Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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miércoles, 29 de mayo de 2013

Bette Davis como la Reina Isabel I

 

En 1939, la grandiosa Bette Davis, se enfrentó el reto de recrear a la Reina Isabel I de Inglaterra en su madurez en la película "La vida privada de Elizabeth y Essex" dirigida por Michael Curtiz y en la que tuvo como partenaire a Errol Flynn con el que tuvo algún que otro encontronazo. Para poder dar vida al personaje tuvo que admitir un maquillaje nada favorecedor y afeitarse las cejas y retrasar la línea de crecimiento del cabello. Cierto día fue visitada por Charles Laughton, sin duda otra de las cimas del arte actoral de todos los tiempos y la Davis le comentó el reto que estaba suponiendo para ella dar vida a una mujer de sesenta años (Bette Davis tenía entonces 31) a lo que Laughton le respondió:  


«Nunca tengas miedo de atreverte a salir de ti misma. Es la única manera de crecer en tu profesión. Debes intentar cosas que estén más allá de ti o te estancarás en una rutina interminable»

Bette Davis reconoció tiempo después que el consejo de su colega le había influenciado grandemente a lo largo de toda su carrera. En realidad no deja de ser un buen consejo para cualquiera de nosotros… Sirva la anécdota de excusa para disfrutar de la fabulosa foto que la acompaña.
 
Ya hace tiempo contábamos otra anécdota de esta película:




Romy Schneider



"No soy nada en la vida, pero lo soy todo en la pantalla."

 
ROMY SCHNEIDER
 

(23 de septiembre de 1938 - 29 de mayo de 1982)





Su nombre completo fue Rose-Marie Albach. Su veta artística la heredó, ya que procedía de una familia de importantes actores. Su madre, una mujer de origen alemán llamada Magda Schneider, era conocida mundialmente por su trabajo en Liebelei del autor Max Ophuls. Su padre, el actor de teatro Wolf Albach-Rhetty, era hijo de la actriz Rosa Rhetty, quien fue conocida con el sobrenombre de la “Sarah Bernhard austriaca”.
A los diez años Romy se encontraba en un internado de monjas en Austria. Allí se recreaba con obras de teatro esta pequeña niña, solitaria por las pocas visitas de sus padres. Emprende viajes ficticios a través de los caminos de los sueños, soñando algún día actuar con su actor favorito: Orson Welles.
A los quince años regresa a su casa materna y descubre que su madre se ha vuelto a casar con un hombre de negocios. Ella decide estudiar en la Academia de Bellas Artes, para dedicarse al dibujo y al diseño de prendas de vestir. Magda pronto comienza a rodar la película Cuando florezcan las lilas blancas (1953, Hans Deppe) con un Papel para Romy. Y no solamente se vio bien en la pantalla sino que también cantó el tema musical del filme.
Enseguida se le abre un aluvión de ofertas de trabajo. Su madre por ese entonces empezaba a seleccionar cuáles debía interpretar la niña. Comenzaron sus papeles de protagonista en Sueños de circo (1954, Kurt Hoffman), junto a Lilli Palmer, y Los jóvenes años de una reina (1954, Ernst Marischka), quien ayudó a convertir a Romy en una verdadera actriz relatando la historia de la reina Victoria y su amor por el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo.
Años más tarde, el mismo director convoca nuevamente a madre e hija para una película sobre la vida de la emperatriz Elizabeth de Austria. Romy comienza a darle luz y magia a este personaje, con la ayuda de un espectacular vestuario de época. Filma La panadera y el emperador (1955, Ernst Marischka), Sissí (1955, Ernst Marischka) y Sissí emperatriz (1956, Ernst Marischka).
En 1956, acompañada de su madre, viaja a Hollywood, donde recibe de manos de Walt Disney el premio a “La muchacha más bonita del mundo”. Aunque estaba cansada de interpretar a Sissí, su madre logra convencerla de filmar otra película. Así filma El destino de Sissi (1957, Ernst Marischka), que se convirtió en otro éxito.
En 1958, Romy conoció a Alain Delon en París. Con él compartió cartel en Christine (1958). Ella viajaba constantemente a París y vivieron un apasionado romance. Romy quería ir a vivir con Delon y la madre lo único que le pidió fue que se comprometiera. Así, el 22 de marzo de 1959, se realizó el compromiso en su residencia frente a muchos periodistas. Ella decía: “Siempre me lo juego todo, llevo las cosas hasta las últimas consecuencias. Me entrego y amo con todo mi corazón”. Contó a la prensa cómo fue el primer encuentro con Alain Delon en el aeropuerto de Orly. Allí la esperaba el joven casi desconocido que sería compañero en el filme Christine. El actor estaba al pie de la escalera. Ella miró con interés al joven perfectamente vestido, con corbata, bien peinado, atractivo, serio y con un ramo de rosas rojas. Ella todavía no hablaba francés y él tampoco inglés… Pero un sentimiento los unía.
Luego hace teatro, y en 1961, encarna el personaje de Pupé, en Bocaccio ’70. También protagonizó Le combat dans l’√≠¬Æíle (1962) junto a Jean-Louis Trintignant, con quien se le adjudicó un secreto romance.
En esos años, paseando en la finca con Delon recibe un telegrama de Orson Welles que le cambiará su destino. Orson le propone filmar El Proceso (1962). Romy, sin pensarlo, viaja a los Estados Unidos a encontrarse con el actor que tanto admiraba. Hollywood la esperaba para filmar otras películas como Los vencedores (1963, Carl Foreman), El cardenal (1963, Otto Preminger) y Préstame tu marido (1964, David Swift) con Jack Lemmon.
Trasde tantas filmaciones vuelve a París, pero Delon ya no la estaba esperando en su mansión. Sólo la esperaba un ramo de rosas y una carta de despedida. Alain Delon viaja a España y conoce a Nathalie, con quien tendrá un hijo. √âsta noticia hace cambiar a Romy y acepta amigarse con la madre, cosa que no podía antes, debido a que estaba en contra de su relación con Delon. Finalmente busca consuelo en su mamá, que la ayuda a pasar ese triste momento que estaba viviendo.
En 1965, filma la comedia ¿Qué tal Pussycat? (1965) junto a Woody Allen, Ursula Andrés y Peter Sellers. De nuevo en Francia, aparece en La ladrona (1966, Jean Chapot).
Trabaja con Alain Delon, en La piscina (1969, Jacques Deray).
El 15 de julio de 1966 se casó con el actor Harry Meyen en el Cap Ferrat, en la Costa Azul, y se mudaron a Berlín. De este matrimonio nace David Christopher; Romy deja de trabajar dos años para criar al bebé. Es este tiempo también fallece su padrastro y descubre que las finanzas que le administraban no le dejan un peso. El matrimonio enseguida empieza a desvanecerse. Harry sufría grandes dolores de cabeza y lo ponían “demasiado nervioso”. Se divorciaron en 1975. Luego conoce a Claude Sautet, que la dirigió en Las cosas de la vida (1970, Claude Sautet), mientras mantenían una relación secreta.

Más tarde en París, junto a su ex-amante por tercera vez, protagoniza con Delon otra película, El asesinato de Trotsky (1972, Joseph Losey). Después aparece nuevamente el personaje de Sissí que lo reencarna de la mano de Luchino Visconti en Luis II de Baviera (1972, Luchino Visconti).
En 1972, después de larga disputa judicial, Romy obtuvo la custodia de David a cambio de ceder la mitad de su fortuna a su antiguo compañero. El actor Harry Meyen siguió con sus dolores de cabeza y su fracaso sentimental, y se dedicó a beber y a tomar demasiados analgésicos. Romy realizó otro filme con mucho éxito: Ella, yo… y el otro (1972, Claude Sautet). Siguió el éxito con Lo importante es amar (1975, Andrzej Zulawski), que le dio la oportunidad de ganar el premio César francés a la mejor actriz. El segundo lo obtuvo por El viejo fusil (1975, Roberto Enrico). Durante el rodaje de esta película conoce a Daniel Biasini, con quien se casó en diciembre de 1975 en Berlín. Su matrimonio duró hasta junio de 1981. Pierde un embarazo, pero al poco tiempo lo intenta nuevamente y el 21 de julio de 1977 nace Sarah Magdalena en Saint Tropez.
En 1979, Harry Meyen fue encontrado ahorcado en una de sus habitaciones de su castillo de Hamburgo. Ella viaja rápidamente desde México, donde se encontraba trabajando. El suicidio de su ex-marido la afectó terriblemente y a su hijo lo mandó con los abuelos paternos, pese a que el niño se había encariñado de vivir con su marido Daniel. Romy no podía dormir y bebía para conciliar el sueño. Unos meses más tarde muere la abuela paterna Rosa Rhetty, en Viena, a los 106 años.
Su segundo matrimonio empieza a decaer. Sigue trabajando y rueda Una mujer en la ventana (1976, Pierre Granier-Deferre), Una vida de mujer (1978, Claude Sautet) y en los EE.UU., Lazos de sangre (1979, Terence Young). Vuelve a Europa a rodar Una mujer singular (1979, Costa-Gavras) y la magnífica La muerte en directo (1980, Bertrand Tavernier).
Rueda en Italia Fantasma del amor (1981, Dino Risi) junto a Marcello Mastroianni. Conoce entonces a un joven productor, Laurent Petin, quien se encargó de cuidarla de las borracheras y la acompañaba en sus noches de insomnio. De vuelta se mudaron juntos en París.

A los 43 años, si bien parecía que había encontrado a un buen compañero, parece no encontrar sus sueños como en aquellas noches. Encontró en la actividad diaria el cese de sus depresiones continuas. Empezó a rodar Testimonio de mujer (1982) y poco a poco comenzó a deteriorarse su salud: se quebró un pie y la operaron de urgencia del riñón, con un principio de cáncer. Pero parece que la desgracia no llega a su fin. Faltaba el golpe final: su hijo David, trepando las rejas de su casa, resbaló y quedó atravesado por una de ellas. El encargado de darle la noticia fue Alain Delon. Romy corrió hacia al hospital, pero ya era tarde: su hijo de catorce años acababa de morir en la sala de operaciones. En medio del dolor la madre confiesa que era su único amigo. A causa del dolor se encerró en un hotel y no quería salir para nada. Entonces Alain la busca y la lleva a su finca lejos de los periodistas para que esté más tranquila. Finalmente el año siguiente 1982, termina de filmar Testimonio de mujer (1982) y Romy exigió que al final de la película aparezca la dedicatoria “Para David y su padre”.
Un 29 de mayo de 1982, después de una velada en casa de la hermana de Laurent, la pareja llegó a las dos de la madrugada a su departamento. Romy no quiso acostarse enseguida. Tenía algunas cartas que escribir. Laurent se fue a la cama. Al despertarse por la mañana la encontró sentada sobre el sillón, en la misma posición que la noche anterior. Sobre la mesa había una carta apenas comenzada y algunas escrituras sobre las actividades que debía realizar durante del día. El dolor de la pérdida de su hijo la llevó a sobrevivir diez meses más. Su vida se fue apagando lentamente; apenas comía y sólo escribía cartas a los amigos, hablando de su hijo como si estuviera vivo.
Fue enterrada en el cementerio de Boissy Sans Avoir, a 50 kilómetros de París. Lugar del que ella afirmaba: “En París soy la mujer más feliz del mundo. No existe una ciudad como ésta para vivir la vida”. Dos meses después del entierro su tumba fue profanada y su diario íntimo desapareció. Algunos sostuvieron que los escritos eran muy comprometedores para los traficantes de drogas y podían esclarecer el asesinato de Stefan Markovic, el secretario personal de Alain Delon, asesinado en 1968.
El primero que acudió después de su muerte fue Alain, que no quiso asistir a su multitudinario entierro… y todavía hoy, al cabo de los años, recuerda a Romy como el único amor de su vida. Cuando Romy Schneider murió, Alain Delon confesó a un periodista que ella representaba veinticuatro años de su vida y los momentos más felices de su existencia. Así se fue una grande con una belleza natural inconfundible.
Ilustraba sus coloreadas escenas, junto a su suntuosos vestuarios, como si fuesen robados de un cuento de hadas. Su tristeza y su soledad no tenían refugio en ella y poco a poco fueron adueñándose y copando su vida cada vez más. La dulce sonrisa de la inigualable Romy Schneider se fue borrando en su rostro y en su mente; sus explicaciones, sus sentimientos necesitaban ser escuchados y no guardados en interminables notas sin un destinatario. Nadie la supo comprender; la soledad la acompañaba y le jugó una mala pasada. Este mundo trágico que le tocó vivir le cortó un ala para poder volar.(Fuente:claqueta.es)




                                                 Romy Schneider como la emperatriz Sissi

Su gran oportunidad llegó con Sissi. En 1955 se celebró el estreno mundial de la primera parte. Durante muchos años Romy Schneider fue encasillada en este papel. La actriz intentó borrar su imagen de Sissi (que acabó odiando) hasta el día de su muerte. Sin embargo, este papel fue el mayor éxito de su carrera.

Tras la segunda parte Sissi Emperatriz y la tercera El destino de Sissi, la actriz se negó a hacer la cuarta rechazando incluso un sueldo de un millón de marcos (algo más de 510 000 euros).

Epicuro por él mismo (citas):

 
 
"Comamos y bebamos que mañana moriremos".

"¿Quieres ser rico? Pues no te afanes por aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia."

"Retírate dentro de ti mismo, sobre todo cuando necesites compañía."

"Todo el mundo se va de la vida como si acabara de nacer".

"También en la moderación hay un término medio, y quien no da con él es víctima de un error parecido al de quien se excede por desenfreno".

"Una ira desmesurada enjendra la locura."

"Acostúmbrate a pensar que la muerte para nosotros no es nada, porque todo el bien y todo el mal residen en las sensaciones, y precisamente la muerte consiste en estar privado de sensación. Por tanto, la recta convicción de que la muerte no es nada para nosotros nos hace agradable la mortalidad de la vida; no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque nos priva de un afán desmesurado de inmortalidad."

"Debemos meditar, por tanto, sobre las cosas que nos reportan felicidad, porque, si disfrutamos de ella, lo poseemos todo y, si nos falta, hacemos todo lo posible para obtenerla."

"El cuerpo, en lances de amor, es parte indispensable del alma."

"El futuro no es nuestro, pero tampoco puede decirse que no nos pertenezca del todo."

"El hombre es rico desde que se ha familiarizado con la escasez."

"El hombre que no sea virtuoso no puedes ser feliz."

"El más grande fruto de la justicia es la serenidad del alma."

"El que menos necesita del mañana es el que avanza con más gusto hacia él".

"El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo."

"El placer es el principio y el fin de una vida feliz."

"El sabio no se esforzará en dominar el arte de la retórica y no intervendrá en política ni querrá ser rey."

"Has de mirar con quién comes y bebes antes que lo que comes y bebes; porque comida sin amigo es comida de leones y lobos."

"Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita".

"Llegará un momento en que creas que todo ha terminado. Ese será el principio."

"Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco."

"Nadie, al ver el mal, lo elige, sino que se deja engañar por él, como si fuera un bien respecto a un mal peor".

"Para muchos, haber ganado riquezas no fue acabamiento de sus miserias, sino cambio de unas miserias por otras."

"Quien un día se olvida de lo bien que lo ha pasado se ha hecho viejo ese mismo día".

"Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos, ya que está lejos de los primeros y, cuando se acerca a los segundos, éstos han desaparecido ya."

"Así pues, practiquen la filosofía tanto el joven como el viejo; uno, para que aún envejeciendo, pueda mantenerse joven en su felicidad gracias a los recuerdos del pasado; el otro, para que pueda ser joven y viejo a la vez mostrando su serenidad frente al porvenir."

" ¿Dios está dispuesto a prevenir la maldad pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿No está dispuesto a prevenir la maldad, aunque podría hacerlo? Entonces es perverso. ¿Está dispuesto a prevenirla y además puede hacerlo? Si es así, ¿por qué hay maldad en el mundo? ¿No será que no está dispuesto a prevenirla ni tampoco puede hacerlo? Entonces, ¿para qué lo llamamos Dios?".

" ¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego, porque no lo sé ni tengo medios para saberlo. Pero sé, porque esto me lo enseña diariamente la vida, que si existen ni se ocupan ni se preocupan de nosotros."

"El que exhorta al joven a una buena vida y al viejo a una buena muerte es un insensato, no sólo por las cosas agradables que la vida comporta, sino porque la meditación y el arte de vivir y de morir bien son una misma cosa. Y aún es peor quien dice: 'Bello es no haber nacido pero, puesto que nacimos, cruzar cuanto antes las puertas del Hades'."

"Es estúpido quien confiese temer la muerte no por el dolor que pueda causarle en el momento en que se presente, sino porque, pensando en ella, siente dolor: porque aquello cuya presencia no nos perturba, no es sensato que nos angustie durante su espera."

"La libertad y la anarquía, los mayores frutos de la autarquía".

"La muerte es una quimera, pues cuando yo estoy, ella no está; y cuando ella está, yo no."

"La necesidad esta dentro del mal, pero no hay causa, dianoética, alguna de vivir con necesidad."

"Las enfermedades duraderas proporcionan a la carne más placer que dolor."

"Límite de la grandeza de los placeres es la eliminación de todo dolor. Donde exista placer, por el tiempo que dure, no hay ni dolor ni pena ni la mezcla de ambos".

"No es verdaderamente impío el hombre que niega los dioses que la multitud venera, sino aquél que afirma de los dioses lo que la multitud cree de ellos".

"Que nadie, mientras sea joven, se muestre remiso en filosofar, ni, al llegar a viejo, de filosofar se canse. Porque, para alcanzar la salud del alma, nunca se es demasiado viejo ni demasiado joven."

"Quien afirma que aún no le ha llegado la hora o que ya le pasó la edad, es como si dijera que para la felicidad no le ha llegado aún el momento, o que ya lo dejó atrás."

"Si buscas la fama, más fama te darán mis cartas que todas esas cosas que festejas y por las cuales eres festejado."

Epicuro de Samos (aprox. 341 a. C. - 270 a. C.) fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo racional y el atomismo.

 Defendió una doctrina basada en la búsqueda del placer, la cual debería ser dirigida por la prudencia. Se manifestó en contra del destino, de la necesidad y del recurrente sentido griego de fatalidad. La naturaleza, según Epicuro, está regida por el azar, entendido como ausencia de causalidad. Sólo así es posible la libertad, sin la cual el hedonismo no tiene motivo de ser. Criticó los mitos religiosos, los cuales, según él, no hacían sino amargar la vida de los hombres. El fin de la vida humana es procurar el placer y evadir el dolor, pero siempre de una manera racional, evitando los excesos, pues estos provocan un posterior sufrimiento. Los placeres del espíritu son superiores a los del cuerpo, y ambos deben satisfacerse con inteligencia, procurando llegar a un estado de bienestar corporal y espiritual al que llamaba ataraxia. Criticaba tanto el desenfreno como la renuncia a los placeres de la carne, arguyendo que debería buscarse un término medio, y que los goces carnales deberían satisfacerse siempre y cuando no conllevaran un dolor en el futuro. La filosofía epicureísta afirma que la filosofía debe ser un instrumento al servicio de la vida de los hombres, y que el conocimiento por sí mismo no tiene ninguna utilidad si no se emplea en la búsqueda de la felicidad.

 Aunque la mayor parte de su obra se ha perdido, conocemos bien sus enseñanzas a través de la obra De rerum natura del poeta latino Lucrecio (un homenaje a Epicuro y una exposición amplia de sus ideas), así como a través de algunas cartas y fragmentos rescatados.