Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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viernes, 21 de agosto de 2015

Las deudas de Honoré de Balzac

Busto de Balzac, obra de  Pierre-Eugène-Emile Hébert


"Tener o no tener rentas, esa es la cuestión, dijo Shakespeare"

Son palabras del gran literato francés Honoré de Balzac, que desgraciadamente solía estar siempre a la cuarta pregunta, o lo que es lo mismo, sin que le sobrara el dinero. No eran grandes las comodidades que podía permitirse  Balzac, que de hecho vivía en una pobre buhardilla de un barrio deprimido de París, sin calefacción y escasamente amueblado, como ya contábamos en otra curiosa anécdota sobre él: Balzac o "El tanto tienes tanto vales" .

El caso es que el escritor se veía abocado, con demasiada frecuencia,  a la nunca agradable situación de tener que pedir dinero prestado o por adelantado, lo que provocaba que tuviera una nutrida corte de acreedores revoloteando a su alrededor, esperando tener la suerte de cobrar algo. Uno de esos cuervos negros abordó al escritor e intentando inspirarle lástima para poder cobrar le dijo:

"Mire usted, monsieur, mañana debo pagar una deuda muy importante y le agradeceré mucho que tenga a bien pagarme usted hoy"

Balzac, que después de haber tenido que lidiar a diario con este tipo de "amigos" se sabía ya todas sus triquiñuelas para intentar cobrar y por supuesto todas las respuestas posibles para eludir pagar, no se amilanó ni por un instante y fingiendo estupefacción le replicó a su esperanzado acreedor:

¡Muy bonito, usted se dedica a contraer deudas y viene a mi casa con la intención de que yo se las pague!

Como os podéis imaginar el sujeto se marchó como llegó, con las manos igual de vacías, pero la anécdota ilustra a las claras, las estrecheces en las que vivía el escritor, y por si no fuera suficiente, sirva aquella otra en la que se refiere la alegría, apenas contenida, que manifestaba Balzac cuando contaba sus amigos la muerte de un tío suyo que le había dejado en herencia todos sus bienes, con una frase ciertamente reveladora:

¡Ayer al anochecer, mi tío y yo pasamos a mejor vida!

No sé cuanto tiempo le duraría la bonanza económica, si la malgastó, la invirtió en negocios ruinosos, como solía ocurrirle o si de ella hicieron presa los acreedores, pero a buen seguro que durante algún tiempo el autor de "La comedia humana" pudo permitirse el mejor de los cafés.