martes, 11 de septiembre de 2018

Joan Crawford o como ganar un Óscar desesperadamente


“Me encanta interpretar a zorras. Todas las mujeres somos un poco zorras. Y los hombres incluso más.” (Joan Crawford)


Con esta frasecita como inicio creo que casi sobra decir que Joan Crawford era, además de una soberbia actriz, una persona sumamente particular y con una personalidad muy fuerte. Es famoso su enfrentamiento con Bette Davis y todo el acontecer del rodaje de "¿Qué fue de Baby Jane?", tanto como para que haya generado una serie de televisión al respecto, la muy interesante "Feud". Y si bien es innegable su talento como actriz lo cierto es que tras una esplendorosa etapa en los años 30, la Crawford se encontraba ya entrados los años cuarenta "compuesta y sin Óscar", algo que no podía consentir una leona como ella y que estaba dispuesta a remediar fuera como fuese a poco que se le presentase la ocasión. 

Y la ocasión de ganar la estatuílla dorada se le presentó en 1945 gracias a su sensacional actuación en "Alma en suplicio" (Michael Curtiz), en la que daba vida a una ama de casa que tras la muerte por asesinato de su segundo marido, sufre un interrogatorio a través del cual cuenta su vida y los sacrificios y esfuerzos que tuvo que hacer para ofrecer a su caprichosa hija -Ann Blyth- todas las oportunidades que ella no pudo tener.

Con este trabajo se siente con posibilidades de ganar definitivamente el Óscar pero también es consciente que frente a ella tiene poderosas competidoras: Ingrid Bergman por "Las campanas de Santa María", Greer Garson por "El valle del destino", Jennifer Jones por "Cartas a mi amada" y Gene Tierney por "Que el cielo la juzgue". Parece que a la Crawford le preocupaba especialmente esta última porque de sus oponentes era la única que tampoco había ganado el Oscar y su interpretación había sido también excelente.

Y el caso es que esta Joan Crawford era por mor de no tener un Oscar una verdadera "alma en suplicio" como Mildred, su personaje, y desesperada como estaba por ganar la estatuílla de una manera u otra, podría haber recurrido a las armas tal y como se la ve en el fotograma de "Alma en suplicio" de arriba a la derecha, pero en cambio decidió ser un poco más cerebral y acordó con su agente que ella desde un mes antes de la entrega de los premios estaría enferma, sin dejar nunca claro la gravedad de su dolencia.


La Crawford sabía muy bien el efecto que tendría su supuesta enfermedad sobre los miembros de la Academia que habrían de votar el premio, y para meter un poco más de presión de calderas, comunicó con tan sólo dos semanas de antelación que no podría asistir a la ceremonia de entrega de los premios por sus problemas de salud, que la tenían imposibilitada en cama.

La estratagema dio resultado, y gracias a su "buena actuación", durante la película y después de ella, le fue concedido el premio a la mejor actriz que fue recogido por Michael Curtiz, director de la película, que posteriormente se lo entregó a la "enferma" que muy metida en su papel, lo recibió en la cama y en presencia de los miembros de la prensa, a los que no tuvo empacho en declarar:

“Al diablo si los votantes de la Academia me dieron el Oscar a mí, por razones sentimentales, por Mildred o por 200 años de esfuerzo: me lo merecía”

Ni que decir tiene que unos días después se recuperó totalmente, puede que por los efectos milagrosos de San Oscar. Ya podía mirar al cielo y dar Gracias.



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