Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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viernes, 9 de enero de 2015

Lillian Gish: La mirada del cine mudo



Lillian Gish (1893 -1993) se llamaba en realidad Lilian Diana de Guiche, y de entre todas aquellas primeras estrellas de un cine todavía sin palabras ella ocupa sin duda un lugar de honor. Empezó muy joven junto a su hermana Dorothy Gish en teatros ambulantes y por entonces utilizaba el nombre de "Florence Niles", labor en la que siguieron hasta que fueron descubiertas por el gran Griffith cuando las chicas visitaban a una amiga que curiosamente se llamaba Mary Pickford. ¡Buena amistad sin duda! Así, Griffith rodaría varios cortos y películas con ambas tras quedar deslumbrado con su singular belleza y en el caso concreto de Lillian, la fascinación causada por esta en el genial director fue tal que la llevaría a ser el personaje central de algunas de sus obras principales, y por ende de algunos de los grandes clásicos del cine de aquellos años (y en algún caso de siempre) como: "El nacimiento de una nación", "Intolerancia", "Pobre Amor", "Las dos tormentas", "Las dos huerfanas" y "Lirios rotos". 

Hay quien dice que la relación entre Lillian y Griffith pudo haber pasado de lo profesional a lo sentimental durante una época, y lo que resulta curioso es la forma en la que el director le echó el lazo. El caso es que Griffith no siempre tuvo tan claro quién era Lillian y quien era Dorothy (la hermana de la primera), de hecho le resultaba imposible diferenciarlas cuando rodaba con ambas. De este modo cuando rodó con ambas "El enemigo invisible" (1912), Griffith hizo que las chicas llevaran cada una unos lazos en sus vestidos de distintos colores para poder reconocerlas. Quién sabe si ese lazo le ayudaría al director a centrar su atención en Lillian y a fijarse aún más en ella. Por cierto y hablando de parecidos, no puedo evitar encontrar ecos del rostro de Jodie Foster en la foto que encabeza el texto, no se si os pasará igual.

Lillian era una actriz que provenía del teatro y así su forma de actuar en comparación con los excesos gestuales de sus compañeros se podría definir como sobria y contenida, haciendo bueno aquello de que a veces menos es más. Con ella empieza a tener más importancia para la cámara la cara que el cuerpo y sus movimientos. Así su figura recatada, frágil, de ojos tristes y apariencia virginal, al modo de una figura de porcelana, hacía las delicias de los espectadores y gritaba la necesidad de dedicarle uno tras otro primeros planos para recrearse en su pelo y su lánguida mirada. 


Ella fue sin duda la causa de la reivindicación por los directores del primer plano en el desarrollo de las películas, una forma de entender la imagen que quedaría ya firmemente anclada en los usos cinematográficos. Ese rol de pureza ya descrito servía de contrapunto a muchas otras actrices un tanto más liberales de la época y resultó tan bien acogido que durante los años 20 logró en estos papeles una gran fama como actriz y logró con el tiempo tener la posibilidad de empezar a elegir sus papeles y directores. Así llegaron "Vida bohemia" con King Vidor,  "La mujer marcada" y la inolvidable "El viento" de ese gran director sueco que era Victor Sjöstrom. Incluso llegó a dirigir una película en 1920 cuando eso de ponerse detrás de una cámara y dar órdenes a los actores no era precisamente una labor nada normal para una mujer. 


Estaba en la cima de su éxito cuando llegó el sonoro, cuando todo cambió y muchas estrellas no hicieron una transición buena para sus carreras y desaparecían de la noche a la mañana de la primera línea. Además los tiempos estaban cambiando y las mujeres que aparecían y se demandaban en el cine ya no eran muñequitas, sino mujeres decididas y activas, seductoras que se batían de igual a igual con los hombres, y así Lillian y su rol virginal se mostraban caducos y desfasados y ya no tenían cabida en toda aquella vorágine que estaba cambiando el cine para siempre. 


No sabiendo o no queriendo cambiar de registro (quien sabe) paso a refugiarse en el teatro donde continuó manteniendo un gran prestigio y sólo volvió al cine ocasionalmente, como cuando lo hizo para el papel de la soltera madrina de "La noche del cazador" donde retoma toda aquella pureza que siempre la definió. Lillian Gish falleció con casi cien años en 1993 tras recibir un Oscar honorario en 1970.


Terminamos con un vídeo en homenaje de esta actriz: