Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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lunes, 3 de noviembre de 2014

Woody Allen y la bondad de las personas



Le preguntan a Woody Allen en una entrevista:

En otro orden de cosas, señor Allen, ¿a usted qué le preocupa del mundo en el que vivimos, del rumbo que ha tomado nuestra civilización? 

(W. Allen) Soy muy pesimista porque el problema del mundo es que depende de la gente. Si miras la historia, ves que la gente no ha hecho un buen trabajo administrándolo, cuidándolo, viviendo en él. No tengo muy claro que el mundo vaya a sobrevivir; no hay muchas razones para el optimismo en estos momentos, tal vez en unos años haya mejores perspectivas.

¿No encuentra usted ningún motivo para la esperanza? 

(W. Allen): Bueno, hay una porción de la gente que es agradable. Pero o no hay suficiente, o son demasiado pasivos, o la tarea es abrumadora; o los malos tienen más ambición y energía. Pero es difícil hallar un punto luminoso en la historia de la humanidad.

¿La gente, en general, no es buena?:

(W. Allen): La gente, en general, está asustada. Y cuando están asustados, actúan equivocadamente, se comportan mal. Es la condición humana, la trágica condición de la existencia, la gente está ansiosa y asustada, no tiene nada en lo que creer, ni tiene esperanza, y la vida es muy complicada, y se comportan mal. Si mañana quedara claro que la vida tiene sentido, o que hay un dios en el universo, seguro que la gente actuaría mejor, y la situación cambiaría para mejor radicalmente. No es que la gente sea inherentemente mala, es que tiene miedo y por eso se comporta mal.

¿Lo tiene usted?:

(W.Allen): Yo estoy tan asustado como todo el mundo, más que la mayoría; y soy una de las personas que se comportan decentemente a pesar de todo. Hay gente así, pero no demasiada.

El texto pertenece a una deliciosa entrevista que aparece en el diario "El Pais" del 2 de noviembre de 2014  y que os recomiendo. Os dejo el enlace:

Frédéric Chopin y el Preludio op 28 nº 15 - "Gota de lluvia"



"Los que conocen mis composiciones dicen: "Toque un segundo suspiro; me encantan sus campanas". Y todas sus observaciones finalizan con un "como el agua", queriendo decir con ello que mi música fluye como el agua. ¡Todavía no he tocado para ninguna inglesa que no me haya dicho "como el agua"!"

La cita pertenece a una carta de Chopin fechada en 1848, Y es que este maravilloso músico, por su forma de componer, hace que en no pocas de sus piezas, cada nota, por el espacio que hay entre ellas, se convierta en una singularidad, tome personalidad y se muestre cargada de significado, pareciendo a nuestros oídos una cascada de "gotas de agua" milagrosamente bien hilvanadas.

Para ilustrar esta entrada nos viene al pelo el Preludio op.28, nº 15 de Don Federico, que es conocido como "Gota de lluvia", una obra que Chopin compuso durante su estancia en el Monasterio de Valldemosa en Mallorca, en 1838. En la pieza se escucha una repetitiva nota en La bemol de principio a fin. Parece que la obra podría tener su razón en una tarde lluviosa, asi al menos lo cuenta George Sand, su compañera en sus memorias:

Volvían de Palma de Mallorca hacia el Monasterio de Valldemosa, George Sand y su hijo Mauricio, bajo un fuerte aguacero y se encontraron a un Chopin totalmente distraído que exclamó:

¡Ah sabía que estabais muertos! . Mientras tocaba el piano tuvo un sueño en el que se vio a si mismo ahogado en un lago y grandes gotas de agua helada caían de forma regular sobre su pecho. Cuando le hice escuchar el sonido de las gotas de lluvia que, de verdad, estaban cayendo desde el tejado, rítmicamente, denegó haberlas oído. Se enfado mucho de que yo lo interpretara como la muestra de un sonido imitativo. Protestó con toda su fuerza -y tenía razón-  contra la puerilidad de dicha imitación auditiva. Su genio estaba lleno de misteriosos sonidos de la naturaleza, transformados en sublimes equivalencias musicales en su pensamiento pero no a través de imitaciones sin originalidad de los sonidos reales"

Sand no concreta qué pieza fue la que se inspiraba en esta situación, pero todos los expertos indican que es el preludio nº 15 por su repetitivo la bemol, que recuerda a una persistente gota de lluvia. 

Frederik Niecks decía sobre el preludio: "te hace pensar en el claustro del Monasterio de Valldemosa y en una procesión de monjes portando a un hermano a su última morada cantando lúgubres responsos en la noche cerrada"

Y ahora no queda más que disfrutar de la pieza, en las manos de la sensacional pianista rusa Valentina Igoshina (1978): 




El cuadro que abre la entrada es obra de Gustave Caillebotte y tiene por título "Rue de Paris, temps de pluie" (1877) que se expone en el Art Institute de Chicago