Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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domingo, 9 de febrero de 2014

Julio César: Marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos

Julio César por Nicolás Coustou - Museo del Louvre (Paris)

Julio Cesar es sin duda uno de los grandes talentos militares de la historia universal, a la altura de Alejandro Magno o Napoleón, pero sus conquistas no se limitaban solo a territorios, resultando un amante siempre ávido de nuevas parejas, ya fueran hombres o mujeres, de las que bien pudiera haber dicho, parafraseandose a sí mismo aquello de: "Llegué, la/lo ví y venci" dado el interés y determinación que mostraba para conseguir llevar a su lecho a quien le entraba por el ojo.

Se cuenta que cuando Julio César  contaba con tan solo 20 años de edad, fue enviado como embajador a la corte de Nicomedes IV, el Rey de Bitinia, con quien se rumoreó insistentemente que había mantenido relaciones. Tanto es así que César fue conocido durante largo tiempo como "La reina de Bitinia" o "El establo de Nicomedes". Las críticas le llegaban a diestro y a siniestro y un día que en el Senado defendió a la hija de Nicomedes y recordó los favores que se le debían a este rey como aliado de Roma, Cicerón le dijo:

"Omite, te lo suplico, todo eso, porque demasiado sabido es lo que has recibido y lo que has dado"

Ni siquiera sus propias legiones se privaban de ello y el día de su triunfo sobre las Galias, le cantaron entre otras cosas: "Cesar sometió a las Galias y Nicomedes a César. He aquí a César que triunfa porque sometió a las Galias y Nicomedes, que sometió a César, no triunfa"

Tambien es cierto que sus legiones sabían de sobra de la hipersexualidad de César y su pasión por las mujeres asi durante la celebración del mismo triunfo añadían: 

"Ciudadanos, esconded a vuestras esposas, aquí traemos al adultero calvo"

Suetonio, el escritor de "La vida de los doce Césares", escribió de su evidente compulsión sexual:

"Tiénese por cierto que fue muy dado a la incontinencia y que no reparaba en gastos para conseguir tales placeres, habiendo corrompido a un considerable número de mujeres honradas"

Su bisexualidad era de dominio público y el mismo Suetonio añadiría: 

"Tan desarregladas eran sus costumbres y tan infames sus aventuras que se le conoció como marido de todas las mujeres y mujer de todos los maridos"

No se comprende, con esta vida tan desordenada en el plano sexual, que fuera tan duro con su esposa Pompeya cuando se enteró de que un hombre llamado Publio Clodio Pulcro, enamorado de ella, se había colado disfrazado en su casa, en una fiesta que se hacia en honor de la Buena Diosa y en la que solo podían asistir mujeres. A pesar de estar seguro de que Pompeya no había tenido relación alguna con Clodio, que fue evidentemente al ser sorprendido fue apresado, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio, procedió a repudiarla -muy posiblemente por motivos de oportunidad política- pronunciando aquella famosa frase: "No basta que la mujer del César sea honrada; si no que también tiene que parecerlo"... evidentemente la cosa de las apariencias no iba con él mismo.


La fotografía que encabeza esta entrada ha sido tomada sin ánimo de lucro y sin modificaciones de la página de Wikimedia, donde a fecha de hoy aparece etiquetada con de "Dominio Público" y por tanto de libre reutilización. Si cambiara su tipo de licencia y somos requeridos para ello, sería retirada. Enlace a la fuente original de la foto y a su etiqueta de "Dominio Público"

El mito de "Apolo y Dafne" y las coronas de laurel



No creo que sea posible encontrar a una persona que no se quede boquiabierta ante la contemplación de esta bella escultura de Gian Lorenzo Bernini que se exhibe en la Galeria Borghese de Roma. Su dinamismo, el grado de detalle del pelo, las hojas que crecen de los dedos de Dafne o la expresión de horror de esta última nos harán dudar de que aquella obra maestra un día estuviera oculta en un bloque de frio mármol y por supuesto nos hablará de la enorme maestría de Bernini a la hora de trabajar la piedra. Pero la escultura cuenta una historia que tiene ecos en nuestros días, concretamente en el mundo del deporte y que tiene que ver con la celebración de las victorias y las coronas de laurel.

Cuenta la leyenda, recogida por Ovidio en su Metamorfosis, que Apolo menospreció la destreza de Eros, el Cupido romano, con el arco: 

"Dime, joven afeminado: ¿qué pretendes hacer con esa arma más propia de mis manos que de las tuyas? Yo sé lanzar las flechas certeras contra las bestias feroces y los feroces enemigos. [...] Conténtate con avivar con tus candelas un juego que yo conozco y no pretendas parangonar tus victorias con las mías" 

Eros, el mensajero del amor, no se tomó nada bien las palabras del arrogante Apolo y se decidió a darle un escarmiento. Con la destreza con el arco que le era propia, lanzó una flecha de oro a Apolo que le provocaría el amor inmediato y a la vez una flecha de plomo a Dafne que le haría sentir el más absoluto rechazo amoroso. Cuando Apolo estuvo frente a Dafne se sintió evidentemente herido de amor y de pasión por aquella ninfa y empezó a perseguirla y a rogarle que se quedara a su lado mientras que esta, poseída por el efecto contrario, empezó a huir de él. Apolo pidió ayuda a los Dioses para poder alcanzarla y lograr culminar su amor lo que le fue concedido, momento en el que Dafne, al verse que iba ser atrapada por Apolo, pidió igualmente ayuda a su padre, el rio Peneo, el cual a fin de proteger a su hija de las ansias del Dios decidió convertirla en laurel. Así la escultura refleja el momento en que Apolo alcanza a Dafne, en el preciso instante en que ella empezaba a transformarse en árbol, cubriéndose su cuerpo en dura corteza, sus pies echaban raíces hincándose en el suelo y sus manos se llenaban de ramas y hojas. Apolo desconsolado se abrazó a lo que ya era árbol y se echo a llorar y dijo: 

"Puesto que no puedes ser mi mujer, serás mi árbol predilecto y tus hojas, siempre verdes, coronarán las cabezas de las gentes en señal de victoria."

De complemento os dejo un soneto de Garcilaso de la Vega sobre este mito:

Soneto XIII

A Dafne ya los brazos le crecían, 
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que al oro oscurecían.

De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban, 
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño, 
a fuerza de llorar, crecer hacía 
el árbol que con lágrimas regaba. 

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba! 


Un vídeo sensacional para recorrer cada detalle de esta espectacular escultura

La amiga Virginia San Martín Balbí nos recordó otro poema dedicado a este mito, en este caso obra de Julio Cortazar:

Voz de Dafne:

Supón que de verdad Dafne murmura 
en lo que llamas quejas de esta planta, 
sin sospechar la dicha que suplanta 
en verde luz la antigua criatura. 

Siente temblar al viento mi cintura 
donde se enreda el día que adelanta, 
la voz multiplicada que te canta, 
¡oh Apolo, esta tristeza de ser pura! 

Río del aire, estremecida escala 
donde la danza aprende la cadencia 
y urden abeja y flor su claro juego, 

te amaré, dios de miel, tortura de ala, 
con la misma encendida resistencia 
con que te huí mujer y árbol me entrego. 



La fotografía ha sido tomada sin animo de lucro y sin modificaciones de la página de Wikimedia más abajo enlazada y donde a fecha de hoy aparece etiquetada con licencia Creative Commons para su libre reutilización. Si cambiara su tipo de licencia y somos requeridos para ello, sería retirada. Cualquier reutilización debe hacerse desde la página original y conforme a sus términos de licencia. Enlace a la fuente original de la imagen y a su licencia CC.