Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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viernes, 27 de marzo de 2015

"All of me": Billie Holiday versus Louis Armstrong




Todo de mi
¿Por qué no te llevas todo de mi?
¿Acaso no ves que no sirvo de nada sin ti?

Llévate mis labios,
quiero perderlos.
Llévate mis brazos,
no los volveré a usar.

Tu despedida
me dejo con los ojos llorosos.
¿Cómo puedo continuar, cariño, sin ti?

Te llevaste la parte
que alguna vez fue mi corazón,
así que, por que no te llevas todo de mi.

Todo de mi
¿Por qué no te llevas todo de mi?
¿Acaso no ves que no sirvo de nada sin ti?

Llévate mis labios,
quiero perderlos.
Llévate mis brazos,
no los volveré a usar.

Tu despedida
me dejó con los ojos llorosos
¿Cómo puedo continuar, cariño, sin ti?

Te llevaste lo mejor
así que por qué no llevarse el resto,
Baby, llévate todo de mi.

La canción, compuesta por Gerald Marks y Seymour Simons, data de 1931 y desde el primer momento se convirtió en una canción mimada por los cantantes de jazz. En principio fueron Louis Armstrong y Mildred Bailey los que le dieron alas a este tema convirtiéndolo en todo un éxito, hasta que llegó Billie Holiday con su voz desgarrada a darle todo el sentido que su letra encerraba, haciéndola, como con otras tantas canciones, suya y nada más.




Aunque, para ser justos y dar oportunidad de replica, dejaremos a Louis Armstrong que defienda su versión, que si bien es sensacional, no logra dar ese punto de perdida que la letra requiere y casi la convierte en un divertimento.



Por supuesto nadie duda que es un excelente divertimento.  Y no me resisto a dejar la apuesta por este tema que hace Dinah Washington. El vídeo es realmente delicioso:



"La naranja mecánica" y la novena sinfonía de Beethoven




"Qué paz, qué paz celestial, era la suntuosidad y la untuosidad hechas carne, como un pájaro de un raro metal celeste o como un vino de plata fluyendo en una nave espacial. La ley de la gravedad ya no cuenta para nada, mientras escuchaba, vi imágenes maravillosas"

Esas eran las palabras de Alex, el controvertido personaje al que daba vida Malcolm McDowell en "La naranja mecánica" (Kubrick - 1971), mientras escuchaba en su cuarto la novena sinfonía de Beethoven, La audición de esa pieza era para el personaje un placer absoluto, pero cuando sus desmanes le llevan a tener que ser sometido al experimental "Tratamiento Ludovico" este logra hacerle dejar atrás su exacerbada violencia, de forma tan radical que ni tan siquiera es capaz de usarla para defenderse; por supuesto tampoco es capaz de tocar a una mujer desnuda, pero también le procura un indeseable efecto secundario para él, a raíz del tratamiento es incapaz de disfrutar de su sinfonía predilecta sin sentir arcadas. 

"Me desperté... los dolores y las náuseas volvieron a mí como una fiera... entonces comprendí lo que pasaba, la música que sonaba abajo era la de mi viejo amigo Ludwig Van y su terrible Novena Sinfonía... de pronto videé lo que tenía que hacer, lo que quería de verdad hacer, evaporarme de una vez, largarme para siempre de este mundo cruel y sin piedad, un instante de dolor una vez y después el suelo para siempre por los siglos de los siglos"