lunes, 8 de octubre de 2018

Lolita, Nabokov y el cine



"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta. Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, cuando estaba derecha, con su metro cuarenta y ocho de estatura, sobre un pie enfundado en un calcetín. Era Lola cuando llevaba puestos los pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos fue siempre Lolita"

El fragmento pertenece a "Lolita" (1955) la sensacional obra de Vladimir Nabokov que a pesar de narrar la irresistible atracción que ejerce una niña de apenas doce años sobre el ya maduro Humbert Humbert, ha logrado que su valor literario supere las evidentes críticas y controversias que su escabroso contenido es capaz de suscitar. La escritora Laura Freixas lo resumía de forma excelente: “Está escrita de tal modo que consigue hacernos olvidar que está mal violar niñas”.

Stanley Kubrick no tardó en llevarla al cine y para encarnar a Lolita eligió a la joven Sue Lyon, a la que dio el visto bueno hasta el propio Nabokov que hacía de guionista de la adaptación de su novela al cine. Rendido a sus pies quedaría ya por siempre James Mason que sería el actor que encarnaría al sucumbido profesor de poesía Humbert Humbert. La actriz realizaría después otro interesante papel de chica peligrosa en "La noche de la Iguana" (John Huston - 1964), para después ir diluyéndose aceleradamente en papeles de escasa importancia. Fue lo que se dice una estrella fugaz, un juguete roto como tantas otras prometedoras estrellas de usar y tirar al estilo Hollywood. Ellas comentaba al respecto: "Mi destrucción como persona proviene de Lolita. Esa película me expuso a tentaciones a las que ninguna niña de esa edad debía ser sometida. Desafío a cualquier chica bonita a ser catapultada al estrellato a los 14 años y poder mantenerse en ese nivel de ahí en adelante". Pero claro, al final siempre queda Kubrick, y su cine siempre con mayúsculas,  que aquí no es ni un musical, ni una película de gangsters ni del oeste, los géneros preferidos de "Lolita", una enamorada del cine, según contaba el Profesor Humbert en la novela:

"Lo (Lolita) aún tenía verdadera pasión por el séptimo arte (...) Vimos, voluptuosamente, sin discriminación, ciento cincuenta o doscientas películas sólo durante ese año (...) Sus películas favoritas eran, en este orden: las musicales, las policíacas y las del Oeste. En las primeras, cantantes y bailarines reales hacían carreras irreales en un mundo del espectáculo que venía a ser, en esencia, una esfera impermeable a todo lo que representara pena o tristeza, de la cual estaban excluidas la muerte y la verdad y donde, al final, el canoso, inocente y confiado, y técnicamente inmortal, padre de la heroína, reticente al principio a permitir que su hija se entregue a su loca pasión por las tablas, acaba aplaudiendo a rabiar su apoteósico triunfo en el fabuloso Broadway. Las películas policíacas también se desarrollaban en un mundo aparte: en él, heroicos periodistas eran torturados, las facturas telefónicas ascendías a cifras astronómicas y, en un ambiente sano y deportivo, aunque caracterizado por una inepta falta de puntería a la hora de disparar, los malos eran perseguidos por cloacas y almacenes de los más variados artículos por policías de patológica temeridad (mi captura no habría de causar tan extenuante ejercicio). En último lugar estaban los paisajes de tonos pardos, los domadores de caballos salvajes, de rostro rosado y ojos azules, la recatada y hermosa maestra, que llega al pueblo levantado a orillas del rumoroso arroyo, el caballo que se encabrita, la espectacular estampida del ganado, el cristal roto con un vigoroso golpe de revólver, la increíble pelea a puñetazo limpio, las montañas de muebles viejos que sueltan nubes de polvo al romperse, la mesa utilizada como proyectil, el oportuno salto mortal, la mano atada que busca a tiendas el cuchillo de monte caído al suelo, el rugido de la desesperación, el ruido amortiguado del puño al chocar contra la barbilla, la patada en la entrepierna, el hábil salto sobre el contrario para derribarlo al suelo; e, inmediatamente después de recibir una serie de golpes demoledores, que habrían mandado a Hércules al hospital (a estas alturas puedo afirmarlo por experiencia propia), el valiente héroe de la película, en cuya bronceada mejilla no aparece más que la sombra de un morado, lo que le da todavía mayor atractivo, si cabe, abraza a su entusiasmada futura esposa, toda una mujer del Oeste."


Con el vídeo hacemos justicia a Shelley Winters, que no habíamos citado y que hace un papel sensacional como madre de la jovencita en la película, y vemos como presente inocentemente a Lolita al Profesor Humbert, que por supuesto se queda con ellas por las tartas de cerezas:


Las imágenes han sido tomadas de las siguientes páginas:
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