Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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martes, 4 de agosto de 2015

George Raft y la mafia



Siempre que se habla de cine y mafia uno piensa en Frank Sinatra, pero si hay alguien que puede con justicia ocupar esa posición es sin duda George Raft, una de las grandes estrellas del cine de gangsters de los años treinta y el encargado de enseñar a toda una generación de mafiosos a jugar con una moneda, lanzándola al aire una y otra vez.

El caso es que Raft, no empezó como actor y si muy cerca del mundo del hampa. Nacido en el seno de una familia pobre, era el mayor de diez hermanos y se críó en un entorno nada propicio, el barrio neoyorkino conocido como "Hell's Kitchen" (Las cocinas del infierno) en el que tenía de compañeros de juegos a no pocos chavales que con el tiempo serían notorios mafiosos. Intentando sacudirse el hambre trabajó en lo que pudo hasta convertirse en bailarín, oficio que según algunos comentarios simultaneaba con el contrabando de licores en plena ley seca. 

Gracias a sus amistades infantiles y a contactos posteriores llegó a ser un gran amigo de mafiosos de la talla de Lucky Luciano, Owney Madden, Bugsy Siegel o Meyer Lansky, hombres con los que solía relacionarse sin sentir la necesidad de cubrir las apariencias. Incluso declaraba su admiración por este tipo de personajes, de los que manifestaba a su biógrafo:

"Creo que son los tipos más grandes del mundo" "Estos colegas -(Bugsy) Siegel, Costello, Adonis, Luciano y Madden- eran dioses para mí. Todos ellos tenían Cadillacs de 16 cilindros y, como dijo alguien, cuando hay dinero cerca lo mejor es ir a por él. Allá a donde fueran había capitanes de policía y políticos inclinándose a su paso. Yo pensaba que estos tipos realmente no podían estar haciendo nada malo. ¿Por qué no debería ser como ellos? Quería seguir sus pasos"

Y en este afán por emularlos, terminó entrando en el mundo del cine y gracias a eso que Hawks definía como "Rasgo de Impasibilidad maravillosa" que caracterizaba a Raft y que después sería imitado por Bogart, consiguió un papel en "Scarface" dando réplica al gran Paul Muni. Allí empezaría a lanzar su moneda al aire, algo que se hizo tan famoso entre los gangsters que cuando participó en "Con faldas y a lo loco" como el inolvidable mafioso "Botines Comlombo" y se cruza con un gangster de tres al cuarto que no para de lanzar la moneda al aire, le espeta: "¿Dónde aprendiste ese estúpido truco? 

Pero no se reduce a un asunto de monedas su influencia sobre los usos de la mafía. Con su interpretación en "Scarface", sus modales, su imagen de matón duro e impertérrito, su elegancia y estilo en la forma de vestir, esa seguridad en sí mismo y el ser casi considerado por los mafiosos como "Uno de los nuestros", provocó que todos los miembros de esa honorable sociedad quisieran parecerse a él, llegando incluso a pedirle consejo sobre como tenían que comportarse en una declaración ante la policía, una rueda de reconocimiento u ante otras circunstancias que no sabían cómo resolver sin renunciar a su supuesta altivez. 

En realidad Raft había basado su personaje cinematográfico en un gangster llamado Joe Adonis, quien le sirvió de inspiración para su forma de usar las manos, su forma de hablar o de ladear la barbilla en un ángulo determinado. Por supuesto Joe Adonis se sentía halagado por este remedo suyo que ahora era famoso en el mundo del cine y que terminó por convertirse en un icono popular de los años 30.

Pero más allá de todas estas historias es preciso hacer referencia a esas estupendas películas que nos dejó: "Si yo tuviera un millón"(1932), Bolero (1934), "La llave de cristal" (1935), "Almas en el mar" (1937), "La pasión ciega" (1940) y las ya citadas "Scarface" y "Con faldas y a lo loco". 

Después de coincidir con Bogart en la sensacional película "La pasión ciega" y en "Invisible stripes" y encontrándose en la cima de su carrera, tomó un par de decisiones transcendentales en su carrera, tuvo la poca visión de rechazar los papeles protagonistas en "El último refugio" y en "El halcón maltés" en beneficio de Bogart, quien terminaría por robarle el estrellato y convirtirse en el actor de referencia para este tipo de papeles.

Raft, como no podía ser de otra manera, terminó regentando casinos de la mafia en Londres y en La Habana, sin hacer nada especial, simplemente estando allí, haciendo de sí mismo, de George Raft, la imagen ideal que todo mafioso querría tener. Murió en 1980 a los 85 años.


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