Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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sábado, 22 de agosto de 2015

El origen de la expresión "Estar a la cuarta pregunta"




Ayer comentábamos en la entrada que le dedicábamos a Balzac, que este escritor solía "estar a la cuarta pregunta", una expresión popular con la que se hace referencia a la falta de dinero, pero ¿de dónde viene tan curiosa expresión?

Parece ser que antiguamente, en los interrogatorios judiciales, se formulaban necesariamente al imputado una serie de preguntas siempre en el mismo orden. En primer lugar se le preguntaba por su nombre y edad, después por su lugar de nacimiento y domicilio, seguían por su religión y su estado civil y finalmente y en cuarto lugar por sus bienes y rentas. Por supuesto todos los imputados, en caso de que no lo fuera ya, intentaban aparentar un patrimonio lo más exiguo posible y declaraban que no disponían de bienes y rentas y que su menudo patrimonio provenía únicamente de su trabajo. Intentaban con ello evitar ser embargados en caso de una resolución desfavorable. Así cuando en cualquier momento posterior del procedimiento salía a la palestra el asunto del patrimonio del sujeto, este indefectiblemente se remitía a su declaración inicial, osea que estaba "a la cuarta pregunta", sin un real y más tieso que la mojama. 

Charlot, al que vemos arriba en una imagen de la película "El chico", no creo que tuviera que mentir mucho a la hora de abordar la incomoda "cuarta pregunta", los bolsillos de sus pantalones serían tan grandes como estos, pero normalmente estaban siempre vacíos. Me pica la curiosidad por saber que contestarían ahora algunos de los trajeados "imputados" que adornan a diario nuestros telediarios.

viernes, 21 de agosto de 2015

Las deudas de Honoré de Balzac

Busto de Balzac, obra de  Pierre-Eugène-Emile Hébert


"Tener o no tener rentas, esa es la cuestión, dijo Shakespeare"

Son palabras del gran literato francés Honoré de Balzac, que desgraciadamente solía estar siempre a la cuarta pregunta, o lo que es lo mismo, sin que le sobrara el dinero. No eran grandes las comodidades que podía permitirse  Balzac, que de hecho vivía en una pobre buhardilla de un barrio deprimido de París, sin calefacción y escasamente amueblado, como ya contábamos en otra curiosa anécdota sobre él: Balzac o "El tanto tienes tanto vales" .

El caso es que el escritor se veía abocado, con demasiada frecuencia,  a la nunca agradable situación de tener que pedir dinero prestado o por adelantado, lo que provocaba que tuviera una nutrida corte de acreedores revoloteando a su alrededor, esperando tener la suerte de cobrar algo. Uno de esos cuervos negros abordó al escritor e intentando inspirarle lástima para poder cobrar le dijo:

"Mire usted, monsieur, mañana debo pagar una deuda muy importante y le agradeceré mucho que tenga a bien pagarme usted hoy"

Balzac, que después de haber tenido que lidiar a diario con este tipo de "amigos" se sabía ya todas sus triquiñuelas para intentar cobrar y por supuesto todas las respuestas posibles para eludir pagar, no se amilanó ni por un instante y fingiendo estupefacción le replicó a su esperanzado acreedor:

¡Muy bonito, usted se dedica a contraer deudas y viene a mi casa con la intención de que yo se las pague!

Como os podéis imaginar el sujeto se marchó como llegó, con las manos igual de vacías, pero la anécdota ilustra a las claras, las estrecheces en las que vivía el escritor, y por si no fuera suficiente, sirva aquella otra en la que se refiere la alegría, apenas contenida, que manifestaba Balzac cuando contaba sus amigos la muerte de un tío suyo que le había dejado en herencia todos sus bienes, con una frase ciertamente reveladora:

¡Ayer al anochecer, mi tío y yo pasamos a mejor vida!

No sé cuanto tiempo le duraría la bonanza económica, si la malgastó, la invirtió en negocios ruinosos, como solía ocurrirle o si de ella hicieron presa los acreedores, pero a buen seguro que durante algún tiempo el autor de "La comedia humana" pudo permitirse el mejor de los cafés.

sábado, 15 de agosto de 2015

Bob Hope y los acomodadores




"Un banco es un sitio que te prestará dinero si les demuestras que no lo necesitas"

Posiblemente una de las frases más agudas e imperecederas surgidas del ingenio de Bob Hope, posiblemente uno de los exponentes más claros del definido como "humor típicamente americano", tan poco entendido y de poco éxito entre los europeos. Lo curioso es que Bob Hope había nacido en Londres y con tan solo 4 años marcha con su familia a Estados Unidos donde evidentemente se empapa de la idiosincrasia de este país hasta convertirse en una estrellita más de su bandera. Al respeto solía decir: "Inglaterra fue el escenario de mi presentación más grandiosa: allí nací" Se definía como hijos de padres ingleses "demasiado pobres para ser británicos" y que decidieron cruzar el charco cuando supieron que su hijo  "no llegaría a ser rey". En Estados Unidos si que llegaría a ser rey, al menos del humor, pero sus inicios no fueron nada fáciles, llegando a probar suerte incluso como boxeador, supongo que como en este oficio, en el que duró poco, daba más risa que miedo, decidió dedicarse al mundo del espectáculo y el humor, en el que si lograría triunfar gracias a su ingenio y todo hay que decirlo también a la pillería de un par de acomodadores.

Con Bing Crosby y Dorothy Lamour en "Road to Singapore"
Cierto día un inexperto y nervioso Bob Hope se disponía a realizar su debut radiofónico ante lo que se esperaba fuera una sala repleta de público que con sus risas dieran la medida de su éxito como humorista en las ondas. En la entrada de la sala se había colocado un conveniente letrero en el que se anunciaba que la asistencia a la función era totalmente gratis: "A las 18'00 horas, con ustedes, Bob Hope. Entrada gratuita", a pesar de ello el cebo solo fue mordido por media docena de despistados curiosos que hubieron de sufrir a un despistado y tembloroso humorista que ante el rotundo fracaso de audiencia no acertaba ni a recordar sus chistes. A Bob Hope solo le quedaba un cartucho, la función del día siguiente, si en ella no lograba un rotundo éxito y el consiguiente aplauso y risas del público, podía dar por finalizada su carrera. 

Con Jane Russell en "The paleface"
Decidido a conseguir que aquella representación fuera un éxito buscó aliados entre los acomodadores de las salas de cine contiguas y les prometió una suculenta recompensa si lograban llenarle la sala. Los acomodadores era diestros en su oficio y sabían todas las artimañas y triquiñuelas posibles, así que con la pillería que a veces es necesaria para conseguir los imposibles, cambiaron el cartel de "entrada" por el de "salida", de modo que todas las personas que iban a abandonar el edificio, en el que existían otras salas de cine y espectáculos, se veían conducidas directamente al interior de la sala donde actuaba Bob Hope, quien era el encargado de recibirlos nada más entrar y animarlos a quedarse con un vehemente: "Vengan, asistan, les garantizo que nunca se habrán reído tanto".

Evidentemente la sala se llenó gracias a la estratagema bien urdida de los acomodadores. Ya solo faltaba que el humorista estuviera a la altura de las circunstancias. Hope estuvó sencillamente desternillante aquella noche, chispeante, logrando un público totalmente entregado que no paraba de reír y aplaudir (habría pocos europeos) resultando aquella exitosa retransmisión radiofónica su pasaporte a la fama. Después vendrían sus comedias con Dorothy Lamour y Bing Crosby, como "Morena y peligrosa" o aquella serie interminable de "Road to.... " Singapur, Zanzibar, Marruecos, Utopía, Rio, Bali..... A pesar de no participar como soldado, se volcó en amenizar a las tropas con sus chistes y muecas durante la Segunda Guerra Mundial, lo que aumentó el cariñó que por el sentía el público. Tuvo también un éxito tremendo en televisión y fue un personaje muy popular y querido en Estados Unidos hasta su muerte en 2003, a la edad de 100 años. Y todo gracias a la granujería de unos avispados acomodadores.



martes, 11 de agosto de 2015

Talleyrand o el curioso arte de la política




"La oposición es el arte de estar en contra tan hábilmente que, luego, se pueda estar a favor."

La frase no podía ser de otro que del maestro supremo del camuflaje, Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord o simplemente Talleyrand, que es como le conocemos todos. Como político y contradiciendo el axioma que hizo famoso Alfonso Guerra, Talleyrand era un experto en moverse y en seguir saliendo en las fotos, por mucho que en aquella época no existieran. El talentoso político, sufría una acusada debilidad física debido a su padecimiento de la enfermedad de Marfan, motivo por el cual tuvo que renunciar a la carrera militar que para él tenía preparada su poderosísima familia, de esta manera y adaptándose a las circunstancias, comenzó su escalada al poder desde dentro de la Iglesia, su segunda opción, lugar donde ya demostró sus incontestables dotes diplomáticas, no resultándole excesivamente difícil dar el salto al mundo de la política y la diplomacia internacional. Fue un maestro, durante las tres décadas más convulsas de la historia de Francia, en nadar y guardar la ropa, en cambiarse de atuendo con habilidad y oportunidad y en ocultar sus emociones y verdaderos pensamientos, un camaleónico superviviente político del estilo de Fouché, pero con la salvedad de que Fouché no logró acabar sus días en la espuma de la fama y consideración general y Talleyrand sí. De hecho ocupo puestos de relevancia tanto en el reinado de Luis XVI, como durante la Revolución Francesa, por supuesto al lado de Napoleón, pero también con la posterior restauración monárquica. Sirva de ejemplo de su contención y diplomacia un par de anécdotas:

Catherine Noele Grand
Encontrándose ignominiosamente desterrado el Rey español Fernando VII en Valençay, se dio la circunstancia de que la hermosa esposa de Talleyrand, Catherine Noele Grand, que hacía las veces de anfitriona del monarca español, tuvo un romance con el ayudante de este, el Duque de San Carlos, idilio que acabó llegando a los oidos del Emperador. Napoleón no supo ocultar este escándalo de forma elegante y terminó por comentarle el "affaire" de Catherine a su esposo  Talleyrand. Un hombre de los recursos de Talleyrand sabía todos los chismes que circulaban por la corte y cuando le dijo a Napoleón que ya sabía de los devaneos de su esposa, este le contestó: "¿Por qué no me lo había dicho?". Talleyrand  le respondió con sencillez: "Sencillamente, sire, porque la cuestión no aportaba ningún tipo de gloria ni a vos ni a mi"

En otra ocasión, cuando se hacía evidente que estar cerca de Napoleón ya solo podría traer un futuro menos luminoso que el que disfrutaba a su lado, empezó a preparar sus "nuevas ropas" y a intrigar contra él en compañía del también  incombustible Fouché. Napoleón llegó a intuir la jugada y encausó a ambos por traición. Fouché logró maniobrar para evitar el juicio público, pero Talleyrand, renunciando a la posibilidad que tenía de haberse evitado el trance, acudió al juicio y haciendo gala de sus dotes argumentativas y de su conocimiento de los resquicios de las leyes termina por alejar de su persona cualquier tipo de sospecha, humillando de camino al todopoderoso Napoleón, quien no puede  refrenar su genio y le grita: "Mentiroso, usted es un montón de estiércol forrado en una media de seda". Talleyrand no movió un sólo músculo, se mantuvo imperturbable, impasible y solo cuando el Emperador abandonó la sala dijo ante todos  los presentes su famoso: "Es una lástima que un hombre tan grande sea tan maleducado".

Con este gesto marcó distancias públicamente con el Emperador, preparando el terreno para el futuro y aun así, Napoleón siguió contando con él hasta el final. Ante un personaje tan maniobrero como este, siempre resulta curioso ver cómo pensaba y releer alguna de sus citas más famosas:

"Con las bayonetas, todo es posible. Menos sentarse encima."

"Conozco a alguien que tiene más espíritu que Napoleón, que Voltaire, que todos los ministros presentes y futuros: la opinión pública."

"Cuando es urgente, ya es demasiado tarde."

"El café debe ser caliente como el infierno, negro como el diablo, puro como el ángel y dulce como el amor."

"El espíritu sirve para todo, pero a nada conduce."

"El hombre es una inteligencia contrariada por unos órganos."

"El matrimonio es una cosa tan bella, que es preciso pensar en él toda la vida."

"En materia de negocios, nada hay efectivo mientras no estén terminados."

"Existe un arma más terrible que la calumnia; es la verdad."

"La palabra se ha dado al hombre para que pueda encubrir su pensamiento."

"La vida privada de un ciudadano debe ser recinto amurallado."

"Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible."

"Los diplomáticos piensan dos veces lo que van a decir, sólo, para, después no decir nada."

"Nada tiene más éxito que el éxito."

"Nadie puede sospechar cuantas idioteces políticas se han evitado gracias a la falta de dinero."

"Nunca debe cometerse la imprudencia de demandar al presente lo que el porvenir nos aportará con menos esfuerzo."

"Siempre en tus retiradas no olvides dejar establecida una cabeza de puente en la orilla abandonada."

"Siempre hay que estar en condiciones de escoger entre dos alternativas."

"Todo lo que es exagerado es insignificante."

"Un arte importante de los políticos es encontrar nombres nuevos para instituciones que bajo sus nombres viejos se han hecho odiosas al pueblo."

"Un hombre es digno par todo empleo la víspera del día en que es nombrado."

"Una monarquía debe ser gobernada por demócratas, y una república por aristócratas."

sábado, 8 de agosto de 2015

¿Cuál de los hermanos Lumière, inventó realmente el cinematógrafo?

Auguste (izquierda) y Louis Lumíere

Cuando hablamos del nacimiento del cine enseguida relacionamos el evento con los hermanos Lumière, Auguste y Louis, hijos de un fotógrafo propietario de una pequeña fábrica de placas y papel fotográfico en Lyon de la que con el tiempo se harían cargo. Ambos hermanos eran sin lugar a dudas excelentes fotógrafos y personas inquietas en todo lo referente al mundo de la imagen y por ende les obsesionaba el dar un paso adelante en la forma de dar vida a las fotografías, pero ¿fueron en realidad los dos hermanos los que al unísono, dieron con la clave para poder proyectar sobre una pantalla, aquellas imágenes que en otros artilugios ya se mostraban en movimiento de forma rudimentaria?

Kinetoscopio de Edison y W.K.L Dickinson
Para los estadounidenses esta discusión no tiene razón de ser y el verdadero inventor del cine no es otro que el prolífico inventor Thomas Alva Edison, hecho que tendría serías consecuencias en los inicios de la explotación comercial del cine. Cierto es que Edison, o más bien y para ser justos, su ayudante William Kennedy Laurie Dickinson, había ideado un ingenio que era un incontestable paso adelante sobre otros aparatos precedentes, el Kinetoscopio, artilugio con el que se lograban exhibir imágenes en movimiento, pero con la limitación de que dichas animaciones solo se lograban en el interior de una caja y solo eran visibles a través de unos binóculos. Ello no fue óbice para que tuviera un gran éxito y se vendiera como rentable curiosidad para ferias y certámenes. Pero aquello, aunque constituyera un avance notable, no era equiparable a la experiencia que hoy tenemos del cine, es decir, a la proyección y visualización de imágenes en movimiento sobre una pantalla. A pesar de estas consideraciones, no es menos cierto que una de estos kinetoscopios llegó a manos de los hermanos Lumière, quienes ya inmersos en la idea de lograr la proyección de las imágenes de una forma más real, y tras estudiar su funcionamiento, se vieron espoleados a descubrir una solución definitiva.

Con respecto a la verdadera paternidad del cinematógrafo, nombre con el que los hermanos Lumière bautizaron a su ingenio (basándose en el nombre que Léon Bouly había dado a un proyecto previo en 1892 y que resultó un fracaso), son esclarecedoras las palabras que Auguste Lumière (1862 - 1954) dijo al respecto:

“Cierta mañana, a finales de 1894, me dirigí a la habitación de mi hermano que, encontrándose indispuesto, debería estar dormido. Sin embargo, me dijo que no había podido conciliar el sueño y que, aprovechando la calma de la noche, se había dedicado a meditar sobre las condiciones necesarias para alcanzar nuestra meta. Me había explicado que consistían en imprimir al cuadro enganchado un movimiento del pie de cabra de una máquina de coser. Los garfios, al hundirse durante la marcha en las perforaciones practicadas en los bordes de la película, debían arrastrar hacia abajo cada imagen, y al retirarse en su movimiento dejar libre el camino para la siguiente. Fue una auténtica revelación, e inmediatamente comprendí que, por mi parte, debía abandonar la solución precaria en que estaba pensando. En una noche, mi hermano Louis había inventado el cine” (citado en "La gran historia del cine" de Terenci Moix)

Supongo que el camino hasta llegar a esta solución definitiva había sido tan arduo, plagado de patentes previas de uno y otro hermano, que aunque la idea definitiva surgió del ingenio de Louis Lumière (1848-1954), su gestación se había fraguado, a fuego lento, en las mentes de ambos, con las discusiones e intercambios de ideas que durante largo tiempo habían mantenido, por lo que no es de extrañar la generosidad de Louis Lumière de considerar a su hermano como co-inventor de aquel aparato que con el tiempo terminaría por revolucionar el mundo del ocio, una gentileza a la que Auguste respondió con las palabras de reconocimiento que antes recogíamos y que arrojaban luz, como un cinematógrafo, sobre la verdadera paternidad del invento.

Después vendría la construcción de un aparato que respondiera a las consideraciones técnicas apuntadas por Auguste Lumière, algo de lo que se encargó Monsieur Carpentier, el mecánico jefe de la fábrica Lumière, El resultado fue una pequeña caja cuadrada de apenas 20 centímetros de lado y 12 de profundidad que alojaba todo el mecanismo fotográfico necesario para proyectar, con la ayuda de una fuente de luz posterior, la cinta cinematográfica que avanzaba por su interior a 16 fotogramas por segundo.

En un mundo donde los avances en este campo eran vertiginosos se imponía la rápida inscripción del invento en el registro de patentes, y este se produjo el 13 de febrero de 1895 con el número 245.032, bajo el epígrafe: "Appareil servant à l'obtention et á la vision des épreves photographiques" o lo que es lo mismo: "Aparato para la obtención y la visión de impresiones fotográficas".

Para que naciera el cine formalmente solo quedaba realizar las primeras filmaciones y que las imágenes tomaran vida a través de sus engranajes y lentes, pero esa es una historia que contaremos otro día.


En este vídeo se puede apreciar claramente el funcionamiento del cinematógrafo:




martes, 4 de agosto de 2015

George Raft y la mafia



Siempre que se habla de cine y mafia uno piensa en Frank Sinatra, pero si hay alguien que puede con justicia ocupar esa posición es sin duda George Raft, una de las grandes estrellas del cine de gangsters de los años treinta y el encargado de enseñar a toda una generación de mafiosos a jugar con una moneda, lanzándola al aire una y otra vez.

El caso es que Raft, no empezó como actor y si muy cerca del mundo del hampa. Nacido en el seno de una familia pobre, era el mayor de diez hermanos y se críó en un entorno nada propicio, el barrio neoyorkino conocido como "Hell's Kitchen" (Las cocinas del infierno) en el que tenía de compañeros de juegos a no pocos chavales que con el tiempo serían notorios mafiosos. Intentando sacudirse el hambre trabajó en lo que pudo hasta convertirse en bailarín, oficio que según algunos comentarios simultaneaba con el contrabando de licores en plena ley seca. 

Gracias a sus amistades infantiles y a contactos posteriores llegó a ser un gran amigo de mafiosos de la talla de Lucky Luciano, Owney Madden, Bugsy Siegel o Meyer Lansky, hombres con los que solía relacionarse sin sentir la necesidad de cubrir las apariencias. Incluso declaraba su admiración por este tipo de personajes, de los que manifestaba a su biógrafo:

"Creo que son los tipos más grandes del mundo" "Estos colegas -(Bugsy) Siegel, Costello, Adonis, Luciano y Madden- eran dioses para mí. Todos ellos tenían Cadillacs de 16 cilindros y, como dijo alguien, cuando hay dinero cerca lo mejor es ir a por él. Allá a donde fueran había capitanes de policía y políticos inclinándose a su paso. Yo pensaba que estos tipos realmente no podían estar haciendo nada malo. ¿Por qué no debería ser como ellos? Quería seguir sus pasos"

Y en este afán por emularlos, terminó entrando en el mundo del cine y gracias a eso que Hawks definía como "Rasgo de Impasibilidad maravillosa" que caracterizaba a Raft y que después sería imitado por Bogart, consiguió un papel en "Scarface" dando réplica al gran Paul Muni. Allí empezaría a lanzar su moneda al aire, algo que se hizo tan famoso entre los gangsters que cuando participó en "Con faldas y a lo loco" como el inolvidable mafioso "Botines Comlombo" y se cruza con un gangster de tres al cuarto que no para de lanzar la moneda al aire, le espeta: "¿Dónde aprendiste ese estúpido truco? 

Pero no se reduce a un asunto de monedas su influencia sobre los usos de la mafía. Con su interpretación en "Scarface", sus modales, su imagen de matón duro e impertérrito, su elegancia y estilo en la forma de vestir, esa seguridad en sí mismo y el ser casi considerado por los mafiosos como "Uno de los nuestros", provocó que todos los miembros de esa honorable sociedad quisieran parecerse a él, llegando incluso a pedirle consejo sobre como tenían que comportarse en una declaración ante la policía, una rueda de reconocimiento u ante otras circunstancias que no sabían cómo resolver sin renunciar a su supuesta altivez. 

En realidad Raft había basado su personaje cinematográfico en un gangster llamado Joe Adonis, quien le sirvió de inspiración para su forma de usar las manos, su forma de hablar o de ladear la barbilla en un ángulo determinado. Por supuesto Joe Adonis se sentía halagado por este remedo suyo que ahora era famoso en el mundo del cine y que terminó por convertirse en un icono popular de los años 30.

Pero más allá de todas estas historias es preciso hacer referencia a esas estupendas películas que nos dejó: "Si yo tuviera un millón"(1932), Bolero (1934), "La llave de cristal" (1935), "Almas en el mar" (1937), "La pasión ciega" (1940) y las ya citadas "Scarface" y "Con faldas y a lo loco". 

Después de coincidir con Bogart en la sensacional película "La pasión ciega" y en "Invisible stripes" y encontrándose en la cima de su carrera, tomó un par de decisiones transcendentales en su carrera, tuvo la poca visión de rechazar los papeles protagonistas en "El último refugio" y en "El halcón maltés" en beneficio de Bogart, quien terminaría por robarle el estrellato y convirtirse en el actor de referencia para este tipo de papeles.

Raft, como no podía ser de otra manera, terminó regentando casinos de la mafia en Londres y en La Habana, sin hacer nada especial, simplemente estando allí, haciendo de sí mismo, de George Raft, la imagen ideal que todo mafioso querría tener. Murió en 1980 a los 85 años.


domingo, 2 de agosto de 2015

Verdades y mentiras sobre "El hombre tranquilo" (John Ford - 1952)



Se podría llegar a calificar la película "El hombre tranquilo" como una película tierna, amable, que se ve siempre con una sonrisa en los labios, incluso Ford la definía "como su primera película de amor" y a pesar de ser todo esto cierto, no lo es menos que la pelea a puñetazo limpio que podemos ver en la misma solo puede ser calificada de "Homérica". 

La lucha final entre Sean Thornton (John Wayne) y "Red" Will Danaher (Victor McLaglen) por la dote de la maravillosa Mary Kate (Maureen O'Hara) es del todo inolvidable y respecto a la misma existe una curiosa anécdota presente en muchos sitios de la red. 
Según cuenta esta leyenda, Jhon Ford quería dar el mayor realismo posible al combate y con ese fin se dirigió a John Wayne y le dijo que McLaglen, a la chita callando, le estaba robando el protagonismo en la película, llevándose la palma en la mayoría de las escenas que compartían y que ufano y consciente de ello no paraba de alardear ante el resto de miembros del rodaje. Evidentemente las palabras de Ford no cayeron en saco roto y el cerebro de Wayne entró en una ebullición ciertamente propicia para una batalla campal. Solo quedaba hacer lo mismo con McLaglen al que contó una milonga parecida para que entrara motivado a rodar la escena de la pelea. Según cuenta esa leyenda la motivación inducida por el genial Ford, aparte de procurarnos una pelea épica para cualquier buen aficionado al cine, tuvo sus efectos colaterales en una conmoción cerebral para McLaglen y dos costillas rotas para Wayne.

La anécdota es sencillamente deliciosa, pero desgraciadamente no he logrado confirmarla en ningún libro, de hecho en uno de ellos (Dirigido Por - Programa doble nº 29 - Javier Coma) se comenta que la pelea se filmó a lo largo de cinco jornadas de trabajo y recoge el testimonio de John Wayne de que durante el combate no se tocaron prácticamente nunca, gracias a que rodaban de acuerdo con un método mediante el cual se utilizaba determinadas angulaciones y emplazamientos de cámara que favorecían la sensación de contacto físico en cada puñetazo cuando en realidad estos únicamente pasaban por delante del rostro del adversario. "No nos tocamos ni una vez, y eso que pegábamos tan fuerte como podíamos" sentenciaba John Wayne. Una verdadera lástima, porque la anécdota era maravillosa.

A pesar de todo, sí que queda acreditado que Ford tenía sus argucias para conseguir reacciones naturales en sus actores. Maureen O'Hara, la pelirroja más arrebatadoramente hermosa de la historia del cine, contaba: 

"No importa en qué parte del mundo esté, siempre me preguntan: "¿qué susurraste en el oído de John Wayne al final de "El hombre tranquilo"? Fue idea de Pappy (Ford); era el final que él quería. Me dijo exactamente lo que tenía que decir. Al principio, me negué. Exclamé: "No puedo decirle eso a Duke". Pero Ford quería conseguir una reacción de sorpresa de John, y respondió: "Vas a decirlo". No tenía elección, así que cedí. "Lo haré con una condición: que nunca se repita o se revele a nadie". Así que hicimos un trato. Cuando la escena terminó, los tres hicimos un pacto. Jack y Duke se lo llevaron a la tumba y la respuesta morirá conmigo". (citado en la biografía que Juan Tejero dedica a John Wayne - T&B). 

Así que pongan su imaginación a trabajar, sabiendo que antes de la pelea, tras llevarla arrastrando por toda la campiña y tras saber que por fin iba a recuperar su honor, su dote y que su marido era el hombretón que había soñado, la arisca Mary Kate le dijo a Wayne: “Esta noche tendrás la cena preparada”, lo que sonaba a todo menos a cena, sobre todo sabiendo el estricto régimen de cama al que tenía sometido a sufrido Thorton. Igual le dijo que iban a partir la cama otra vez, pero en esta ocasión como mandan los cánones. Sin duda "Homérico".




Ficha de la película:

Título original: The Quiet Man
Año: 1952
Duración: 129 min.
País: Estados Unidos Estados Unidos

Director: John Ford

Reparto: John Wayne, Maureen O'Hara, Barry Fitzgerald, Ward Bond, Victor McLaglen, Jack MacGowran, Arthur Shields, Mildred Natwick

Guión: Frank S. Nugent, John Ford (Historia: Maurice Walsh)

Música: Victor Young
Fotografía: Winton C. Hoch & Archie Stout

Productora: Republic Pictures




La pelea. Solo encontré este vídeo:



El misterioso final.

jueves, 30 de julio de 2015

Clark Gable y las mujeres

Clark Gable y Carole Lombard



Clark Gable siempre fue un gran estratéga a la hora de elegir sus primeros matrimonios, así su primera esposa fue Josephine Dillón, su profesora de actuación y 17 años mayor que él, una mujer poco agraciada pero que logró transformarlo radicalmente, tanto en lo físico como en sus cualidades actorales; de hecho le pagó operaciones para corregir sus graves problemas dentales (prácticamente perdió su dentadura a causa de una severa piorrea y llevaba dentadura postiza), le cambió el peinado, moduló su voz y logró darle una apariencia más fornida a aquel alfenique; incluso lo convenció de usar artísticamente su segundo nombre en vez del primero (Gable se llamaba William Clark). 

Después de que Josephine Dillón lograra esculpir un más que aceptable resultado en un no muy buen mármol y hacer de mecenas de Gable, logrando para él sus primeros papeles en Hollywood, este, siguiendo su camino, se separó de su pigmalión para unirse a la acaudalada y aristocrática María Langham, también mucho mayor que Gable, y que evidentemente ayudó a que "El rey" escalara posiciones. Hay incluso quien cuenta que en su camino hacia la cumbre hubo de someterse a relaciones con hombres que podían allanarle el camino. De hecho se especula que Gable vetó a George Cukor como director de "Lo que el viento se llevó" por entender que este director sabía los detalles picantes de esta escabrosa etapa del actor. 

Carole Lombard
Pero llega un momento en el que, una vez alcanzada la cumbre con "Sucedió una noche" (1934) y disfrutando de las mieles del éxito y del Oscar que esa película le reportó, Gable se enamora perdidamente de un verdadero bellezón, la incomparable Carole Lombard. Trás tres años de relación solo existía un "pequeño" impedimento para casarse con ella, los 289.000 dólares que le exigía su esposa para concederle el divorcio, un dinero del que el actor no disponía. 

En esos tiempos Clark Gable es solicitado por sus estudios para que asumiera el papel de Rhett Butler en "Lo que el viento se llevó", cosa que no era del agrado del actor que intentaba por cualquier medio evitar intervenir en aquel trabajo. 

Louis B. Mayer, el jefazo de la Metro, no era precisamente tonto y sabiendo donde le apretaba el zapato a Gable, le hace saber las consecuencias jurídicas que supondrían rechazar el papel, a la vez que además de sus sustanciosos honorarios por la película le añadió una prima de 50.000 dólares destinada a arreglar los flecos que quedaran para hacer efectivo el divorcio de su esposa y poder casarse con la Lombard. Si a eso añadimos la pasión de su futura esposa por la novela de Margaret Mitchell y el fin de semana que le prometieron libre para poder casarse nos podemos imaginar el resultado de la negociación. Con la unión de Clark Gable y Carole Lombard nace una de las parejas más glamourosas de la historia del cine.

Clark Gable tras su cuidada transformación
Para todo el mundo resultaba una incógnita saber que era aquello "que el viento se llevó", era algo indeterminado, excepto para María Langham, que tenía muy claro que el viento se llevó de su lado a Clark Gable a cambio de una lluvia de dólares. No sé si pondría muchas objeciones, pero me puedo imaginar a Gable ensayando con ella aquello de "Francamente querida, me importa un bledo".  

No tendría mucha suerte Gable y trás aproximadamente tres años de matrimonio y después de que Carole Lombard protagonizara la maravillosa película de Lubitsch "Ser o no ser"  (1942), la actriz muere en un trágico accidente de aviación. Gable totalmente roto se alistó en el ejército para intentar olvidar lejos del mundo de la farándula. En la guerra participó en al menos cinco misiones de bombardeo sobre Alemania a bordo de un B-17 y llegó a alcanzar el grado de capitán además de un par de medallas al valor. Hasta se cuenta que Hitler ofreció una recompensa a quien capturara vivo al actor, que por lo visto era uno de sus estrellas favoritas.

Tras la guerra retomó su carrera como actor y con los años volvería a casarse, siguiendo su linea, con dos mujeres ciertamente acaudaladas, primero con Sylvia Ashley y después con Kay Williams. No cabe duda que después de estos cinco matrimonios, y de la cantidad de amoríos que se le atribuyen. entre ellos Grace Kelly, Joan Crawford, o Loretta Young con la que al parecer tuvo un hijo en singulares circunstancias, Glark Gable podía ser considerado con justicia como el verdadero Rey del gallinero. 

Os dejo un curioso vídeo con algunas verdades y mentiras sobre Clark Gable:



lunes, 27 de julio de 2015

Lenny Montana: Un matón de la mafia en el reparto de "El Padrino"




En "El Padrino", la película sobre la mafia por excelencia, no todos eran actores. Uno de los personajes más memorables del film es el despiadado y leal matón Luca Brasi, brazo ejecutor de la familia Corleone cuando ofrecían un trato que nadie pudiera rechazar sin éxito. Coppola se encontró con que el actor que iba a encarnar a este personaje murió antes de realizar sus escenas y se vio obligado a buscar un sustituto con rapidez. 

En el set de rodaje no eran pocos los matones de la mafia que controlaban que la película no tomara derroteros indeseados (de hecho la película es muy generosa para con la organización, de la que ofrece una visión nada negativa), y uno de aquellos "soldati" era un antiguo luchador de wrestling, Lenny Montana, grande y de aspecto y modales primarios, que se había reconvertido en matón de la familia Colombo y en un singular pirómano amigo de amarrar un objeto empapado en queroseno a la cola de un ratón, darle fuego y echarlo a correr por el edificio que debía ser quemado, aunque otras veces simplemente colocaba una vela encendida delante de un reloj de cuco, para que cuando este diera la hora cayera sobre los cortinajes y produjera su fatal resultado. 
       El caso es que a los ojos de Coppola aquel sujeto reunía las cualidades necesarias para encarnar a su tenebroso Luca Brasi y además, el hecho de contratarlo, suavizaba la tensión con todos aquellos controladores de sombrero borsalino que frecuentaban la filmación.

Lenny Montana se puso tan nervioso al saber que tendría que actuar delante de Marlon Brando que no paraba de repetir una y otra vez su frase. Coppola que lo vio en tal trance se dio cuenta de que aquellos nervios definían a un personaje que a pesar de ser sanguinario de ser necesario también mostraba sus pocas luces y una lealtad inquebrantable para con su Don al que respetaba y temía por encima de todo, de modo que encargó modificar el guión para introducir aquella faceta del personaje.

"Don Corleone, me honra y le agradezco que me haya invitado a su casa, para la boda de su hija. Ojala el primogénito sea varón."

Eso era, más o menos, todo lo que tenía que decir, y cuando llegó el momento de filmar, sus nervios volvieron a aparecer y a trompicones dijo su texto como bien pudo. Coppola supo que era mejor no tocarlo, que era un momento sensacional tal y como se había desarrollado y así es como lo vemos en la pantalla. Y es que no tiene precio ver a un verdadero matón de la mafia con tembleque de piernas por tener que decir unas lineas delante de Don Vito. Un personaje. este Brasi, que redondea más si cabe la obra, lastima que finalmente, en la película tuviera que "dormir con los peces", lo que no le impidió aparecer en otros títulos posteriormente.




sábado, 25 de julio de 2015

"La chica de Bube" (1963 - Luigi Comencini)




Ayer fue uno de esos días en los que uno descubre una joyita olvidada del cine y por tan simple regalo se siente feliz. La película en cuestión es "La ragazza di Bube" (1963), uno de los mejores trabajos de Luigi Comencini, cuya filmografía, reconozco no tengo muy visitada más allá de sus "Pan, amor y...". 

Es indudable el valor cinematográfico de la obra, que aborda con acierto un momento histórico de Italia como es el fin del fascismo tras la Segunda Guerra Mundial y las consiguientes tensiones que se crean en la población entre los antiguos partidarios de Mussolini, ahora de capa caída, y las emergentes ideas igualitarias de todos aquellos que lo sufrieron y no formaban parte de los elegidos y por supuesto con aquellos que lucharon de forma activa contra el fascismo, los partisanos, uno de los cuales, Bube (George Chakiris), movido por las circunstancias y por el calor del momento, mata a un par de personas e inexorablemente se ve obligado a pagar por su crimen sin que su lucha anterior por la libertad cuenten a su favor. En esta situación conoce a Mara (Claudia Cardinale) y su amor se va fraguando poco a poco, a fuego lento, desde la sutil indiferencia hasta la renuncia del yo por el otro cuando su amor se convierte en un camino repleto de obstáculos prácticamente insalvables. Dificultades que Mara asumirá con entereza después de renunciar a la estabilidad que le ofrecía otro amor, en cierto modo más convencional, que se le había cruzado en el camino. 

Pero más allá de esta interesantísima crónica social de un tiempo ya pasado, la película esconde la maravillosa actuación de una joven Claudia Cardinale que sin demasiados afeites logra conquistar al espectador con sus ojos y su límpido rostro. No son sus formas las que llaman la atención, ni sus ropas, ciertamente humildes, es solo ella y su magia personal las que conforman el embrujo,  además de ese  blanco y negro que en el cine siempre esta preñado de belleza, y en esta película se convierte en un aliado de la actriz y de sus expresivos ojos y gestos. A veces es como si el color fuera demasiado explicito, demasiado completo, y el blanco y negro un alegato sobre aquel adagio de que "menos es más". No debo olvidarme de la acertadísima banda sonora que Rustichelli crea para el film (me recordaba a las tonadas típicamente italianas de algunas películas de Fellini) ni de la gran actuación de Chakiris, pero si por algo recordaré esta película es por haberle dado un nuevo sentido a aquella frase tan utilizada como referencia a los placeres y manjares reservados a las élites: "Bocatto di Cardinale" y sin duda Claudia lo es.



Ficha de la película:

Título original: La ragazza di Bube
Año: 1963

Duración: 106 min.
País: Italia 

Director: Luigi Comencini

Reparto: Claudia Cardinale, George Chakiris, Marc Michel, Dany París, Monique Vita, Carla Calò, Emilio Esposito

Guión: Luigi Comencini, Marcello Fondato
Música: Carlo Rustichelli

Fotografía: Gianni Di Venanzo





¿Pueden bastar 34 segundos para hacer deseable ver una película?



La banda sonora de Rustichelli e imágenes de la película