Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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lunes, 27 de julio de 2015

Lenny Montana: Un matón de la mafia en el reparto de "El Padrino"




En "El Padrino", la película sobre la mafia por excelencia, no todos eran actores. Uno de los personajes más memorables del film es el despiadado y leal matón Luca Brasi, brazo ejecutor de la familia Corleone cuando ofrecían un trato que nadie pudiera rechazar sin éxito. Coppola se encontró con que el actor que iba a encarnar a este personaje murió antes de realizar sus escenas y se vio obligado a buscar un sustituto con rapidez. 

En el set de rodaje no eran pocos los matones de la mafia que controlaban que la película no tomara derroteros indeseados (de hecho la película es muy generosa para con la organización, de la que ofrece una visión nada negativa), y uno de aquellos "soldati" era un antiguo luchador de wrestling, Lenny Montana, grande y de aspecto y modales primarios, que se había reconvertido en matón de la familia Colombo y en un singular pirómano amigo de amarrar un objeto empapado en queroseno a la cola de un ratón, darle fuego y echarlo a correr por el edificio que debía ser quemado, aunque otras veces simplemente colocaba una vela encendida delante de un reloj de cuco, para que cuando este diera la hora cayera sobre los cortinajes y produjera su fatal resultado. 
       El caso es que a los ojos de Coppola aquel sujeto reunía las cualidades necesarias para encarnar a su tenebroso Luca Brasi y además, el hecho de contratarlo, suavizaba la tensión con todos aquellos controladores de sombrero borsalino que frecuentaban la filmación.

Lenny Montana se puso tan nervioso al saber que tendría que actuar delante de Marlon Brando que no paraba de repetir una y otra vez su frase. Coppola que lo vio en tal trance se dio cuenta de que aquellos nervios definían a un personaje que a pesar de ser sanguinario de ser necesario también mostraba sus pocas luces y una lealtad inquebrantable para con su Don al que respetaba y temía por encima de todo, de modo que encargó modificar el guión para introducir aquella faceta del personaje.

"Don Corleone, me honra y le agradezco que me haya invitado a su casa, para la boda de su hija. Ojala el primogénito sea varón."

Eso era, más o menos, todo lo que tenía que decir, y cuando llegó el momento de filmar, sus nervios volvieron a aparecer y a trompicones dijo su texto como bien pudo. Coppola supo que era mejor no tocarlo, que era un momento sensacional tal y como se había desarrollado y así es como lo vemos en la pantalla. Y es que no tiene precio ver a un verdadero matón de la mafia con tembleque de piernas por tener que decir unas lineas delante de Don Vito. Un personaje. este Brasi, que redondea más si cabe la obra, lastima que finalmente, en la película tuviera que "dormir con los peces", lo que no le impidió aparecer en otros títulos posteriormente.




sábado, 25 de julio de 2015

"La chica de Bube" (1963 - Luigi Comencini)




Ayer fue uno de esos días en los que uno descubre una joyita olvidada del cine y por tan simple regalo se siente feliz. La película en cuestión es "La ragazza di Bube" (1963), uno de los mejores trabajos de Luigi Comencini, cuya filmografía, reconozco no tengo muy visitada más allá de sus "Pan, amor y...". 

Es indudable el valor cinematográfico de la obra, que aborda con acierto un momento histórico de Italia como es el fin del fascismo tras la Segunda Guerra Mundial y las consiguientes tensiones que se crean en la población entre los antiguos partidarios de Mussolini, ahora de capa caída, y las emergentes ideas igualitarias de todos aquellos que lo sufrieron y no formaban parte de los elegidos y por supuesto con aquellos que lucharon de forma activa contra el fascismo, los partisanos, uno de los cuales, Bube (George Chakiris), movido por las circunstancias y por el calor del momento, mata a un par de personas e inexorablemente se ve obligado a pagar por su crimen sin que su lucha anterior por la libertad cuenten a su favor. En esta situación conoce a Mara (Claudia Cardinale) y su amor se va fraguando poco a poco, a fuego lento, desde la sutil indiferencia hasta la renuncia del yo por el otro cuando su amor se convierte en un camino repleto de obstáculos prácticamente insalvables. Dificultades que Mara asumirá con entereza después de renunciar a la estabilidad que le ofrecía otro amor, en cierto modo más convencional, que se le había cruzado en el camino. 

Pero más allá de esta interesantísima crónica social de un tiempo ya pasado, la película esconde la maravillosa actuación de una joven Claudia Cardinale que sin demasiados afeites logra conquistar al espectador con sus ojos y su límpido rostro. No son sus formas las que llaman la atención, ni sus ropas, ciertamente humildes, es solo ella y su magia personal las que conforman el embrujo,  además de ese  blanco y negro que en el cine siempre esta preñado de belleza, y en esta película se convierte en un aliado de la actriz y de sus expresivos ojos y gestos. A veces es como si el color fuera demasiado explicito, demasiado completo, y el blanco y negro un alegato sobre aquel adagio de que "menos es más". No debo olvidarme de la acertadísima banda sonora que Rustichelli crea para el film (me recordaba a las tonadas típicamente italianas de algunas películas de Fellini) ni de la gran actuación de Chakiris, pero si por algo recordaré esta película es por haberle dado un nuevo sentido a aquella frase tan utilizada como referencia a los placeres y manjares reservados a las élites: "Bocatto di Cardinale" y sin duda Claudia lo es.



Ficha de la película:

Título original: La ragazza di Bube
Año: 1963

Duración: 106 min.
País: Italia 

Director: Luigi Comencini

Reparto: Claudia Cardinale, George Chakiris, Marc Michel, Dany París, Monique Vita, Carla Calò, Emilio Esposito

Guión: Luigi Comencini, Marcello Fondato
Música: Carlo Rustichelli

Fotografía: Gianni Di Venanzo





¿Pueden bastar 34 segundos para hacer deseable ver una película?



La banda sonora de Rustichelli e imágenes de la película

lunes, 20 de julio de 2015

El camarote de los Hermanos Marx: Una escena hecha trizas



Uno de los grandes mandamases del cine de Hollywood, Irving Thalberg, era capaz, si era preciso, de hacer que sus guionistas sudaran sangre para lograr de ellos buenas y novedosas ideas e historias con las que hacer sonar la caja. Eso es más o menos lo que hizo para que la famosa escena del camarote en “Una noche en la Opera” (Sam Wood - 1935) tomara cuerpo. Thalberg tenía entre ceja y ceja hacer la película más desternillante de los Hermanos Marx y para ello necesitaba gags completamente nuevos en las que se le diera una nueva vuelta de tuerca al ya de por si considerable arte del absurdo de los Marx. Descontento con las escenas cómicas que le presentaban los guionistas, no paraba de pedir modificaciones y de rectificar o rechazar el trabajo que le presentaban. En un arranque de mal humor y de malos modos, pidió a Al Boabserg, uno de esos guionistas, un nuevo enfoque del guión de la película y una escena que quedara en el recuerdo de todos los espectadores que acudieran a verla y que sirviera de promoción cuando hablaran de ella a otras personas.

Boasberg era cumplidor, pero también estaba hasta el mismísimo gorro de las inaceptables maneras del todopoderoso Thalberg, así que tras idear esa mágica escena, le telefoneo y le dijo: “De acuerdo, Sr. Thalberg. Ya lo tengo hecho, pero si lo quiere ver tendrá que ir a mi oficina y cogerlo. Yo me marcho a casa. Ahí se lo dejo”. Y de esta manera, Boasberg abandonó la producción de la película.

Ni que decir tiene que Thalberg fue al despacho en busca de aquella escena, pero allí no encontraba nada, ni el, ni Groucho, ni Harpo ni Chico que le acompañaban. Cuando ya casi se daban por vencidos y estaban hartos de revolver papeles, repararon en que el guión de la escena se encontraba recortado en multitud de trozos que habían sido clavados en el techo. Sin duda el berrinche que se manejaba Boabsberg cuando terminó de cumplir con la última exigencia de Thalberg, debía ser morrocotudo para idear esta curiosa forma de entregarselo.

Groucho contaba: “Nos costó cerca de cinco horas volver a recomponerlo, pero valía la pena, porque resultó ser el centro de una de las escenas más famosas que hemos hecho”,  aquella en que su diminuto camarote termina totalmente atestado de personas, ciertamente más apretadas que los tornillos de un submarino y que saldrán despedidos como el champan al descorchar una botella cuando Margaret Dumont abre al final la puerta. Allí se habían dado cita, aparte de dos grandes arcones y una cama: las dos chicas del servicio de habitaciones que han de sufrir la incómoda lapa de un totalmente dormido Harpo que aporta un plus de caos y absurdo a la escena, la limpiadora, el plomero y su ayudante gigantón, una chica que buscaba a su tía, cuatro camareros, una chica para la manicura, ante la que Groucho prefiere dejarse las uñas cortas por falta de sitio, y Chico y por supuesto sus "dos huevos duros" ¿o eran tres?




Ficha de la película:

Título original: A Night at the Opera
Año: 1935

Duración: 94 min.
País: Estados Unidos

Director: Sam Wood

Reparto: Groucho Marx, Harpo Marx, Chico Marx, Margaret Dumont, Kitty Carlisle, Allan Jones, Sig Ruman, Walter Woolf King, Edward Keane, Robert Emmet O'Connor, Lorraine Bridges

Productora: Metro-Goldwyn-Mayer

Guión: George S. Kaurman & Morrie Rysking
Música: Herbert Stothart

Fotografía: Merrit B. Gerstad (B&W)

domingo, 19 de julio de 2015

Frank Sinatra y la nariz de Ava Gardner



Nadie duda acerca del glamour que destilaban como pareja Ava Gardner y Frank Sinatra, dos fuerzas que se atraían con la misma intensidad con la que se repelían. Sus momentos de armonía debían de ser esplendorosos, pero sin duda los momentos de desencuentro habían de ser soberanamente difíciles, máxime con una mujer como Ava que se ufanaba de tener una forma de hablar capaz de intimidar a un camionero.

No duró mucho el matrimonio de estas dos estrellas del cine, se podría decir que su fin estaba “cantado”, por mucho que “la voz” corriera tras Ava intentando retenerla, ella, ingobernable, siempre era capaz de quitarse los zapatos una vez más en busca de aventura. Un punto de inflexión claro en su matrimonio fue cuando después de una gran borrachera se subieron a un descapotable desde el que iban disparando a las farolas mientras circulaban, la diversión era total, hasta que una de las balas rozó el estomago de un transeunte. El asunto se arregló extrajudicialmente, mediante un acuerdo económico para que el herido no presentara ningún tipo de denuncia, pero la discusión en la que desemboco, consciente Ava de que habían estado a punto de matar a un hombre, fue determinante para su separación. 

La adoración que Sinatra sentía por la Gardner era manifiesta, incluso el director Joseph L. Mankiewicz, nada más terminar el rodaje de “La condesa descalza” en 1954, le regaló a Frankie la escultura que se hizo de Ava para la película, sabedor de que sería él quien más cariño le tendría a aquella réplica exacta de su esposa. Ni que decir tiene que Sinatra la colocó en el patio trasero de su vivienda, lugar al que no pocas veces encaminaba sus pasos, como si de un santuario se tratase,  una vez que su separación de la actriz fue ya un hecho. No era la única presencia de Ava en el día a día de Sinatra, muy al contrario Frankie tenía toda la casa repleta de fotografías de la Gardner, incapaz de romper amarras con sus recuerdos y sus sentimientos, se encontraba preso de una mujer que si que era capaz de vivir sin él.

Se cuenta que en cierta ocasión en la que Sinatra tenía montada una timba de cartas en su casa, sus amigos tras un rato de ausencia de este, lo encontraron llorando ante su retrato favorito de Ava mientras le dedicaba un brindis. Prudentemente sus amigos lo dejaron solo, pero no tardó en escucharse golpes en la estancia y volvieron preocupados, viendo como en un arrebato pasional había roto la fotografía en mil pedazos, y gritaba “¡No quiero volver a verla nunca más!” “¡Dejadme solo!”

           Pero en el mundo de las pasiones nada es lo que parece y Frank Sinatra al igual que el movimiento de un péndulo, era capaz de pasar de un extremo al otro sin solución de continuidad, de forma que no tardaron sus amigos en encontrarlo intentando febrilmente recomponer aquel retrato que sin duda tanto representaba para él. Extremó el cuidado para intentar casar unas parte con otras hasta que el rostro de Ava fue tomando forma, pero faltaba su nariz, le faltaba un trozo que no era capaz de encontrar y que le hacía revolver toda la habitación de forma desesperada buscándolo. 
        Sus amigos se pusieron todos a gatas para encontrar aquel pequeño trozo de fotografía pero tampoco lograban dar con el. Encontrándose ya Sinatra totalmente desquiciado, se abrió la puerta de la estancia y entró el chico de los recados y con él una corriente de aire que de forma mágica hizo aparecer “la nariz” de Ava. Inmensamente feliz, Frank Sinatra se quitó su reloj de oro de la muñeca y rebosante de gratitud se lo regaló al chico. No hay duda que Sinatra, tal como decía en la canción solo era un loco enamorado.....







sábado, 18 de julio de 2015

Emil Zatopek: "La locomotora humana"




"Hay corredores que parecen volar, otros bailar, otros desfilar, otros parecen avanzar como sentados sobre las piernas. Algunos dan tan sólo la impresión de ir lo más rápido posible a donde acaban de llamarlos. Emil, nada de todo eso.
     Emil parece que se encoja y desencoja como si cavara, como en trance. Lejos de los cánones académicos y de cualquier prurito  de elegancia, Emil avanza de manera pesada, discontinua, torturada, a intermitencias. No oculta la violencia de su esfuerzo, que se traduce en su rostro crispado, tetanizado, gesticulante, continuamente crispado por un rictus que resulta ingrato a la vista. Sus rasgos se distorsionan, como desgarrados por un horrible sufrimiento, la lengua fuera intermitentemente, como si tuviera un escorpión alojado en cada zapatilla de deporte. Está como ausente cuando corre, tremendamente ausente, tan concentrado que ni parece estar cuando está ahí más que nadie, y su cabeza, encogida entre los hombros, sobre el cuello siempre inclinado hacia el mismo lado, se balancea sin cesar, se bambolea y oscila de derecha a izquierda.
    Puños cerrados, contorsionando caóticamente el tronco, Emil hace también todo tipo de cosas con los brazos. Cuando todo el mundo os dirá que se corre con los brazos. A fin de propulsar mejor el cuerpo, los miembros superiores deben utilizarse para aligerar las piernas de su propio peso: en las pruebas de fondo, el mínimo de movimientos con la cabeza y brazos mejora el rendimiento. Pues Emil hace exactamente lo contrario, parece correr sin que le importen los brazos, cuya impulsión convulsiva arranca de demasiado arriba, describiendo curiosos desplazamientos, a ratos alzados o proyectados hacía atrás, colgando o abandonados a una absurda gesticulación, y sacude también los hombros levantando exageradamente los codos como si transportase una carga demasiado pesada. Mientras corre parece un boxeador luchando contra su sombra, por lo que todo su cuerpo se asemeja a un mecanismo descompuesto, dislocado, doloroso, salvo por la armonía de sus piernas, que muerden y mastican la pista con voracidad. En suma, no hace nada como los demás...."

Así describe Jean Echenoz en su libro "Correr" (Anagrama 2010) la singular forma de correr del portentoso atleta checoslovaco Emil Zatopek; un libro en el que se muestra el devenir  vital y atlético de este deportista y de camino y utilizando su figura como hilo conductor, los sucesos políticos y sociales que se dieron en muchos países de la órbita comunista durante la guerra fría, y ejemplo de como se aprovechaba el talento personal en pos de una idea, aparentemente liberadora, y como esta misma idea, una vez pervertida, termina convirtiéndose en una cárcel para el pensamiento y los actos de aquellas personas a las que pretendía liberar de antiguos yugos. 

Cuando hace ya demasiados años, correr era mi pasatiempo favorito, me gustaba saber de las gestas de las viejas leyendas del atletismo, buscando quien sabe si inspiración, un modelo o simplemente como ahora un aficionado al fútbol sigue con devota atención cada uno de los regates de su figura predilecta, intentando descifrar el misterio de su arte. Sin duda una de las figuras más refulgentes del atletismo de ayer y hoy es el simpar Emil Zatopek. 

Zatopek, nacido en 1922, era de origen humilde y antes de que sus correrías le hicieran famoso hubo de ganarse el sustento en una fábrica, troquelando suelas de zapatos mientras respiraba los efluvios de sustancias químicas perjudiciales para cualquier persona. El destino le llevó por una senda impensable para él en aquellos tiempos y por compromisos laborales hubo de empezar a correr, a correr sin parar hasta llegar a ser conocido como "la locomotora humana". Su técnica de carrera, como nos contaba arriba Echenoz, era pésima, contraproducente se podría decir y sin embargo esa manía suya de correr con los brazos en jarras y con gesto de supremo sufrimiento, como si no fuera a ser capaz de dar dos pasos más, era realmente de lo más efectiva, y por si fuera poco Emil siempre guardaba un sprint fabuloso para finalizar sus carreras. Alain Mimoun (en la foto aparece tras Zatopek) sufrió como nadie la fortaleza del gran corredor checo y creo que el hecho de que no aparezca en la novela es uno de sus grandes fallos. Mimoun y Zatopek eran grandes amigos y también grandes rivales cuando de competir se trataba. Mimoun era considerado el eterno segundón, de hecho acumulaba tres platas olimpicas en pruebas en las que siempre Zatopek le había arrebatado el oro, en algunas por tan solo un segundo, como los míticos 5000 metros de las Olimpiadas de Helsinki, prueba a la que pertenece la foto que abre el artículo, y que es considerada una de las carreras del siglo. Su mala suerte cambiaría en la Olimpiada de Melbourne, en el Maraton, en la que logró el ansiado oro en la misma prueba en la que se apagó definitivamente la llama del talento de Zatopek que quedó sexto. Como buenos amigos, cuando Mimoun vio llegar a un roto Zatopek a meta le dijo:  "Emil, ¿por qué no me felicitas? Soy el campeón olímpico" Zatopek que ya acumulaba muchos éxitos y medallas comprendió al instante la importancia de ese momento para su amigo y se abrazaron sinceramente. Mimoun logró sacudirse en aquel instante el peso de ser siempre el segundo y tiempo después dijo que para él, aquel abrazo le resultó más valioso que la propia medalla de oro. 

Pero hablábamos de Zatopek y no de Mimoun, y casi no es de recibo hablar antes de sus derrotas, ciertamente escasas, que de sus legendarias victorias. Zatopek logró una gesta hasta ahora no igualada. Después de ganar los 10.000 metros en Londres, y quedar segundo en los 5000, se convirtió en leyenda en los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952, donde consiguió la proeza de ganar el titulo olímpico en las disciplinas de 5000, 10000 y maratón en unos mismos juegos, con el desgaste que suponen estas tres pruebas, sumamente exigentes cada una de ellas por separado. Creo que el que más cerca se quedó fue Lasse Viren, que en Montreal 1976 gano 5000, 10000 y quedó quinto en el maratón. Zatopek, llegó a correr los 5000 metros en 14'57"6 y los 10.000 metros en 28'54"2, unos tiempos soberbios para una época en la que los médicos y la ciencia todavía no habían entrado en el mundo del deporte. En su lista de records, llegó a contar con nada menos que 18 plusmarcas, abarcando con ellas todo el abanico de las pruebas de fondo y durante años fue del todo imbatible, por muy fea y excéntrica que fuera su forma de correr. Como se dice en el libro de Echenoz: “No tengo suficiente talento para correr y sonreír a la vez, reconoce Emil. Correré con un estilo perfecto cuando se valore la belleza de una carrera según un baremo, como en el patinaje artístico. Pero yo, de momento, lo que tengo que hacer es correr lo más rápido posible”

Ni que decir tiene, que Zatopek se convirtió en todo un héroe nacional, en una personalidad admirada por todos los checoslovacos. y sus éxitos, que le llevaron a ser ascendido hasta el grado de Coronel, terminaron por jugarle una mala pasada. Durante la conocida como la "Primavera de Praga", Alexander Dubcek, nuevo líder del país, proponía una serie de libertades y avances que no cuadraban en modo alguno con el férreo control que era habitual en los países satélites de la entonces denominada Unión Soviética, lo que provocó la inmediata reacción de este último pais, que envió a sus tanques para controlar de nuevo al díscolo territorio. Zatopek, ya retirado de la competición, y requerido por sus conciudadanos, fue públicamente crítico con la ocupación militar de su país, y siendo el éxito de esta incontestable, también lo fue el castigo y consiguiente ocaso del corredor, que vio como era expulsado del ejército y del Partido Comunista. Llegaron épocas de penuria para Emil y a los que mandaban no se les ocurrió otro castigo, para intentar humillar públicamente al otrora héroe del país, y ahora solo traidor, que darle el oficio de barrendero. Pero igual que mágicas fueron sus victorias, mágico fue el comportamiento de todos los ciudadanos que en otro tiempo disfrutaron con sus logros y que no olvidaban el orgullo que les hizo sentir de ser checoslovacos. Todos los vecinos limpiaban diariamente las calles que pertenecían a su ruta de trabajo antes de que él llegase, impidiendo así que tuviera que barrer o recoger cualquier tipo de basura. Sus calles eran las más limpias de Praga sin que el moviera una sola vez la escoba y por consiguiente lo que debía ser un castigo se tornó en un paseo triunfal. Era una muestra de respeto sencilla pero abrumadoramente hermosa. Era una alfombra roja que sus conciudadanos le ponían simbólicamente todos los días. Aquí en España, tan acostumbrados a hacer leña del tronco caído, no sé qué hubiera pasado en un caso similar. Y es que a veces las más grandes victorias no se tienen en la pista de atletismo.... Murió en el año 2000.- 





“Si quieres ganar, corre los cien metros; si quieres experimentar la vida, corre maratones” .
Emil Zatopek

jueves, 11 de junio de 2015

Dorothea Lange, por ella misma (Citas)



"La cámara es un instrumento que enseña a la gente cómo ver sin una cámara"

"La fotografía saca un instante fuera del tiempo. alterando la vida y manteniéndola así"

"Una buena fotografía no es el objetivo. Sus consecuencias sí lo son"

"Mi enfoque se basa en tres consideraciones: Ante todo: ¡Manos fuera! Aquello que yo fotografío, no lo perturbo ni lo modifico ni lo arreglo. En segundo lugar, un sentido del lugar. Lo que yo fotografío, procuro representarlo como parte de su ambiente, como enraizado en él. En tercer lugar, un sentido del tiempo. Lo que yo fotografío, procuro mostrarlo como poseedor de una posición dada, sea en el pasado o en el presente."

"Coloca tu cámara alrededor del cuello mientras te pones los zapatos, y ahí está: un apéndice del cuerpo que comparte su vida contigo."

"Nunca he estado segura de que era una fotógrafa más de lo que Vd. lo estaría de ser Vd. mismo. He sido o he querido ser fotógrafa, o he comenzado a serlo... pero siempre he estado en alguna "fase de fotógrafa".

"Elige un tema y trabájalo hasta el agotamiento... el asunto debe de ser algo que realmente ames o que realmente odies"

"Mientras tal vez en un lugar una fotografía únicamente puede decirnos lo que vemos con nuestros propios ojos, hay otro en la que nos demuestra lo poco que nuestros ojos nos permiten ver"

"Cada vez me doy cuenta más y más de qué se necesita para ser un buen fotógrafo. Debes metértelo en tu cabeza, no solo en tu cuello" 

Las frases son de la sensacional fotógrafa Dorothea Lange; en su tarjeta de visita ponía: "La fotógrafa del pueblo" y ciertamente se hizo famosa por sus fotos de índole social y humanista, reflejando muchas de ellas la penosa situación que vivieron muchos norteamericanos durante la gran depresión. En la foto vemos a un chico de trece años con las manos atadas al arado, cerca de "Americus" (Georgia), en una fecha cercana a 1931. Su foto titulada "La madre migrante" es uno de los grandes clásicos de la historia de la fotografía y ya hace algún tiempo le dedicamos una entrada en exclusiva: "La madre migrante - 1936 - Dorothea Lange" 



viernes, 5 de junio de 2015

El jovencito Frankenstein - (1974 - Mel Brooks)



Hubo un tiempo dorado para los monstruos de la Universal y los comienzos del cine de terror clásico, del que formaron parte Frankenstein, Drácula, la Momia, el Monstruo de la Laguna negra, el Hombre lobo.... Después, aprovechando el filón, vendrían otros subproductos en los que enfrentaban unos monstruos con otros hasta llegar a lo absurdo y, penosamente, a veces también a lo grotesco. Ya en pleno declive del género, llegarían a convertirse en motivo de risa en películas como las de Abbott y Costello, constatando que aquellos monstruos ya no asustaban a nadie. 

En cualquier caso, la imagen de los monstruos clásicos quedó fuertemente arraigada en el imaginario colectivo y son pocos los que no le guardan un profundo cariño a aquellos seres en blanco y negro que nos procuraron nuestras primeras taquicardias. Uno de estos rendidos admiradores del género fue el genial Mel Brooks que se decidió a realizar un remake, en tono humorístico, del clásico de James Whale: "Frankenstein" (1931). 

Mel Brooks no quería el chiste fácil, prefería fabricar una parodia elegante y respetuosa del clásico y para ello apostó por el blanco y negro, se ayudo de parte de los elementos del laboratorio que para la película original creó Ken Strickfaden, dando solidez a la recreación y además se vio ayudado por las soberbias actuaciones de Gene Wilder, Peter Boyle y Martin Feldman en los papeles principales. 

La película es una joya del cine en general y del de humor en particular, de hecho ocupa la posición número trece entre las 100 películas más divertidas de la historia del cine según el American Film Institute. El monstruo bailando un singular "Puttin on the Ritz" es impagable. Sin duda un verdadero elixir contra la cara de cartón y el mal humor.

Puede que fueran los ojos de Martin Feldman (en el rol de Igor) lo que dieran más miedo de toda la película. Y no se olviden, se pronuncia "Aigor". Recuerdan:

Igor:   "¿Doctor Frankenstein?"
Doctor Frankenstein: - «Fronkonstein»
I: "¿Me toma el pelo?"
DF: "No, se pronuncia Fronkonstín"
I: "¿Dice usted también Frodorick?"
DF: "No, Frederick"
I: "¿Por qué no es Frodorick Fronkonstín?"
DF: "Porque es Frederick Fronkonstein"
I: "Muy bien"
DF: "Usted debe de ser Igor"
I: "No, se pronuncia Aigor"
DF: "A mi dijeron que era Igor"
I: "Pues estaban equivocados, sabe..."

O cuando Inga y el Doctor Frankenstein (recuerden que se dice Fronkonstein) están en el laboratorio y al tocarse las manos se dicen:

- Doctor Frankenstein: "¿Está lista?"
- Inga: "Creo que sí, doctor"
-DF: "Levántemela."
- I: "¿Aquí? ¿Ahora?"
- DF: "Sí, sí. La plataforma, levántemela."
-I: "¡Ah, la plataforma! Era eso... Ya.."




TÍTULO ORIGINAL: Young Frankenstein 
AÑO: 1974 
DURACIÓN: 105 min. 
NACIONALIDAD: EEUU

DIRECTOR: Mel Brooks 

REPARTO: Gene Wilder, Peter Boyle, Marty Feldman, Cloris Leachman, Teri Garr, Madeline Kahn, Gene Hackman, Richard Haydn, Kenneth Mars 

PRODUCTORA 20th Century Fox 

PREMIOS: 1974: 2 nominaciones al Oscar: Mejor guión adaptado, sonido 

GUIÓN¨: Gene Wilder & Mel Brooks (Novela: Mary Shelley) 
MÚSICA: John Morris 
FOTOGRAFÍA: Gerald Hirschfeld (B&W) 









jueves, 4 de junio de 2015

Fragmento de "Bomarzo" - Manuel Mújica Láinez



"... Mi gran placer sensual ha derivado siempre - aún hoy persiste esa jerarquía- de la felicidad de los ojos. Ni el orden melódico más exquisito, ni el aroma más raro, ni el contacto de la piel humana más dorada y suave, ni el vino, ni el beso, pueden procurarme el goce que los ojos me brindan. Tampoco, como para ciertas mentes superiores, el juego filosófico con cuanto implica de estímulo trascendente, suple para mí lo que los ojos me regalan. Ni siquiera el juego poético que tanto amo. Los ojos son para mí las compuertas por las cuales penetra en mi interior el río rumoroso y tornasolado del mundo".
.

El texto es un fragmento del libro "Bomarzo", obra de Manuel Mújica Láinez, y no hemos podido resistir la tentación de acompañarlo de nuestra imagen de cabecera, en la que los ojos, ansiosos no pueden evitar ir repasando cada foto; un texto al fin, que igual que la fotografía, define la inacabable curiosidad de esta página por todo lo bello.

domingo, 31 de mayo de 2015

¡Corre Forrest, Corre! (Forrest Gump - 1994 - Robert Zemeckis)




"Aquel día, sin ningún motivo decidí salir a correr un poco. Corrí hasta el final del camino, y cuando llegué allí, pensé que podía correr hasta el final del pueblo. Y cuando llegué allí, pensé que podría cruzar el condado de Greenbow. Y luego pensé ya que he llegado hasta aquí, también podría cruzar el gran Estado de Alabama. Y eso hice, cruzar todo el Estado de Alabama. Y sin ningún motivo seguí corriendo. Y llegué hasta el océano. Cuando llegué allí, pensé: ya que he llegado hasta aquí podría dar la vuelta y seguir corriendo. Y cuando llegué hasta otro océano, pensé ya que he llegado hasta aquí podría volver a dar la vuelta y seguir corriendo. Cuando me cansaba dormía. Cuando tenía hambre, comía. Cuando tenía que ir... ya sabes, iba."

"Cuando corro soy como el viento. Desde ese día, si tenía que ir a algún sitio... ¡iba corriendo!"

Esa pequeña maravilla que es la película "Forrest Gump" atesora momentos maravillosos, pero sin duda, despues de muchos años corriendo, y otros tantos deseando volverlo a hacer, esos minutos en los que Forrest echa a correr por el simple placer de correr, son mis preferidos.


sábado, 30 de mayo de 2015

Margaret Dumont, la musa de Groucho Marx



George Cukor, del que decían tenía una habilidad especial para entender al género femenino,  tuvo la oportunidad de dirigir a la actriz cómica Margaret Dumont en "Mujeres" y con una sola frase pudo definir con exactitud su presencia ante las cámaras: "Su elegancia era perfectamente falsa".  La Dumont conservó siempre un cierto toque añejo en su actuación, como de teatro antiguo, con cuidada dicción y voz potente para alcanzar la última fila del teatro, por mucho que eso ya no fuera preciso en el cine, todo lo cual daba a sus papeles un curioso pedigrí. Como actriz nunca recibió ningún Oscar ni premio importante, no atesora grandes actuaciones, pero a base de soportar señorialmente las locuras de Groucho en varias de sus películas, se llevó el regalo de permanecer en el recuerdo de todos los amantes del cine asociando siempre su imagen a una sonrisa.

El guionista de varias películas de los Marx, Morrie Ryskind, dijo que, en realidad, la Dumont era el mismo personaje que con tanto éxito interpretó en el teatro y el cine. Le cito textualmente: "Había sido una dama de la alta sociedad que, a la muerte de su marido, no había tenido más remedio que buscar trabajo. Cuando Groucho le decía algo divertido, ella le miraba sin entender, y luego volvía la vista al público como buscando una respuesta.". Y no le faltaba algo de razón. Margaret Dumont se llamaba en realidad Daisy Juliette Baker (1882-1965) y se casó en 1910 con el adinerado empresario, John Moller Jr., ál que acompañó hasta el fallecimiento de éste en 1918. Eso motivó su vuelta al teatro de vodevil donde empezó, a pesar de que su biografía oficial hablaba de un pasado de grandes teatros y palacios, rumores que ella misma alentó, al igual que su falsa edad, 7 años menos de los que en realidad tenía y que mantuvo hasta su muerte.

Hablar de Margaret Dumont es hablar también de algunos de los mejores gags de Groucho Marx, junto a quien solía representar el papel de viuda rica a la que Groucho alternativamente insultaba y cortejaba por su dinero; así ocurría con Mrs. Rittenhouse en "El conflicto de los Marx", Mrs. Claypool en "Una noche en la ópera", Mrs. Susan Dewkesbury en "Una tarde en el circo" y Emily Upjohn en "Un día en las carreras". Y con tanto flirteo en las películas, no faltó quien pensase que Groucho y Dumont estaban casados también en la vida real.

Groucho decía de ella: "Me gustaba mucho interpretar mis escenas románticas con Margaret Dumont. Era una mujer maravillosa. En la vida real se comportaba exactamente como en escena, siempre como una matrona y algo puntillosa. Se lo tomaba todo en serio y solía preguntarme: Julius, ¿de qué se están riendo?". Su pretendido despiste hacia las bromas de los Marx hizo que muchos la tildaran de mujer extremadamente seria, pero sus biógrafos, dijeron que no solo sabía apreciar sus bromas, sino que fingió a la perfección no ser comediante durante tres cuartos de siglo.

Cuando  aparecían juntos en pantalla se creaba una quimica ciertamente especial. Los personajes a los que daba vida la Dumont siempre respiraban una inocente atracción hacía los de Groucho, siempre alocados y hasta cierto punto impresentables. No importaba lo que Groucho le dijera, ella siempre mantenía señorialmente la compostura y rendida a los histrionicos encantos de su partenaire, no podía evitar perdonar una y otra vez los incalificables atropellos y desdenes que este desplegaba ante ella con sus falsas e interesadas lisonjas. En su candidez llegaba a tomar por halagos o rarezas los surrealistas insultos de Groucho, que a menudo no comprendía, con lo que despertaba en el público a la vez la risa y la compasión. Y para muestra el maravilloso botón de este dialogo de la hilarante "Sopa de Ganso": 

- Margaret Dumont: Como presidenta del comite de recepción le doy la bienvenida con los brazos abiertos
- Groucho Marx: ¡Si! ¿Y hasta que hora los tiene abiertos?
- MD: He apoyado su nombramiento porque considero que es usted el consejero más capacitado de Freedonia.
- G: Es un concepto bastante amplio y usted es tambien bastante amplia. 
Será mejor que se largue, he oido que van a construir unas oficinas donde está usted. Se puede ir en taxi, si no consigue uno se puede ir indignada y si es pronto vayase dentro de un minuto. 
Sabe que no ha dejado de hablar desde que he llegado. La habrán vacunado con la aguja de un tocadiscos.
MD: El futuro de Freedonia depende de usted. Prometame que seguirá fielmente los pasos de mi marido.
- G: !Que les parece no llevo ni cinco minutos en el cargo y ya se me está insinuando! No es que me importe, pero, ¿dónde está tu marido?
- MD: ¡Ha muerto!
- G: Seguro que solo es una excusa.
- MD: Estuve con él hasta el final.
- G: No me extraña que falleciera.
- MD: Lo estreché entre mis brazos y lo besé.
- G: Entonces, fue un asesinato. ¿Te casarías conmigo? ¿Te dejó mucho dinero? (Responde primero a lo segundo).
- MD: ¡Me dejó toda su fortuna!
- G: ¿No comprendes lo que intento decirte? Te amo.

A lo largo de su vida, actuó en más de cincuenta películas, sin contar pequeñas intervenciones en cine mudo. Su primera aparición en una película de los Hermanos Marx fue en "Los cuatro cocos", en 1929, interpretando el papel de Mrs. Potter, el mismo papel que tenía en la obra de teatro en la que se basó la película. A esta  le siguieron: "El conflicto de los Marx", "Sopa de Ganso", "Una noche en la ópera", "Un día en las carreras", "Una tarde en el circo" y "Tienda de Locos". Evidentemente no intervino solo en las alocadas películas de los Marx, compartiendo cártel en otras ocasiones junto a los también humoristas W. C. Fields, Laurel y Hardy, Danny Kaye o Abbott y Costello, o en otros papeles más serios en films como "Mujeres", "Escuela de sirenas,", "Ella y sus maridos".... 

Curiosamente su ultima aparición, con 82 años (76 según ella) fue pocos días antes de su muerte, en un programa de televisión al que también asistió Groucho Marx, tras lo cual falleció de un ataque al corazón, no sabemos si por otro requiebro del señor del puro, al estilo de aquel que le dedico en "Una noche en la ópera":

- Quería guardar el secreto pero me lo ha arrancado del fondo del corazón. ¡La amo a usted!
- Y para demostrarme su amor viene usted aquí a cenar con otra mujer.
- ¿Esa mujer? ¿Sabe usted porqué estaba con ella?
-¡No!
- Justamente porque me recuerda a usted.
- ¿Es cierto?
- Claro, por eso estoy cenando ahora con usted. Porque usted me recuerda a usted. Sus ojos, su garganta, sus labios, todo cuanto hay en usted me recuerda a usted, excepto usted ¡Creo que está bien claro!





"..........Nunca voy a olvidar cuando Margaret estaba junto a la puerta del escenario con un ramo de flores, probablemente enviado por ella misma, cuando un tipo que iba en un coche de mala muerte llegó y se la llevó. Ella siempre fue una dama. Una persona maravillosa. Murió sin dinero" Recordaba Groucho.

Y es que como ella misma sentenciaba: "Siempre he sido la respetable viuda de Newport, tanto si estaba reclinada en una chaise longue como si me encontraba cabeza abajo en paños menores."