Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

martes, 5 de enero de 2016

Charlie Parker, Whiplash y su atrevida teoría de la motivación




-Terence Fletcher (J.K. Simmons): Lo cierto es que sinceramente no creo que la gente entendiera lo que hacía en Shaffer. No estaba allí para dirigir. Cualquier idiota sabe mover los brazos y marcar el tempo. Quería que mis alumnos se esforzaran más allá de las expectativas. Creo que es absolutamente necesario. Si no, estaríamos privando al mundo del próximo Louis Armstrong, del próximo Charlie Parker. ¿Te conté cómo Charlie Parker se convirtió en Charlie Parker, eh?

- Andrew Neiman (Miles Teller) - Jo Jones le tiró un platillo a la cabeza.

- TF: Exacto. Parker era un chaval bastante bueno al saxo. Participa en un duelo de improvisación y va y la caga. Y Jones casi lo decapita por eso. Las risas le echaron del escenario. Estuvo llorando hasta que se durmió. ¿Pero que hizo a la mañana siguiente? Practicar, y practicar y practicar con un solo objetivo en la mente: Que nunca más se rieran de él. Y un año después vuelve a Reno, sube al escenario e interpreta el mejor solo que se haya tocado en la historia.  Así que imagínate si Jones le hubiera dicho: "Está bien, Charlie. Está bien. Buen trabajo". Charlie habría pensado: "Bueno, Joder, he hecho un buen trabajo". Fin de la historia. Nada de Bird. Y para mí sería una tragedia. Pero es lo que quiere el mundo ahora. La gente se pregunta por qué el jazz se muere. Te lo diré y todos los álbumes de "jazz" de Starbucks acaban dándome la razón, no hay dos palabras que sean más dañinas en nuestro idioma que "buen trabajo".

- AN:  ¿Pero hay un límite? ¿Y si tal vez se va demasiado lejos y se disuade al próximo Charlie Parker de convertirse en Charlie Parker? Quizá un día se te pasa la mano y desalientas al siguiente Charlie Parker y ese no surge?

- TF: No, que va. Porque el próximo Charlie Parker no se dejaría disuadir.

- AN: Ya.

- TF: La verdad, Andrew, es que nunca tuve un Charlie Parker. Pero lo intenté. Te juro por Dios que lo intenté. Y eso es más de lo que hace la mayoría. Y jamás voy a disculparme por la forma en que lo hice. 


Uno puede estar o no de acuerdo con estas palabras pero no cabe duda de que hacen pensar. Tan jodida es la presión desmedida como la autocomplacencia, quedando como siempre la virtud cerca del termino medio, aunque yo pienso que en este caso tirando a la presión, por supuesto controlada. La zona de confort suele dar resultados mediocres. La película, sensacional, es mucho más que la historia de un baterista ambicioso, es un paseo sobre las exigencias que requiere la excelencia en cualquier faceta de la vida, trabajo, trabajo, y más trabajo y por supuesto la dosis adecuada de genio, personalidad, orgullo y tenacidad. Para los amantes del jazz será un magnifico recuerdo de aquellos sensacionales bateristas como Buddy Rich, al que se hace mención varias veces en la película, pero también a Gene Krupa que dirigía su big band desde la batería, tal y como el protagonista de la película hace al final, en su apuesta de todo o nada. Una película que con merecimiento figura en muchas listas como la mejor del año 2014. No se la pierdan. El profesor, al que da vida J.K. Simmons es la versión musical del instructor de "La chaqueta metálica" y por supuesto ha resultado merecidamente premiado por su actuación con los más importantes galardones entre ellos el Oscar al mejor actor secundario. En "La chaqueta metálica" la presión desbordante del instructor pudo con los nervios y la estabilidad emocional del "soldado patoso" que terminó por descerrajarse un tiro después de ajustar cuentas con su instructor, en Whiplash, la presión es igualmente abrumadora aunque el resultado es diferente.





La ficha de la película:


Título original: Whiplash
Año: 2014
Duración: 103 min.

País: Estados Unidos

Director: Damien Chazelle

Reparto: Miles Teller, J.K. Simmons, Melissa Benoist, Paul Reiser, Austin Stowell, Jayson Blair, Kavita Patil, Kofi Siriboe, Jesse Mitchell, Michael D. Cohen, Tian Wang, Jocelyn Ayanna, Tarik Lowe, Marcus Henderson, Keenan Henson

Productora: Sony Pictures Classics / Blumhouse Productions / Bold Films / Exile Entertainment / Right of Way Films

Guión: Damien Chazelle
Música: Justin Hurwitz
Fotografía: Sharone Meir




Que no os den reparos los subtitulos del inicio, todo es música... buena música: "Caravan"




domingo, 3 de enero de 2016

Charlot y el problema de beber en las Fiestas



Son estos, días de inevitables excesos, en los que más de uno ha tenido que revisar su caligrafía de la letra ese mientras andaba dando tumbos camino de su casa, más o menos como le ocurre al bueno de Charlot en este corto rodado en 1916: "Charlot a las una de la madrugada" o como también es conocida: "Charlot noctámbulo", en el que nuestro protagonista maneja una soberana borrachera camino de su casa, después de una evidente noche de juerga. El conseguir llegar a su dormitorio se convierte en toda una odisea que provoca, cien años después de su realización, las más sonoras carcajadas. Y ese es mi regalo de Reyes para todos vosotros, un rato de risas de la mano del rey indiscutible del humor: Charles Chaplin, que en una muestra más de su genio, se encarga el solito del guión, producción, dirección, interpretación y montaje. Un artista total.





El corto en cuestión: (No se lo pierdan)









miércoles, 23 de diciembre de 2015

¿Imagen o palabra? Gabriel García Márquez Vs Willy Ronis




"Recordar es fácil para el que tiene memoria. Olvidar es difícil para el que tiene corazón"


La frase es del escritor colombiano Gabriel García Márquez, mientras que la imagen, titulada "Deena de dos" (Deena de espaldas), fechada en 1955, es del exquisito fotógrafo francés Willy Ronnis. Y siguiendo con ese anhelo de mezclar las artes en una misma entrada os dejo un delicioso vídeo sobre la obra de Willy Ronnis con la voz de fondo del prolífico cantautor francés Léo Ferré cantando "L'amour fou" (el amor loco).



martes, 22 de diciembre de 2015

Echelon's song Vs Polyushko Polye. Duelo de "crescendos" en los Coros del Ejercito Rojo



Cuando escuché "Echelon's song" por primera vez pensé en ese gigantesco ejercito ruso que durante la Segunda Guerra Mundial, tras un desastroso comienzo, empezó titubeante a reorganizarse para después ir tomando impulso hasta convertirse en una verdadera apisonadora sobre las tropas alemanas, más o menos como ya les había ocurrido en otras guerras pasadas ayudados por el imbatible General Invierno, para después de conseguida la victoria volver poco a poco a la normalidad.

No desentonaba esta idea con la de un pesado tren que va tomando velocidad poco a poco hasta que su embialaje se mueve a un ritmo frenético e imparable, pero resulta que es esa su verdadera esencia; tanto que "Echelon's Song" puede traducirse como "La canción del tren" y está dedicada a los centenares de convoys militares que trasportaban tropas durante la conocida como Guerra Civil Rusa, al igual que ocurriría en la Segunda Guerra Mundial. Sirvan como ejemplo los numerosos trenes que llegaban a Moscú de todas las partes del inmenso territorio soviético, cargadas de tropas entre octubre y noviembre de 1941. En determinados momentos el número de trenes alcanzaba picos de 150 a 200 trenes diarios, o lo que es lo mismo un convoy militar cada 15 minutos.

En la canción se habla también de Voroshilov, uno de los lugartenientes más apreciados por Stalin y que aquí comanda un tren militar camino de Tsritsyn, ciudad que con el tiempo se convertiría en Stalingrado y actualmente en Volgogrado. Al parecer en ese tren sería donde se conocerían Stalin y Voroshilov. Tanto es así que el tema es conocido también como "La canción de Voroshilov" y de forma más minoritaria como "Batalla de la Guardia roja"

Si os he de ser sinceros la historia épica que cuenta no me atrae demasiado, pero esas voces de los Coros del Ejercito Ruso, perfectamente conjuntadas hasta parecer una sola voz, marchando al ritmo acompasado de un pesado tren que termina por tomar una marcha frenética y victoriosa, me pueden. 

Una verdadera maravilla que he de agradecer a mi hijo Alejandro que ha convertido a los Coros del Ejercito Ruso en la banda sonora habitual en el coche, desde hace ya unos días. Echelon's Song es su canción favorita de las muchas que aprecía de estos sensacionales Coros y a decir verdad, ahora ya no estoy seguro de que mi preferida sea, como ha sido siempre "Polyushko Polye" o  "La patrulla de los Cosacos" como también se la conoce, de estructura muy parecida y compuesta por Lev Knipper con letra de Víktor Gúsev. Hoy en el almuerzo seguro que seguiremos discutiendo sobre ello... cosas de niños (grandes o pequeños)!!!

"La carga de la caballeria roja" por Kazimir Malevich


Os dejo ambos temas:

Echelon's Song:





Polyushko Polye:


jueves, 17 de diciembre de 2015

Alfred Hitchcock y su teoría del suspense



Según comentaba el gran director:

"Hay una gran confusión entre las palabras misterio y suspense. Ambas cosas se hallan absolutamente a kilómetros de distancia. El misterio es un proceso intelectual, como en un drama policíaco. Pero el suspense es esencialmente un proceso emocional. Uno puede seguir adelante con el elemento del suspense sin darle al publico información. El misterio no tiene un atractivo especial para mi, porque se trata simplemente de engañar al público, lo cual creo que no es suficiente... Yo personalmente, odio el suspense, y es por eso por lo que nunca permitiré a nadie que haga un souffle en mi casa: ¡Mi horno no tiene la puerta de cristal! Tendríamos que esperar cuarenta minutos para saber si el soufflé había salido bien, y esto es mas de lo que puedo resistir"

O como le contaba a Truffaut:

"La diferencia entre el suspense y la sorpresa es muy simple (...) Nosotros estamos hablando, acaso hay una bomba debajo de la mesa y nuestra conversación es muy anodina; no sucede nada especial y de repente: bum, explosión. El público queda sorprendido, pero antes de estarlo se le ha mostrado una escena anodina, desprovista de interés. Examinemos ahora el suspense. La bomba está debajo de la mesa y el público lo sabe, probablemente porque ha visto que un anarquista la ponía. El público sabe que la bomba estallará a la una y es la una menos cuarto (hay un reloj en el decorado); la misma conversación anodina se vuelve de repente muy interesante porque el público participa de la escena. Tiene ganas de decir a los personajes que están en la pantalla: No deberías contar cosas tan banales; hay una bomba debajo de la mesa y pronto va a estallar. En el primer caso se le ha ofrecido al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso le hemos ofrecido quince minutos de suspense."

Tal era su inclinación por el suspense que incluso lo encontró en el parto de su hija Patricia. Durante el mismo no pudo aguantar la presión y se quitó de en medio. Después explicaría a su mujer:

"Se que no hubiera debido dejarte, pero en lo que a ti respecta parecía que todo iba tan bien, mientras que yo me sentía mas y mas débil, casi a punto de desvanecerme, a cada minuto que pasaba  Ten en cuenta mi sufrimiento. Estuve a punto de morir de suspense".

Nadie duda sobre su maestría en jugar con las emociones de los demás, en crear inquietud y desasosiego incluso en las situaciones más inverosímiles. Muy conocida es la broma que habitualmente solía representar cuando se subía a un ascensor con otras personas desconocidas. Al arrancar el mecanismo empezaba a contarle a su acompañante, que ya sabía de la broma:

"La sangre había salpicado las paredes, se vació sobre el suelo, no dejaba de manar de su boca y su nariz”.

 Continuaba el relato dando otros datos de una situación verdaderamente macabra, y regulaba su extensión para concluir en el piso donde se tenían que bajar con un comentario del tipo:

“Así que tuve que cogerle la cabeza y le pregunté qué le había pasado”.

Evidentemente cuando el ascensor llegaba a su destino y se abrían las puertas nadie quería salir del ascensor, todos estaban presos de la curiosidad por saber que le podía haber ocurrido a aquel pobre desdichado del que se hablaba. Tras un par de intensos segundos, una vez conseguido el efecto, era Hitchcock el que abandonaba el ascensor, sin hablar nada más y dejando a todo el mundo plantado allí, intrigados y sorprendidos. Los dejaba en su terreno. Todo un personaje.

Era aficionado a buscar entre los miedos de sus actores, a saber cuáles eran sus fobias, si a las ratas o bien a las arañas u otros insectos. Una vez descubierto solía mandarle una cajita con el animalillo en cuestión a modo de regalo. No cabe duda de que sabía hacer amigos.

Lo curioso de este director acostumbrado a hurgar en los miedos de todos nosotros tan certeramente, eran sus propios miedos. Al parecer Don Alfredo tenía una fobia algo subidita de tono hacia los huevos y de ellos decía:

  "Los huevos me dan miedo, algo más que miedo, me repugnan. Esas cosas blancas, redondas, sin agujeros… ¿Alguna vez has visto algo más asqueroso que la yema rota de un huevo rebosando ese líquido amarillo? La sangre es alegre, roja. Pero la yema del huevo es amarilla, repugnante. Nunca la he probado."

También curiosamente odiaba las gaitas de las que decía:

 “Supongo que el inventor se inspiró en un hombre que llevaba un cerdo indignado y asmático bajo el brazo. Por desgracia, el sonido creado por el hombre nunca pudo igualar la pureza del sonido conseguido por ese cerdo”.



Sus mejores escenas:


martes, 15 de diciembre de 2015

Charles Chaplin y su teoría de la risa



Según el propio Charles Chaplin:

"En el fondo de todo éxito no hay más que el conocimiento de de la naturaleza humana, séase comerciante, hotelero, editor o actor. El hecho sobre el cual me apoyo, más que sobre cualquiera otro, por ejemplo, es el que consiste en poner al público frente a alguien que se encuentra en una situación ridícula o difícil.

El solo hecho de que un sombrero vuele no es risible. Sí lo es el ver a su propietario correr detrás, con los cabellos al aire y los faldones de la levita flotantes. Si un hombre se pasea por la calle, este hecho no se presta a reír. Colocado en una situación ridícula y embarazosa, el ser humano se convierte en un motivo de risa para sus semejantes. Toda situación cómica está basada en eso. Los films cómicos han tenido un éxito inmediato, porque la mayor parte de ellos representaban a agentes de la policía que caían en las alcantarillas, tropezaban en los cubos de yeso, caían desde un vagón y estaban sometidos a toda suerte de contratiempos. He aquí a las personas que representaban la dignidad del poder, frecuentemente muy imbuidas de semejante idea, a las que ridiculizan y de las que se burlan; y la visión de sus aventuras provoca dos veces más el deseo de reír del público que si se tratase de simples ciudadanos, que soportan las mismas aventuras.

Todavía mas graciosa es la persona ridícula que, a pesar de eso, se niega a admitir que le ocurran cosas extraordinarias y se obstina en conservar su dignidad. El mejor ejemplo está suministrado por el hombre ebrio que, denunciado por su lenguaje y su caminar, quiere convencernos muy dignamente de que está sereno. Es mucho más chistoso que el hombre francamente alegre, que manifiesta abiertamente su embriaguez y se burla de que se den cuenta de ella. La embriaguez en la escena es generalmente ligera, con una tentativa de dignidad, pues los directores escénicos han aprendido que esa pretensión es graciosa.

Por eso todos mis films descansan en la idea de ocasionarme apuros, para proporcionarme la ocasión de ser desesperadamente serio, en mi tentativa de aparecer como un gentleman muy normal. Por eso es por lo que, al encontrarme en tan enojosa postura, mi preocupación consiste siempre en recoger inmediatamente mi bastón, enderezarme el sombrero hongo y ajustarme la corbata, aunque acabe de caer de cabeza. Estoy tan seguro en este punto, que trato no sólo de ponerme yo mismo en situaciones difíciles, sino que cuido también de colocar en ellas a los demás.

Cuando obro así, me esfuerzo siempre en economizar mis medios. Quiero decir con esto que cuando un acontecimiento puede provocar por sí solo dos carcajadas separadas, es preferible a dos hechos separados. En El aventurero (The Adventurer) lo consigo colocándome en un balcón donde tomo un helado con una joven. En el piso de abajo sitúo a una dama robusta, respetable y bien vestida, ante una mesa. Entonces, mientras me como el helado, dejo caer una cucharada que se desliza a través de mi pantalón y, desde el balcón, va a caer en el cuello de la dama. La primera risa es engendrada por mi propia situación; la segunda, y mucho más grande resulta de la llegada del helado al cuello de la dama, que aúlla y se pone a saltar. Un solo hecho ha servido, pero ha puesto en compromiso a dos personas y ha provocado dos carcajadas.

Por sencillo que esto parezca, hay dos elementos de la naturaleza humana que son alcanzados por este hecho: el uno es el placer del público al ver la riqueza y el lujo en ridículo; el otro consiste en la tendencia del público a experimentar las mismas emociones que el actor en la escena y en la pantalla. Una de las verdades mas rápidamente apreciadas es la de que el pueblo, en general, se divierte al ver que las personas ricas se llevan la peor parte. Esto proviene de que las nueve décimas partes de los humanos son pobres e interiormente envidian la riqueza de la otra décima parte. Si por el contrario, hubiera hecho caer el helado en el cuello de una pobre doméstica, en lugar de la risa hubiera provocado la simpatía hacia la mujer. Del mismo modo, no teniendo una domestica ninguna dignidad que perder, este hecho no hubiera sido gracioso. Dejar caer el helado en el cuello de una mujer rica supone para el público darle precisamente lo que merece. Al decir que el ser humano experimenta las mismas emociones de las cuales es testigo, quiero decir, volviendo al ejemplo del helado, que cuando la dama rica se estremece el público se estremece con ella. La cosa que pone en dificil situación al actor debe ser familiar para el público; de otro modo éste no comprenderá su alcance. Sabiendo que el helado es frio, el público siente el escalofrío.

Cuando contemplo uno de mis propios films, al ser presentado al público, pongo un ojo en la película y el otro y los dos oídos en el público, y noto qué es lo que hace reír y qué es lo que no. Si al cabo de varias representaciones, por ejemplo, el público no se ríe en una escena que yo he considerado graciosa, me esfuerzo inmediatamente en descubrir qué es lo que había de falso en mi idea, en su ejecución o en la manera de haber sido fotografiada. Con mucha frecuencia advierto una ligera carcajada a causa de un gesto que no estudié. Inmediatamente abro los oídos e indago el porqué de aquella cosa particular que ha provocado la risa. Siempre que voy a ver uno de mis film, soy un poco como el comerciante que va a observar lo que su clientela lleva, compra o hace.

Del mismo modo que observo al público en un teatro para ver qué es lo que hace reír, lo observo también para encontrar ideas de escenas cómicas. Un día pasé por delante de un cuartel de bomberos en el momento que se daba la señal de fuego. Vi a los bomberos deslizarse a lo largo del mástil, saltar sobre la bomba y precipitarse hacia el incendio. Inmediatamente se me apareció toda una serie de posibilidades cómicas. Me vi acostado, ignorante de la alarma. Esto sería comprendido por todos, porque a todos nos gusta dormir. Me vi deslizándome a lo largo del mástil, jugando con los caballos de los bomberos, salvando a la heroína, cayendo de la bomba en un recodo de la calle, y otras muchas cosas por el estilo. Las retuve en la memoria, y más adelante, cuando hice El bombero ( The Fireman) me serví de todas ellas. Sin embargo, si aquel día no hubiese observado el cuartel no se me habrían ocurrido todos los detalles.

Contemplando un match de boxeo concebí la idea de El campeón de boxeo, donde yo, un hombrecillo, pongo knock-out a un gigantesco atleta gracias a una herradura oculta en mi guante. En otro film me serví de una agencia de colocaciones como asunto principal. En pocas palabras: siempre he sacado partido de la vida de todos los días, bien en cuanto a los personajes, bien en cuanto a las cosas cómicas. Un día por ejemplo me hallaba en un restaurante y vi de pronto que un hombre, a algunos metros de mi, se ponía a sonreír y a hacer saludos, aparentemente dirigidos a mi persona. Imaginándome que se trataba de un hombre amable, hice otro tanto, y entonces me di cuenta que había interpretado mal sus intenciones.

Poco después sonreía de nuevo; le saludé, pero se volvió a enfurruñar. Yo no comprendía por qué, alternativamente, sonreía o fruncía el ceño. Fue preciso que me volviese para ver que estaba flirteando con una linda muchacha que estaba junto a mí. Mi error me hizo reír, y, sin embargo, era natural. Así algunos meses más tarde decidí emplear aquella situación para La cura de aguas (The cure).

Otro punto humano que toco con frecuencia es la tendencia del público a gustar de los contrastes y de las sorpresas."


Son las palabras del propio Charles Chaplin, a buen seguro el mayor talento que ha dado el cine.




Y ahora tocan unas risas:




lunes, 14 de diciembre de 2015

El secreto de "la mirada" de Lauren Bacall




"Mi mano estaba temblando, mi cabeza estaba temblando, el cigarillo estaba temblando, estaba mortificada. Cuanto más me esforzaba por parar, más temblaba. Me di cuenta que la única manera de mantener quieta mi cabeza temblorosa era bajarla, con la barbilla prácticamente en el pecho, y elevando los ojos hacia a Bogart. Funcionó y resultó ser el comienzo de "La Mirada"


Así describiía Lauren Bacall los nervios que pasó durante su debut en la película "Tener y no tener" junto a Humphrey Bogart. Tantos fueron los nervios, que llegado un momento de la película le propuso a Bogart comunicarse con silbidos, y el bueno de Boggey, hechizado por esta delgaducha principiante, se aplicó en la tarea de aprender, tal y como le había propuesto ella, a juntar los labios y silbar. La pasión entre ambos se encendió de inmediato. 

Bacall y Bogart se casaron un año después del rodaje de la película formalizando una de las relaciones más glamourosas de la historia del cine. El le regaló un colgante con un silbato de oro, que Bacall al morir Bogart, dejó junto a sus cenizas por si necesitaba silbarle desde allí arriba.

Por cierto el apodo de "Slim" (delgaducha) que tiene la Bacall en la película y que se quedaría ya para toda la vida, era en realidad el apodo de la mujer de Howard Hawks, el director de la película, Nancy "Slim" Hawks, que se inició como modelo, igual que Betty Bacall. De hecho fue la mujer de Hawks la que la descubrió en una portada de Harpers Bazaar y la recomendó a su marido, quien reconociendo la magia que irradiaba aquella modelo se decidió a hacerle una prueba de cámara. El resto ya es historia. Os dejo la famosa portada de Harpers Bazaar, de la que su editora, Dianne Vreeland diria:

“Es una portada impresionante. La limpieza de esa cara, la forma en que contempla la cámara… no hay nada de timidez en ella. Bacall no se comportaba como las modelos de aquella época. Ella actuaba como las modelos de hoy en día. Podías ver su personalidad, algo de lo que adolecían las demás chicas en aquellos tiempos”.

Por su parte la jovencísima y siempre nerviosa Bacall manifestó:  “Estaba mortalmente asustada. Todo aquello, y particularmente Mrs. Vreeland, me intimidaba muchísimo”





Y como no un trocito de "Tener y no tener"








Y termino con esa sensacional canción de "Am I blue" que la deliciosa Bacall se marca con el genial pianista de jazz Hoagy Carmichael



domingo, 13 de diciembre de 2015

"El grito" de Munch y la máscara de "Scream"



“Iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho. Me detuve; me apoyé en la barandilla, preso de una fatiga mortal. Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado y la ciudad. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí, temblando de miedo. Y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza.”

A pesar de estas palabras del pintor noruego Edvard Munch (1863-1944), no está clara cuál es la fuente de inspiración de este turbador cuadro expresionista, aunque es seguro que su atormentada vida tiene su reflejo en el. Munch había sido educado por un padre extremadamente severo y rígido, de pequeño vio morir a su madre y a una de sus hermanas de tuberculosis y por si fuera poco, uno de los pocos sostenes que le quedaban. su hermana Laura terminó enfermando y fue internada en un psiquiátrico por un trastorno bipolar. No es de extrañar que Munch terminara sintiendo deseos de gritar ante una realidad que le era tan poco propicia. Ya antes había efectuado un cuadro titulado "La desesperación". No falta quien atribuye el color rojo que se observa en el cielo a una puesta de sol muy intensa debida a las partículas en suspensión arrojadas a la atmósfera por la erupción del volcán Krakatoa, aunque esta fue 10 años antes de la ejecución del cuadro. 

Existen cuatro versiones de "El grito". La más famosa se encuentra en la Galería Nacional de Noruega y data de 1893, hay otras dos versiones en el Museo Munch de Oslo y una cuarta que pertence a una colección particular.

El cuadro ha sido reproducido hasta la saciedad y ha sido inspiración para multitud de artistas al estilo de una siniestra Gioconda. Una de las inspiraciones más curiosas que se han producido en los últimos años ha sido la máscara de Ghostface creada por Wes Craven, con la que se cubren el rostro  los asesinos de la saga "Scream", llegando a convertirla en un icono popular, no ya de angustia o desesperación, sino de miedo y terror. No me quiero ni imaginar que diría Munch si supiera de esta perversión de su obra y de los sentimientos que dieron origen a la misma. Dejamos un repaso a su obra a modo de desagravio:






A partir de una entrada de "Alma Libre" en nuestra página de facebook. ¡Gracias Alma!


sábado, 12 de diciembre de 2015

Palabra de Cine: "La ley del silencio" (Elia Kazan - 1954)




Charlie (Rod Steiger): Escucha, ¿cuánto pesas ahora? Cuando pesabas 168 libras estabas en forma. Podías haber sido campeón, el cerdo que elegimos como preparador te lanzo demasiado pronto.

Terry Malloy (Marlon Brando): No fue el preparador, fuiste tú. ¿Has olvidado la noche del Garden cuando te presentaste en mi vestuario y dijiste "Chico, esta no es tu noche. Hemos apostado por Wilson" Recuerdas. "Esta no es tu noche" Pues si que lo era, pude dejarle fuera de combate. Y sin embargo él ha logrado todo lo que se propuso en la vida y yo en cambio ¿qué? Un pasaporte al fracaso. Eres mi hermano Charlie, tenías la obligación de velar por mi. De preocuparte un poco más, solo un poco para no caer en la miseria de las peleas baratas.

Charlie: Hacía apuestas para los dos, algo que te habrá tocado.

Terry: ¿Es que no lo entiendes? Pude ser un primera serie. Aspirar al título. Pude haber sido algo en la vida. En lugar de eso, mírame. Solo soy un golfo. Por ti. Solo por ti, Charlie





No fue un rodaje fácil para Marlon Brando. Su madre había fallecido en esas fechas y por contrato solo trabajaba hasta las 16'00 horas, marchándose posteriormente a ver a un especialista para que le ayudara a conciliar sus problemas con sus padres y la reciente perdida. Como consecuencia de esta singular situación, en esta escena que hoy comentamos se rodó primero la parte en la que interviene Marlon Brando y en la que se ve también a Rod Steiger junto a él, pero cuando llegó el momento de grabar las replicas de este último, Marlon Brando ya se había marchado y Steiger tuvo que conformarse con que un ayudante le hiciera las veces de Malloy para marcarle el ritmo. Es por esta circunstancia por la que cuando le toca hablar a Steiger se utiliza el primer plano. Según otros, Brando se marchó del set de rodaje tras enfadarse con Steiger al ver como este había llegado a llorar de emoción en la escena y considerarlo por ello un debilucho. El monumental enfado de Rod Steiger por esta desatención de Brando le duró años, nada menos que 44, hasta que se encontraron en 1997 en Montreal y solo después de que Brando le enviara un mensaje conciliador y lleno de buenas palabras para con él. Sea cual fuere la verdad, puede que todos estos considerandos, aparte del magnifico parlamento preparado para la escena, hicieran de la misma una de los grandes momentos de la historia del cine. Un Brando dolido y un Steiger enfadado añadieron inconscientemente matices a su interpretación que de una forma u otra la engrandecieron. 





Título original: On the Waterfront
Año: 1954 - Duración: 108 min.
País: Estados Unidos
Director: Elia Kazan

Reparto: Marlon Brando, Eva Marie Saint, Karl Malden, Lee J. Cobb, Rod Steiger, Pat Henning, Leif Erickson, James Westerfield, John Heldabrand, Rudy Bond, Martin Balsam, John Hamilton

Productora: Columbia Pictures. Productor: Sam Spiegel
Guión: Budd Schulberg
Música: Leonard Bernstein
Fotografía: Boris Kaufman (B&W)
Premios
1954: 8 Oscars: incluyendo película, director, actor (Brando), actriz sec. (Saint)
1954: 4 Globos de Oro: incluyendo Mejor película Drama
1954: Festival de Venecia: Mejor director






miércoles, 9 de diciembre de 2015

Santa Claus, Shirley Temple y Alfred Eisenstaedt



No son pocos los niños que sienten un respeto tremendo y hasta miedo a la hora de tener que sentarse sobre la rodilla de Santa Claus para decirle al oído los regalos que desea para esas Navidades. De hecho hay por ahí algún despistado que cree que este síndrome se denomina "Claustrofobia". No sé cuál será el motivo de la llantina que muestra la niña de la foto, aunque a muchos de nosotros nos resultará una imagen muy familiar. Y es que conocer a un personaje mágico como Santa Claus impone y claro, pasa lo que pasa, que se desbordan las emociones. 

Pero siempre hay excepciones, y a veces los nervios corren de parte de quien se enfunda el disfraz de Santa Claus, como el caso que contaba la precoz actriz Shirley Temple: 

"Dejé de creer en Santa Claus cuando tenía seis años. Mi madre me llevó a verlo a unos grandes almacenes y me pidió un autógrafo"

En cualquier caso una pizca de magia siempre viene bien, a los adultos nos encanta ver su figura o la de los Reyes Magos regalando sonrisas a unos niños que cada vez son más descreidos, tanto que casi se hace verdad la frase de Lee Lauer:

"Uno de los problemas que tenemos en este país es que muchos adultos creen en Santa Claus, y muchos niños no"

Por cierto, las fotos son del genial Alfred Eisenstaedt y fueron tomadas en Nueva York en las Navidades de 1961. Allí todo es un negocio y hacer de Santa Claus también. Al parecer el sujeto enfundado en el traje de Santa Claus que aparece al comienzo de esta entrada se llamaba Ken Berends, y estaba haciendo un cursillo para sacarse el "Certificado de Santa Claus". Cinco días de formación con un coste de 75 dólares. Parece que una de las prácticas le salió un poco torcida y la niña empezó a llorar. Y es que todo el mundo no sabe darle el tonillo adecuado al "Oh, oh, ouhhhhh", ni se aprende correctamente el nombre de todos los renos... Espero que también le dieran su diploma y la campañilla de rigor. Las cosas.....

Con unos días de antelación "Felices fiestas a todos"

Os dejo con Bing Crosby las Andrews Sisters cantando un apropiado "Santa Claus is coming to town". Por cierto si pueden háganse con los dos discos que tienen juntos, es una verdadera delicia disfrutar de la aterciopelada voz de Bing Crosby jugando con las chispeantes voces de las Andrew Sister.