lunes, 8 de enero de 2018

Una Eva para Cecil B. DeMille



En plenos años 40, cuando el cine mudo había sido totalmente superado e incluso Charles Chaplin, que había resistido admirablemente algún tiempo con algunas películas mudas de su inmortal Charlot, hubo de rendirse a la evidencia del fin, uno de los profetas del cine pasado y del futuro de entonces, un tal Cecil B. DeMille (la misteriosa B. es Blount) empezó a preparar un nuevo proyecto que como no podía ser de otra manera bebía de la Biblia. DeMille, que era hijo de un pastor episcopaliano, tenía querencia por las Sagradas Escrituras y así nos dejó obras como "Rey de Reyes" (1927), "Sansón y Dalila" (1949) o las dos versiones de "Los 10 mandamientos" una de 1923 y la más conocida de 1956 con Charlton Heston como protagonista. El caso es que en esos momentos parece que el director quería empezar a contar todo desde el principio y le puso proa a la historia de "Adan y Eva". Cuando la noticia empezó a correr por los mentideros de Hollywood, una vieja diva del cine, ya prácticamente olvidada y a la que el sonoro había dejado en el dique seco, se presentó ante el director vestida como si fuera una jovencita candorosa buscando hacerse con el papel. Pero Hollywood era y es una ciudad cruel, especialmente con las mujeres entraditas en años y esta vez no iba a ser distinta; cuando DeMille supo de las intenciones de la actriz y vio como el traje que llevaba y sus afeites no lograban disimular su edad, soltó una sonora carcajada y le dijo:

"En efecto, querida, voy a rodar un filme sobre Adán y Eva, pero no con el reparto original"  

La película no llegó a rodarse finalmente, la actriz, antes una diosa, supo que le había llegado su ocaso y DeMille siguió a lo suyo, que era darle vida al cartón piedra, como Dios manda. La foto, poco tiene que ver directamente con la anécdota, pero si algo de refilón, el fotograma pertenece a la película de Billy Wilder  "El ocaso de los Dioses", en la que se nos cuenta la historia de una actriz crepuscular, Norma Desmond (Gloria Swanson) que en el mismo film se entrevista con el gran Don Cecilio (que hace de él mismo) buscando rememorar glorias pasadas.  

He leído esta anécdota referida también al director Leo McCarey (en el libro "Sucedió en Hollywood"). La versión aquí reseñada toma como punto de partida una entrada de la revista "Historia y Vida"

La foto ha sido tomada de la página Doctor Macro: http://www.doctormacro.com/index.html