jueves, 11 de octubre de 2018

Spencer Tracy Vs Harpo Marx


"¿Qué no tengo nada? Mi padre me enseñó a cantar al sol y a las estrellas, me regaló este instrumento con el que hacer música, me enseñó a pescar y me dio brazos y piernas fuertes, y además tenía dieciséis hijos más. ¿Que sabrás tú, pescadito...?"

Spencer Tracy ganó uno de sus premios Oscar por su interpretación del bondadoso marinero portugués Manuel Fidello en "Capitanes Intrépidos" (Captains Corageous -1937). Una película sensacional dirigida por Victor Fleming en la que el mal criado niño de papá, Harvey Cheyne, al que daba vida el actor Freddie Bartholomew, tras caer al mar y ser rescatado por Manuel Fidello recibe las enseñanzas (con palabras sencillas como las que encabezan la entrada) y el cariño que le eran necesarios para convertirse en un jovencito responsable. Para encarnar su papel, Spencer Tracy cambió radicalmente su imagen y su repeinado cabello se convirtió en un ensortijado look lleno de rizos, eso unido a que también tenía que tocar la zanfoña en el transcurso de la película, algo tan raro como lo puede ser un arpa, mientras cantaba aquello de "¡Ay mi pescadito deja de llorar, ay mi pescadito no llores ya más!, hizo que la siempre atrevida Joan Crawford al verlo de tal guisa exclamó: "Oh, Dios mío, si es Harpo Marx".

 Y en cierto sentido, no le faltaba razón… igual hasta guardaba una bocina en su abrigo.


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miércoles, 10 de octubre de 2018

La tortura previa al arte de bailar de puntillas


El ballet no siempre tuvo la apariencia grácil y etérea que presenta en la actualidad, a tal fin fue determinante la revolución que provocó en el mundo de la danza el bailarín y coreógrafo francés Charles-Louis Didelot (1767-1837), que terminó afincándose en Rusia y fundando la escuela de danza rusa. Sus puestas en escenas eran realmente innovadoras y ayudándose de hilos invisibles hacia que las bailarinas volaran sobre el escenario aterrizando grácilmente sobre las puntas de sus pies. El artificio obtuvo tal éxito que generó un nuevo gusto estético en los espectadores y que más tarde llevó a las bailarinas a intentar imitar dicho efecto sin la ayuda de hilos, valiéndose para ello de una nueva modalidad de zapatilla de punta achatada, sobre la que intentaban bailar de puntillas. Además Didelot fue precursor de aligerar la vestimenta de las bailarinas, abogando por el uso de vestidos poco ceñidos al cuerpo que la hacían más etéreas y gráciles a la par que les deba una mayor libertad de movimientos.

En las fotografías se pueden apreciar las consecuencias del duro y doloroso entrenamiento al que se deben someter las bailarinas para conseguir la milagrosa apariencia de caminar sobre las aguas. La fotografía de cabecera es del suizo Henry Leutwyler que durante el 2012 hizo un reportaje sobre el New York City Ballet y la segunda es obra de Darian Volkova. Algunos recordarán aquellas palabras de Lydia, la profesora de ballet de Fama: "Buscáis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar. Con sudor."




Para acompañar esta entrada os dejo un maravilloso ejercicio de danza que en su día nos descubrió la amiga Celia Valdelomar y que vale la pena volver a disfrutar: Alessandra Ferri, Sting y Bach…. ¡Un maravilloso cocktail!!! ¡No os lo perdáis os encantara!!


Click! Y comienza el espectáculo

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martes, 9 de octubre de 2018

Monserrat Caballé y su "De España vengo, soy española"



Ya voy tarde para la despedida de la gran Monserrat Caballé que se nos marchó hace un par de días, una de las grandes divas de la ópera que ha dado este país, del que ha sido una magnifica embajadora y que junto a otros grandes como Domingo, Carreras, Victoria de los Ángeles, Kraus, Pilar Lorengar, Arteta y otros tantos ayudaron a hacer ver al mundo que aquí no solo había toros y flamenco. En este muy breve recuerdo debería poner una de las arias más famosas del repertorio operístico, la maravillosa "Oh Mio babbino caro" que ella cantó como nadie, pero como también fue una infatigable defensora del repertorio español no puedo resistirme a poner una pieza de "El niño judío" (Antonio Paso y Enrique García Álvarez, y música del maestro Pablo Luna) que también ella cantó de forma insuperable y cuyo espíritu y mensaje mantuvo incluso en tiempos recientes en el que ese orgullo de ser española se lo echaban un poco en cara en su Cataluña natal que tanto quiso y tan magníficamente representó. Ya saben esa pieza que dice: 

"De España vengo, soy Española, En mis ojos me traigo luz de su cielo Y en mi cuerpo la gracia de la Manola! De España vengo, de España soy Y mi cara serrana lo va diciendo. Y mi cara serrana lo va diciendo. Que ha nacido en España por donde voy"


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Clint Eastwood dispara a matar


“Verás... El mundo se divide en dos categorías: Los que tienen revólver cargado y los que cavan. Tú cavas”.


Y ya sabemos, que esta frase que Clint Eastwood pronunciaba en "El bueno, el feo y el malo" (1966), el actor la tuvo siempre muy presente y se aseguró de que fueran siempre los demás los que cavaran en sus películas. Después de que las películas del oeste con Sergio Leone y su trilogía del dolar, habían convertido inesperadamente a Eastwood en un actor famoso y seguramente antes de que comenzara su espectacular carrera como director, una joven se le acercó mientras este caminaba por el interior de los platós de la Warner Brothers y agriamente le dijo:

 - "Hace mucho tiempo que quería decirle esto, es un maldito hijo de puta, siempre hace que los mexicanos sean los malos en sus películas y siempre los mata"


El actor seguramente pensó que aquella mujer había cometido dos errores, el primero molestarle durante su paseo y el segundo decir cosas que no eran del todo ciertas. Eastwood, recordó aquella frase suya en la que como "Harry el sucio" (1971) sentenciaba: "Yo no soy racista, odio a todas las razas por igual" y le contestó a la mujer:

- "No se enfade -le decía, como si acabara de echarse sobre el hombro su famoso poncho y escupiera un poco de tabaco de mascar a un lado- también mato a muchas otras personas"


Y es que entre la saga de los spaghetti western, la serie de Harry el Sucio y otras en las que daba vida a personajes realmente rápidos de gatillo, ha resultado Eastwood uno de los actores más letales del cine. Un verdadero filón para los sepultureros. Y ya se podía dar por contenta la airada mujer de que no le contestara como el protagonista de "Sin Perdón" (1992):


“Me llamo William Manny. He matado a hombres. He matado mujeres y niños. He matado todo tipo de seres vivientes. Y hoy he venido a matarte a tí”

Curiosamente, Eastwood decidió perdonarla por sus dos errores, se dio la media vuelta, y se marchó.

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lunes, 8 de octubre de 2018

Lolita, Nabokov y el cine



"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita"

El fragmento pertenece a "Lolita" (1955) la sensacional obra de Vladimir Nabokov que a pesar de narrar la irresistible atracción que ejerce una niña de apenas doce años sobre el ya maduro Humbert Humbert, ha logrado que su valor literario supere las evidentes críticas y controversias que su escabroso contenido es capaz de suscitar. La escritora Laura Freixas lo resumía de forma excelente: “Está escrita de tal modo que consigue hacernos olvidar que está mal violar niñas”.

Stanley Kubrick no tardó en llevarla al cine y para encarnar a Lolita eligió a la joven Sue Lyon, a la que dio el visto bueno hasta el propio Nabokov que hacía de guionista de la adaptación de su novela al cine. Rendido a sus pies quedaría ya por siempre James Mason que sería el actor que encarnaría al sucumbido profesor de poesía Humbert Humbert. La actriz realizaría después otro interesante papel de chica peligrosa en "La noche de la Iguana" (John Huston - 1964), para después ir diluyéndose aceleradamente en papeles de escasa importancia. Fue lo que se dice una estrella fugaz, un juguete roto como tantas otras prometedoras estrellas de usar y tirar al estilo Hollywood. Ellas comentaba al respecto: "Mi destrucción como persona proviene de Lolita. Esa película me expuso a tentaciones a las que ninguna niña de esa edad debía ser sometida. Desafío a cualquier chica bonita a ser catapultada al estrellato a los 14 años y poder mantenerse en ese nivel de ahí en adelante". Pero claro, al final siempre queda Kubrick, y su cine siempre con mayúsculas,  que aquí no es ni un musical, ni una película de gangsters ni del oeste, los géneros preferidos de "Lolita", una enamorada del cine, según contaba el Profesor Humbert en la novela:

"Lo (Lolita) aún tenía verdadera pasión por el séptimo arte (...) Vimos, voluptuosamente, sin discriminación, ciento cincuenta o doscientas películas sólo durante ese año (...) Sus películas favoritas eran, en este orden: las musicales, las policíacas y las del Oeste. En las primeras, cantantes y bailarines reales hacían carreras irreales en un mundo del espectáculo que venía a ser, en esencia, una esfera impermeable a todo lo que representara pena o tristeza, de la cual estaban excluidas la muerte y la verdad y donde, al final, el canoso, inocente y confiado, y técnicamente inmortal, padre de la heroína, reticente al principio a permitir que su hija se entregue a su loca pasión por las tablas, acaba aplaudiendo a rabiar su apoteósico triunfo en el fabuloso Broadway. Las películas policíacas también se desarrollaban en un mundo aparte: en él, heroicos periodistas eran torturados, las facturas telefónicas ascendías a cifras astronómicas y, en un ambiente sano y deportivo, aunque caracterizado por una inepta falta de puntería a la hora de disparar, los malos eran perseguidos por cloacas y almacenes de los más variados artículos por policías de patológica temeridad (mi captura no habría de causar tan extenuante ejercicio). En último lugar estaban los paisajes de tonos pardos, los domadores de caballos salvajes, de rostro rosado y ojos azules, la recatada y hermosa maestra, que llega al pueblo levantado a orillas del rumoroso arroyo, el caballo que se encabrita, la espectacular estampida del ganado, el cristal roto con un vigoroso golpe de revólver, la increíble pelea a puñetazo limpio, las montañas de muebles viejos que sueltan nubes de polvo al romperse, la mesa utilizada como proyectil, el oportuno salto mortal, la mano atada que busca a tiendas el cuchillo de monte caído al suelo, el rugido de la desesperación, el ruido amortiguado del puño al chocar contra la barbilla, la patada en la entrepierna, el hábil salto sobre el contrario para derribarlo al suelo; e, inmediatamente después de recibir una serie de golpes demoledores, que habrían mandado a Hércules al hospital (a estas alturas puedo afirmarlo por experiencia propia), el valiente héroe de la película, en cuya bronceada mejilla no aparece más que la sombra de un morado, lo que le da todavía mayor atractivo, si cabe, abraza a su entusiasmada futura esposa, toda una mujer del Oeste."


Con el vídeo hacemos justicia a Shelley Winters, que no habíamos citado y que hace un papel sensacional como madre de la jovencita en la película, y vemos como presente inocentemente a Lolita al Profesor Humbert, que por supuesto se queda con ellas por las tartas de cerezas:


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domingo, 7 de octubre de 2018

Los globos que sueltas no van al cielo



"Somos un globo lleno de emociones, en un mundo lleno de alfileres"

Eso mantiene una de esas frases lapidarias que nos muestra este internet nuestro por sus rincones, pero el caso es que hoy en día son los globos los que se han convertido en alfileres para nuestro planeta, acosado a diestro y siniestro por los plásticos (entre otras tantas amenazas surgidas de nuestro modo de vida). Ahora empezamos a concienciarnos de que un globo, por muy encantador que parezca, no deja de ser  un plástico más, que no pocas veces, en esas espectaculares sueltas de globos masivas tan socorridas para llenar de color y fiesta un determinado acontecimiento terminan copando el cielo de etéreas motitas de color que se elevan al cielo de forma ciertamente inspiradora, pero que tarde o temprano volverán a caer a tierra, o lo que es más probable al mar, y se convertirán, muy a nuestro pesar, en una amenaza más para los animales y el medio ambiente. Supongo que no podremos negarle un globo a un niño, esta claro que con eso no salvaremos el planeta y además perderíamos historias tan sugerentes como aquellas que nos ofrecía la película "El globo rojo" (1956) de Albert Lamorisse que recomiendo a todos y a la que pertenece la imagen de entrada; pero puede que si podamos buscar otras alternativas a los actos multitudinarios que no fuera la suelta masiva de globos, algo estéticamente muy vistoso pero también muy dañino. Algo seguro que podrá idearse que no cause tantos problemas, ya hay países como Reino Unido que han prohibido estas sueltas masiva de globos. Es un pequeño detalle, pero como decía años atrás la querida Carmen Maura: "Tacita a tacita...."  




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sábado, 6 de octubre de 2018

Marilyn Monroe, sus desnudos y la radio


En el número de diciembre de 1953 de la revista Playboy aparecía Marilyn Monroe desnuda sobre una sábana de terciopelo rojo y como era de esperar resultó un escándalo ciertamente considerable. La sesión de fotografías, tomadas por Tom Kelly, pertenece ya a la mitológia creada alrededor de la actriz y ha sido posteriormente imitada hasta la saciedad por otras actrices, siempre meras aspirantes a brillar como ella. En pleno revuelo, la propia Marilyn fue preguntada si era verdad que había posado totalmente desnuda en aquella sesión. Ella lo negó tajantemente:

"No es cierto que no llevara nada puesto en aquella habitación; tenía puesta la radio"

En la imagen aparece en un fotograma de su película inacabada "Something's Got to Give" y así cambiamos lo explícito por lo sugerente.


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viernes, 5 de octubre de 2018

Imagen Vs Palabras: Poseidón


"Conduciendo su carro a través del mar, Poseidón, dios de los océanos y de los caballos, encarna los dos antiquísimos símbolos del inconsciente: el caballo y el agua. El agua siempre ha evocado en el hombre el misterio del infinito, posibilidades infinitas y peligros infinitos de nuestra conciencia fluida. Al carecer de forma predeterminada propia, está en constante movimiento, nunca cambia y, sin embargo, nunca es la misma en dos momentos sucesivos. Y el caballo personifica en su primitiva potencia los impulsos instintivos de nuestra naturaleza bruta [...]. Poseidón era el más primitivo de los dioses, el que hacía temblar la tierra, el dios de las tormentas y de los terremotos, de la devastación repentina de los maremotos. Los peligros se desatan cuando brotan las fuerzas yacentes que están bajo la superficie de la conciencia."

El fragmente pertenece al libro "Los dioses de Grecia" (1993) obra de la escritora norteamericana de origen griego Arianna Huffington (de soltera se apellidaba Stassinopoulos) y famosa actualmente por ser una de las fundadoras de "The Huffington Post" Por otro lado tenemos como imagen de un posible Poseidón moderno al modelo Patrick Petitjean en una fotografía realizada por Nathaniel Goldberg en 2008 para GQ

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jueves, 4 de octubre de 2018

Hitchcock y el fingimiento de Ingrid Bergman.--


"¿El beso? Un truco encantado para dejar de hablar cuando las palabras se tornan superfluas" (Ingrid Bergman)

Y de eso vamos a hablar, de los trucos de Ingrid Bergman, una de las muchas musas que tuvo a sus órdenes Alfred Hitchcock durante su trayectoria como director. Una mujer que además de poseer una belleza irresistiblemente particular era sin duda una portentosa actriz. Participó en dos de las obras maestras del rey del suspense, nada más y nada menos que las sensacionales"Recuerda" (1945) y "Encadenados" (1946), además de "Atormentada" (1949), una buena película pero inferior a las anteriores.

El caso es que en una de las escenas que debía interpretar a las órdenes de Don Alfredo, Ingrid Bergman no daba con la tecla de cómo enfrentarse a la escena conforme a las técnicas y usos que tenía interiorizados y así se lo dijo al director:

- "No creo que pueda hacerlo naturalmente" y le explicó todos los motivos por los que se encontraba dubitativa y perdida ante aquella escena. Hitchcock la escuchó atentamente e incluso le hacía gestos de asentimiento, para que la actriz se sintiera cómoda y escuchada. Pero una vez terminó de hablar, el director le dio la clave para salvar la situación:

- "De acuerdo, si no puedes hacerlo naturalmente, fíngelo"


Tiempo después Ingrid Bergman reconocería que fue este el mejor consejo que le habían dado a lo largo de toda su carrera sobre el arte de la actuación, que es lo mismo que decir del arte del fingimiento.

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miércoles, 3 de octubre de 2018

El primer "Cuerpo" de Hollywood


"El cuerpo" es un apodo parece que hereditario. En los últimos años era utilizado para referirse a la modelo Elle McPherson y un poco antes (con bastante justicia) para hablar de Raquel Welch, lo que ya es menos conocido es que en la segunda mitad de los años 40, había una actriz y estupenda cantante llamada Marie MacDonald,  olvidada hoy en día para la mayoría, que era conocida como "The body beautiful" y más tarde simplemente como "The body" por sus armoniosas medidas y el look que lucia en la película "Pardon my Sarong" junto a los hilarantes Abott y Costello. Con semejante apodo como carta de presentación ya pueden imaginar que fue una de las pin-ups más famosas entre las tropas norteamericanas durante la Segunda Guerra Mundial, reinando en traje de baño en todas las taquillas de aquellos calenturientos soldados. El caso es que en cierta ocasión un periodista le preguntó a Marie McDonald si no le molestaba ser conocida como "El cuerpo".


"No del todo -contestó ella- Hace tiempo que me di cuenta de que en Hollywood una chica no puede hacer nada si es conocida como "el cerebro"

Pero como imaginan, tener un apodo así en Hollywood pasa factura, y cuando además de tener muchas curvas en la silueta se tienen en la vida privada la cosa no puede terminar bien. En el periodo de 1940 a 1965 se casó siete veces y tuvo una más que nutrida lista de amantes que la tenían continuamente bajo el implacable foco de la prensa amarilla, entre ellos al gangster Bugsy Siegel. Con esta evidente inestabilidad su carrera cinematográfica empezó a resentirse, a lo que además ayudó sus varios accidentes de tráfico, su secuestró por dos hombres, su fuga de un centro psiquiátrico australiano, para finalmente, en 1965, morir prematuramente de una sobredosis de drogas. 


En definitiva, otro juguete roto de Hollywood. 

En la foto de cabecera se la puede ver en una imagen publicitaria de la película "Living in a big way" (1947)

En el siguiente vídeo la oímos en su faceta de cantante con el tema "Embraceable you". Por supuesto el disco se anuncia con un sugerente "El cuerpo canta"



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martes, 2 de octubre de 2018

40 años de "Grease" y de Sandy



Este año es el 40 aniversario de "Grease" (1978- Randal Kleiser) el musical más rentable de la historia del cine y no solo en las taquillas, de hecho su maravillosa banda sonora vendió la friolera de 26 millones de copias y nos ha acompañado a todos en no pocos saraos donde parecía resultar casi inevitable ese momentazo rockerillo en el que a todos, en una u otra ocasión nos ha tocado imitar los bailes y contoneos de Sandy o Danny Zucco

La película, aún hoy, rezuma buen rollo a raudales y resultó toda una mina de oro. Los seis millones de dólares que costó hacerla pronto se convirtieran en diez veces más solo en EEUU y si hablamos de cifras en todo el mundo la recaudación sube hasta los 395 millones de dólares. De hecho, "Grease", ha sido durante un tiempo una de las tres películas más taquilleras de la historia, un ranking en la que solo "Tiburon" (1975 - S. Spielberg) y "La guerra de las galaxias" (1977 - G. Lucas) dieron más dinero. Nadie esperaba que esta aventura de instituto diera tan buen resultado, y por supuesto fue carta de presentación para muchas otras películas de enamoradizos jóvenes que buscaban ahondar en el filón, así llegaron a las pantallas películas como "Desmadre a la americana" (1978), "Porky's" (1981) o "Los incorregibles albóndigas" (1979), aunque con resultados menos espectaculares. "Grease" es punto y aparte en este tipo de cine,  juega en otra liga, por mucho que los dos protagonistas estuvieran ya un poquito creciditos para hacer de estudiantes, por muy repetidores que pudieran ser. Olivia tenía ya 28 añitos y el Travolta 23. No fue mayor problema, todos admitimos con gusto a este pulpo como animal de compañía y aceptamos a sus interpretes como jóvenes estudiantes adolescentes.  

Y si para ellas, la miga estaba en la chulería y el tupe del Travolta, que por aquel entonces era "lo muy muy de lo más más" tras su exitazo como Tony Manero en "Fiebre del sábado noche" y copaba las portadas de las carpetas de todas las jóvenes; los chicos caímos rendidos sin remedio ante la transformación final de la candorosa Sandy, a la que Olivia le revolucionó el pelo y decidió vestirla de cuero negro ajustado para desesperación de todos los que seguíamos con ojos desorbitados todas sus evoluciones y casi deseábamos ser el cigarrillo que apagaba con su zapato, incluido también el personaje de John Travolta. Fue tal el afán de transformarse de Olivia Newton John que cuando le dieron cierta libertad para decidir como sería el radical cambio de Sandy, escogió unos pantalones tan estrechos que llegó a romper la cremallera y hubo que cosérselos puestos para poder terminar la escena en la que cantan aquel sensacional "You're the one that I want" que os dejo más abajo para terminar. 

Como decía Danny Zucco: "Siento escalofríos que se están multiplicando, estoy perdiendo el control..."



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lunes, 1 de octubre de 2018

De cuando Picasso aún no podía comprarse un par de guantes


"Me gustaría vivir como un hombre pobre con mucho dinero" (Picasso)

Y el caso es que con el tiempo, Picasso se hizo un pintor sumamente rico gracias al reconocimiento general y a la elevadísima cotización alcanzada por su obra encontrándose el artista todavía en plenitud creativa, algo que le convertiría en un verdadero mito viviente del arte a imagen de lo que le ocurrió también, antes de morir, a Miguel Ángel. Tan consciente era de su papel en el arte moderno que se ufanaba en decir: "Cuando era un niño mi madre me dijo “si vas a ser soldado, serás general. Si vas a  ser monje, terminarás siendo el Papa”. En lugar de eso, me convertí en pintor y terminé siendo Picasso"

Pero también es cierto que en sus inicios Picasso no estaba sobrado de fondos. En los primeros años del siglo pasado, en aquella época en la que compartía piso con Modigliani en el Bateau-Lavoir y pintaba obras de su periodo azul como "El guitarrista ciego" o los "Saltimbanquis", Picasso tenía para pinturas y poco más, pero a la vez, como todo joven (nació en 1881) tenía una cierta tendencia por aparentar y vestirse a la moda (algo que después creo que dejó un tanto en el olvido) y como quiera que no tenía con qué comprarse el par de guantes que por entonces eran la sensación en el vestuario masculino, llegó a un acuerdo con su amigo Ángel Fernández de Soto, que quedó inmortalizado en el famoso cuadro "El bebedor de absenta", al que como tenía un par de maravillosos guantes le dijo: "Como tú tienes dos, déjame uno". Y así, paseando uno al lado del otro, con una mano esplendorosamente enguantada y la otra desnuda, pero discretamente alojada en el bolsillo del abrigo, paseaban ufanos y risueños por las calles, por supuesto a la última moda…. El tiempo de posar con alpargatas y en calzoncillos, como un rico que vive como si fuera pobre, no había llegado aún.

Por cierto, el cuadrito al que hacíamos referencia, este del "Bebedor de absenta" que tenemos arriba a la derecha, fue vendido en 2010 en Christie's por 42'1 millones de euros. Picasso pensaba de su amigo, que le sirvió de modelo, que era "un gandul divertido" que vivía más para la juerga que para el arte. Y ahí lo tienen preparándose su "hada verde" para brindar por todos nosotros. Si Picasso hubiera pintado también el par de guantes sobre la mesa, seguro que hasta podría haberse cotizado más. 

En la foto de cabecera se puede ver un autorretrato del artista de su periodo azul fechado en 1901. La obra fue pintada poco después del suicidio de su amigo Casagemas, cuando aún Picasso era un desconocido que intentaba abrirse paso en el inmenso París. La calma y serenidad que transfiere la figura del retratado, la austeridad de la obra, junto a su aspecto descuidado y su mostacho de joven bohemio, nos ofrece la imagen de un artista valiente y decidido, dispuesto a encontrar su propio camino pese a todas las dificultades que la vida pueda poner en él; sabedor de que pronto podrá comprar todos los guantes que quiera. La obra se expone en el Museo Picasso de París.

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domingo, 30 de septiembre de 2018

Luis Buñuel y sus "relojes mágicos"




No cabe duda de que todos los directores de cine tienen sus argucias para, de una manera u otra, meter en cintura a su equipo, dicho en otras palabras, de conseguir que se pongan las pilas y den lo mejor de sí mismo durante el rodaje. El aragonés Luis Buñuel (1900-1983), considerado uno de los más importantes y originales directores de la historia del cine, no podía ser menos, aunque su método era toda una puesta en escena "made in Spain"

Según cuentan algunos de los que trabajaron con él, Buñuel solía comprar relojes de cadena baratos o incluso estropeados en los mercadillos por los que pasaba, con la idea de ayudarse de ellos posteriormente cuando empezaba una nueva película.  

Buñuel siempre estaba de allá para acá y lo mismo rodaba una película en México, que en Francia o España y sus equipos, aparte de los indispensables, no solían ser las mismas personas motivo por el que la escenita que ahora contamos parece que la repitió más de una vez. Así, el primer día de rodaje, se echaba uno de aquellos relojes en el bolsillo de la chaqueta y si al comenzar veía que el equipo estaba distraído, no se implicaba lo suficiente o no atendía como él deseaba a sus instrucciones, montaba en cólera y cogiendo el referido reloj lo estrellaba violentamente contra el escenario, tras lo cual y en una súbita calma, como si hubiera hecho algo inadmisible, caminaba a grandes pasos hacia donde había tirado el reloj y tras recogerlo y mirarlo dolorosamente se volvía hacia el resto del equipo y les decía: 

"Ha pasado por todos mis antepasados y me lo regaló mi abuelo antes de morir. ¿Os dais cuenta de lo que me habéis llevado a hacer?

Parece que el ardid le daba resultado y tras ese tenso momento todo el equipo marchaba como un "reloj", suave como la seda, atento a la más mínima indicación del "atribulado" director, que ahora si, era ya el dueño de la situación.

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sábado, 29 de septiembre de 2018

Virginia Woolf y la magia de las Palabras


"Las palabras (...) están llenas de ecos, de memorias, de asociaciones. Han estado por todas partes: en los labios de la gente, en las calles, en sus casas, en los campos, por tantos siglos. Y esa es una de las principales dificultades para escribirlas hoy: están llenas de otros significados, de otras memorias, y han contraído muchos matrimonios famosos en el pasado.(...) En los viejos tiempos, por supuesto, el inglés era una nueva lengua, los escritores podían inventar nuevas palabras y usarlas. Hoy en día, es bastante fácil inventar nuevas palabras -brotan a los labios cuando vemos una nueva vista o tenemos una nueva sensación- pero no podemos usarlas porque el inglés es una lengua vieja. No se puede usar una palabra nueva en un lenguaje viejo por el hecho tan obvio pero siempre misterioso de que una palabra no es una entidad distinta y separada, sino parte de otras palabras. En efecto, no es una palabra hasta que no es parte de un enunciado. Las palabras pertenecen las unas a las otras (...) -Las palabras- Son la más salvaje, libre, la más irresponsable, la más inenseñable de todas las cosas. Por supuesto, puedes atraparlas y distribuirlas y colocarlas en orden alfabético en los diccionarios. Pero las palabras no viven en diccionarios. Viven en la mente. Si se quiere una prueba de ello, que se considere cuán seguido, en momentos de emoción, cuando más necesitamos las palabras, no encontramos ninguna. Y sin embargo, ahí está el diccionario; ahí, a nuestra disposición, está medio millón de palabras, todas en orden alfabético. Pero, ¿podemos usarlas? No, porque las palabras no viven en diccionarios, viven en la mente.  Mira una vez más al diccionario. Ahí, más allá de toda duda, yacen obras más espléndidas que Antonio y Cleopatra, poemas más amorosos que la Oda al ruiseñor, y novelas junto a las cuáles Orgullo y prejuicio o David Copperfield son garabatos crudos de amateurs. Es sólo cuestión de encontrar las palabras correctas y ponerlas en el orden adecuado. Pero no podemos hacerlo porque no viven en diccionarios; viven en la mente. ¿Y cómo viven en la mente? En forma extraña y variada, en gran parte como los seres humanos, deambulando de aquí para allá, enamorándose, juntándose. Es cierto que están menos atadas por la ceremonia y la convención que nosotros. Las palabras de la realeza se juntan con las comunes. Las palabras inglesas se casan con las francesas, las alemanas, las indias, las negras, si así lo quieren.

(...) Unas cuantas reglas triviales de gramática y ortografía es cuanta mordaza podemos ponerles. Todo lo que podemos decir sobre ellas, conforme nos aparejamos con ellas a la orilla de esa caverna honda, oscura y apenas iluminada en la que viven -la mente-, todo lo que podemos decir de ellas que es que parece gustarles la gente que piensa antes de usarlas, y que siente antes de usarlas, pero no piensa y siente sobre ellas, sino sobre algo completamente diferente. Son altamente sensibles, y fácilmente se incomodan y apenan. No les gusta que se discuta su pureza o impureza. Si se abriera una Sociedad por el Inglés Puro, mostrarían su resentimiento iniciando otro inglés impuro, y de ahí la antinatural violencia de gran parte del discurso moderno, en protesta contra los puritanos. Son muy democráticas, también. Piensan que una palabra es tan buena como la otra, y las palabras mal educadas tan buenas como las educadas, y las incultas tan buenas como las cultas: no hay rangos ni títulos en su sociedad. Tampoco les gusta ser elevadas en el punto de una pluma y examinadas por separado. Se pasean juntas, en enunciados, en párrafos -a veces en páginas enteras a la vez. Odian ser útiles, odian hacer dinero, odian que se les den lecciones en público. En pocas palabras, odian cualquier cosa que les estampe un significado o las confine a una actitud, pues su naturaleza es cambiar.

Quizá esa sea su mayor peculiaridad: su necesidad de cambio. Es porque la verdad que tratan de atrapar tiene muchos tamaños, y la transportan adquiriendo muchos tamaños, corriendo para aquí, luego para allá. Por eso, significan una cosa para una persona, otra cosa para otra persona; son ininteligibles para una generación, directas como una lanza para la siguiente. Y es por esta complejidad, este poder para significar distintas cosas para distintas personas, que sobreviven. Quizás, entonces, una razón por la que no tenemos un gran poeta, novelista o crítico que escriba hoy es que nos negamos a permitir a las palabras su libertad. Las encajamos en un significado, su significado útil, el significado que nos hace llegar al tren, el que nos hace pasar el examen."

Hace ya tiempo, nuestra amiga Celia Valdelomar Codejón ya publicó en esta página un extracto de este magnífico texto de Virginia Woolf que fue la contribución que hizo la escritora inglesa en 1937 a la serie de la BBC  "Las palabras me fallan" (Words fail me). El ensayo creo que tiene como título original "Craftmanship" (Artesanía) y puede encontrarse en "La muerte de la polilla y otros ensayos".

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viernes, 28 de septiembre de 2018

"Un bel dí, vedremo" - Madame Butterfly


La opera no es plato de agrado para la mayoría, pero incluso sus más acérrimos detractores suelen rendirse ante la suprema belleza de algunas de sus arias. Es lo que ocurre con "Un bel dì, vedremo", un aria perteneciente a la ópera "Madama Butterfly" de Giacomo Puccini. Es sin duda el aria más famosa de esta sensacional opera y en ella Butterfly ("Cio-Cio-San"), una joven geisha que se ha casado con un teniente de la marina un tanto egoísta y cobarde, el señor Pinkerton, le expresa a su criada Suzuki la esperanza de que su marido regrese después de que hayan pasado ya tres años desde su marcha. Para todos es evidente la desfachatez del marinerito, pero ella sigue contando las horas, inocente y obstinada en su amor. La canción no es más que una recreación de cómo imagina Cio Cio San ese encuentro feliz. Poner más palabras es retardar el disfrute de la obra así que os dejo la letra traducida y pasamos a oírla en la voz de Angela Georghiu, una de las grandes voces actuales (que no es bueno quedarnos siempre en María Callas y dejar todo lo demás de lado)

Un bello día veremos
levantarse un hilo de humo
en el extremo confín del mar.
Y después aparece la nave.
Y después la nave es blanca.
Entra en el puerto, truena su saludo.
¿Ves? ¡Ha venido!
Yo no voy a buscarlo, yo no.
Me pongo ahí, en lo alto de la colina
y espero, espero mucho tiempo.
Y no me importa la larga espera.
Y, salido de entre la multitud de la ciudad,
un hombre, un pequeño punto,
sube por la colina.
¿Quién será?, ¿quién será?
Y cuando esté aquí,
¿qué dirá?, ¿qué dirá?
Llamará: - Butterfly- desde lo lejos;
yo sin responder.
Estaré escondida.
Un poco por bromear,
y un poco por no morir
al primer encuentro.
Y él, un poco ansioso,
llamará, llamará;
“Pequeñita, mi pequeña esposa, perfume de verbena”,
los nombres que solía llamarme.
Todo esto sucederá,
te lo prometo.
Guárdate tus temores,
¡yo con segura fe lo espero!"




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jueves, 27 de septiembre de 2018

Miguel Ángel, el David y los poderosos



"El mayor peligro para la mayoria de nosotros no es que nuestra meta sea demasiado alta y no la alcancemos, sino que sea demasiado baja y la consigamos" (Miguel Ángel Buonarroti)

Y no cabe duda de que Miguel Ángel no era precisamente de los que se ponían las cosas fáciles a si mismos. El David es buena prueba de ello, una obra de más de cuatro metros de altura que por su cabezonería y la osadía propia de la juventud de un genio habría de nacer de un bloque de mármol ya comenzado y abandonado durante años por otros escultores que lo daban por imposible para abordar una nueva obra.

En Florencia, tras los Médicis y la convulsa caída de Savonarola, tomó el poder Piero Soderini, que se convirtió en "gonfaloniere" de justicia vitalicio en un intento de lograr acabar con la inestabilidad de la República florentina. Soderini se convirtió en la máxima autoridad de Florencia, con un poder comparable al de los Signori de Médicis. Y en esta época en la que el que cortaba el bacalao era el tal Soderini surgió el encargo al joven Miguel Ángel de la ejecución del David.

El caso es que Piero Soderini, cuando fue a ver como marchaba la escultura encargada se mostró muy crítico con el tamaño de la nariz y así se lo hizo saber al escultor. Miguel Ángel sabedor del poder de Soderini, decidió no entrar en polémicas con él. Se limitó a mirar fijamente la nariz de su escultura, que él sabía perfecta, y tras unos segundos de aparente reflexión tomó disimuladamente un puñado de polvo de mármol en su mano, se subió decididamente a los andamios hasta enfrentarse al rostro del David (la escultura mide cuatro metros), y allí simuló que daba ligeros golpes en la nariz de la escultura, mientras que dejaba caer algo del polvo que guardaba en su mano, pero sin tocar en ningún momento su obra, que quedó exactamente como estaba.

Tras esta simulación se dirigió a Piero Soderini y le dijo:
-Mirad ahora.
-Ahora me gusta mucho más
–dijo Soderini- le habéis dado vida.

Entonces, Miguel Ángel bajó y río silenciosamente.

La soberbia del poder ha cambiado poco cinco siglos después.


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miércoles, 26 de septiembre de 2018

Jack Nicholson: El Joker que ríe primero ríe mejor



En estos días que se han filtrado las primeras imágenes de Joaquin Phoenix dando vida al nuevo Joker, todo son comparaciones y comentarios acerca de si el look que presenta está a la altura de las caracterizaciones que en su día tuvo el personaje con Heath Ledger, Jared Leto o Jack Nicholson.

Ya el maquillaje de Heath Ledger fue un tanto conceptual y a mi juicio toda la fuerza del personaje vino de la vida que supo darle el actor, de la contradictoria sombra con la que supo vestirlo. A ese respecto no me cabe duda de que Joaquin Phoenix tiene los recursos actorales de sobra para no andar "En la cuerda floja" con este Joker  y sentirse "Cómodo" en su piel. Pero hoy de quien quería hablar era del Joker de Nicholson, que para no pocos "Jokermaníacos" es la mejor de las caracterizaciones de este personaje hasta ahora, en dura competencia con Ledger, todo hay que decirlo. Y es que si alguien pudo reírse a gusto con este papel hasta desencajar la mandíbula fue él. De hecho todavía tiene que estar riéndose.

Ya tenía Nicholson dos Oscar cuando le ofrecieron meterse en el traje del Joker. Por aquel entonces, su cache como actor, el salario que demandaba en cada película, era imposible de asumir por los productores, que a pesar de ello sentían que era el actor adecuado para dar fuerza a la película "Batman" (1989 - Tim Burton) con su histrionismo a veces desbocado. Solo quedaba buscar un acercamiento. Un yo te doy tu me das. Así, después de duras negociaciones, y de ir en contra del consejo de sus propios abogados, Nicholson siguiendo su instinto, accedió a rebajar sustancialmente su salario inicial, pero con unas condiciones algo inusuales. No solo quería poder decidir sobre la hora a la que comenzaba a rodar cada día o tener libre los días que jugara su equipo de baloncesto, Nicholson se aseguró por contrato un 10% sobre de los beneficios que pudiera arrojar no solo esa película, sino también sobre sus posibles secuelas y su merchandising. 

Su corazonada le salio redonda. "Batman", una película que sentaría las bases del cine de superhéroes, costó solo 40 millones de dólares pero recaudó diez veces más, lo que provocó que cuando la película se retiró de la cartelera, Nicholson ya había ganado la friolera de entre 50 y 60 millones de dólares. Y todavía quedaban por estrenarse "Batman Returns" (Tim Burton - 1992), "Batman Forever" (1995 - Joel Schumacher) además de "Batman y Robin" (1997 - Joel Schumacher), que aun cuando Nicholson ya no actuara en ellas, seguían rindiéndole beneficios. Las películas, aunque no tanto como la primera,  funcionaron de maravilla en taquilla, lo que hizo a nuestro Joker inmensamente rico con bastante más de 100 millones de dólares en su bolsillo por la astucia y acierto que tuvo a la hora de firmar el contrato de marras. Ahora uno entiende a la perfección como podía presentar aquella sonrisa tan amplia. Sin duda, este astuto Joker ya sabía lo que iba a pasar. 

Seguro que por mucho que cobre Joaquin Phoenix, se sentirá mal pagado en comparación.



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martes, 25 de septiembre de 2018

Cyd Charisse: La tentación verde


Cyd Charisse fue una de las grandes diosas de los tiempos dorados del cine. Sus piernas eran legendarias, tanto que en 2001 llegó a aparecer en el libro Guinness de los records en el apartado "Piernas más valiosas", y es que en 1952 firmó un seguro por valor de 5 millones de dólares para protegerlas, dejando muy por detrás el hito de su antecesora en tal cuestión, la conocida como "la chica de las piernas del millón de dólares" que no era otra que Betty Grable


Pero más allá de la belleza estaba el talento, Charisse poseía unas  dotes extraordinarias de bailarina que la hicieron aparecer en algunos de los musicales más gratamente recordados de los que se hicieron en la época dorada de Hollywood, como por ejemplo "Cantando bajo la lluvia" (Stanley Donen - 1952), una película perfecta en la que para colmo, en medio de tanta diversión y alegría, aparece nuestra Cyd Charisse vestida de verde, dando vida a una devorahombres que vuelve loco al genial Gene Kelly y que con solo levantar una pierna paró el mundo por un instante e hizo a todos pensar en verde aunque no hubiera cerveza cerca. Nunca una sola escena tuvo tanto impacto, su personaje no tenía ni siquiera nombre pero nadie deja de hablar de ella cuando acaba la película, tanto entonces como ahora. Con Kelly también grabó "Brigadoon" (Vincente Minelli - 1954), pero antes rodó la sensacional "Melodías de Broadway 1955" (Vincente Minelli - 1953) en la que la tentación esta vez se vistió de rojo y se marcó un baile sencillamente espectacular con Fred Astaire -que incluimos al final de esta entrada- quien con razón la definía en sus memorias como "una hermosa dinamita".

Con Astaire también rodó la deliciosa película "La Bella de Moscú" (Rouben Mamoulian - 1957); y si la Garbo pudo reír cuanto quiso como Ninotchka, desde luego nunca llegaría a ponerse unas pecaminosas medias de seda, símbolo de todo lo malo del capitalismo, con la magia de la que era capaz Cyd Charisse que en esta película estaba sencillamente preciosa. Fred Astaire terminó sentenciando: "Cuando bailas con Cyd sabes lo que es bailar", todo un cumplido viniendo de alguien tan exigente y perfeccionista como él.

Poniendo de ejemplo a esta estupenda actriz, queríamos comentar lo rocambolesco que a algunas veces puede resultar el conseguir un nombre artístico. Cyd Charisse se llamaba en realidad Tula Ellice Finklea, pero desde muy pequeña su hermano menor le puso el apodo de "Sid" (parece que derivado de "sister) algo que en principio quedó en el olvido. Con el tiempo llegó a participar en los exigentes ballets rusos del famoso Sergei Diaghilev y evidentemente aunque hubiese nacido en Texas, tenía que presentarse con un nombre artístico a modo, con lo que pasó a ser conocida como "Felia Sidorova" y en otras ocasiones como "María Istomina". No tardaría en casarse con su profesor de baile Nico Charisse y cuando decidió dar el salto al cine, a pesar de empezar con el nombre de Lily Norwood, al ver el potencial que tenía aquel bellezón, que bailaba como los ángeles, los directivos de la MGM la instaron a cambiar de nombre, proponiendo ella misma llamarse "Sid" como la apodaba su hermano y "Charisse" por el apellido de su marido y que en esos momentos era también el suyo. La cosa quedó cerca y los directivos de los estudios solo introdujeron un ligero cambio, se llamaría "Cyd Charisse". La tentación verde ya tenía nombre.




En Melodías de Broadway 1955 con Fred Astaire: 



En "Cantando bajo la lluvia" con Gene Kelly 



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lunes, 24 de septiembre de 2018

Imágenes Vs Palabras: Los payasos



"Se resistían a hablar de sí mismos, y tardé un tiempo prolongado y tedioso en reunir incluso los contornos de sus historias. Es cierto que me aceptaron enseguida en la vida del circo, pero nunca sentí que perteneciera del todo a su ambiente, como si el pacto mediante el cual ellos se sentían obligados a cuidarme no exigiera nada más allá de lo esencial"

Las palabras pertenecen al libro "Regreso a Birchwood" (1973), obra del escritor irlandés John Banville (Premio Booker en 2005 por "El mar"). Por su parte la imagen, titulada "Dos payasos entre bastidores" (1940), corre a cargo del fotógrafo estadounidense, de origen alemán, John Gutmann (1905-1988) que obtuvo cierta fama por su forma de captar la vida cotidiana de la gente durante la Gran Depresión de los años 30. Perteneció en su juventud al grupo expresionista "Die Brücke" (El puente) que pretendía romper con todo el azúcar de la trasnochada Belle Époque y hubo de marchar de Alemania en 1933 por su condición de judío.  Otro fichaje más para los Estados Unidos. La música que cierra este triángulo corre a cargo de la voz perlina de Luciano Pavarotti que canta, como no puede ser de otra manera en esta entrada, la famosa aria "Vesti la giubba" de la opera "Pagliacci" de Leoncavallo, un pieza maravillosa en la que se cuenta el momento en que un payaso, a pesar de encontrarse totalmente derrumbado tras descubrir la infidelidad de su esposa, ha de ponerse el traje de payaso y pintar su cara de blanco para hacer reír al publico que le espera bajo la carpa del circo: "Ponte el traje y empólvate el rostro. La gente paga y aquí quiere reír, y si Arlequín te roba a Colombina, ¡ríe, Payaso, y todos te aplaudirán! Transforma en bromas la congoja y el llanto; en una mueca los sollozos y el dolor"

Freddie Mercury hubiera dicho "The show must go on"

"Vesti la giubba" con subtítulos en español:


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domingo, 23 de septiembre de 2018

Imágenes Vs Palabras: El viento



La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar.
Hace vibrar árboles, ropas,
abrasa espigas, hojas secas,
acuna en su oleaje los objetos
que duermen en la playa.

La poesía es como el viento,
o como el fuego, o como el mar:
da apariencia de vida
a lo inmóvil, a lo paralizado.
Y el leño que arde,
las conchas que las olas traen o llevan,
el papel que arrebata el viento,
destellan una vida momentánea
entre dos inmovilidades.

Los versos son del poeta español José Hierro  -Premio Cervantes en 1998- y son un fragmento de un poema titulado "Teoria"  recogido en el "Libro de las alucinaciones" 1964. A a sus palabras se opone o las complementa una imagen de Henk Jonker (1912-2002), un fotógrafo holandés, habitual de publicaciones tan prestigiosas como "Time" o "Der Spiegel", y muy elogiado por su acierto en la forma en la que sabía capturar la esencia de la gente común y los pequeños momentos. La imagen tiene por título: "Laundry blowing in the wind" - Volendam, 1947 

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sábado, 22 de septiembre de 2018

Las plataformas de Humphrey Bogart



“Cada uno tiene su destino, para bien o para mal.” (Rick Blaine en "Casablanca")

Y el destino de Bogart en "Casablanca" (Michael Curtiz - 1942) era crecer milagrosamente. No cabe duda de que para conservar la magia de algunas películas hay anécdotas que sería mejor no contar pero... ¡quién se resiste! Ya saben que antiguamente en el cine se intentaba emparejar a las estrellas de modo que el hombre fuera un poco más alto que la actriz que le acompañaba. Esa es la sensación que se nos transmite también en las escenas de la mítica "Casablanca" en las que Humphrey Bogart coincide en el mismo plano con Ingrid Bergman


Ya decíamos ayer que en el cine todo es mentira o  al menos, jugando un poco con aquellos versos de Calderón: un frenesí, una sombra, una ficción... y es que el bueno de Bogart era en realidad unos centímetros más bajo que Ingrid. En algunas páginas para exagerar la anécdota afirman que Bogie medía solo 1'60 y la Bergman 1'80, pero la realidad es que la diferencia no era tan acusada y a los 172 cm. del actor, ella respondía con 175 centímetros de pura belleza "made in Sweden". Ciertamente la pareja tenía glamour, pero el efecto no hubiese sido el mismo con un galán que mirase hacia arriba a su partenaire, así que no quedaba otra; había que buscar una solución fuera como fuese para cumplir con lo que esperaba el público, de modo que al duro de Bogart no le quedó más remedio que someterse a filmar todas las escenas en las que coincidía con la Bergman subido a unas plataformas de aproximadamente 15 centímetros. A la derecha pueden ver los rudimentarios suplementos que hicieron de Bogart todo un hombretón. Y ahora, olvídense del dichoso método Stanislavski  y otras zarandajas sobre la técnica actoral. ¿Cómo diantres se consigue poner cara de tipo duro subido a esas plataformas? Yo al menos me sentiría tremendamente ridículo. Aunque también es cierto que yo no soy Bogart…. Sin duda, y solo por esto, Rick se merecía un Oscar.

Ahora, seguro que esta escena tiene un puntito diferente:




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viernes, 21 de septiembre de 2018

"Si me dejas caer, te mataré, cabrón"



Una de las incógnitas que siempre ha tenido el buen aficionado al cine mudo es saber qué se dirán realmente los actores entre ellos cuando hablan en las imágenes de una película muda. Es evidente que aprenderse unas líneas de texto que no se van a oír no tiene sentido alguno en una época en la que lo importante era la credibilidad que los actores supieran transmitir con sus gestos y no con sus palabras. ¿Qué podría estar diciéndole John Gilbert a Greta Garbo para tenerla tan rendida como aparece en las fotos  de "El demonio y la carne" (1926 - Clarence Brown) que acompañan esta entrada?

El caso es que siempre hay alguien que sabe leer los labios y llegar a entender que se hablan entre si las personas aun sin oírlas (que se lo digan a los políticos, lo bien que han aprendido a ocultar sus labios tras la palma de su mano), de esta forma se cuenta que en una película muda en la que el galán de turno llevaba en brazos a una damisela totalmente rendida por la pasión, se podía leer en los amorosos labios de ella: "Si me dejas caer, te mataré, cabrón", pero eso si, con una gesto que parecía estar declarándole apasionadamente su adoración o algo parecido a un "haz conmigo lo que quieras". Y es que ya saben: "En el cine todo es mentira".



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jueves, 20 de septiembre de 2018

La presentación de "El padrino"



"Don Vito Corleone era un hombre a quien todos acudían en demanda de ayuda, y nadie salía defraudado. Nunca hacía promesas vagas ni se excusaba alegando que sus manos estaban atadas por fuerzas más poderosas que él mismo. No era necesario que uno fuera amigo suyo, como tampoco tenía importancia que uno no tuviera medios de devolverle el favor. Sólo existía una condición: que uno, uno mismo, proclamara su amistad hacia él. Y luego, por pobre que fuera el suplicante, Don Corleone asumía sus problemas y no se concedía descanso hasta haberlos solucionado. ¿Su premio? La amistad, el respetuoso título de "Don", a veces el más íntimo de "Padrino", y tal vez, sólo en prueba de agradecimiento y nunca con ánimo de lucro, algún que otro regalo, como una botella de vino casero o una canasta de taralles hechas especialmente para ser saboreadas en la mesa de Don Corleone el día de Navidad. Así pues, sólo se trataba de pruebas de amistad, una forma de reconocer que se estaba en deuda con él y que Don Vito, en cualquier momento, tenía el derecho de pedir, en pago, cualquier pequeño servicio que precisara."

Así nos presentaba Mario Puzo, en su novela "El padrino" (1969) a Don Vito Corleone, uno de los personales más sobresalientes de la historia del cine. No cabe duda de que la película logró captar la atmósfera del texto. Una gran película.

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