Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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domingo, 30 de diciembre de 2012

The Rolling Stones y el origen de "Satisfaction"




«(I Can't Get No) Satisfaction» es un tema de 1965, compuesto por el cantante Mick Jagger y el guitarrista Keith Richards, y que resultó crucial en la historia de los Rolling Stones, tal y como comentaba el propio Jagger:

"Fue la canción lo que realmente hizo a los Rolling Stones, pasamos de ser una banda más a ser una inmensa, monstruosa banda... Tiene un título cautivador. Tiene un riff de guitarra cautivador. Tiene un gran sonido de guitarra, que era original en aquella época. Y capta el espíritu de los tiempos, lo que es muy importante en este tipo de canciones... que era la alienación."

Durante la tercera gira en los Estados Unidos, en 1965, Richards ideó el riff de guitarra de la canción. Los Stones se hospedaban en el hotel Fort Harrison en Clearwater, Florida como parte de su gira. Una noche Richards se despertó de repente, encendió la grabadora de casete y tocó el riff que abre «Satisfaction» antes de volver a la cama. Más tarde la describiría como: "2 minutos de Satisfaction y 40 minutos de mis ronquidos".

Más tarde, Richards lo llevó al estudio donde los Stones estaban grabando. A Jagger le gustó el riff inmediatamente, pero Richards pensaba que se parecía demasiado a la canción «Dancing in the Street» de Martha & The Vandellas. En una entrevista, Jagger comentó: «Creo que Keith pensaba que el riff era un poco básico. Estaba muy enganchado a él y le parecía un tipo de riff tonto». Jagger escribió la letra para el riff intentando hacer una denuncia sobre el comercialismo salvaje que la banda británica había visto en América. Richards, refiriéndose al proceso de escritura de la letra para la canción, declaró: «Mick escribió todas las palabras que dicen algo y yo escribí el gancho, me levanté de la cama con este riff y me dije 'tengo que escribir esto'».

Richards describió luego su opinión sobre «Satisfaction»:

"Sólo era un riff... Me desperté en medio de la noche, lo grabé en un casete y pensé que era bueno. Fui a dormir y cuando me levanté parecía tan útil como cualquier otra canción de álbum. Lo mismo pasó con Mick al mismo tiempo, ya sabes, las cosas van da-da, da-da-da...y las palabras que escribí fueron «I can't get no satisfaction». Pero igualmente podría haber sido "Auntie Millie's Caught Her Left Tit in the Mangle" ("la tía Millie se pilló la teta izquierda con el rodillo")."

Se ha sugerido que el título pudo salir de una línea del sencillo de 1955, «30 Days» de Chuck Berry ("I don't get no satisfaction from the judge"), pero esto no ha sido confirmado, aunque en una entrevista hecha a Jagger en 1995, él indicó que "inconscientemente" Richards pudo haber tomado el título de esa línea.



 


 


"El emigrante" de Juanito Valderrama: La primera canción protesta española

 
 


Acabo de ver la película "El emigrante" en la que se puede disfrutar de la esplendorosa voz de Juanito Valderrama y abierta la curiosidad, me puse a buscar información sobre la canción, un tema del que el propio Valderrama contaba:

“Con ‘El emigrante’ yo fui el primer cantautor que hubo en España. El primero que llegó al gran público con una letra que había escrito yo mismo y donde se recogían los sentimientos, las alegrías y las penas de todo un pueblo. Cómo será la fama de ‘El emigrante’, que de esa canción hasta Franco me pidió un bis.”

La canción empieza a tomar forma en 1948, cuando el cantante, durante una gira por España en la que iba acompañado por el gran Niño Ricardo, encontró inspiración en unas notas improvisadas por el músico. Al respecto cuenta Manuel Roman:

“Un día, el guitarrista Niño Ricardo, uno de los más grandes en su género, improvisó unas notas que alimentaron la inspiración de Juanito, hasta el punto de que, ‘por lo bajinis’, le susurró que no las olvidara, con las que minutos después, ya en el camarín, compuso unas estrofas, aquellas que luego rezarían así: ‘Adiós, mi España querida, dentro de mi alma, te llevo metía…’

Eran años en los que los vencidos de la guerra Civil habían de abandonar España para buscar fortuna lejos de una tierra que les cerraba todas las puertas y en la que no pocos eran perseguidos. Ya en 1949, Juanito Valderrama iba a viajar a América, lugar al que se habían exiliado muchos españoles, especialmente a México, y con la base de las notas de Niño Ricardo y con el pensamiento puesto en los que marcharon, logró terminar la letra sobre una factura de hotel cuando estaba camino de Larache en una gira por Tanger.

Durante la guerra Civil, Valderrama se alineó con la República y se alistó en un batallón de la CNT, donde junto con otros artistas en situación similar actúa para combatientes y heridos de guerra. Lo que refuerza la idea de que más que a los emigrantes, que sería un fenómeno que no llegaría hasta años más tarde, la canción iba dirigida a los exiliados políticos, debiendo ser considerada con una verdadera "canción protesta". Al respecto diría Manuel Francisco Reina:

“Hombre de filias republicanas, en cuyo bando estuvo alistado durante la guerra, escribió esta canción que, sin duda, se convirtió en himno de todos los exiliados republicanos por todos los márgenes de la España de Franco y dentro del miedo y el silencio de sus fronteras.”

Asi, Juanito Valderrama es para no pocos, uno de los primeros cantautores españoles (muy admirado por Serrat, que lo considera fuente de inspiración), y logra además de interpretar, componer un repertorio propio, en el que introduce matices críticos con el entorno que le toca vivir.

Curiosamente era una de las canciones favoritas de Franco y al respecto decía el propio Valderrama:

“A Franco le encantaba ‘El emigrante’. Decía que era muy patriótica. No debía darse cuenta de que esa canción iba en contra de su política, pues su argumento no era otro que el de tantos exiliados españoles que vivían fuera de España en la posguerra. Durante años, cada 18 de julio me enviaban desde el palacio de El Pardo una invitación para acudir a otro palacio, el de La Granja, al aniversario del comienzo del Alzamiento Nacional, por cuyo motivo se celebraba una gran fiesta en sus jardines con asistencias de todo el Cuerpo Diplomático y grandes personalidades del Régimen. A aquella recepción íbamos muchos artistas de la canción española. Y yo tenía que cantar siempre ‘El emigrante’, pues sabía que a Franco le gustaba, incluso tuve una vez que hacer un bis.”

De ese famoso bis contaba Carmen Sevilla, que había ocurrido cuando tanto ella como Valderrama habían sido invitados a cantar en una fiesta organizada por un señor acaudalado y a la que asistía Franco. Cuando llegó el momento de cantar y en presencia de tanto uniforme, Juanito Valderrama sudaba de puro miedo, cuando el maestro Quiroga le dijo que la canción que deseaban oír era "El emigrante". Cuando terminó la canción, se hizo un silencio que duró unos segundos, tras los cuales, inesperadamente y en contra de su costumbre, Franco le pidió que la volviese a cantar, pues la consideraba una canción patriótica muy de su gusto. Solo después de mucho tiempo Valderrama contaría a Carmen Sevilla la razón de sus sudores aquella noche, que no era otra que la verdadera naturaleza del contenido de la canción, y el "escogido publico" ante el que había de cantarla.

Una canción que vuelve a estar de actualidad y que aunque ya se ha escuchado muchas veces, puede que hoy os suene distinta
 


El Crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard.- Billy Wilder, 1950)



"Ya ven que se ha encontrado el cuerpo de un hombre flotando en la piscina de la mansión con dos tiros en la espalda y uno en el estomago. Nadie importante. Un simple escritor de guiones con un par de películas de segunda clase en su haber" (Joe Gillis).

"Yo era guionista. Mi mayor deseo siempre fue tener una piscina. Conseguí la piscina, y morí en la piscina" Joe Gillis


"No puedo continuar con la escena, estoy muy contenta... Sr. De Mille, ¿le importa que diga unas palabras?... Gracias. Sólo quiero decirles a todos cúanto me alegro de estar otra vez en el estudio rodando una película. No saben cuánto los he echado de menos. Y prometo no volver a abandonarles, porque después de "Salomé" haremos otra película, y después otra. Esta es mi vida, siempre lo será... No hay nada más, sólo nosotros, las cámaras, y toda esa gente maravillosa en la oscuridad... Sr. De Mille, estoy preparada para mi primer plano."



"- Un momento… ¿No nos conocemos?. Su cara me es conocida…
- ¿Se va o llamo a mi criado?
- Es Norma Desmond, de las películas mudas. Era una estrella.
- Y grande. Pero el cine ahora ya no lo es.
- Cada vez lo hacen peor.
- Lo mataron. Acabaron con él. Hubo una época en la que poseían los ojos de todo el mundo. Pero eso era poco para ellos, claro… También querían tener los oídos de todo el mundo. Abrieron sus bocazas y empezaron a hablar, hablar, hablar…
- Y llega el negocio de las palomitas. Se compran una bolsa y a oir hablar.
- Mire a los directores. Mire a los ejecutivos. Han matado a todos los ídolos. ¡A Fairbanks, a Gilbert, a Valentino!. ¿A quién tenemos ahora?. A unos Don Nadie.
- No me culpe. Yo no dirijo, sólo escribo.
- ¿Escribe?. ¿Escribe guiones?. Bueno, escriba. Han hecho una cuerda con las palabras y han ahorcado el cine. Hay micrófonos para captar los últimos suspiros. Y Tecnicolor para captar la lengua ensangrentada .
- Shhhhh… Hable más bajo."


"¡No necesitábamos diálogos. Teníamos rostros!"



"Joe.- Vaya, es una gran señora la tal Norma Desmond.
Mayordomo.- Era la mejor de todas, usted no se lo imagina, es muy joven. Recibía 17.000 cartas de admiradores por semana, acosaban a su peluquero por conseguir un rizo suyo; hubo un maraha que vino expresamente de la India para suplicarle que le diera una media... después se estranguló con ella.
Joe.- Bien... creo que me he metido en un sitio interesante."

"Es curiosa la amabilidad de la gente cuando estás muerto. "

Hermann Hesse.- El caminante



"Los árboles son santuarios. Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas, predican, indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida."

Hermann Hesse.- "El caminante" (1900)

Imagen: Vincent Van Gogh.- Almendro en flor

La amistad - Leyenda árabe de los dos amigos



Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dió una bofeteada al otro. El otro ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:

"Hoy mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro"

Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por el amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:

"Hoy mi mejor amigo me salvo la vida"

Intrigado el amigo preguntó:
¿Por qué después que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra ?

Sonriendo, el otro amigo respondió:

“Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo, por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo “.

Y es que como decía aquella frase de autor anónimo: "Se necesita sólo de un minuto para que te fijes en alguien, una hora para que te guste, un día para quererlo, pero se necesita de toda una vida para que lo puedas olvidar"

Acompañamos esta leyenda arabe con la imagen del cuadro "Peregrinos yendo a la Meca" pintado en 1861 por el pintor francés Leon Belly (1827-1877). Quien sabe si entre esos peregrinos podrían estar los dos amigos protagonistas de esta historia....

Eos, el mito de la Aurora





Precedía el nacimiento del día pues era la mensajera del Sol. Eos utilizaba sus rosados dedos para abrir las puertas de oriente, esparcir el rocío entre las hojas o hacer florecer las plantas. Morfeo, dios de los sueños y las demás diosas de la noche huían ante su presencia. Eos era hermana de Helios, dios del sol, y de Selene, diosa de la luna y sus padres fueron Titán y Gea. A menudo se la representaba de forma similar a Apolo, montada sobre un carro con cuatro caballos blancos y con un traje amarillo. Era una joven muy bella

Eos se enamoró de Titón, hijo de Laomedón y hermano de Príamo, y pidió a Zeus que se le concediese la inmortalidad pero se olvidó de solicitar también que Titón no envejeciera jamás. Así, con el paso del tiempo Titón se convirtió en un anciano decrépito que llegó a necesitar cuidados de bebé durmiendo en una cuna, de tal modo que prefería morir. Terminó siendo convertido en un saltamontes. Sin embargo, Eos pronto cubrió su pérdida con otros personajes como Ganímedes, Céfalo, descendiente de Deucalión, Clito, Orión, Astreo... todos los cuales le dieron descendencia, y, sobre todo el citado en último lugar, con quien tuvo todas las estrellas del firmamento.Y es que, Eos estaba condenada al enamoramiento eterno. Un día, Afrodita encontró a Eos haciendo el amor con Ares. De hecho,  reparó Afrodita en unos musculosos glúteos que se agitaban  y los reconoció de inmediato pues  estaba acostumbrada a verlos en un gran espejo de plata que había sobre su lecho. Este increíble artilugio fue un regalo de Hefestos, el herrero divino, en recuerdo de sus mejores noches.
    Así, Afrodita reconoció de inmediato las prominentes nalgas de Ares, su amante favorito. Lo tenía ante su vista, en el lecho amoroso de la divina Eos  sin darse cuenta de la presencia de la diosa que les miraba con ojos llenos de ira. Se dice que la diosa irritada echó tremenda maldición a Eos por esta faena. "A partir de ahora, sentirás un deseo irrefrenable por los jóvenes mortales. Y este deseo será insaciable y para siempre." Estas se cree que fueron las palabras de Afrodita.
    Esta sólida teoría explica la querencia de los jóvenes que deambulan de un lado para otro en la oscuridad de la noche hasta que sale el sol. Para entonces ya se habrán ido todos a dormir., amante habitual de la primera, y por eso Afrodita se vengó con tan dulce castigo.

Imagen: Eos.- William Adolphe Bouguereau

Bartolomé de las Casas: Brevísima relación de la destrucción de las Indias





EXORDIO.

Descubriéronse las Indias en el año de 1492: comenzaron a ser pobladas por Cristianos españoles en 1493, de manera que hace cuarenta y nueve años en este de 1542 en que escribo.
La primera tierra en que los nuestros habitaron fue la grande y felicísima isla Española, cuya circunsferencia es de seiscientas leguas. Hay alrededor otras islas muy grandes; he visto yo todas, y están tan pobladas por gentes naturales del país, que no pueda haber otra que les exceda en población.
La Tierra-Firme dista de la Isla Española más de 250 leguas, tiene una costa marítima que por la parte conocida pasa de diez mil leguas; y cada día se descubre más. La descubierta es una colmena de hombres, pues parece que Dios ha ejercido allí su poder para multiplicar la población.
Las gentes de todos aquellos vastísimos países son sencillas, sin iniquidad, ni doblez, obedientes y fieles a sus señores naturales y a los cristianos a quienes sirven, pacientes, pacíficas, quietas, no rencillosas, ni alborotadoras, no querellosas, ni rencorosas, sin odio, ni deseos de venganza.
Su complexión es delicadas, tierna, flaca y débil; por lo que no pueden sufrir trabajos grandes. Aun los hijos de labradores son menos robustos que los europeos hijos de príncipes criados con lujo, y regalo; por eso resisten mucho menos en las enfermedades.
Son pobres pero contentos con su pobreza sin voluntad de poseer bienes temporales y por lo mismo humildes, exentos de orgullo, ambición, y codicia.
Su comida es muy escasa y muy ordinaria, comparable con la que se nos cuenta de los santos anacoretas del desierto.
Sus vestido es por lo común una piel que cubre lo que la honestidad manda; y cuando mas, una manta de algodón de vara y media o dos varas cuadrilongo.
Su camas es una estera, y a lo sumo una red colgadas conocida en la Isla Española con el nombre de Hamaca.
Su entendimiento es vivo, listo, y sin preocupaciones; por lo que los Indios son dóciles para recibir toda doctrina, capaces de comprenderla; dotados de buenas costumbres y aptísimos para recibir nuestra santa fe católica, tanto y mas que cualquiera otra nación del mundo. Cuando ya comienzan a conocer algo de nuestra religión, tienen tal ansia de saber que llegan a ser importunos para sus catequistas, en tanto grado que los religiosos necesitan ser bien pacientes para soportar sus instancias. En fin he oído decir a varios españoles seglares decir muchas veces: La bondad de los Indios es tanta que si llegan a conocer al verdadero Dios, no habrá gente más bienaventurada en el mundo.
Los españoles trataron a estas mansísimas ovejas, y olvidándose de ser hombres, y ejerciendo la crueldad de lobos, de tigres, y de leones hambrientos. De cuarenta años a esta parte, no han hecho ni hacen sino perseguirlas, oprimirlas, destrozarlas y aniquilarlas por cuantas maneras conocían ya los hombres y por las nuevas que han inventado ellos. Así hay ahora en la Isla Española solo doscientas personas naturales de allí, habiendo habido en el principio hasta tres millones.
La isla de Cuba es tan larga como desde Valladolid hasta Roma, y sin embargo está casi enteramente despoblada.
La isla de San Juan de Puerto Rico y la de Jamaica son muy grandes, graciosas y felices, pero ahora ya están asoladas.


Las islas de los Lucayos comarcanas de la Española y de la de Cuba por el norte son más de sesenta con las que llaman de Gigantes. La menos buena de todas es de tierra mejor, más amena y más fértil que la Huerta del rey de Sevilla: su clima es el más sano del mundo: había en ellas más de quinientas mil almas, ahora ni una si quiera. Los españoles aniquilaron la población; primero matando, después queriendo trasplantar sus habitantes a la Española, ya casi despoblada. Habiendo llegado un navío con ese objeto, intentó convertir los habitantes a la fe cristiana y sólo halló once personas: yo las vi.
Más de otras treinta islas están en comarca de San Juan y ya sin gente por el propio motivo. Entre todas compondrán más de dos mil leguas de tierra, ya deshabitadas y desiertas.
La Tierra-Firme contenía más de diez reinos; cada uno mayor que la España entera, incluyendo la corona de Aragón y todo lo de Portugal. Su extensión es como desde Jerusalén a Sevilla pues se alarga más de dos mil leguas. Sin embargo las crueldades de los españoles han sido tantas y tan nefandas que han aniquilado la población, y dejado desierto el país.


Podemos asegurar que los españoles han quitado con su atroz e inhumana conducta más de doce millones de vidas de hombres, mujeres y niños: pero según mi opinión pasan de quince.
De dos maneras se han conseguido estos bárbaros efectos: primera dando guerras tan inhumanas como injustas; segunda maltratando después de la conquista a los naturales del país, y matando a los señores, a los caciques, y a los varones jóvenes y robustos; oprimiendo a los demás con la mas dura, más áspera y más cruel esclavitud, insoportable aun por bestias.
La única causa de tan horrible carnicería fue la codicia de los españoles. Estos se propusieron no tener prácticamente otro Dios que el oro, llenarse de riquezas en pocos días a costa de unas gentes humildes y sencillas, a las cuales trataron infinito peor que a las bestias, como yo mismo lo he visto, y aún con mayor vilipendio que el estiércol de las plazas; en prueba de lo cual no cuidaban ni aun de las almas de los Indios pues dieron lugar a que estos infelices muriesen en los tormentos sin ser convertidos a la santa fe cristiana.
Semejante atrocidad es tanto más notable cuanto los Españoles confiesan que los indios no han hecho jamás mal alguno a los cristianos; antes bien los amaban como a venidos del cielo hasta que vieron que multiplicaban los males, los robos, las violencias, las vejaciones, y las muertes de los naturales del país.

Miguel de Unamuno.- Mi religión




Me escribe un amigo desde Chile diciéndome que se ha encontrado allí con algunos que, refiriéndose a mis escritos, le han dicho: «Y bien, en resumidas cuentas, ¿cuál es la religión de este señor Unamuno?» Pregunta análoga se me ha dirigido aquí varias veces. Y voy a ver si consigo no contestarla, cosa que no pretendo, sino plantear algo mejor el sentido de la tal pregunta.
Tanto los individuos como los pueblos de espíritu perezoso —y cabe pereza espiritual con muy fecundas actividades de orden económico y de otros órdenes análogos— propenden al dogmatismo, sépanlo o no lo sepan, quiéranlo o no, proponiéndose o sin proponérselo. La pereza espiritual huye de la posición crítica o escéptica.
Escéptica digo, pero tomando la voz escepticismo en su sentido etimológico y filosófico, porque escéptico no quiere decir el que duda, sino el que investiga o rebusca, por oposición al que afirma y cree haber hallado. Hay quien escudriña un problema y hay quien nos da una fórmula, acertada o no, como solución de él.
En el orden de la pura especulación filosófica, es una precipitación el pedirle a uno soluciones dadas, siempre que haya hecho adelantar el planteamiento de un problema. Cuando se lleva mal un largo cálculo, el borrar lo hecho y empezar de nuevo significa un no pequeño progreso. Cuando una casa amenaza ruina o se hace completamente inhabitable, lo que procede es derribarla, y no hay que pedir se edifique otra sobre ella. Cabe, sí, edificar la nueva con materiales de la vieja, pero es derribando antes ésta. Entretanto, puede la gente albergarse en una barraca, si no tiene otra casa, o dormir a campo raso.
Y es preciso no perder de vista que para la práctica de nuestra vida, rara vez tenemos que esperar a las soluciones científicas definitivas. Los hombres han vivido y viven sobre hipótesis y explicaciones muy deleznables, y aun sin ellas. Para castigar al delincuente no se pusieron de acuerdo sobre si éste tenía o no libre albedrío, como para estornudar no reflexiona uno sobre el daño que puede hacerle el pequeño obstáculo en la garganta que le obliga al estornudo.
Los hombres que sostienen que de no creer en el castigo eterno del infierno serían malos, creo, en honor de ellos, que se equivocan. Si dejaran de creer en una sanción de ultratumbas no por eso se harían peores, sino que entonces buscarían otra justificación ideal a su conducta. El que siendo bueno cree en un orden trascendente, no tanto es bueno por creer en él cuanto que cree en él por ser bueno. Proposición ésta que habrá de parecer oscura o enrevesada, estoy de ello cierto, a los preguntones de espíritu perezoso.
Y bien, se me dirá, «¿Cuál es tu religión?» Y yo responderé: mi religión es buscar la verdad en la vida y la vida en la verdad, aun a sabiendas de que no he de encontrarlas mientras viva; mi religión es luchar incesante e incansablemente con el misterio; mi religión es luchar con Dios desde el romper del alba hasta el caer de la noche, como dicen que con Él luchó Jacob. No puedo transigir con aquello del Inconocible —o Incognoscible, como escriben los pedantes—ni con aquello otro de «de aquí no pasarás». Rechazo el eterno ignorabimus. Y en todo caso, quiero trepar a lo inaccesible.
«Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto», nos dijo el Cristo, y semejante ideal de perfección es, sin duda, inasequible. Pero nos puso lo inasequible como meta y término de nuestros esfuerzos. Y ello ocurrió, dicen los teólogos, con la gracia. Y yo quiero pelear mi pelea sin cuidarme de la victoria. ¿No hay ejércitos y aun pueblos que van a una derrota segura? ¿No elogiamos a los que se dejaron matar peleando antes que rendirse? Pues ésta es mi religión.
Ésos, los que me dirigen esa pregunta, quieren que les dé un dogma, una solución en que pueda descansar el espíritu en su pereza. Y ni esto quieren, sino que buscan poder encasillarme y meterme en uno de los cuadriculados en que colocan a los espíritus, diciendo de mi: es luterano, es calvinista, es católico, es ateo, es racionalista, es místico, o cualquier otro de estos motes, cuyo sentido claro desconocen, pero que les dispensa de pensar más. Y yo no quiero dejarme encasillar, porque yo, Miguel de Unamuno, como cualquier otro hombre que aspire a conciencia plena, soy una especie única. «No hay enfermedades, sino enfermos», suelen decir algunos médicos, y yo digo que no hay opiniones, sino opinantes.
En el orden religioso apenas hay cosa alguna que tenga racionalmente resuelta, y como no la tengo, no puedo comunicarla lógicamente, porque sólo es lógico y transmisible lo racional. Tengo, sí, con el afecto, con el corazón, con el sentimiento, una fuerte tendencia al cristianismo sin atenerme a dogmas especiales de esta o de aquella confesión cristiana. Considero cristiano a todo el que invoca con respeto y amor el nombre de Cristo, y me repugnan los ortodoxos, sean católicos o protestantes —éstos suelen ser tan intransigentes como aquéllos— que niegan cristianismo a quienes no interpretan el Evangelio como ellos. Cristiano protestante conozco que niega el que los unitarios sean cristianos.
Confieso sinceramente que las supuestas pruebas racionales —la ontológica, la cosmológica, la ética, etcétera— de la existencia de Dios no me demuestran nada; que cuantas razones se quieren dar de que existe un Dios me parecen razones basadas en paralogismos y peticiones de principio. En esto estoy con Kant. Y siento, al tratar de esto, no poder hablar a los zapateros en términos de zapatería.
Nadie ha logrado convencerme racionalmente de la existencia de Dios, pero tampoco de su no existencia; los razonamientos de los ateos me parecen de una superficialidad y futileza mayores aún que los de sus contradictores. Y si creo en Dios, o, por lo menos, creo creer en Él, es, ante todo, porque quiero que Dios exista, y después, porque se me revela, por vía cordial, en el Evangelio y a través de Cristo y de la Historia. Es cosa de corazón.
Lo cual quiere decir que no estoy convencido de ello como lo estoy de que dos y dos hacen cuatro.
Si se tratara de algo en que no me fuera la paz de la conciencia y el consuelo de haber nacido, no me cuidaría acaso del problema; pero como en él me va mi vida toda interior y el resorte de toda mi acción, no puedo aquietarme con decir: ni sé ni puedo saber. No sé, cierto es; tal vez no pueda saber nunca, pero «quiero» saber. Lo quiero, y basta.
Y me pasaré la vida luchando con el misterio y aun sin esperanza de penetrarlo, porque esa lucha es mi alimento y es mi consuelo. Sí, mi consuelo. Me he acostumbrado a sacar esperanza de la desesperación misma. Y no griten ¡Paradoja! los mentecatos y los superficiales.
No concibo a un hombre culto sin esta preocupación, y espero muy poca cosa en el orden de la cultura - y cultura no es lo mismo que civilización - de aquellos que viven desinteresados del problema religioso en su aspecto metafísico y sólo lo estudian en su aspecto social o político. Espero muy poco para el enriquecimiento del tesoro espiritual del género humano de aquellos hombres o de aquellos pueblos que por pereza mental, por superficialidad, por cientificismo, o por lo que sea, se apartan de las grandes y eternas inquietudes del corazón. No espero nada de los que dicen: «¡No se debe pensar en eso!»; espero menos aún de los que creen en un cielo y un infierno como aquel en que creíamos de niños, y espero todavía menos de los que afirman con la gravedad del necio: «Todo eso no son sino fábulas y mitos; al que se muere lo entierran, y se acabó». Sólo espero de los que ignoran, pero no se resignan a ignorar; de los que luchan sin descanso por la verdad y ponen su vida en la lucha misma más que en la victoria.
Y lo más de mi labor ha sido siempre inquietar a mis prójimos, removerles el poso del corazón, angustiarlos, si puedo. Lo dije ya en mi Vida de Don Quijote y Sancho, que es mi más extensa confesión a este respecto. Que busquen ellos, como yo busco; que luchen, como lucho yo, y entre todos algún pelo de secreto arrancaremos a Dios, y, por lo menos, esa lucha nos hará más hombres, hombres de más espíritu.
Para esta obra —obra religiosa— me ha sido menester, en pueblos como estos pueblos de lengua castellana, carcomidos de pereza y de superficialidad de espíritu, adormecidos en la rutina del dogmatismo católico o del dogmatismo librepensador o cientificista, me ha sido preciso aparecer unas veces impúdico e indecoroso, otras duro y agresivo, no pocas enrevesado y paradójico. En nuestra menguada literatura apenas se le oía a nadie gritar desde el fondo del corazón, descomponerse, clamar. El grito era casi desconocido. Los escritores temían ponerse en ridículo. Les pasaba y les pasa lo que a muchos que soportan en medio de la calle una afrenta por temor al ridículo de verse con el sombrero por el suelo y presos por un polizonte. Yo, no; cuando he sentido ganas de gritar, he gritado. Jamás me ha detenido el decoro. Y ésta es una de las cosas que menos me perdonan estos mis compañeros de pluma, tan comedidos, tan correctos, tan disciplinados hasta cuando predican la incorrección y la indisciplina. Los anarquistas literarios se cuidan, más que de otra cosa, de la estilística y de la sintaxis. Y cuando desentonan lo hacen entonadamente; sus desacordes tiran a ser armónicos.
Cuando he sentido un dolor, he gritado, y he gritado en público. Los salmos que figuran en mi volumen de Poesías no son más que gritos del corazón, con los cuales he buscado hacer vibrar las cuerdas dolorosas de los corazones de los demás. Si no tienen esas cuerdas, o si las tienen tan rígidas que no vibran, mi grito no resonará en ellas, y declararán que eso no es poesía, poniéndose a examinarlo acústicamente. También se puede estudiar acústicamente el grito que lanza un hombre cuando ve caer muerto de repente a su hijo, y el que no tenga ni corazón ni hijos, se queda en eso.
Esos salmos de mis Poesías, con otras varias composiciones que allí hay, son mi religión, y mi religión cantada, y no expuesta lógica y razonadamente. Y la canto, mejor o peor, con la voz y el oído que Dios me ha dado, porque no la puedo razonar. Y el que vea raciocinios y lógica, y método y exégesis, más que vida, en esos mis versos porque no hay en ellos faunos, dríades, silvanos, nenúfares, «absintios» (o sea ajenjos), ojos glaucos y otras garambainas más o menos modernistas, allá se quede con lo suyo, que no voy a tocarle el corazón con arcos de violín ni con martillo.
De lo que huyo, repito, como de la peste, es de que me clasifiquen, y quiero morirme oyendo preguntar de mí a los holgazanes de espíritu que se paren alguna vez a oírme: «Y este señor, ¿qué es?» Los liberales o progresistas tontos me tendrán por reaccionario y acaso por místico, sin saber, por supuesto, lo que esto quiere decir, y los conservadores y reaccionarios tontos me tendrán por una especie de anarquista espiritual, y unos y otros, por un pobre señor afanoso de singularizarse y de pasar por original y cuya cabeza es una olla de grillos. Pero nadie debe cuidarse de lo que piensen de él los tontos, sean progresistas o conservadores, liberales o reaccionarios.
Y como el hombre es terco y no suele querer enterarse y acostumbra después que se le ha sermoneado cuatro horas a volver a las andadas, los preguntones, si leen esto, volverán a preguntarme: «Bueno; pero ¿qué soluciones traes?» Y yo, para concluir, les diré que si quieren soluciones, acudan a la tienda de enfrente, porque en la mía no se vende semejante artículo. Mi empeño ha sido, es y será que los que me lean, piensen y mediten en las cosas fundamentales, y no ha sido nunca el de darles pensamientos hechos. Yo he buscado siempre agitar, y, a lo sumo, sugerir, más que instruir. Si yo vendo pan, no es pan, sino levadura o fermento.
Hay amigos, y buenos amigos, que me aconsejan me deje de esta labor y me recoja a hacer lo que llaman una obra objetiva, algo que sea, dicen, definitivo, algo de construcción, algo duradero. Quieren decir algo dogmático. Me declaro incapaz de ello y reclamo mi libertad, mi santa libertad, hasta la de contradecirme, si llega el caso. Yo no sé si algo de lo que he hecho o de lo que haga en lo sucesivo habrá de quedar por años o por siglos después que me muera; pero sé que si se da un golpe en el mar sin orillas las ondas en derredor van sin cesar, aunque debilitándose. Agitar es algo. Si merced a esa agitación viene detrás otro que haga algo duradero, en ello durará mi obra.
Es obra de misericordia suprema despertar al dormido y sacudir al parado, y es obra de suprema piedad religiosa buscar la verdad en todo y descubrir dondequiera el dolo, la necedad y la inepcia.
Ya sabe, pues, mi buen amigo el chileno lo que tiene que contestar a quien le pregunte cuál es mi religión. Ahora bien; si es uno de esos mentecatos que creen que guardo ojeriza a un pueblo o una patria cuando le he cantado las verdades a alguno de sus hijos irreflexivos, lo mejor que puede hacer es no contestarles.
Salamanca, 6 de noviembre de 1907.

Los melocotones (Cuento completo) - León Tolstoi



El music (campesino ruso) Tikhon Kuzmitch, al regresar,de la ciudad, llamó a sus hijos.

—Mirad -les dijo- el regalo que el tío Ephim os envía.

 Los niños acudieron: el padre deshizo un paquete.

—¡Qué lindas manzanas! -exclamó Vania, muchacho de seis años-. ¡Mira, María, qué rojas son!

—No, probable es que no sean manzanas -dijo Serguey, el hijo mayor-. Mira la corteza, que parece cubierta de vello.

—Son melocotones -dijo el padre-. No habíais visto antes fruta como ésta. El tío Ephim los ha cultivado en su invernadero, porque se dice que los melocotones sólo prosperan en los países cálidos, y que por aquí sólo pueden lograrse en invernaderos.

—¿Y qué es un invernadero? -dijo Volodia, el tercer hijo de Tikhon.

—Un invernadero es una casa cuyas paredes y techo son de vidrio.

El tío Ephim me ha dicho que se construyen de este modo para que el sol pueda calentar las plantas. En invierno, por medio de una estufa especial, se mantiene allí la misma temperatura.

—He ahí para ti, mujer, el melocotón más grande; y estos cuatro para vosotros, hijos míos.


—Bueno -dijo Tikhon, por la noche- ¿cómo halláis aquella fruta?

—Tiene un gusto tan fino, tan sabroso -dijo Serguey- que quiero plantar el hueso en un tiesto; quizá salga un árbol que se desarrollará en la isba .

—Probablemente serás un gran jardinero; ya piensas en hacer crecer los árboles -añadió el padre.

—Yo -prosiguió el pequeño Vania- hallé tan bueno el melocotón, que he pedido a mamá la mitad del suyo; ¡pero tiré el hueso!

—Tú eres aún muy joven -murmuró el padre.

—Vania tiró el hueso -dijo Vassili, el segundo hijo -pero yo lo recogí y lo rompí. Estaba muy duro, y adentro tenía una cosa cuyo sabor se asemejaba al de la nuez, pero más amargo. En cuanto a mi melocotón, lo vendí en diez kopeks; no podía valer más. Tikhon movió la cabeza.

—Pronto empiezas a negociar. ¿Quieres ser comerciante? iY tú, Volodia, no dices nada! ¿Por qué? -preguntó Tikhon a su tercer hijo, que permanecía aparte.

—¿ Tenía buen gusto tu melocotón?

—iNo sé! -respondió Volodia.

—¿Cómo que no lo sabes? - replicó el padre- ¿acaso no lo comiste?

—Lo he llevado a Grincha -respondió Volodia-. Está enfermo, le conté lo que nos dijiste acerca de la fruta aquella, y no hacía más que contemplar mi melocotón; se lo di, pero él no quería tomarlo; entonces lo dejé junto a él y me marché.

El padre puso una mano sobre la cabeza de aquel niño y dijo:

-Dios te lo devolverá.

Patti Smith



"Un artista es alguien que compite con Dios". PATTI SMITH




Escritora, poetisa, cantante y compositora norteamericana, nacida en Chicago el 30 de diciembre de 1946. Escribió para revistas de Rock a principios de los setenta, y su trabajo poético era apreciado entre los círculos artísticos e intelectuales neoyorquinos. Después de escribir para otros grupos, forma el Patti Smith Group en 1974, grabando un single para un sello independiente antes de fichar por Arista y lanzar su primer álbum en 1975. Horses fue producido por John Cale (ex Velvet Underground), y la voz de Patti Smith pronto fue conocida en todo el país. En aquella época, era una figura central en todo el movimiento Punk-New Wave de Nueva York, actuando con frecuencia en el CBGB's, club por el que han ido pasando en cada momento las figuras y promesas más interesantes de las vanguardias musicales. Su siguiente trabajo fue Radio Ethiopia, de 1976, que le dio gran éxito con la versión de Because The Night -escrita a medias con Bruce Springsteen-. Waves, en 1979, puso un punto y aparte en la carrera de Patti, que se retira del mundo de la música. Volvió a los estudios en 1988, con Dream Of Life, co-producido por Jimmy Lovine y Fred Sonic Smith, ex MC-5 y marido de la cantante.

En marzo de 2004 publicó un nuevo trabajo, Trampin, que supuso la vuelta de la cantante de Chicago a la esfera internacional. Por otra parte, en julio de 2005 fue nombrada Comendadora de la Orden de las Artes y las Letras francesas por el ministro de cultura francés, Renaud Donnedieu de Vabres.
(Fuente: Texto extraído de www.mcnbiografias.com)





«BECAUSE THE NIGHT» es una canción de Patti Smith (con el Patti Smith Group), co-escrita por Bruce Springsteen y Patti Smith, que fue lanzada como single en 1978. Estaba incluida en el álbum de Smith Easter. La canción fue un éxito, llegando al número trece en la lista Billboard Hot 100, e impulsando las ventas de Easter hasta el éxito mainstream, incluso cuando Smith había tomado la decisión de retirarse de una vida de constantes giras. La canción sigue siendo una de las más conocidos del catálogo de la cantante y poetisa norteamericana.

En 1987, "Because the Night" de Patti Smith Group fue clasificada con el número 116 en la lista de "Las 150 Canciones de Todos los Tiempos" por la revista musical NME.
La canción original fue grabada por Bruce Springsteen durante las sesiones de su álbum Darkness on the Edge of Town, aunque el músico no estaba satisfecho con ella. Patti Smith Group estaban trabajando en su álbum Easter en un estudio contiguo, y el ingeniero y productor Jimmy Iovine estaba trabajando en los dos álbumes. Iovine le dio a Smith una copia de la canción, ella la rehizo y se incluyó en Easter, convirtiéndose de hecho en el primer single de ese álbum.

A pesar de que nunca fue lanzada en ninguno de los álbumes de estudio de Springsteen, en los conciertos desde la gira correspondiente a Darkness on the Edge of Town a menudo la ha interpretado cantando su propia letra. La canción fue interpretada por primera vez en vivo (junto a Patti Smith) en Nueva York el 30 de diciembre de 1977. Hasta el lanzamiento de The Promise, el recopilatorio de 2010, que incluía la grabación original durante las sesiones de grabación de Darkness on the Edge of Town, la única grabación comercial lanzada de la versión de Springsteen estaba en el álbum en directo de 1986 Live/1975-85, donde Smith fue acreditada como co-guionista.(Wikipedia)


Iván Zulueta



"Hay cosas que teniendo más vidas, más tiempo, más todo, me encantaría tocar..."
 (IVAN ZULUETA)

(29 de septiembre de 1943 – 30 de diciembre de 2009)




Iván Zulueta nace en Donostia/San Sebastián en 1943, y es bautizado como Juan Ricardo Miguel Zulueta, ya que el responsable del registro se niega a inscribirlo como Iván por ser un nombre de origen ruso. Iván crece en un ambiente artístico, su padre llega a ser director del festival de cine de San Sebastián, y su madre es pintora ameteur.

En 1960 se traslada a Madrid a estudiar decoración pero todavía no tiene claro qué hacer con su vida hasta que viaja, cuatro años después, a Nueva York. Es la época de la eclosión del arte pop, Andy Warhol y la Factoría. Cuando regresa, Zulueta decide estudiar en la Escuela Oficial de Cine. Serán compañeros cinestas como Pilar Miró, Jaime Chávarri, Juan Tébar o Antonio Drove. Su profesor José Luis Borau se convierte en su mentor, pero no logra diplomarse, uno de sus cortometrajes es censurado y le expulsan de la Escuela.

Zulueta comienza a trabajar en televisión donde dirige el programa musical "El último grito", que presenta José María Iñigo. Su primera película "Un, dos, tres, al escondite inglés" es también un musical, pop, disparatado al estilo de las películas que Richard Lester hizo junto a Los Beatles. La película, pese a que se estrena en Cannes, tarda dos años en proyectarse en España.

En 1979, con muy poco presupuesto y usando el apartamento de Eusebio Poncela y la finca de Jaime Chávarri como decorados, se rueda "Arrebato".

La película es la historia de una adicción, la del protagonista, un director de cine interpretado por Eusebio Poncela, por la heroína, pero también por el cine. Estas dos adicciones sirven para reflexionar sobre qué es lo que es capaz de arrebatarnos, de engancharnos y, en último término, de hacernos desaparecer. "Arrebato" no sólo habla de cine o de drogas, sino de qué crea el éxtasis artístico.

Nadie podía suponer que "Arrebato" se convertiría con los años en una película de culto, considerada por muchos como la mejor del cine español de todos los tiempos. Cuando se estrena en 1980, sólo en una sala de cine, pasa desapercibida. Cannes y Berlín la rechazan por considerarla "enferma" y "terminal". Pero la película aguanta en cartel y poco a poco se crea la leyenda a su alrededor.

Zulueta alterna su trabajo en televisión con su obra como cartelista de películas de la España de la movida, como "Entre tinieblas" y "Qué he hecho yo para merecer esto" de Almodóvar o "Furtivos" de Borau.

La fama de "Arrebato" crece, al igual que los problemas de su director con las drogas. Como el propio protagonista de su película, Zulueta parece "vampirizado" por la heroína, pero también por el éxito de "Arrebato". No puede seguir trabajando y desaparece un tiempo para desintoxicarse.

Vuelve a la televisión años después con un capítulo de la serie "Delirios de amor" titulado "Párpados" y, posteriormente, un capítulo de la serie "Crónicas del mal", llamado "Ritesti". Entre ambos trabajos continúa con su labor como cartelista y también con sus problemas con la heroína.

Pasa el tiempo y los trabajos de Zulueta menguan mientras aumentan los homenajes, reestrenos y estudios sobre su obra. En 2005 en una entrevista para El Correo confiesa: "Cuando intento salvar un obstáculo vuelvo a caer en otro. Está el problema de la droga, sigo con la metadona, de la que estoy colgado, lo que es básico para mi vida, quiera o no. Maldita la gracia, porque no me sirve para nada, y sin ella sería el horror. Es una catástrofe, lo pensaría así aunque nunca me hubiera metido nada. Yo, por desgracia, estoy enganchado a la idea de que esto lo podría arreglar si me dejasen».

Una de sus últimas apariciones públicas es en el 2008 en el homenaje que le rinde el festival de Málaga. Preguntado, una vez más, por su vuelta al cine, dice: "No arranco, lo último que hice fueron una decena de carteles de cine y de eso hace ya casi diez años. Quisiera no perderme en esos entresijos de la metadona. Los últimos carteles que he hecho no me han gustado mucho y eso para mí es muy doloroso".El 30 de diciembre de 2009 murió en su Donosti natal, a los 66 años de edad.

Queda la complejidad y el poder evocador de "Arrebato" para recordar el talento de Iván Zulueta.

(Fuente:http://suite101.net/article/fallece-ivn-zulueta-a7840#axzz2GX42XZMr)





Pocos cineastas han obtenido semejante relieve artístico con una obra tan escasa como Iván Zulueta. Autor de una gran película, ARREBATO (1979), que lo marcaría para siempre.

Arrebato, filme de culto por excelencia del cine español, supuso la consagración de Zulueta al mismo tiempo que resultó en cierto modo su cruz. Tratado de tintes autobiográficos sobre el poder vampírico del cine y el desmoronamiento de un cineasta heroinómano conserva desde su estreno hace 30 años toda su capacidad de fascinación. Antes de ella, Zulueta había dirigido innumerables cortos experimentales en formatos domésticos, y otro largometraje, Un, dos, tres, al escondite inglés que no pudo firmar con su nombre dado que el Sindicato del Espectáculo exigía entonces (1970) el carné oficial de director para hacer un filme, e Iván Zulueta no lo tenía por haber sido suspendido en la Escuela oficial de Cinematografía. El productor de la cinta, José Luis Borau, le prestó su nombre aunque siempre quedó clara la verdadera autoría.

Comedia pop algo disparatada, reflejaba muy bien el peculiar talento de este hombre de la imagen, tan aficionado al cine como a la pintura, la fotografía y el cartelismo, y que había triunfado en TVE en los años sesenta con un programa semanal presentado por José María Íñigo, titulado Último grito.

Buenos amigos como Antonio Gasset y Augusto Martínez Torres le convencieron de que filmara una obra más personal, y con pocos medios económicos se lanzaron juntos a la aventura de Arrebato, con un guión apenas esbozado pero lleno de energía e imaginación. Aun cuando en su estreno madrileño no llamó especialmente la atención, fue recuperada poco después y se mantuvo en cartel durante casi un año en sesiones nocturnas. La droga que consumían sus personajes fue un elemento tan clave en la poética del filme como en la vida personal de Zulueta.

Arrebato se sigue contemplando como una obra sugestiva, inquietante, seductora y perversa. Su inteligente mezcla de géneros la hacen rica y permanente. Diversos productores pretendieron desde entonces que éste regresara al cine, pero ninguno lo logró. El director sólo filmó desde entonces un corto incluido en el largometraje colectivo Delirios de amor (1989) y alguna esporádica colaboración para televisión para la serie Crónicas del mal (1992).
(Fuente:http:/elpais.com/diario/2009/12/31/cultura/1)