Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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domingo, 4 de agosto de 2013

Isak Dinesen.- Cartas desde África

 

 
 
 
 ”Denis Finch-Hatton no tenía otro hogar en África que la granja. Vivía en mi casa entre safaris y allí tenía sus libros y su gramófono. Cuando él volvía a la granja, esta se ponía a hablar; hablaba como pueden hablar las plantaciones de café, cuando con los primeros aguaceros de la estación de las lluvias florecía, chorreando humedad, una nube de tiza. Cuando esperaba que Denis volviera y escuchaba su automóvil subiendo por el camino, escuchaba, al mismo tiempo, a las cosas de la granja; venía solo cuando quería venir, y ella percibía en él una cualidad que el resto del mundo no conocía, humildad. Siempre hizo lo que quiso, nunca hubo engaño en su boca.
Había un rasgo en el carácter de Denys que para mí lo hacía especialmente precioso, y era que le gustaba que le contaran historias. …
Denys, que vivía principalmente a través del oído, prefería escuchar un cuento que leerlo; cuando llegaba a la granja me preguntaba:
-¿Tienes algún cuento?
Durante su ausencia yo preparaba muchos. Por las noches se ponía cómodo tendiendo cojines hasta formar como un sofá junto al fuego y yo me sentaba en el suelo, las piernas cruzadas como la propia Scherezade, y él escuchaba, atento, un largo cuento desde el principio hasta el fin.”
 
Imagen: Karen Blixen y Denys Finch
 

Microproblema - Ajo



MICROPROBLEMA

Si le sumo mi soledad a la tuya
qué es lo que obtengo a cambio
¿Dos soledades o ninguna?”.

Este micropoema es obra de "Ajo" (María José Martínez de la Hoz) y el grabado de M.C Escher

Livingstone y los collares



"Iré a cualquier parte, siempre que sea hacia adelante"

Son palabras del célebre explorador David Livingstone, que tanta expectación levantó con sus viajes de exploración por África y con la posterior expedición de Stanley para encontrarle cuando se dejó de tener noticias suyas.

En cierta ocasión Livingstone quiso comprar un collar de dientes de cocodrilo que llevaba un mercader egipcio que pedía por él la desorbitada cifra de quinientas libras. Livingstone visiblemente disconforme con dicha suma le dijo:

"Tenga usted en cuenta que por ese dinero puedo comprar yo un collar de perlas en cualquier lugar de África"

El mercader no se amilanó y manteniéndose en sus trece le repuso: "No lo dudo; y parece justo. Es mucho más fácil abrir las ostras para sacar las perlas, que abrir la boca de un cocodrilo para quitarle los dientes…"

El argumento era demoledor además de inteligente y Livingstone compró el collar sin rechistar por la cantidad que le habían pedido.

 

Pierna creciente pantalón menguante



Ahora que, parafraseando el título de aquella película: "Pierna creciente falda menguante", las mujeres han decidido masivamente regalarnos la vista con esos pantalones sin perneras, maravillosamente ajustados al final de la nalga, he de reconocer que a veces queda uno deslumbrado ante el soberbio y decidido andar de algunas féminas sobre plataformas imposibles (no son elegantes los titubeos a 15 centímetros del suelo), en una moda que por adocenada termina por resultar algo vulgar y que me ha llevado a sojuzgar mi burbujeante libido al buen gusto y pensar que tras dichas piernas solo hay humo. Los uniformes nunca son buenos, ni siquiera los impuestos masivamente por la moda. Se echa de menos la variedad. Se admiten críticas (que supongo no serán pocas).


 La fotografía es de Joshua Hibbert