Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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sábado, 9 de noviembre de 2013

Tomates verdes fritos (John Avnet, 1991)



"Soy demasiado joven para ser vieja y demasiado vieja para ser joven"


"¿Sabes la historia del lago que había aquí antes?...
Pues un mes de noviembre vino una bandada de patos y se posaron en el lago, la temperatura bajó tan deprisa que el lago se heló ,entonces los patos de fueron volando y se llevaron el lago con ellos, dicen que ahora debe estar en algún lugar de Georgia. "


" ¿Eres capaz de comerte algo que ha salido del culo de una gallina, pero no de sentarte al lado de un negro? ¡Por favor! "



"Déjela marchar, déjela marchar señorita (...) La señora Ruth era una dama, y una dama siempre sabe cuando irse."



“¿Sabe? Un corazón puede estar roto, pero aún así sigue latiendo.”


“-¿Es usted político, o lo de mentir le viene de familia?”

- “Reconózcalo señora, nosotras somos más jóvenes y más rápidas.”
-“Admitidlo: soy más vieja y mi seguro lo cubre todo.”

“-¿Te he contado lo de las otras? […] Imagínate cuantos millones de ostras viven en el fondo del mar. Pues bien, un día Dios pasaba por allí, vio una y dijo: quiero que esta ostra sea diferente. ¿Y sabes lo que hizo? Le puso dentro un granito de arena. Y adivina qué fue capaz de hacer esa ostra.

+¿Qué?

-Pudo hacer una hermosa perla.

+¿Y si Dios se equivocase?

-Tengo entendido que no comete errores. Al menos ha hecho que estemos juntos.”



"¿El secreto de la vida?- El secreto está en la salsa".



"TOWANDA!"

Diógenes "El cínico"... ¿o "El terco"?



Uno de los filósofos que atesoran más anécdotas es sin dudas Diógenes de Sinópe (412 a.C. – 323 a.C.), también conocido como "El cínico". Se cuenta que desde su ciudad natal viajó a Atenas con la firme intención de conocer al sabio Antístenes, el más antiguo de los pupilos de Sócrates y fundador de la escuela cínica, de quien deseaba ser discípulo. El caso es que la propuesta no fue del agrado de Antístenes, quien abrumado por la asfixiante insistencia de Diógenes, terminó por amenazarlo con su bastón si seguía dándole la tabarra. Lo tenía crudo Antístenes con un sujeto como Diógenes, quién ante la amenaza, terco como él solo, se limitó a responderle:

"No existe bastón tan duro como para conseguir apartarme de ti mientras siga pensando en todo lo que puedes enseñarme"

Evidentemente, con este afán de atesorar conocimientos, Diógenes logró convertirse en discípulo de Antístenes. Con el tiempo, Epícteto recordaba la figura de Diógenes como un modelo de sabiduría.

En el cuadro, obra de Jean-Léon Gérôme (1824-1904), podemos ver al famoso filósofo en su tonel, rodeado de sus queridos perros y observando el farol con el que, según la leyenda, un día caminó por las calles de Atenas mientras repetía: "Busco un hombre". Tal era el desprecio que el tiempo y la experiencia le había llevado a profesar hacía la mayoría de los hombres. Iba en su paseo, apartando a los hombres que encontraba en su camino, diciendo que sólo tropezaba con escombros, cuando su deseo era encontrar al menos un hombre honesto sobre la faz de la tierra.

¿Exagerado? Puede que sí, y evitando la famosa anécdota que tuvo con Alejandro Magno, me viene a la memoria, como prueba de su valía, aquella otra que cuenta como al pasar un ministro del Emperador ante él, le dijo:

"¡Ay, Diógenes! Si aprendieras a ser más sumiso y a adular más al emperador, no tendrías que comer tantas lentejas."
Diógenes solo le contestó: "Si tú aprendieras a comer lentejas no tendrías que ser sumiso y adular tanto al emperador"

Algunas de sus frases: 

"Probablemente los asnos se rían de ti, pero no te importa. Así, a mí no me importa que los demás se rían de mi."

"El único medio de conservar el hombre su libertad, es estar siempre dispuesto a morir por ella."

"La sabiduría sirve de freno a la juventud, de consuelo a los viejos, de riqueza a los pobres y de adorno a los ricos"

"Las mordeduras más peligrosas son las del calumniador entre los animales salvajes y las del adulador entre los animales domésticos."

"Los malvados obedecen a sus pasiones, como los esclavos a sus dueños."

"No os preguntéis como sobreviviré sin mi esclavo, preguntad a mi esclavo como sobrevivirá sin mí."

"Cuando estoy entre locos, me hago el loco."

"Cuanto más conozco a la gente, más quiero a mi perro."

"El elogio en boca propia desagrada a cualquiera."

"El insulto deshonra a quien lo infiere, no a quien lo recibe."

"Todo se consigue con el trabajo, hasta la virtud"

Y para terminar: 

"Un pensamiento original vale mil citas insignificantes."

Pablo Neruda.- La carta en el camino






ADIÓS, pero conmigo
serás, irás adentro
de una gota de sangre que circule en mis venas
o fuera, beso que me abrasa el rostro
o cinturón de fuego en mi cintura.
Dulce mía, recibe
el gran amor que salió de mi vida
y que en ti no encontraba territorio
como el explorador perdido
en las islas del pan y de la miel.
Yo te encontré después
de la tormenta,
la lluvia lavó el aire
y en el agua
tus dulces pies brillaron como peces.

Adorada, me voy a mis combates.

Arañaré la tierra para hacerte una cueva
y allí tu Capitán
te esperará con flores en el lecho.
No pienses más, mi dulce,
en el tormento
que pasó entre nosotros
como un rayo de fósforo
dejándonos tal vez su quemadura.
La paz llegó también porque regreso.
a luchar a mi tierra,
y como tengo el corazón completo
con la parte de sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas de tu ser desnudo,
mírame,
mírame,
mírame por el mar, que voy radiante,
mírame por la noche que navego,
y mar y noche son los ojos tuyos.
No he salido de ti cuando me alejo.
Ahora voy a contarte:
mi tierra será tuya,
yo voy a conquistarla,
no sólo para dártela,
sino que para todos,
para todo mi pueblo.
Saldrá el ladrón de su torre algún día.
Y el invasor será expulsado.
Todos los frutos de la vida
crecerán en mis manos
acostumbrados antes a la pólvora.
Y sabré acariciar las nuevas flores
porque tú me enseñaste la ternura.
Dulce mía, adorada,
vendrás conmigo a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi corazón viven tus besos
como banderas rojas,
y si caigo, no sólo
me cubrirá la tierra
sino este gran amor que me trajiste
y que vivió circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te espero,
en esa hora y en todas las horas,
en todas las horas te espero.
Y cuando venga la tristeza que odio
a golpear a tu puerta,
dile que yo te espero
y cuando la soledad quiera que cambies
la sortija en que está mi nombre escrito,
dile a la soledad que hable conmigo,
que yo debí marcharme
porque soy un soldado,
y que allí donde estoy,
bajo la lluvia o bajo
el fuego,
amor mío, te espero,
te espero en el desierto más duro
y junto al limonero florecido:
en todas partes donde esté la vida,
donde la primavera está naciendo,
amor mío, te espero.
Cuando te digan "Ese hombre
no te quiere", recuerda
que mis pies están solos en esa noche, y buscan
los dulces y pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te digan
que te olvidé, y aun cuando
sea yo quien lo dice,
cuando yo te lo diga,
no me creas,
quién y cómo podrían
cortarte de mi pecho
y quién recibiría
mi sangre
cuando hacia ti me fuera desangrando?
Pero tampoco puedo
olvidar a mi pueblo.
Voy a luchar en cada calle,
detrás de cada piedra.
Tu amor también me ayuda:
es una flor cerrada
que cada vez me llena con su aroma
y que se abre de pronto
dentro de mí como una gran estrella.

Amor mío, es de noche.

El agua negra, el mundo
dormido, me rodean.
Vendrá luego la aurora
y yo mientras tanto te escribo
para decirte: "Te amo".
Para decirte "Te amo", cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor, alma mía.
Yo te lo dejo como si dejara
un puñado de tierra con semillas.
De nuestro amor nacerán vidas.
En nuestro amor beberán agua.
Tal vez llegará un día
en que un hombre
y una mujer, iguales
a nosotros,
tocarán este amor, y aún tendrá fuerza
para quemar las manos que lo toquen.
Quiénes fuimos? Qué importa?
Tocarán este fuego
y el fuego, dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el nombre
que tú sola supiste porque tú sola
sobre la tierra sabes
quién soy, y porque nadie me conoció como una,
como una sola de tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni cuándo
mi corazón estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus pechos,
tu vientre, tus entrañas
y el alma tuya que yo desperté
para que se quedara
cantando hasta el fin de la vida.

Amor, te espero.

Adiós, amor, te espero.

Amor, amor, te espero.

Y así esta carta se termina
sin ninguna tristeza:
están firmes mis pies sobre la tierra,
mi mano escribe esta carta en el camino,
y en medio de la vida estaré
siempre
junto al amigo, frente al enemigo,
con tu nombre en la boca
y un beso que jamás
se apartó de la tuya.
Imagen: Edward Hopper.- Habitación de hotel (Detalle)