lunes, 15 de enero de 2018

"Vissi D'arte" y la muerte de María Callas

María Callas retratada por Terry O'Neill

El ser humano se llamaba Ana María Cecilia Sofía Kalogeropoulos, mientras que la diosa, la diva por excelencia era conocida y adorada por todos como María Callas. Ambas vivían en el mismo ser, hasta que el cuerpo mortal se despidió un 16 de septiembre de 1977 en la completa soledad de su piso de la Avenida Georges Medel, muy cerca del parisino Arco del Triunfo. Fue la suya una soledad agriada por el deterioro de su privilegiada voz y por el desamor, la ingratitud y los sufrimientos con los que le había pagado el soberbio Onassis que la dejó de mala manera para irse con Jacqueline Kennedy. Se habló de suicidio, que su cadáver había sido incinerado con demasiada premura, casi con urgencia, sin tiempo para hacer una autopsia que diera algunas respuestas que en realidad ya no servían para nada que no fuera el último renglón de una torpe biografía. La mujer tenía solo tenía 53 años, la diosa, la diva, liberada ya del cuerpo de aquel ser sufriente viviría ya para siempre convertida en mito. No es de extrañar que la propia Callas dijera en una ocasión: 

"La muerte no existe, existe solo la vida. Yo no moriré nunca".  

La Callas sabía escenificar maravillosamente sus interpretaciones y con sus gestos, sus ademanes, su maquillaje, sus vestidos, lograba acercarse de forma inaudita a sus personajes hasta sentirlos en sus propias carnes, por eso podría ser, o así me gusta imaginarlo, que entre aquellas grabaciones de su época de esplendor que escuchaba en la soledad de su piso, sonará en el momento de su muerte, "Vissi D'arte", una de las arias que la harían famosa, perteneciente a la ópera Tosca de Puccini, la última que cantó en plenitud. La letra del aria parece el lamento de la propia María Callas:


He vivido del arte, he vivido del amor,
¡nunca le he hecho mal a nadie...!
Con mano furtiva
cuantas miserias he conocido, he socorrido...
Siempre, con fe sincera,
mi plegaria
en los santos templos, elevé.
Siempre, con fe sincera,
he llevado flores al altar.
En la hora del dolor,
¿por qué, por qué Señor, por qué
por qué me pagas de esta manera?
He dado joyas
para el manto de la Señora,
y he dado mi canto a las estrellas,
que brillaban tan radiantes.
En la hora del dolor, ¿por qué,
por qué Señor, por qué
me pagas de esta manera?



María Callas cantando "Vissi d'arte"



Las imágenes han sido tomadas de las siguientes páginas:
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