talento de sobra para rodar aún obras maestras del calado de: "Mogambo", "Centauros del Desierto", "Misión de audaces", "El sargento negro" y por supuesto "El hombre que mató a Liberty Balance". 




Las imágenes se han tomado de las siguientes páginas:
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