Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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viernes, 13 de septiembre de 2013

El McCarthismo: EEUU, Cine y Comunismo



En los años 40-50, la Caza de Brujas en Hollywood, o lo que es lo mismo, la caza del profesional con ideas de izquierda promovida por el Senador Joseph McCarthy, fue un verdadero desastre para el mundo cultural y del cine. Con la fiebre anticomunista se llegaron a censurar cerca de 30.000 libros que fueron retirados inmediatamente de librerías y bibliotecas, entre esos perniciosos libros se encontraba el famoso Robin Hood o la novela "Espartaco"" de Howard Fast.
Eran legión los que ya habían tenido que pasar por el Comité de Actividades Antiamericanas y responder a la preguntita: "¿Pertenece o ha pertenecido usted al Partido Comunista?", dependiendo su futuro totalmente de la respuesta o actitud tomada tras la misma. Las delaciones ayudaban mucho a seguir trabajando y no fueron pocos los que recurrieron a ellas, delatando a algún compañero. Al respecto aún es recordado el caso de Elia Kazan, que si bien era un maestro a la hora de hacer películas, todavía era abucheado cuando en 1998 recogía un Oscar Honorífico a toda su carrera.

Encontrándose la denostada caza de brujas maccarthista en pleno auge se realizó una reunión del gremio de directores de cine, entonces presidido por Josep L. Mankiewicz. En la reunión el famoso director Cecil B. De Mille, que parece que estaba excesivamente escorado a la derecha en sus ideas, pretendía que dimitiese Mankiewicz de su cargo y además exigía que todos los directores firmaran un juramento de lealtad a EEUU. Fue entonces cuando John Ford se levantó y dio su opinión. Las palabras con las que comenzaría a hablar terminaría por definirle para siempre:

"Mi nombre es Ford. Dirijo Westerns (…). Siempre le he reconocido y respetado porque usted es EL director a los ojos del mundo entero, porque mejor que ninguno otro de esta sala, dirige películas que la gente, por millones, desea ver. Y le respeto por ello. Pero Cecil (B. De Mille), usted no me gusta, y no me gusta ninguna de las ideas que defiende"

En esa misma reunión el gran Fritz Lang, otro de esos grandes directores con parche en el ojo, decía: "M. De Mille quiero que sepa es la primera vez, desde que llegué a Estados Unidos, que siento miedo por mi acento.

La lista negra de profesionales ligados al cine que tenían prohibido trabajar en los estudios era vergonzosa. Allí figuraban nombres como Edward Dmytryk, Dalton Trumbo, Charles Chaplin, Bertold Brecht, Sterling Hayden, Sam Jaffe, John Garfield, Frank Capra, Jules Dassin, Aaron Copland, Lillian Hellmand, Dashiell Hammett….

Algunos profesionales se resistieron a declarar y fueron incluidos en la Lista Negra por ello, siendo conocidos como "Los diez de Hollywood". No todos eran grandiosos profesionales aunque si gente de principios. Ya decía Billy Wilder: "De los diez testigos hostiles, dos tienen talento, los demás son simplemente hostiles". El caso es que su ostracismo del mundo del cine fue apoyado por los Estudios que firmaron la conocida como "Declaración del Waldorf", por la que los "insumisos" eran encarcelados y despedidos de sus empleos indefinidamente (además de vetarle y obstaculizar cualquier actividad cinetográfica ajena a los estudios), hasta que no declarasen y demostrasen no ser comunistas.

En su apoyo se creó El Comité por la Primera Enmienda, un grupo de acción formado en septiembre de 1947 por los actores. Fue fundada por el guionista Philip Dunne, la actriz Myrna Loy, y directores de cine como John Huston y William Wyler, obteniendo el pronto apoyo de actores como Humphrey Bogart y Lauren Bacall (en la foto en una marcha publica en apoyo de "Los diez de Hollywood"), Henry Fonda, Gene Kelly, John Garfield, Edward G. Robinson, Judy Garland, Katharine Hepburn, Gregory Peck, Kirk Douglas, Burt Lancaster, Orson Welles, Billy Wilder, Groucho Marx, Lucille Ball, Frank Sinatra, Robert Ryan, Thomas Mann, Paul Henreid, Dorothy Dandridge, Jane Wyatt, Ira Gershwin, Evelyn Keyes, Danny Kaye, Lena Horne…

Orson Welles dijo:
“Lo malo de la izquierda americana es que traicionó para salvar sus piscinas. Somos pocos quienes no hemos traicionado nuestra postura, los que no hemos dado nombres de otras personas”.

Entre los que colaboraron con el Comité y "salvaron sus piscinas", denunciando a otros cineastas comparecieron Walt Disney, Elia Kazan, Robert Rossen, el productor Budd Schulberg, los actores Sterling Hayden, Adolphe Menjou, Gary Cooper (me voy a tener que cambiar el avatar), Robert Taylor y como no… Ronald Reagan.

En la segunda mitad de los años 50 el macarthismo comenzó a declinar en los Estados Unidos. La opinión pública y una serie de decisiones judiciales incidieron en el fin del macarthismo.

Los pies: ese oscuro objeto de deseo.





Los fans de las películas de Quentin Tarantino estarán acostumbrados a ver algunos ejemplos de culto a la podofilia, según el diccionario: pasión erótica o excitación sexual por los pies, que el director de cine incluye en sus cintas. La primera parte del cuerpo que le vemos a la señora Mia Wallace en Pulp Fiction es su base desnuda y el diálogo que mantienen Vincent y Jules sobre esa zona de la anatomía, antes de pasar a la acción, es toda una declaración de intenciones. Las referencias a este objeto de deseo son también palpables en Kill Bill y en Jackie Brown, con las adornadas extremidades inferiores de Bridget Fonda. Pero el culmen de cualquier podólatra se expresa en Abierto hasta el amanecer, en la secuencia en la que de la exótica bailarina, con serpiente incluida, interpretada por Salma Hayek. El director de cine comparte este fetichismo con otros personajes conocidos como Marilyn Manson, Andy Warhol, que según dicen tenía un pie humano momificado en su mesilla de noche, Dostoyevsky y el actor Christian Slater que ha declarado:”siempre me gusta experimentar en la cama y probar y descubrir nuevas formas de pasarlo bien. Creo que los dedos de los pies son muy divertidos”. Para Elvis la diversión pasaba también por ahí, ya que sus ayudantes inspeccionaban a las chicas, descalzándolas, antes de que estas pudieran tener un encuentro romántico con El Rey. El mismísimo Luís Buñuel dijo en una ocasión: “el fetichismo del pie constituye un ejemplo fascinante de la perversidad humana”.



Sobre el trasfondo psicológico de este fetichismo se han barajado muchas teorías. La de Freud es que en muchas culturas, la experiencia del niño con su madre puede involucrar adoración por el pie. Si esto deja una huella en la conducta sexual puede trasformar esta parte del cuerpo en un referente erótico, porque además, es lo primero que ve el pequeño de la gente, cuando empieza a caminar. Jung afirmaba, sin embargo que el pie era el símbolo del alma porque es lo que sostiene al ser humano erecto ( y a unos más que a otros). El neurólogo indio, Vilayanur S. Ramachandran, sostiene que los genitales y el pie ocupan áreas contiguas en el córtex somático-sensorial, lo que posiblemente hace que haya enlaces inconscientes entre ellos. También están los que mantienen que la forma del pie, con sus numerosas curvas, es similar a la de las caderas femeninas. Sin olvidar que el sexo y los pies ocupan el mismo campo visual durante el acto sexual, cuando las piernas están alzadas. Muchos hombres estarían cerebralmente influenciados por esta imagen.

Pero la teoría más interesante es sin duda la del autor del blog "La esquina del fetichismo de pies", que relaciona su obsesión con la serie de dibujos animados Los Picapiedra, que veía cuando era niño, en la que todos los personajes iban descalzos porque en la Edad de Piedra, los zapatos todavía no existían. Con la invención del calzado esta pasión se extendió en muchos casos a todos los complementos que adornan o visten este miembro: anillos, tatuajes, pulseras de tobillo, medias, stilettos, como plasmó el genial fotógrafo Elmer Batters (1919-1997) en sus maravillosas fotos eróticas donde los pies, las medias y los tacones son los protagonistas. En los fascinantes pero también puritanos años 50, sus trabajos eran rechazados y tuvo que especializarse en revistas de adultos, un género editorial que incluía imágenes de chicas con poca ropa y artículos de tono picante. Batters llegó a ser acusado de obscenidad y perversión y llevado ante los tribunales.

Pablo, madrileño, discípulo y admirador de Elmer, del que tiene todos sus libros de fotos, confiesa que no se siente muy cómodo hablando de su inclinación con ciertas personas. “Se supone que ahora todos somos muy abiertos y admitimos todo tipo de particularidades a la hora de entender la sexualidad, pero cuando dices que los pies te excitan la gente te ve, no tanto como un pervertido, sino como un friki. Con algunas de mis novias tuve problemas porque no entendían mis fantasías sexuales”.

Joseph Weir, el fetichista de Brooklyn, también fue un incomprendido. Claro que él no tenía problemas para echarse literalmente a los pies de las mujeres que viajaban en el metro de Nueva York y empezar a dar rienda suelta a su pasión entre el 2003 y el 2006. “Solo quería hacerlas sonreír y que se animaran a hablar conmigo”, declaro Weir.

Imagen: Los pies de Bridget Fonda en "Jackie Brown", de Tarantino

Gabriel García Márquez y Vargas Llosa.- dos amigos a puñetazos



Mucho se ha hablado acerca de la enemistad de los dos más grandes exponentes del boom literario latinoamericano. Generalmente se la asociaba a sus diferencias ideológicas políticamente hablando, a que la estrecha cercanía de García Márquez con el dictador cubano Fidel Castro era incompatible con el liberalismo de Vargas Llosa, y así un sinfín de elucubraciones.
Lo que todos sabían, era que los dos escritores habían sido íntimos amigos hace ya mucho tiempo y que había sido tan fuerte dicha amistad que incluso Vargas Llosa publicó a manera de tesis doctoral en España su "Historia de un deicidio", documento de casi 700 páginas donde cataloga a García Márquez como un dios que crea su universo propio, le da vida y lo maneja magistralmente a su antojo en su libro Cien años de soledad.
Esta amistad había empezado en 1966 cuando ambos escritores -ya con algún prestigio- habían intercambiado algunas cartas contemplando la idea de escribir una novela juntos acerca de la guerra que sus dos países mantuvieron en 1932. La cordial relación que había comenzado por cartas y telefónicamente durante largos meses (el uno en México y el otro en Barcelona) se afianzó cuando pudieron encontrarse por primera vez el 1 de agosto de 1967 en Caracas, pocas semanas después de la aparición de Cien años de soledad y con ocasión del Premio Rómulo Gallegos para Vargas Llosa.
Durante los nueve años siguientes compartieron Barcelona, viajaron, hablaron, comieron, apadrinaron a sus hijos (Mario fue el padrino de uno) y compartieron amigos comunes. Se apoyaron y se animaron, asistieron a las crisis suscitadas por la Revolución Cubana y fueron felices a tal punto que para García Márquez, el peruano era “el último caballero andante de la literatura”, y para Vargas Llosa, el colombiano era el “Amadís de América”.
Se deshacían en elogios mutuos.Bonita amistad
Pero inexplicablemente el 12 de febrero de 1976, Mario Vargas Llosa noqueó de un tremendo puñetazo a Gabriel García Márquez dentro de las instalaciones de un cine mexicano. Enseguida la prensa se hizo eco y buscaba explicaciones ante la brutal reacción de Vargas Llosa en contra de su "amigo del alma", pero ninguno de los dos ofreció explicaciones y el incidente -salvo la inicial publicidad- fue quedando en el olvido.

Pasaron más de 30 años y nadie entendió por qué de un momento a otro este par de escritores se convirtieron en enemigos. ¿Que podría haber motivado la ruptura de tan estrecha amistad?
Pues la respuesta a esa interrogante la dio hace unos tres años el fotógrafo personal de García Márquez, Rodrigo Moya, y es una historia bastante curiosa.

Era de noche y varios intelectuales se habían congregado en un cine de ciudad de México para asistir a la proyección de La odisea de los Andes, un filme que narra la aventura del grupo de uruguayos que pasó 72 días entre las nieves de la cordillera de los Andes y que practicó el canibalismo para sobrevivir, y cuyo guión había sido escrito por Mario Vargas Llosa.
Al terminar la película hubo un momento de distensión con bebidas y bocadillos. García Márquez, que estaba acompañado por su esposa, divisó de lejos al amigo Vargas Llosa. Se dirigió a abrazarlo. Alcanzó a decirle sonriendo: "Mario..." y recibió el tremendo puñetazo, un derechazo entre el ojo izquierdo y la nariz. Vargas Llosa le gritó "¡Cómo te atreves a venir a saludarme después de lo que le hiciste a Patricia en Barcelona!"

Con una abundante hemorragia, entre los gritos y algunos sollozos de las damas presentes, sentado en el suelo, perplejo por lo que había ocurrido y no terminaba de entender, Gabo fue socorrido de inmediato.
Un escritor mexicano corrió a buscar un trozo de carne que le fue aplicado en el ojo golpeado al glorioso escritor colombiano para absorber la hinchazón. Mientras tanto, Vargas Llosa se retiró tras el incidente. Los dos ex amigos nunca más volvieron a hablarse.
Pero ¿cómo sabía tanto calles el fotógrafo? Pues Moya cuenta en su relato que Gabo y su mujer fueron a su domicilio a los dos días de la agresión, para que le tomase algunas fotos con el ojo morado con el fin de presentar una denuncia en contra del escritor peruano. Parece ser que esta denuncia no se concretó.

Sobre el incidente del puñetazo, el escritor colombiano Juan Gossaín también ha dado su versión:
Sucede que mientras vivían en Barcelona, Mario Vargas Llosa se voló para Estocolmo con una azafata sueca, por la que incluso abandonó su hogar. Ante esa situación, García Márquez, aconsejado por su propia esposa, habló con la de Vargas Llosa sugiriéndole que le pidiera el divorcio.
Y como suele suceder, después del pequeño affaire Mario volvió a su hogar y se reconcilió con su sufrida esposa, quien luego le contaría sobre la recomendación de su amigo Gabo, el que a su vez por entrometido quedó con un ojo morado.

Imagen: Vargas Llosa con su mujer, Patricia; José Donoso y su esposa Pilar Serrano; García Márquez y su mujer Mercedes Barcha

Jean-Luc Hennig.- Breve historia del culo




 

"A Fellini también le gustaba elogiar la culidad de la mujer. La mujer-culo, decía, "es una epopeya molecular de la feminidad, una divina comedia conducida siguiendo la anatomía femenina". Eso no es una maldad por su parte, como se ha creído, puesto que él los amaba así, monstruosos, deformes, desabridos, colgantes. Los colgantes, por ejemplo, con sus oscuras pantorrillas velludas, que cuando se ponían a horcajadas en las bicicletas y rebosaban sobre el sillín como frutas en una cesta, "hacían que brillaran “dice Fellini“ con un centelleo de reflejos deslumbrantes, los culos más hermosos de la Romaña". Fue a la orilla del mar, cuenta a José Luis de Villalonga, donde tuvo por primera vez la revelación de la mujer. Tenía ocho años. En aquella época, una mujer enorme, blanca y sucia vivía sola en una especie de choza que se había construido en la playa. Por las noches, se entregaba sobre la arena a los pescadores que tenían el coraje de acercársele. Le pagaban permitiéndola que rebuscase en el fondo de sus barcas los restos de las sardinas minúsculas que en Rimini llaman saraghine, así que la llamaban la Saraghina. Por cuatro perras, se arremangaba lentamente su amplia falda harapienta y mostraba durante algunos segundos un trasero inmenso, pálido, que hizo soñar a generaciones de chavales. Por el doble de precio, la Saraghina se daba la vuelta. Pero también a veces saltaba como una bestia furiosa, gritando y blasfemando.

La Saraghina tenía una cabeza leonina, ojos achinados y una boca grandísima y como de goma con la que hacía muecas. Olía mucho a pescado, a las algas que se enredaban en su cabellera, junto con el petróleo y el alquitrán de las barcas. Tenía sobre todo un cuerpo de leopardo y un trasero vasto como el mundo. Y un día, la Saraghina se puso a cantar para él. Una rumba. Tenía voz de niña. Un hilillo de voz muy puro, muy claro, muy tierno. Y aquel día, Fellini descubrió el pecado."

[Traducción de José Miguel González Marcén]

Imagen: fotograma de "Amarcord", película de Fellini