Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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lunes, 27 de mayo de 2013

Julio Cortázar.- Objetos perdidos (poema)




Por veredas de sueño y habitaciones sordas
tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales llamándome y llamándome
pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo
si la cifra se mezcla con las letras del sueño,
si solamente estás donde ya no te busco.
Mendoza, Argentina 1944
La mufa
Vos ves la Cruz del Sur,
respirás el verano con su olor a duraznos,
y caminás de noche
mi pequeño fantasma silencioso
por ese Buenos Aires,
por ese siempre mismo Buenos Aires.
Quizá la más querida

Me diste la intemperie,
la leve sombra de tu mano
pasando por mi cara.
Me diste el frío, la distancia,
el amargo café de medianoche
entre mesas vacías.

Siempre empezó a llover
en la mitad de la película,
la flor que te llevé tenía
una araña esperando entre los pétalos.

Creo que lo sabías
y que favoreciste la desgracia.
Siempre olvidé el paraguas
antes de ir a buscarte,
el restaurante estaba lleno
y voceaban la guerra en las esquinas.

Fui una letra de tango
para tu indiferente melodía.
Una carta de amor
Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo

como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía,

todo eso es tan poco
yo lo quiero de vos porque te quiero.

Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,

y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.

Bette Davis y Wylliam Wyler: Un amor a "La carta"

Bette Davis en "Jezabel" - 1938

Un año antes de que Vivien Liegh se presentara como una caprichosa niñita del sur de los Estados Unidos en "Lo que el viento se llevó" (1939) tuvimos un claro antecedente de dicho personaje en "Jezabel" (1938) en el que Bette Davis daba vida también a una belleza sureña en extremo consentida y que le valió la consecución de su segundo Oscar.

El caso es que durante el rodaje de esta sensacional película, el director, William Wyler, tuvo un romance con su protagonista, que si bien estaba casada con el músico de jazz Harmon Nelson, su relación debía de encontrarse muy deteriorada puesto que de hecho se divorciaron ese mismo año. La cosa llegó a tal punto que Davis describió con el tiempo la relación con Wyler como «el amor de mi vida», y dijo que hacer la película con él fue «el momento de mi vida de la mayor felicidad perfecta».

William Wyler y Bette Davis durante el rodaje de "Jezabel"
En pleno romance Wyler le escribió una carta a la Davis, que por cierto, tal como se ve en la foto se mostraba realmente hermosa en esta película, y le pedía matrimonio. Despues de un día muy complicado de rodaje, en el que había discutido con Wyler, Bette encontró en la mesa del vestíbulo de su casa la carta de puño y letra de Wyler, pero despues de aquella pequeña pelea no quiso abrir ni leer la carta. Tardó una semana en abrirla y encontrar la referida petición, así como la solicitud del director de una respuesta inmediata, pues de no recibir noticia o ser esta negativa se casaría de forma inminente con otra mujer, cosa que como pudo comprobar ocurrió cuando supo por la radio del enlace de William Wyler con Margaret Tallichet, algo que ocurrió horas despues de haber abierto la carta.

Nadie duda de las semanas que la Davis estuvo llorando amargamente, ni de que de haberse llegado a casar con Wyler hubiesen formado una de las parejas más formidables de la historia del cine, dado el talento que ambos atesoraban. Bette Davis siempre recordó esa semana sin abrir aquel sobre como el mayor error de su vida. Curiosamente al año siguiente, en 1939, ambos volvieron a coincidir en una película, también de enorme éxito y que curiosamente tuvo por título "La carta".


Isadora Duncan




       "Danzar es sentir, sentir es sufrir, sufrir es amar; Usted ama, sufre y siente. ¡Usted danza!"

                                                          ISADORA DUNCAN

                                      (27 de mayo de 1877 – 14 de septiembre de 1927 )








Isadora Duncan, la bailarina norteamericana cuyo verdadero nombre era Dora Angela Duncan, nació en San Francisco el 27 de mayo de 1878, y murió el 14 de septiembre de 1927 en Niza. Nacida en una familia donde el padre abandonó el hogar muy temprano, las penurias económicas llevaron a que se convirtiera en una atea feroz.

Su interés por la danza comenzó cuando era muy pequeña. A los 10 años, abandonó la escuela para impartir clases de danza junto a su hermana Isabel, a los chicos del barrio. Al mismo tiempo, su madre daba clases de piano para sostener a la familia. En las clases de la madre, los autores favoritos eran Scubert, Schumann y Mozart, los que influenciaron el desarrollo artístico de Isadora.

Isadora fue una niña tímida que gustaba de jugar junto al mar, el que le inspiraría movimientos de manos y pies al compás de las olas. Esta influencia está reseñada en su Autobiografía que se publicara en 1927.

La familia se mudó a Chicago cuando Isadora alcanzó la adolescencia, y allí estudió danza clásica, pero tras un incendio que dejó a la familia en la ruina, debieron mudarse a New York, donde la Duncan ingresó a la compañía teatral del dramaturgo Augustin Daly.

En 1899 Isadora convence a su hermana y madre para emigrar a Europa. En 1900 se trasladan a Londres y luego a París.

Durante la estancia en Londres, Isadora pasaba muchas horas en el Museo Británico, admirando las obras de los clásicos griegos, principalmente las figuras de los vasos decorados, de los que toma algunos elementos, como la inclinación de cabeza hacia atrás, similar a las bacantes. Es entonces que se consolida el estilo particularismo de la Duncan. Esta danza no se asemeja a los cánones tradicionales, donde incorpora movimientos que provienen de su visión filosófica de la vida, y que puede ligarse al expresionismo.

El estilo de Isadora implica una ruptura con la danza clásica, por lo que se siente como una revolucionaria. Mientras consolida su estilo, se dedica a estudiar la danza y literatura antiguas, por medio de los museos, en especial el Louvre (París), la Nacional Gallery y el Museo Rodin. Su temática solía referirse a la muerte o al dolor, pero al contrario que la danza clásica, gira en torno a héroes, trasgos, duendes.

Las puestas en escena de la Duncan eran minimalista, algunos tejidos celestes o azules, sustituían a los decorados tradicionales. Su vestimenta era escandalosa para la época, apenas una túnica vaporosa que permitía adivinar el cuerpo, tan distintos del tutú y las zapatillas de puntas. Duncan bailaba descalza, sin maquillaje con el cabello suelto. Esta actitud le valió en reiteradas ocasiones, el abucheo del público.

Su vida personal y su arte estuvieron alejadas de lo convencional y de la moral y tradiciones. Estuvo casada con el poeta ruso Sergei Yesenin, que era 17 años menor que ella, quien la acompañó en un viaje por Europa. El matrimonio se arruinó por el alcoholismo y mal genio del poeta, quien regresó a Moscú al años siguiente, allí cae en una depresión que culmina con su suicidio el 28 de diciembre de 1925.

Isadora tuvo dos hijos, aunque no quiso revelar los nombres de los padres, se supo que fueron: el diseñador teatral Gordon Craig, y de Paris Singer (hijo del magnate de las máquinas de coser).

Trágicamente, sus hijos Deirdre y Patrick se ahogaron en el río Sena, en París, a raíz de un accidente automovilístico en 1913. Lo cual sumió a la bailarina en el alcohol y el exceso sexual.

Isadora Duncan era bisexual y mantuvo romances con algunas mujeres conocidas en la época: la poeta Mercedes Acosta, la escritora Natalie Barney. También se le atribuyen relaciones con la actriz Eleonora Duse o Lina Poletti.

La carrera de Isadora declinó hacia el final de su vida, lo que le ocasionó problemas económicos y la llevó a protagonizar escándalos sentimentales, y a presentarse alcoholizada en público.

Vivió sus últimos años, alejada de su arte, endeudada, viviendo en hoteles entre París y la costa mediterránea. Sus amigos la convencieron para que escribiese su autobiografía, entre ellos, su amigo, el escritor Sewell Stokes, quien la conoció en el declive. Posteriormente, Stokes escribiría un libro sobre Duncan “Isadora, un retrato íntimo” La autobiografía de Isadora se publicó en 1927.

La muerte de Isadora fue trágica y esto contribuyó a crear el mito de la bailarina, pues no pudieron aclararse completamente los sucesos que la rodean. Murió en un accidente automovilístico en Niza, el 14 de septiembre de 1927, ahorcada por su propia chalina, cuando se enredó en la rueda del automóvil deportivo de un guapo mecánico italiano Benoit Falchetto. Su cuerpo fue cremado y sus cenizas fueron colocadas en el columbario del Cementerio de Père-Lachaise (París, Francia).


Fuente: http://www.swingalia.com/danza/biografia-de-isadora-duncan.php



                                                   ISADORA DUNCAN (1877-1927)
Estas son las únicas imágenes que se conservan en las que se puede ver a Isadora Duncan bailando.




La cojera de Lord Byron

 

Lord Byron es uno de los grandes exponentes del romanticismo, algo que ya puede adivinarse en el esplendoroso retrato que le dedicó Thomas Phillips en 1813 y que ilustra esta entrada. En él se le puede ver vestido con el traje tradicional albanés, lo que nos recuerda su espíritu aventurero y su participación en las revoluciones italiana y griega, falleciendo de malaria en esta última.

Lord Byron nació con una pequeña deformidad en uno de sus pies que le provocaba una ligera cojera y que le hizo soportar muchas burlas y rechazos. Con los años logró disimularla algo haciéndola parecer un caminar excéntrico y al mismo tiempo distinguido.

Con la madurez supo aprender a defenderse de las ofensas que le procuraban y mantenía que "cuando un miembro se debilita siempre hay otro que lo compensa" y desde luego su ingenio era chispeante como demuestra la siguiente anécdota:

En cierta ocasión la duquesa de Devonshire, que era bizca le preguntó para zaherirle:
-"¿Cómo andáis, Milord?
- "Muy mal, Milady, ando como vos me veis" le respondió Lord Byron con estocada fina.

Fragmentos de "El loro de Flaubert" - Julian Barnes

 
 

 "Los libros dicen: ella hizo esto porque. La vida dice: ella hizo esto. En los libros las cosas quedan explicadas; en la vida, no. No me extraña que la gente prefiera los libros. Los libros le dan sentido a la vida. El único problema radica en que las vidas a las que dan sentido son las de otros, jamás a la del lector."

"Se puede definir una red de dos maneras, según cuál sea el punto de vista que se adopte. Normalmente, cualquier persona diría que es un instrumento de malla que sirve para atrapar peces. Pero, sin perjudicar excesivamente la lógica, también podría invertirse la imagen y definir la red como hizo en una ocasión un jocoso lexicógrafo: dijo que era una colección de agujeros atados con un hilo."

"A mí no me gustan las coincidencias. Las encuentro un tanto espeluznantes: durante un momento te das cuenta de lo que significaría vivir en un mundo ordenado y gobernado por Dios, un mundo en el que El estuviera todo el día mirando por encima de tu hombro y dejando caer, como quien no quiere la cosa, como si pretendiera echarte una mano, transparentes indirectas acerca de la existencia de un plan cósmico. Prefiero pensar que las cosas son caóticas, que andan a su aire, que están permanente y temporalmente chifladas; prefiero sentir la certidumbre de la ignorancia, la brutalidad y la locura humanas."


Julian Barnes
Son fragmentos de "El loro de Flaubert" (1984), un libro que es obra del escritor inglés Julian Barnes (1946) y en el que se hace una visita alrededor de la figura de Flaubert, para lo que Barnes se sirve del Doctor Goeffrey Braithwaite, un experto en la figura del autor de Madame Bovary que en su viaje por seguir los lugares importantes en la vida del escritor y escudriñar los pequeños detalles que puedieran definirlo, encontrará en un determinado lugar, un loro disecado llamado "Loulou" que sirvió como inspiración para "Un coeur simple", una de las obras menores del escritor francés. El caso es que posteriormente en otro de los lugares relacionados con Flaubert encontrará otro loro disecado y la duda se convierte en algo insoportable para alguien que aspira a saberlo todo sobre aquella persona en la que se postula un experto: ¿cúal de los dos loros es el auténtico?. Esta novela de Julian Barnes tuvo mucho predicamento en su día y su habilidad para engarzar la pura ficción con hechos reales le procuró bastante fama al autor.
Esta entrada está tomada de la página del escritor José Manuel Pérez Padilla, que os recomiendo sin reservas que visitéis. Os dejo el enlace: http://www.facebook.com/PerezPadilla.Novelas?ref=ts&fref=ts