Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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martes, 26 de julio de 2016

Lucia Berlin y su "Manual para mujeres de la limpieza"




"¿Qué más me he perdido? ¿Cuántas veces en  mi vida he estado, digámoslo así, en el porche de atrás y no en el de delante? ¿Qué me habrían dicho que no alcancé a escuchar? ¿Qué amor pudo haberse dado que no sentí?
        Son preguntas inútiles. La única razón por la que he vivido tanto tiempo es porque fui soltando lastre del pasado. Cierro la puerta a la pena al pesar al remordimiento. Si permito que entren, aunque sea por una rendija de autocompasión, zas, la puerta se abrirá de golpe y una tempestad de dolor me desgarrará el corazón y cegará mis ojos de vergüenza rompiendo tazas y botellas derribando frascos rompiendo las ventanas tropezando sangrienta sobre azúcar derramado y vidrios rotos aterrorizada entre arcadas hasta que con un estremecimiento y sollozo final consiga volver a cerrar la pesada puerta. Y recoja los pedazos una vez más.
         Tal vez no sea tan arriesgado dejar que el pasado entre, siempre que sea bajo la premisa "Y sí?". ¿Y si hubiera hablado con Paul antes de que se marchara? ¿Y si hubiera hubiera pedido ayuda? ¿Y si me hubiera casado con H? Sentada aquí, mirando por la ventana el árbol donde ahora no hay hojas ni cuervos, las respuestas a cada una de esas preguntas resultan extrañamente tranquilizadoras. Son especulaciones imposibles. Todo lo bueno o malo que ha ocurrido en mi vida ha sido predecible e inevitable, en especial las decisiones y los actos que han garantizado que ahora esté completamente sola".



El fragmento pertenece al cuento "Volver al hogar", uno de los relatos incluidos en la sensacional recopilación de historias cortas "Manual para mujeres de la limpieza" (Alfaguara - 2016) de la escritora norteamericana Lucia Berlin (1936-2004) a la que podemos ver, preciosa, en la foto que encabeza la entrada. Lucia era una maravillosa narradora, a la que se compara sin titubeos con gigantes como Hemingway o Carver y que inexplicablmente se mantuvo oculta al gran publico hasta después de su muerte en 2004, momento en el que irrumpe con una fuerza inusitada en el mundo editorial. De hecho este libro es la primera aparición de su obra en nuestro país. Sus relatos, de un marcado tono autobiográfico pero llenos de magia, reflejan el devenir de una mujer que es capaz de trascender el tiempo que le toco vivir, logrando que sus relatos resulten intemporales. Su periplo vital fue sumamente singular, nacida en una familia acomodada, tuvo que trabajar de todo lo imaginable, desde limpiadora a profesora, pasando por enfermera o telefonista. Vivió su vida a grandes tragos, como los que daba a la botella, una afición que se convirtió en adicción y la llevó a vivir en los sórdidos margenes de lo que todos consideramos correcto hasta que tuvo la suficiente fuerza de voluntad para superar su alcoholismo, una época en la que al menos supo mantener la suficiente lucidez para plasmar sus experiencias vitales en cada una de esas profesiones por las que desfiló, realizando un certero fresco del mundo que nos rodea y las personas que lo habitan, con crudeza a veces pero nunca con rencor, con humor en abundancia y con acierto siempre. Lucia Berlin no era una escritora prolífica, no hizo de la literatura el centro de su universo, pero logró acumular un buen numero de relatos maravillosos, de los cuales este "Manual de mujeres de la limpieza" constituye una sensacional recopilación. Un libro delicioso que supondrá un descubrimiento para todo aquel que lo lea, un tema del que hablar, una recomendación inteligente a cualquiera que desee leer algo que realmente merezca la pena este verano. 


Así comienza su relato "Inmanejable":

"En la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados. La mujer  palpó debajo del colchón; la botella de medio litro de vodka estaba vacía. Salió de la cama, se puso de pie. Temblaba tanto que tuvo que sentarse en el suelo. Respiraba agitadamente. Si no conseguía pronto algo para beber, le darían convulsiones o delirium tremens. El truco está en aquietar la respiración y el pulso. Mantener la calma en la medida de lo posible hasta que consigas una botella"

domingo, 24 de julio de 2016

Pedro Muñoz Seca o el arte de hacer reír




En cierta ocasión le preguntaron al sensacional escritor Pedro Muñoz Seca, uno de los pilares del humor en nuestro teatro, qué cinco escritores eran a su juicio los más importantes de la literatura española. El autor de obras tan hilarantes como "La venganza de Don Mendo" y creador de las denominadas "astracanadas", esos  juegos de palabras, despropósitos, equívocos y ripios, que buscan hacer reír al espectador por encima de cualquier otro considerando, no podía evitar la tentación de dar una contestación, que aunque evidentemente muy discutible, estuviera llena de ese ingenio y humor que siempre le caracterizaron. Su particular ranking fue el siguiente:

Don Miguel de Unam-Uno 
Benito Pérez Gal-Dos 
Miguel de Cervan-Tres 
Luca de Tena, Don Tor-Cuatro
Benavente, Don Ja-Cinco

A muchos de vosotros, como a mí, supongo que le asaltará la idea de intentar seguir la lista y algunos pensaran en Juan Mar-seis, Ortega y Ga-Siete o Miguel Hernán-Diez. Yo no encontré solución para los puestos octavo y noveno.... quizás vosotros deis con la tecla, si es así no olvidéis dejar un mensaje.

Para Sáinz de Robles, Pedro Muñoz Seca era "El fénix de los ingenios", para José María Pemán: "un hombre bueno, un corazón limpio, una gracia fresca, una modestia clara"  y Valle-Inclán, que quedó injustamente fuera de la lista por motivos puramente fonéticos mantenía: "Quítenle al teatro de Muñoz Seca el humor; desnúdenle de caricatura, arrebátenle su ingenio satírico y facilidad para la parodia, y seguirán ante un monumental autor de teatro"

Pedro Muñoz Seca, nacido en el Puerto de Santa María y uno de los destacados miembros de la Generación del 14, se consideraba a si mismo como todo un espectáculo y por ello respondía a quien le preguntaba que había nacido a las 22 horas y 15 minutos, que era la hora a la que empezaban las funciones teatrales y por supuesto cambió su año de nacimiento de 1879 a 1881, como buen amante de los números capicúa que era, para que la suerte le acompañara.

Y si el escritor había decidido acomodar su nacimiento para que su "puesta en escena" fuera venturosa, su muerte no podía ser menos. Muñoz Seca murió ante un pelotón de fusilamiento en Paracuellos del Jarama en noviembre de 1936 y allí demostró que se puede afrontar cualquier situación con una pizca de sentido del humor. Se cuenta que cuando se encontraba frente a los soldados que iban a darle muerte les dijo:

"Podréis quitarme las monedas que llevo encima, podréis quitarme el reloj de mi muñeca y las llaves que llevo en el bolsillo, podéis quitarme, como vais a hacer, hasta la vida; sólo hay una cosa que no podréis quitarme, por mucho empeño que pongáis: el miedo, este horrible miedo que tengo." 

Se cuenta que los soldados, antes de disparar, le pidieron perdón por lo que estaban obligados a hacer y que casi fue el propio Muñoz Seca el que tuvo que animarlos diciéndoles que estaban ya perdonados y que no se afligieran, completando con un humorístico "Aunque me temo que ustedes no tienen intención de incluirme entre su círculo de amistades".

En otra ocasión, debido a la muerte con pocos días de diferencia en entre ellos, de un matrimonio que se encargaba de la portería del edificio donde vivía Muñoz Seca en Madrid desde sus tiempos de estudiante, les dedicó este epitafió dado el gran afecto que les profesaba: 

Fue tan grande su bondad,
Tal su laboriosidad
Y la virtud de los dos,
Qué están con seguridad
En el Cielo, junto a Dios.

Bonito y sencillo. Pero el Obispo que era quien tenía que validar el epitafio salió con el peregrino argumento de que Muñoz Seca no era nadie para asegurar que los porteros estaban en el Cielo y junto a Dios. El escritor no tuvo más remedio que rehacerlo:

Fueron muy juntos los dos,
El uno del otro en pos
Donde va siempre el que muere...
Pero no están junto a Dios,
Porque el Obispo no quiere.

No le hizo mucha gracia al Obispo el segundo epitafio y le mandó una carta al escritor en la que decía: 

"Ni yo, ni ningún otro representante de la Santa Iglesia, intervenimos para nada en el destino de los difuntos, por tratarse de un misterio inescrutable que ni usted, a pesar de su buena voluntad, ni nosotros estamos capacitados para aclarar".

Muñoz Seca después de sopesar la carta escrita por el Obispo decidió elaborar un tercer y último epitafio:

"Flotando sus almas van
Por el éter, débilmente, 
Sin saber qué es lo que harán, 
Porque desgraciadamente
Ni Dios sabe dónde están"

El Obispado no contestó, como era preceptivo, al tercer epitafio que nunca llegó a colocarse.

En una de sus obras puso en boca de uno de los personajes estas palabras:

«Lo único que hay en el mundo digno de estimación después de una buena mujer, es una buena carcajada. Y quienes la produzcan con su arte, su ingenio o su gracia merecen la gratitud de las gentes»


Os dejo un trocito de su maravillosa obra "La venganza de Don Mendo" con Fernando Fernán Gómez entonando aquello de: "Siempre fuisteis enigmático y epigramático y ático y dramático y simbólico, y aunque os escucho flemático sabed que a mí lo hiperbólico no me resulta simpático.." 


jueves, 21 de julio de 2016

Carta (condiciones) de Einstein a Mileva



 "A: Te encargarás de que mi ropa esté en orden. Que me sirvan mis 3 comidas regulares al día, en mi habitación.

Que mi dormitorio y estudio estén siempre en orden, y que mi escritorio no sea tocado por nadie excepto yo....

B: Renunciarás a tus relaciones personales conmigo, excepto cuando éstas se requieran por apariencias sociales.

En especial

no solicitarás que:

- me siente junto a tí en casa...

- que salga contigo..

-que viaje contigo.... "

Mileva es, para la historia, la primera esposa de Albert Einstein y sin embargo fue mucho más: una mujer brillante de ciencia y la primera mujer que cursó la carrera de matemáticas inscrita en el Instituto Politécnico Federal de Zurich, Suiza, donde conoció a Einstein.

Mileva Maric nació en Titel Vojvodina, Serbia, el 19 de diciembre de 1875, en una familia de terratenientes del imperio Astro-Húngaro y por los favores que los suizos le debían a su padre que era militar de carrera, Mileva pudo cursar la secundaria en Austria e ingresar al Instituto Politécnico Federal de Zurich.

No obstante, como cualquier estudiante mujer, Mileva Maric tuvo que demostrar su capacidad intelectual en la prestigiosa escuela, donde fue vigilada en forma más estricta por ser la única mujer.

Antes de presentar el examen de ingresó a la carrera de matemáticas, estudió medicina en la Escuela Federal de Berna Suiza. En 1903, ya como estudiante del Instituto Politécnico Federal, conoció a quien habría de ser su esposo Albert Einstein, ambos inician una relación académica de intercambio intelectual.

Mileva apoyó a Albert en todos los aspectos, pero concretamente contribuyó profundamente en el desarrollo de sus investigaciones científicas, al aportar la parte de los cálculos matemáticos que tenían que demostrar.

Einstein y Marić tuvieron una hija antes de casarse, de nombre Lieserl, la cual se cree que fue dada en adopción, aunque su verdadero destino es incierto.
Más tarde, tras contraer matrimonio Mileva abandona la escuela para atender a la familia y continuar apoyando a Albert que trabajaba en la oficina de patentes de Suiza y en su tesis.

En 1904, nació el primer hijo legítimo de la pareja y Mileva atiende las labores del hogar y procura ingresos para la familia con la renta de cuartos a estudiantes porque el sueldo de Albert no alcanza para sufragar los gastos.

Seis años más tarde, nace su segundo hijo; el niño presenta problemas de salud mental, por lo que Mileva le dedica más tiempo a su cuidado. La pareja empieza a distanciarse. Y es entonces cuando Albert empieza a involucrarse con Elsa, prima de Mileva. Muy generosamente, Albert permite a Mileva permanecer en el hogar siempre y cuando cumpla con una serie de requisitos, que son los que describe en la carta precedente.

En público, continúan como una pareja modelo, sin embargo no pudo evitarse el divorcio, que tuvo lugar en 1919. Mileva recibió el dinero del Premio Nóbel, con el que regresó a vivir a Zurich con sus hijos.

Algunos historiadores señalan que Einstein le entregó el monto del premio porque fue ella en realidad quien planteó las bases de la Teoría de la Relatividad y que Albert las desarrolló. Esta hipótesis se basa en la correspondencia que mantuvieron como novios y también en las declaraciones hechas por Mileva a una amiga acerca de que acababan de terminar la Teoría que haría famoso a su marido.

Tras su separación, Mileva se dedicó por entero a cuidar a su hijos, y gracias a ella el mayor pudo concluir los estudios de ingeniería en la misma escuela donde se conocieron sus padres.

Pero Mileva nunca más pudo dedicarse a la ciencia. Murió el 4 de agosto de 1948 en Zurich, Suiza, sumida en la pobreza, siendo sepultada en el cementerio de Northeim Friedhof en Zurich, Tuvieron que quitar su lápida porque nadie pagó los impuestos necesarios

miércoles, 20 de julio de 2016

Fragmento de "La mujer justa" (1941 - Sándor Márai)



«Era fiel hasta con los objetos. Quería guardarlo, conservarlo todo. Ése era su lado burgués, el rostro noble de la burguesía. Quería conservar no sólo los objetos sino todo lo que fuese bello, amable, valioso, sensato… Ya sabes… Quería conservar las costumbres, los modos de vida, los muebles, los valores cristianos, los puentes, el mundo tal como lo habían construido las personas con infinito esfuerzo y dedicación, con su ingenio y su sufrimiento, con sus mentes brillantes y sus manos callosas. Para él todo tenía el mismo valor, amaba el mundo y quería protegerlo de algo. A todo esto los hombres lo llaman cultura.»


El párrafo pertenece a "La mujer justa", obra del novelista húngaro Sándor Márai (1900-1989)


Otras entradas de este blog relacionadas con Sándor Márai:
Sándor Márai - Diarios (fragmentos)

martes, 19 de julio de 2016

Sobre Billy Wilder, Samuel Goldwyn y Nijinsky




"Me encanta contar historias cuando consigo que en una mesa grande todos suelten los tenedores para escucharme. Me imaginaba el público del cine de una manera parecida. También los espectadores debían olvidarlo todo escuchando y mirando: soltar los tenedores. Quizás sea ese el único motivo por el que muchas de mis películas empiezan con una historia que llama la atención."

Son palabras del genial Billy Wilder, uno de los mejores directores de la historia del cine, que de hecho era considerado el maestro de las escenas iniciales, dado el efectismo con el que conseguía atrapar la atención del espectador. Con recordar el inicio de "El crepúsculo de los Dioses" debería bastar para darles la razón. Hoy os traigo una anécdota que nos habla de esa habilidad suya para crear historias.

Billy WIlder y Samuel Goldwyn
"Durante el rodaje de "Bola de fuego" (Howard Hawks - 1941 - Wilder fue el guionista) me encontré al productor Samuel Goldwyn (famoso por sus dislates lingüísticos) en el estudio y me ofreció hacer con él una película. Un par de días más tarde, me presenté en su despacho y le dije que tenía algo para él.

-¿Cuál es el argumento?

-Una película sobre la vida de Nijinski, le dije.

-¿Quién es ese Nijinski?

Así que le conté que había sido el pobre hijo de un campesino que había soñado en convertirse en un gran bailarín. Y se convirtió en el mejor bailarín de la historia...

-¿Y la historia? -Repuso Goldwyn.

Yo le conté cómo Diaghilev descubrió a aquel joven campesino, hermoso y fuerte, en la escuela de ballet. 

-¿Sabe usted quién es Diaghilev? -Le pregunté a Goldwyn.

-¡Ni idea!-. Dijo él.

Le dije que era el mayor empresario del famoso ballet ruso, que vio al joven Nijinsky y se enamoró de él. Goldwyn me interrumpió.

Vaslav Nijinsky en "El preludio a la siesta de un fauno"
-Por favor, dígame, ¿Diaghilev era una mujer?

Yo le dije que no, que era un hombre. A esto repuso Goldwyn:

-¿Qué clase de historia es ésta?¿Dos hombres? ¿Dos maricas? ¡Cállese de una vez, Wilder!

Intenté explicarle que era más que una historia de amor. Le conté cómo Diaghilev convirtió a Nijinsky en la mayor estrella del ballet del mundo. Y cómo empezó la tragedia, cuando Nijinsky, se enamoró de una bailarina y se casó con ella. Diaghilev se enfureció y amenazó con destruir a Nijinsky, que al final se volvió loco. Goldwyn me interrumpió de nuevo:

-Un momento, un momento, hasta ahora tenemos a dos maricas, de los cuales uno además se vuelve loco, ¿y de esto quiere hacer una película? Tengo una mujer a la que quiero y a la que tengo que mantener y tengo un prestigio que no puedo perder. ¡Cállese de una vez, Wilder!

Yo le pedí que me dejara continuar la historia. Un día, Nijinsky fue internado en un sanatorio suizo y allí, llegó al convencimiento de que era un caballo. Desesperado, Goldwyn me miró fijamente:

-¿Un caballo?

-Sí -dije yo-, un caballo. Por las mañanas, cuando abrían las celdas, salía al jardín y galopaba feliz por él.

Al llegar aquí, a Goldwyn se le acabó la paciencia.

Nijinsky montado por Lester Piggott
-¡Un caballo que es marica y que galopa por el jardín! ¡Acabe usted con esta absurda historia! ¡Me está haciendo perder el tiempo!

Yo me levanté y mientras abandonaba el despacho le dije:

-¡Esta bien! Si quiere un happy end, mister Goldwyn, tengo una idea. Nijinsky no sólo cree ser un caballo, sino que además gana el Derby de Kentucky.

Goldwyn cogió un cenicero de su mesa y apuntó hacia mí. Tuve el tiempo justo para cerrar la puerta a mis espaldas."

Todo lo que contaba Wilder sobre Nijinsky era cierto, salvo, obviamente, el disparate de hacerlo ganar el Derby de Kentucky. Bueno... hubo un famosísimo caballo llamado "Nijinsky" en honor al bailarín que fue el primero en ganar la "Triple Corona" en la que se incluye el Derby de Kentucky. La historia viene recogida en una biografía de Wilder: "Nadie es Perfecto" de Hellmuth Karasek y en otra de Goldwyn: "Goldwyn- Una biografía" de Scott Berg,


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Billy Wilder habla sobre Eric von Stroheim
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Wilder y "El toque Lubitsch"
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domingo, 17 de julio de 2016

Fragmento de "El Rey Lear" - (William Shakespeare - 1605)




"La estupidez del mundo es tan superlativa que, cuando nos aquejan las desgracias, normalmente producto de nuestros excesos, echamos la culpa al sol, la luna y las estrellas, como si fuésemos canallas por necesidad, tontos por coacción celeste; granujas, ladrones y traidores por influjo planetario; borrachos, embusteros y adúlteros por forzosa sumisión al imperio de los astros, y tuviésemos todos nuestros vicios por divina imposición. Prodigiosa escapatoria del putero, achacando su lujuria a las estrellas. Mi padre se entendió con mi madre bajo la cola del Dragón y la Osa Mayor presidió mi nacimiento, de donde resulta que soy duro y lascivo. ¡Bah! Habría salido el mismo si me bastardean mientras luce la estrella más virgen de todo el firmamento.»

Son palabras de Edmond en la tragedia "El Rey Lear" de Shakespeare. El fotograma que abre la entrada pertenece a la película "Ran" de Akira Kurosawa, película basada en parte en esta misma obra del escritor inglés.


Otras entradas con fragmentos de obras de Shakespeare en nuestro blog:

sábado, 16 de julio de 2016

¿Cómo era el verdadero rostro de Cervantes?




"Este que veis aquí de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada, las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; este, digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación de Cesar Caporal Perusino, y de otras obras que andan por ahí descarriadas, y quizá sin el nombre de su dueño, llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo; herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlos V, de feliz memoria."


Y si bien es el propio Cervantes, en este autorretrato literario que inserta en el prólogo de sus "Novelas ejemplares" (1613), el que hace referencia (en palabras previas a las que a aquí se citan), a un retrato que debió de hacerle Juan de Jauregui, resulta que no se tiene por veraz el rostro que se nos muestra en el cuadro que abre el texto, cuyo original se considera perdido. El cuadro que hoy nos sirve para imaginar el rostro del insigne escritor incluye una inscripción en su parte superior que reza "Don Miguel de Cervantes Saavedra" y otra inferior con la leyenda"Juan de Iauregui pinxit, año 1600" que han sido motivo de ardua discusión por los expertos que mantienen como error inaceptable la inclusión de ese "Don" que al parecer nunca utilizó Cervantes ni otros al referirse a su persona y el otro motivo de desconfianza es la datación del cuadro en 1600, época en la que Jauregui tan solo habría tenido 16 años. 

Existe otro posible retrato de Cervantes atribuido también a Jauregui en la colección del Marques de Casa Torres (el que se muestra a la izquierda del texto), curiosamente muy diferente al anterior, y que si bien ha sido sometido a un minucioso estudio tampoco ha quedado acreditada de forma definitiva su sutoria. Así que a la espera de que pudiera aparecer ese Jauregui perdido, la visión más fiel que tenemos de Cervantes son sus propias palabras, aquellas con las que describió su figura al inicio de "Las novelas ejemplares", figura que no se si resultará triste o no, pero a la que yo siempre he encontrado cierta semejanza con la que todos hemos adjudicado a su mayor creación, el singular caballero Don Quijote de la Mancha.


viernes, 15 de julio de 2016

Humphrey Bogart y el ajedrez



El duro Humphrey Bogart era un gran ajedrecista, su padre, un prestigioso cirujano, le había enseñado durante unas vacaciones cuando Bogie tenía tan solo 13 años. Lo que empezó como un pasatiempo para matar las horas en la casa familiar de veraneo en el lago Canandaigua mientras no salían a navegar, la otra pasión de Bogart, se convirtió en una intensa y perdurable pasión por el ajedrez. De hecho con el tiempo manifestaría a sus íntimos amigos que si no hubiera sido actor, hubiera sido un ajedrecista que navegaba, o un marino que jugaba al ajedrez.  

Bogart juega al ajedrez en un descanso de  "El tesoro de Sierra Madre"
Pasados los años llegó a tener problemas con su padre debido a su continua expulsión de los colegios en los que estudiaba y las repetidas peleas en las que se iba metiendo cuando empezó su idilio con el alcohol. Su padre intentando meterlo en cintura decidió quitarle la asignación económica, pero Bogart lejos de amilanarse, lo que hizo fue alistarse en la marina y tras ser licenciado  paso a ganarse la vida durante algún tiempo jugando al ajedrez con aficionados por el circuito de bares de Nueva York o con desconocidos por las calles y parques de la ciudad. Evidentemente este modo de vida quedó atrás cuando le llegó el éxito, pero no su desmedida afición por el ajedrez que llegó a estar muy presente en sus películas. En Casablanca aparece alguna que otra vez jugando al ajedrez, tal y como le vemos en la foto que abre esta entrada, también en "Llamad a cualquier puerta" y seguro que en alguna más y no cabe duda que en los descansos de cada una de ellas jugaba al ajedrez con el resto de actores o equipo de la película.  

Dicen que cuando conocía a alguna persona nueva en su vida lo primero que hacía era preguntarle si sabía jugar al ajedrez y si le respondían afirmativamente no paraba de insistir hasta conseguir jugar alguna partida con él. Bogart tenía una prodigiosa memoria, de hecho comentan que le bastaba con leer el guión de una película una vez para saberse su papel de memoria, una herramienta que resulta fundamental a la hora de conseguir un nivel elevado en el juego del ajedrez, en el que no me cabe duda de que no sería un jugador muy dado a plantear sus partidas a la defensiva.

Lauren Bacall terminó siendo una jugadora muy competente y Bogie, ávido de nuevos retos, gustaba de jugar partidas postales contra los marines americanos en ultramar y contra los veteranos en los hospitales militares. Cuando llegaron sus problemas con McCarthy y su vergonzosa caza de brujas, estas partidas provocaron una investigación del FBI que sospechaba que las notaciones de los movimientos que se mandaban por correo podría constituir algún tipo de código secreto. Las paranoias habituales de los americanos. Incluso ya muy enfermo, cuando estaba en el hospital seguía manteniendo partidas telefónicas, como las que tenía con su amado amigo y contrincante Mike Romanoff, con la ayuda de Lauren Bacall, que iba anotando las jugadas propuestas por ambos contrincantes y haciendo las veces de intermediaria.

En definitiva, Bogart era verdadero enamorado de las 64 casillas que justamente llegó a tener una variante con su nombre, el conocido como "Gambito Humphrey Bogart" cuya notación dejo para los los más curiosos.


1.  d4 Cf6 2.g4 (dentro de la variante ataque Trompwski)
2...d5 (Declinado)
2...Cxg4 3.e4 d6 (Aceptado)




Y cerramos con un vídeo de una escena de Casablanca en la que Bogart aparece jugando al ajedrez:




Otros artículos publicados sobre Humphrey Bogart en este blog:

miércoles, 13 de julio de 2016

David Helfgott y la verdadera historia de "Shine" (Scott Hicks - 1996)



El cine tiene la virtud de alumbrar la figura de personas que quedaron injustamente en el olvido, reactualizándolas y dándolas a conocer a la mayoría en todo su esplendor, pero no es menos cierto que a veces también se convierte en un invento endemoniadamente injusto para con otras figuras que tuvieron una vida muchísimo más valiosa y digna de respeto que la que se nos muestra. Un ser malvado viste mucho en pantalla y como decía Hitchcock: "Para mi, el cine son cuatrocientas butacas que llenar", ósea que alguna pequeña injusticia es absolutamente perdonable cuando de vender palomitas se trata. 

En algunas ocasiones con estas licencias artísticas se consigue hacer verdadero arte y además vender muchas palomitas como el famoso caso de "Amadeus" en el que se demoniza la figura de Antonio Salieri, que ya es unánimemente considerado por la mayoría como envidioso asesino de Mozart; poco importa lo que diga la historia, el excepcional talento de aquel músico o la posible amistad que pudiera unirlos dentro de su rivalidad artística (tienen obras firmadas en común), el caso es que a la historia le venía bien un malvado y aprovechando viejas infamias ya superadas sobre la muerte de Amadeus, se les dio alas y ahora Salieri es conocido por muchos, ha ocupado un papel en la historia gracias al cine, pero en vez del merecido por su talento lo ocupa por un crimen que nunca cometió.

Armin Mueller-Sthal da vida al duro padre de David Helfgott 
Una cosa parecida ocurre con otra de las grandes películas de la historia de la música clásica, la esplendorosa "Shine. El resplandor de un genio" (Scott Hicks - 1996), en la que aparte de enamorarnos irremediablemente del Concierto para piano nº 3 de Rachmaninov y del "Nulla in mundo pax sincera" de Vivaldi, de disfrutar de la magistral actuación de Geoffrey Rush (de hecho le valió un Oscar al mejor actor principal), supimos de la azarosa vida del pianista David Helfgott y de la abrumadora presión y tiranía a la que lo sometía su durísimo padre, hasta el punto de desestabilizarlo emocionalmente y provocar que un genio del piano en potencia terminara siendo un enfermo psiquiátrico al que con el tiempo dejan tocar el piano de nuevo por los bares casi por lastima y después como atracción. En la vida real, David Helfgott gracias a la película haría buena caja en numerosos conciertos, más por la mitomanía de ver al personaje que inspiraba el film, que por sus verdaderas cualidades pianísticas que ya se encontraban mermadas tras su problema médico y no eran ni por asomo las de aquel joven prometedor que se atrevió con Rachmaninov.

Geoffrey Rush como David Helfgott
Como ya decía me declaro fan incondicional de esta película y en mi reproductor de dvd tiene ya más vueltas que la noria de una feria, pero el caso es que es tremendamente injusta con la figura del padre del pianista. El director necesitaba de un contrapunto dramático para equilibrar la historia y lo hizo a costa de un padre que merecía mucho más reconocimiento. La verdadera historia la conocimos a través de Margaret Helfgott, pianista profesional al igual que el protagonista del film; esta tras ver la vergonzosa imagen que dieron de su padre, Peter Helfgott manifestó:

"Un día le pregunté a mi padre: 
- ¿Por qué nos enseñaste música a mí y a todos mis hermanos? (el tercer hermano,  Leslie Helfgott, es violinista profesional) y me respondió:
- Si les hubiera dejado dinero y posesiones, las podrían haber perdido. Pero si les daba la música, no importa dónde estuvieran en el mundo, aún si estaban solos y sin dinero, el arte siempre sería su compañero."
Su pasión por la música iba ligada a la idea de que, una vez dominada la técnica, era nuestra, era parte de nuestro ser y ya nadie podría quitárnosla jamás. Por las noches, cuando éramos niños, mi padre llegaba del trabajo y se sentaba con David y conmigo a enseñarnos a tocar el piano, y aunque mi hermano era superior a mí (de hecho llegó a ser un niño prodigio, e incluso tocaba mucho mejor que ahora), los primeros años le costaba mucho trabajo entender las notas de la partitura. Sin embargo, un día, sólo dos años después de su primera lección y ante el asombro de todos nosotros, se sentó al piano y toco la Polonesa heroica de Chopin, una obra muy difícil aun para pianistas consumados. Para un niño de ocho años esto era asombroso y a partir de ahí, David destacó como un verdadero artista tanto en la ciudad donde vivíamos como en otras partes. 
Los verdaderos Peter Helfgott y su hijo David Helfgott
Papa solía decirle a David:
- "Cada nota es como un diamante, es importante que se escuche, no te la saltes, es como una gema preciosa, déjala que brille".
Mi madre, por su parte, me contaba que recibió muchas propuestas de matrimonio:
-Pero yo quería a tu padre y él me quería a mí. Era considerado y servicial: me compraba flores, cargaba mis bolsas, me llevaba a comprar naranjas y luego las exprimía para mí. Me trataba como a una reina...
Le encantaba leer libros de física y astronomía. Leía en yiddish y en polaco, después aprendió inglés y francés para leer a Zola, Flaubert y Rolland; también aprendió ruso para disfrutar de Dostoievski, Tolstoi y Chejov en su lengua natal. Siempre nos enseñaba muchas cosas en una forma amena y natural. Señalaba las estrellas y nos explicaba las distancias en años luz, los nombres y la configuración de las constelaciones, o como estaba construido un átomo, sobre moléculas y protones. Tenía una notable habilidad para explicar las cosas más difíciles de una manera clara y sencilla.
- ¿No es increíble? - Decía con un brillo de emoción en los ojos, cuando nos mostraba algunos dibujos hechos por él, en las que representaban reacciones químicas, o el método científico para partir un átomo...."

El verdadero David Helfgott
No parecen ser las palabras de un hija que hubo de sufrir un padre como el que aparece en "Shine".

Peter Helfgott tenía ciertamente una economía limitada y apenas podía cubrir las necesidades de su familia, y a pesar de ello compró un piano para que sus hijos tuvieran lo que él consideraba una cultura superior. Cuando sus amigos le reprochaban tal dispendio:
_ ¿Cómo puedes salir y comprar un piano cuando no tienes lugar ni para poner la cuna del bebé? - el les explicaba con seguridad absoluta:
- Pero señores: ¡No se puede vivir sin un piano, no se puede vivir sin música!

Ni Peter Helfgott era un ser cruel, que maltrataba emocionalmente a sus hijos y esposas, ni estuvo en ningún campo de concentración. Hay manifestaciones del propio David Helfgott respaldando las palabras antes reseñadas de su hermana en favor de su padre. Y por contra la película olvida que el pianista padecía una esquizofrenia que por supuesto nada tenía que ver con la educación recibida, que fumaba compulsivamente la friolera de seis paquetes de cigarrillos al día y tomaba 25 tazas de café también diariamente.... ¡cómo para no perder los nervios! Y para colmo su esposa en vez de salvarlo del psiquiátrico lo que hizo fue alejarlo de su familia y su entorno.

Evidentemente la historia se parece a la contada en algunos aspectos pero después de ver el maltrato recibido por la figura paterna en la película, solo cabe consolarse con la idea de que Peter Helfgott murió años antes del estreno de la película y no tuvo que sufrir tamaña humillación.



El verdadero David Helfgott tocando "El vuelo del moscardón"



Y un trocito del tercer movimiento del Concierto para piano nº 3 de Rachmaninov que en la película tiene una presencia destacada. Yo personalmente prefiero el inicio del concierto, realmente majestuoso.





Título original: Shine
Año: 1996
Duración: 106 min.
País: Australia
Director: Scott Hicks

Reparto: Geoffrey Rush, Armin Mueller-Stahl, John Gielgud, Noah Taylor, Lynn Redgrave, Sonia Todd, Googie Withers, Nicholas Bell, Chris Haywood

Guión: Jan Sardi
Música: David Hirschfelder
Fotografía: Geoffrey Simpson

Premios
1996: Premios Oscar: Mejor actor (Rush). 7 Nominaciones
1996: Globo de Oro: Mejor actor drama (Rush). 5 nominaciones
1996: 2 premios BAFTA: Mejor actor (Geoffrey Rush) y sonido. 9 nominaciones



El trailer del film:





martes, 12 de julio de 2016

Fragmento de "Desgracia" - J.M. Coetzee - 1999




«Se va apoderando de él un humor gris. No es sólo que no sepa qué hacer consigo mismo. Los acontecimientos del día anterior lo han sacudido hasta lo más profundo de su ser. El temblor, la flojera son únicamente los primeros signos, los más superficiales, de la conmoción. Tiene la sensación de que, en su interior, algún órgano vital ha sufrido una magulladura, un abuso. Tal vez incluso sea el corazón. Por vez primera prueba a qué sabe el hecho de ser un viejo, estar cansado hasta los huesos, no tener esperanzas, carecer de deseos, ser indiferente al futuro. Medio derrumbado sobre una silla de plástico, en medio del pestazo que despiden las plumas de las gallinas y las manzanas medio podridas, entiende que su interés por el mundo se le escapa gota a gota. Tal vez sean precisas semanas, tal vez meses, hasta que se desangre y se quede seco del todo, pero no le cabe duda de que se desangra. Cuando haya terminado será como el despojo de una mosca prendido en una telaraña, quebradizo al tacto, más ligero que una cascarilla de arroz, listo para salir volando con un soplo de aire."

El fragmento pertenece a la novela "Desgracia" (1999) obra del aclamado escritor sudafricano John M. Coetzee, premio Nobel de Literatura en el año 2003. Para ilustrarlo hemos escogido un fragmento de un autorretrato de Lucien Freud datado en 1985.