Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

domingo, 10 de noviembre de 2013

Errol Flynn, un pedigüeño de narices




El actor Errol Flynn era todo un personaje en la vida real, amigo de juergas y francachelas, era también muy aficionado a disfrazarse y gastar bromas. Un personaje de la fama que Errol Flynn tenía por aquellos años era muy difícil que lograra pasar inadvertido entre la gente, de este modo solía llevar siempre en su equipaje un par de narices postizas, según él mejor artilugio, que bien hecha y colocada, uno pueda encontrar para cambiar totalmente la personalidad y fisonomía de una persona. Así, cuando quería disfrutar de la vida normal de un ser anónimo y tomarse una cerveza despreocupadamente en cualquier bar solo tenía que colocarse uno de aquellos apéndices nasales que en tanta estima tenía. 

Pero su afición por los disfraces no consistía tan solo en el hecho de resultar ocasionalmente "un hombre a una nariz pegado"; en cierta ocasión, cuando llevaba alguna copa de más, algo no muy extraño en él, se apostó una cena con John Barrymore (con el que aparece en la foto) a ver cual de los dos conseguía más monedas haciendo de mendigo. Se maquillaron a conciencia, se pusieron ropas viejas y raídas hasta parecer verdaderos vagabundos sin recursos y se marcharon a los lugares habituales donde se colocaban los pedigüeños. No llegaron a recibir ni una sola moneda. Cuando los verdaderos vagabundos, que suelen tener los lugares donde se colocan ya acordados y repartidos entre ellos, vieron llegar dos nuevos competidores, además desconocidos para ellos, los echaron del lugar casi a patadas... Y es que a veces es más complicado conseguir un papel de vagabundo que el de "Robin de los bosques".....

Friedrich Hölderlin.- Carta a un amigo (borrador)




Ah, querido, en qué estado estaba mi alma después de haberme separado de ti; al principio maldije a todo el mundo, dije con Fiesco: querría satisfacer mi resentimiento inexorable, querría desgarrar con mis uñas el mundo entero para hacer un monstruo de él..., pero pronto se desvaneció el furor. Desapareció mi violento odio, al que siguió una aceptación serena hacia todos los hombres, olvidé todas las injurias que había sufrido por su sagacidad a causa de las faltas de los otros; sí, yo los menospreciaba por sus eternos caprichos, por su inagotable sed de oro; sí, lo olvidé, yo me parecía al león que contempla al ratón a sus pies sin herirle porque es demasiado grande para enfadarse con él.

Dejé esta tierra tan pequeña, emprendí el vuelo hacia las estrellas, pasando sobre cimas de montañas antes tan caras a mi corazón sangrante. No solamente los males de la tierra me parecían pequeños y poco importantes; incluso sus alegrías no eran para mí más que golosinas hechas para niños y no para Dioses, y el hombre es un dios si quiere serlo. Pero he aquí a los hombres que se abandonan a la desesperación, plenos de incredulidad en cuanto a la naturaleza humana y tan débiles, en fin... No, no quiero hablar más de ello, no quiero caer de mi cielo, no quiero privarme de esta felicidad que me transporta, de esta sangre tan calma que corre por mis venas; no quiero soñar más con el pasado, e incluso si tuviera un gran deseo de ello, recordaría a lo sumo las flores que el carro de la Fortuna ha dejado escapar sobre mi camino; no quiero leer en la historia de mi vida sino las hojas que contienen mi felicidad.

No es cierto, hermano; crees que mis pensamientos, mis sentimientos ya no son de este mundo; creo que estoy maduro no para la paz muerta de la tumba, sino para una vida más feliz, más tranquila que ésta; incluso espero no estar largo tiempo ya sobre esta tierra, de la que ni siquiera las alegrías me atraen; espero que las tijeras fatales de la Parca vengan a cortar el hilo de mi vida, y en verdad puedo decir que espero el fin con tranquilidad, incluso con placer y con alegría.

Adiós, hermano; quizá sea la última vez que escuchas mi voz; recibe las bendiciones de un alma a la que restituiste la calma con tu amistad y con tu bondad y el último adiós de tu


Hölderlin


 ( Escrita en francés, sin fecha y encontrada entre los papeles de Schwab, primer biógrafo de Hölderlin)