Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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domingo, 10 de julio de 2016

Nerón, el emperador cantante



"Pueden ser crueles los actos de un hombre, sin necesidad de que el hombre sea cruel pero aquel que no acate mis leyes morirá o será castigado. Que me odien con tal de que me teman; no me importa cuantos mueran por ello pero el emperador debe ser respetado como artista y soberano"

Son palabras de Nerón y es de reseñar esa idea suya de que el emperador no solo debía ser respetado como soberano sino también como artista. La imagen que todos tenemos en nuestra mente de Neron es la de un emperador regordete, cruel, perverso y caprichoso, con un curioso parecido a Peter Ustinov y que con unas más que dudosas capacidades musicales era capaz de ponerse a tocar la lira mientras entonaba el "Ilou persis" (El saqueo de Troya) mientras desde una atalaya veía como a sus pies ardía Roma por los cuatro costados, eso es al menos los que nos contaba Suetonio y Dion Casio, aunque otros como Tácito mantenían que durante el gran incendio de Roma, Nerón se encontraba fuera de la capital, en Antium,  y que esa incendiaria postal que todos evocamos del emperador pirómano no es sino una gran mentira.

Peter Ustinov como Nerón en "Quo Vadis"
Al parecer lo que no era tan falso era el desmedido amor de Nerón por la música, tanto que hizo de ella el principal elemento de ocio y disfrute del Imperio, hasta hacer que el pueblo terminara por aborrecerla. Por supuesto en este panorama él tenía un papel protagonista, dado que según las crónicas no tenía una mala voz, cantaba aceptablemente y tocaba la lira y la citara de manera notable.  Tal era su habilidad, que una vez acomodados los laureles de emperador en su cabeza pretendía también el reconocimiento absoluto de unas cualidades canoras, que si bien eran aceptables no eran sobresalientes. No era extraño que Nerón  se presentara como participante en  los juegos públicos donde esperaba ver reconocidas sus dotes u organizaba espectáculos en los que actuaba él mismo y en los que la asistencia era digámoslo así tan aconsejable como el entusiasta aplauso de sus intervenciones, si no se quería uno granjear la ira del emperador cantante. Su egolatría lo llevó también a participar en los Juegos Olímpicos de la antigüedad, llegando a llevarse más de una corona de laurel como campeón en unas pruebas en las que se hizo todo lo posible (y lo imposible) para que el ganador solo pudiera ser él.

Pero volviendo a la música que es lo que cuenta hoy, no podemos dejar de reseñar la apasionada dedicación y entusiasmo con el que Nerón se aplicaba en afinar sus cuerdas vocales, para ello solía tumbarse en el suelo para ejercitar su respiración pectoral, intentaba evitar la obesidad (sin mucho éxito según la imagen que se ha transmitido de él) para no tener dificultades respiratorias y a tal fin no dudaba en usar enemas y eméticos que aligerarán su figura y el efecto de los banquetes y por supuesto eliminaba de su dieta todo aquello que a su entender pudiera dañar sus cuerdas vocales como las manzanas  o frutos ácidos. Todo un Pavarotti de la época imperial.

No es de extrañar que llegado el momento de su suicidio, el mismo final que impuso a personas tan sobresalientes como Petronio o Séneca, el emperador cantante, siempre aplaudido por obligación, exclamara:

"¡Qué gran artista muere conmigo!"


En el siguiente vídeo podremos recordar la convincente recreación que de Nerón hizo Peter Ustinov en "Quo Vadis", un papel por el que estuvo nominado al Oscar.