Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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lunes, 7 de octubre de 2013

Errol Flynn y las naranjas: Un modelo de vida sana




Desde que protagonizara "El capitán Blood", el actor Errol Flynn se convirtió en una verdadera estrella de Hollywood. Su prestancia física y su desparpajo y arrogancia ante la cámara hacían las delicias de los amantes del cine de aventuras. Lo curioso es que había todavía más frenesí en sus fiestas privadas que en sus películas, por repletas que estas estuvieran de abordajes, asaltos a castillos o cargas contra los indios. Sus borracheras eran legendarias, tanto como sus retrasos a la hora de llegar a los rodajes, sin embargo todo estuvo permitido mientras que la cuenta de beneficios fuera la que sumara más; una estrella rentable es lo máximo que puede pedir un productor de cine y Errol Flynn lo era sin duda.

El problema vino cuando se empezó a hacer pública su desmedida afición por empinar el codo y a amenizar sus fiestas aporreando un piano con su pene. Para una sociedad tan puritana como la americana aquello era un exceso intolerable y su fama se vio resentida. Fue ese el momento que aprovecho el todo poderoso Jack Warner, el mandamás de la Warner Bros. para meter en cintura a su alocada estrella, prohibiéndole probar una sola gota de alcohol durante los rodajes y obligándole a respetar los horarios. El caso es que Flynn pareció encauzarse por el buen camino y los estudios hicieron un esfuerzo publicitario para limpiar la imagen de su productiva estrella y que esta no dejara de ser la gallina de los huevos de oro. 

Aparentemente cesaron las fiestas, en las cenas de gala Flynn solo tomaba agua y todos los días se podía ver al actor en los estudios tomando una saludable dieta de naranjas y pomelos. Todos estaban encantados. Pero no pasó mucho tiempo antes de que empezara a verse a Flynn algo más que achispado en los rodajes y el caso es que por más que se buscaba no se encontraba el modo en que podía beber; si se entraba en su camerino lo más que podía llamar la atención era su nueva y desmedida afición por las naranjas y mandarinas que comía mientras repasaba sus nuevas líneas de guión. No había más.

Jack Warner decidió someter a un estrecho marcaje al actor y terminó por tirar del hilo de las naranjas que diariamente llegaban al camerino de su estrella desde una de las mejores tiendas de Los Ángeles. No tardó mucho en descubrir que allí preparaban con esmero la ración diaria de frutas de Errol Flynn, tal y como a él le gustaban, repletas del mejor vodka disponible, que era inyectado cuidadosamente en las mejores naranjas de la tienda. No era de extrañar que después de comer dos o tres saludables piezas empezara a sentir mar gruesa bajo sus pies y el Capitán Blood se convirtiera en el ingobernable "Capitán Vodka".

La foto de Flynn que acompaña el texto es obra de George Hurrell - 1938

Carta de Bonnie Parker a Clyde Barrow



Waco, Texas. 3 de marzo de 1930

Hola cielo:

Sólo unas líneas esta noche, porque me siento muy triste y sola. Piénsalo, cariño, hoy te he visto por primera vez en dos semanas, y apenas sólo unos minutos. Pero ha sido muy tierno verte por fin. Estos polis han resultado ser muy agradables, cariño. No son como los de Denton.

Tu madre se queda a pasar la noche conmigo. Quería que se quedase para que pueda volver a verte mañana. Mi amor, voy a buscarme un empleo para poder quedarme aquí. Ya no aguantaba más en Dallas sin ti. Cielo, qué feliz sería si pudieras liberarte de ese espantoso embrollo. No veo cómo me las voy a arreglar si te vas. No parecía que estuvieras muy contento de verme. ¿Algo va mal? ¿Ya no me quieres? Sé cómo te sientes, cariño, me imagino que estás preocupadísimo.

Escucha, querido, no te voy a escribir mucho hoy, porque te veré mañana, esperemos, y vamos a estar juntos un buen rato, como en los viejos tiempos. Y cielo, no te olvides de que te quiero más que a nada en el mundo, y sé muy, muy, muy bueno, y piensa en mí, aquí, pensando en ti.

Tu chica triste y solitaria,

Bonnie

Posdata: no te preocupes cariño, porque voy a hacer todo lo que esté en mi mano, y si al final no te sueltan, seré buena mientras estés encerrado, y esperaré, esperaré, esperaré, hasta que vuelvas conmigo. Te quiero.