Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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jueves, 26 de mayo de 2016

Humphrey Bogart y la bebida



En la mítica "Casablanca" hay una escena en la que el Mayor Strasser (Conrad Veidt) se dirigía a Rick (Humphrey Bogart) y le preguntaba; ¿Cuál es su nacionalidad? y Rick se limitaba a contestarle: "Soy Borracho". Yo creo que Bogart era mucho más, pero no cabe duda de que tenía un hígado a prueba de bombas; de hecho mucho antes de que Sinatra se abanderara como líder de esa pandilla de crápulillas que era el "Rat Pack", Bogart tuvo mucho que ver en su origen y por su puesto Bacall en su bautismo. 

No me extenderé en la archiconocida historia del rodaje de "La Reina de África", al que dedicaremos una entrada en breve, donde de todo el equipo de rodaje sólo Bogart y Huston se libraron de enfermar de disentería gracias a que las suficientes existencias de whisky disponibles les permitió no probar para nada el agua del lugar; pero para dar una idea de la querencia que tenía Bogart por remojar el gaznate sirva de anécdota aquella que cuenta que habiendo sido invitado Bogart a decir unas palabras durante la ceremonia de Pascua que había de celebrarse en el Hollywood Bowl, este no se presentó cuando llegó el momento indicado. Saltaron las alarmas y empezaron a buscarlo desesperadamente y por fortuna lo encontraron totalmente borracho en la casa de un amigo que vivía cerca de donde se celebraba el acto. Sus ropas olían a algo más que alcohol, así que después de acicalarlo medianamente se lo llevaron a toda prisa al recinto donde esperaban oírle. Es fácil que una persona serena haga de borracho pero que un borracho aparente dignamente a alguien sereno es algo que no enseñan ni en el Actor´s Studio. Allá que fue Bogart, se enfundó el mono de actor y recitó el Padrenuestro con tal intensidad y emoción que los presentes derramaban lágrimas a diestro y siniestro. Todo un exitazo. Cuando terminó, ya salvados los muebles y recibidas las felicitaciones, solo tuvo energías para decir mientras se retiraba: "¿Dónde puedo vomitar?".

Puede que fuera uno de esos malos días en los que se pierde un poco la medida, una pauta que Bogart parecía tener muy en cuenta según se desprende de las palabras que a este respecto le dedicó Nunnally Johnson, el famoso guionista de obras tan famosas como "Las uvas de la ira" o "La mujer del cuadro":

"Hay hombres afortunados que nacen con un llamémosle termostato alcohólico, en la frente lo que les permite beber con agradables y estimulantes resultados. Bogart era uno de ellos. Fijaba su termostato a mediodía, le echaba algo de whisky y permanecía en un delicioso y alegre estado todo el día, echándole nuevas dosis si era necesario"

Y es que a veces beber estilosamente puede ser toda una liturgia, una forma de vida en la que la propia vida se ve a través del vaso que uno se acerca constantemente a la boca, tanto que era el propio Bogart el que sentenciaba: 

“No me fío de nadie que no beba, el mundo entero lleva tres copas de retraso.” 

Y no era una frase dicha simplemente para provocar, era sin duda un pensamiento firme y central en su forma de entender el mundo. De hecho el periodista Joe Hyams, biógrafo de Bogart contaba

"La primera vez que hablé con Bogie me preguntó qué quería beber. "Una Coca-Cola, por favor", dije. "¿No bebes?", preguntó Bogart, añadiendo ansiosamente: "¿Eres un alcohólico arrepentido?". "No", dije. "Es que nunca bebo". Metido tras el bar de su salón, aceptó mi afirmación sin comentarios, pero cuando salió con un vaso de whisky en la mano, dijo: "No confío en ningún bastardo que no beba... especialmente un periodista que fuma en pipa. Debes de tener algo que ocultar. Los que no beben es porque tienen miedo a revelarse tal como son. Además, no confío en ningún hombre que tenga más pelo que yo". 

Tras manifestarse así, en una declaración que yo había de oír muchas veces en los años siguientes, regresó de nuevo al bar. Recogí la libreta y el lápiz, y me dirigí a la puerta. "¿Dónde vas?", preguntó Bogie. "¿Cómo vamos a iniciar una entrevista, si partimos de la base de que no confías en mi?", pregunté. "Yo no bebo y, desde luego, tengo más pelo en la cabeza que tú, pero eso ocurre con la mayoría de los hombres". Bogart meditó un momento. "Pues entonces vas a tener que trabajar muchísimo para que confíe en ti", dijo. Al final, diez años después, llegó a confiar en mí, pero le costó mucho tiempo. Incluso entonces, cuando iba a visitarle a su casa, hallándole a él ya muy enfermo, me llamaba "un parasito como todos los de la prensa".

No cabe duda de que si en sus últimos momentos Hyams fue uno de los pocos elegidos a los que Bogart permitió ver su ocaso es que sinceramente se ganó su aprecio y confianza, aunque no bebiera....

Como quiera que Bogart fumaba con tanta devoción como bebía, parece que al final no fue el alcohol el que pudo con él sino un cáncer de esófago provocado por el tabaco. Curiosamente su última película tenía como título "Más dura será la caída", un film que rodó ya seriamente enfermo. Y es que como decía Rick en Casablanca: "Cada uno tiene su destino, para bien o para mal.” 

Pero que le quiten lo "bailao" como se dice por aquí por el sur y a ver quien es el "santo" que no hubiese deseado tomarse un dry martini en su compañía.


Otros artículos publicados sobre Humphrey Bogart en este blog:

La muerte de Humphrey Bogart
Las palabras de John Huston en el funeral de Bogart
Humphrey Bogart versus Clifton Webb
Carta de Bogart a Lauren Bacall
Bogart, un actor de altura
Humphrey Bogart y Lauren Bacall: Hasta que la muerte los separa.


domingo, 22 de mayo de 2016

George Sanders o como morir de aburrimiento.



El grupo "The Kinks" resultó muy certero cuando decía en su canción "Celluloid heroes" dedicada al mundillo del cine: "Aunque le pongas a George Sanders una bolsa de basura en la cabeza, siempre tendrá estilo"

Con Gene Tierney
Sí, no cabe duda que Sanders tenía un aura muy personal, una determinada actitud ante la vida que él supo trasladar certeramente a sus personajes y convertirla en todo un arte; sus exquisitos modales, su altivez cargada de pulida ironía y corrosivo cinismo, su aparente distancia, por no decir aire de superioridad, respecto del resto de los simples mortales hacía que muchos de sus personajes resultaran inolvidables. Da igual que fueran siniestros y traidores como en "Ivanhoe" o "Los contrabandistas de Moonfleet" o fríos seductores que solo buscaban el beneficio propio como en "Rebeca" o "El fantasma y la Sra. Muir", siempre conseguía imprimirles un perfil memorable y cargado de dobles lecturas, resultando la cima de su arte el frío crítico Addison DeWitt  de "Eva al desnudo",  un papel que le valió un merecido Oscar al mejor actor secundario.

     Sanders era ruso de nacimiento; nació en 1906 en San Petersburgo, aunque sus padres eran ingleses y su educación era totalmente inglesa. Se casó en cuatro ocasiones, entre ellas con Zsa Zsa Gabor y después con su hermana Magda Gabor. 

Sanders con Zsa Zsa Gabor
Parece que no escarmentó de su tormentoso enlace con Zsa Zsa del que el propio Sanders decía:  “Las mujeres son como las enfermedades infecciosas. Una recaída es siempre de enorme gravedad. Mi boda con la enloquecida bruja de Zsa Zsa fue un error craso. Me avergüenza decirlo, porque no se debe golpear a las mujeres, pero yo sí lo hice. En defensa propia, claro...”. De hecho le quedaron ganas de probar con la hermana, de quien finalmente diría: “Eso no fue una unión matrimonial, sino una épica batalla. Terminó, claro, en una apoteosis judicial. Magda me sacó hasta los ojos...”.

Por supuesto no era Sanders de los que hacían ascos a una buena aventura y como buen vividor supo rodearse de un buen abanico de mujeres hermosas entre las que se cuentan las bellísimas Dolores del Rio, Hedy Lamarr, Marilyn Monroe, Gene Tierney o Lucille Ball... Todas ellas trabajaron en alguna película con Sanders y resulta claro que algún encanto debía de tener el tipo cuando hacía bueno el adagio aquel de "pájaro que vuela a la cazuela". Escribió libros de éxito, cantaba bien, tenía el reconocimiento de sus compañeros de profesión.... Con estos mimbres se podría decir que el muchacho lo tenía muy difícil para aburrirse y sin embargo parece ser que la vida no tenía los suficientes alicientes para él y este fue para muchos el motivo de su muerte. El tedio. De hecho se le atribuye una frase que reza:

"Los ricos y los que pertenecen a la llamada clase alta, son los que más sufren de aburrimiento"

Sanders con Hedy Lamarr
En el "Retrato de Dorian Grey" interpretó uno de sus personajes más angulosos y puede que en su transcurso meditara sobre la perdida de la juventud y sus consecuencias; el caso es que ya David Niven comentaba que había oído en numerosas ocasiones al actor avisar de que algún día se suicidaría. 

El momento llegó encontrándose en un Hotel de Castelldefels, (como Ava Gardner era un amante de España) allí, cumplidos los 65 años, parece que se puso a hacer balance y el resultado no le pareció alentador. Se cuenta que la noche anterior a su muerte fue visto fumando plácidamente en la terraza del parador como si todo marchará bien, pero a la mañana siguiente fue encontrado por una de las camareras tendido en su habitación, completamente desnudo y a su lado dos frascos vacíos de nembutal, el mismo medicamento con el que supuestamente acabó su vida Marilyn Monroe. Junto a las sábanas había una nota de suicidio. Puede que Sanders se encontrara extremadamente solo en aquellos momentos, sin nadie especial al que dedicarle unas palabras, tanto que decidió despedirse del mundo en general de la siguiente forma:

"Querido mundo: por si a alguien le interesa saberlo, ya he vivido bastante. Seguir viviendo sería un asco. Te dejo con tus conflictos, tu basura y tus cloacas sin fin. Con los mejores deseos. Sinceramente tuyo, George Sanders."

Las cosas de tener estilo es que hay que mantener el tipo hasta el final. Puede que en España aprendiera el famoso dicho del Quijote: "Genio y figura hasta la sepultura"

Sanders con Anne Baxter, Bette Davis y Marilyn Monroe en "Eva al desnudo

Terminamos con un vídeo en el que podremos oír cantar a George Sanders el tema "As time goes by"

jueves, 19 de mayo de 2016

Paco Rabal, Anna Magnani, Antonioni y los tópicos



No son pocos los que al pensar en Paco Rabal traen a su mente la imagen de este actor interpretando al pobre Azarías de "Los santos inocentes", al ciego de Lázaro de Tormes o al singular Juncal, roles en los que mostraba un rostro desfigurado y abotargado, que si bien rebosaba personalidad difícilmente podía servir siquiera de eco del galán que fue en sus inicios. Rabal inició su relación con el cine como electricista en los Estudios Chamartín, hasta que la casualidad hizo que el director Rafael Gil lo llamara para cubrir una ausencia y resultara evidente que aquel "chispas" daba buen juego ante las cámaras. Un curioso inicio para un actor que terminaría trabajando a las ordenes de los mejores directores nacionales pero también de una nutrida lista de grandes creadores de fuera de nuestras fronteras entre los que se puede citar a Antonioni, Chabrol, Rivette, Friedkin, Visconti o Lattuada. 

Especialmente curiosa resulta la forma en la que Paco Rabal logra trabajar con Antonioni en "El eclipse".  En 1962 Rabal se encontraba en Italia rodando "Morte de un Bandito" a las ordenes de Giuseppe Amato y los descansos los pasaba en una casa de la localidad costera de San Felice al Circeo. Allí conoció a Marisa Merlini, comadre de la gran Anna Magnani que también tenía una casa en la zona y que invitó a Rabal a conocerla. El resto de la historia la dejo en las palabras del propio Rabal:

"(Mariasa Merlini) me telefoneó entre semana. "Paco, ¿vas a ir al Circeo? No faltes este sábado porque Ana Magnani te invita a cenar, pero, por favor, non portare nessuna putana." Marisa me prevenía de que asistiera yo solo sin compañía de amigas y compañeras que, a veces venían conmigo, y yo, tonto de mí,  pensé: "Será que la Magnani quiere ligar", y le prometí a Marisa ir solo y a la hora convenida. Bien pues ese sábado terminamos de rodar tarde y cuando llegué a casa de Ana era ya las once de la noche y estaban en una sobremesa larga de vinos y de café. Entre diez o doce invitados, recuerdo a Antonello Trombadori, hombre de la politica y la cultura del PC italiano, algunos directores y gente del teatro; Ornella Vanoni, espléndida hembra y gran cantante que entonces estaba muy de moda en Italia, y en el mundo con las canciones de "la mala vida". Pronto me di cuenta de que la Magnani no me quería ligar. Llamó a una de sus mujeres de confianza por allí atareada:  
Anna Magnani y su guitarra
"¡Sandra, porta la guitarra!" Y, volviendose a mí, ya guitarra en mano, me ordenó desmelenada y tremenda: 

"Spagnolo, suona la guitarra!" 
"Me dispiace -le dije-, cuanto lo siento, no sé sonare la guitarra."
"Allora, ¡suona las castañetas!" (castañuelas). 
"Tampoco sé suonare las castañetas", le respondí en mi más perfecto italiano.
"!Baila!" me increpó más iracunda. "¡Baila flamenco!"
"Tampoco sé bailar flamenco" le medio mentí, porque algunos pasitos si que doy. 
Y entonces: "¡Sandra, il tarallolo!". Y me ofrecía un mantel de mesa furiosamente rojo:
"Torea, spagnolo" me gritó ya espatarrada y hermosa.
"No sé torear" le dije lleno de pena y de vergüenza española ante una italiana tan admirable y genial, tan plena de coraje. "No se torear" balbuceé de nuevo.
"Ma, ¿qué clase de spagnolo sei tu" Y ensartó una serie de palabrotas y de insultos del que recuerdo el último; "Va fan culo" y que ustedes comprenderán tan perfectamente como ella me lo lanzó.

Michelangelo Antonioni
Dos días después recibo por sorpresa la visita en mi hotel de Michelangelo Antonioni y de una muchacha un tanto desgastada, con unos pelajos desordenados y unas grandes gafas oscuras, a quien creí la secretaria del director y que era Monica Vitti. Me dijo Antonioni, hablándome con cierta timidez y en voz baja, que estaba buscando para su película "El eclipse" un personaje especial, un intelectual de izquierdas, primer amante de la Vitti en la película, que estaba casi concluida con ella y Alain Delón. Le faltaba solamente filmar las escenas con este personaje, unos quince días de trabajo, porque Ana no había encontrado al actor que necesitaba.
Venía a verme -añadió- porque le había contado Ornella Vanoni como había conocido en casa de la Magnani a un actor español que no sabía torear, ni bailar, ni cantar flamenco y que le parecía tan raro que me había querido conocer. Pensaba que yo podía muy bien interpretar ese personaje y yo, contentísimo, pensé por mi parte que también el genial Antonioni, el hombre culto y admirado, había caído en el topicazo y que, aparte de confirmar su existencia, la del tópico, a mi me había venido estupendamente. Y también me regocijé internamente porque la verdad es que tocar la guitarra no sé, pero bailar y cantar flamenco no lo hago del todo mal."


Paco Rabal y Monica Vitti en "El eclipse"




Y su inolvidable Don Juan Tenorio y su sensacional declamación:



Las palabras de Rabal están tomadas de la "Historia del Cine" que en dos tomos publicó hace años ya el desaparecido Diario 16 (página 27 del tomo I)

sábado, 14 de mayo de 2016

Las similitudes entre "Psicosis" y "Sed de mal"



Hay películas que en apariencia resultan totalmente opuestas, pero que sin embargo guardan en su interior pequeños guiños entre ellas que no dejan de ser homenajes de unas a otras, pero cuando esto ocurre con dos obras del calado de "Sed de mal" (1958 - Orson Welles) y "Psicosis" (1960 - Alfred Hitchcock) estas similitudes cobran una especial importancia, ya que es el talento creador del director el que se pone en entredicho. 

Janet Leigh como Marion Crane en  "Psicosis"
No han sido pocas las ocasiones en las que se han comparado determinados aspectos de estos dos films. "Psicosis" es posterior en un año a la obra de Orson Welles y por ello resulta tan inquietante el que Hitchcock pudiera haberla tenido en su cabeza a la hora de elaborar algunos de los aspectos de su exitosa película. Más allá de la evidente coincidencia de la protagonista Janet Leigh que sufre en ambas un final nada feliz y de la desafiante lenceria que luce en las dos, encontramos también otros elementos comunes como la importancia en la trama de un motel situado en un paraje alejado de todo en el que la protagonista es la única e indefensa huesped, o que el inquietante personaje que se encuentra a cargo de ambos moteles, resulte un personaje ciertamente inestable. De hecho Dennis Weaver, el portero de noche del motel "El mirador"  de "Sed de mal" hablaba así sobre la concepción de su personaje, y en sus palabras se pueden encontrar evidentes paralelismos con la personalidad del Norman Bates de Picosis:

Dennis Weaver, el portero de "El Mirador" en "Sed de mal"
" Nos concentramos en su pasado, en su madre y en que el joven era un hijo sobreprotegido. Se sentía muy culpable en el terreno sexual y sin embargo experimentaba intensos impulsos sexuales. En el guión no se indicaba esto con palabras, pero cuando compusimos el personaje le dimos un modelo de conducta muy interesante. Lo principal era que las mujeres le atraían y al mismo tiempo le daban miedo"

Walter Murch, un afamado montador de Hollywood, cometaba de ambas películas:

Anthony Perkins el portero de "Psicosis"
"De hecho, parece que a Welles le sentó mal el éxito de "Psicosis". La hizo el mismo estudio, Universal, y muchos de los profesionales que habían trabajado en "Sed de mal" también lo hicieron en "Psicosis". Janet Leigh interpreta al mismo tipo de víctima. En "Sed de mal" sufre una violación, y en "Psicosis" es asesinada en dos moteles parecidos. El enloquecido encargado del motel -Dennis Weaver- es inofensivo en "Sed de mal" pero es mortífero en "Psicosis", según la interpretación de Anthony Perkins. (...) "Sed de mal" aportó todos esos elementos... y la que causó sensación fue "Psicosis". Son películas muy distintas, a un nivel determinado, pero parecidas en muchos otros niveles. Estoy seguro de que Hitchcock aprendió muchas cosas viendo "Sed de mal".

No es de extrañar que Hitchcock se enamorara de algunos aspectos de "Sed de mal", una verdadera maravilla del cine, para mí, mejor que "Psicosis"

Charlton Heston y Janet Leigh en "Sed de mal"