miércoles, 1 de agosto de 2018

Churchill y los venenos



A primera vista podría parecer imposible que ese mozalbete vestido fastuosamente con el uniforme del Cuarto Ejercito de Húsares del Ejercito Británico sea Sir Winston Churchill, pero todos hemos tenido 20 años de los que presumir y él aquí tenía 21. El tiempo se encargaría de "esculpir" su figura hasta convertirlo en el hombre de "gran presencia" que todos recordamos.

El bueno de Churchill tenía más salidas que una plaza de toros y de ello puede dar fe Nancy Witcher Langhorne Astor -la primera mujer que accedió a la Cámara de los Comunes-. Cuando Churchill hubo de acompañar a Lady Astor a visitar a los Duques de Marlborough en su Castillo de Blenheim, las relaciones entre ellos eran ciertamente tensas y se habían llegado a reconocer mutuamente como enemigos públicos. En un momento en el que la paciencia ya se estaba agotando, Lady Astor le dijo a Churchill:

- Si usted fuera mi marido yo le daría veneno en el desayuno. 

Churchill, como siempre agudo e ingenioso, le respondió, sin sangre, ni sudor ni lágrimas: 

- Señora, si usted fuera mi esposa yo no dudaría en tomármelo”.

Amigo de los placeres de la vida, en cierta ocasión Winston se encontró con uno de sus mejores mariscales de campo en la Segunda Guerra Mundial, el singular Bernard Law Montgomery (Monty para los amigos),  Al contrario que Churchill que era una chimenea andante, Montgomery tenía una fuerte raversión al tabaco e inevitablemente chocaba frontalmente con el Sr. Winston , que llevaba el tabaco hasta en el nombre. Con estos antecedentes no es de extrañar que Montgomery le dijera al Premier Británico:

— Yo no bebo ni fumo. Duermo bastantes horas. Por eso estoy en forma al ciento por ciento.

Y Churchill respondió

— Yo bebo mucho, duermo poco y fumo un cigarro tras otro. Por eso estoy en forma al doscientos por ciento.

El tabaco mata millones de personas al año en todo el mundo, pero con Churchill parecía hacer una excepción. Su afición por los puros era tal que cuando le advirtieron de sus peligros y que el tabaco era un veneno lento, Churchill contestó con sus muchos años: !Y tan lento! (murió con 91)

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