Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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lunes, 4 de marzo de 2013

Hermann Hesse.- Sobre el amor ( Obstinación)



«Supe que ser amado no es nada, que amar, sin embargo, lo es todo. Y creí ver cada vez más claro que lo que hace valiosa y placentera la existencia es nuestro sentimiento y nuestra sensibilidad. Donde quiera que viese en la tierra algo que pudiera llamarse “felicidad”, ésta se componía de sentimientos. El dinero no era nada, el poder tampoco. Veía a muchos que poseían ambas cosas y eran desdichados. La belleza no era nada; veía a hombres y mujeres bellos, que a pesar de toda su belleza eran desdichados. Tampoco la salud contaba demasiado. Cada cual era tan sano como se sentía; había enfermos que rebosaban de vitalidad hasta poco antes de su fin, y personas sanas que se marchitaban, angustiadas por el temor de sufrir. La dicha, sin embargo, siempre estaba allí donde un hombre tenía sentimientos fuertes y vivía para ellos, sin reprimirlos ni violarlos, sino cuidándolos y disfrutándolos. La belleza no hacía feliz al que la tenía, sino al que sabía amarla y venerarla.
Aparentemente existían muy diversos sentimientos, pero en el fondo todos eran uno. A cualquiera de ellos puede llamársele voluntad o cualquier otra cosa. Yo lo llamo amor. La dicha es amor y nada más. El que es capaz de amar es feliz. Todo movimiento de nuestra alma en el que ésta se sienta a sí misma y sienta la vida, es amor. Por tanto es dichoso aquel que ama mucho. Sin embargo, amar y desear no es exactamente lo mismo. El amor es deseo hecho sabiduría; el amor no quiere poseer, sólo quiere amar. Por eso también era feliz el filósofo que mecía en una red de pensamientos su amor al mundo y que lo envolvía una y otra vez con su red amorosa. Pero yo no era filósofo».

Mahmoud Darwish.- Lecciones del kamasutra




Con la copa engastada de lapislázuli


la espero,


junto al estanque, el agua de colonia y la tarde


la espero,


con la paciencia del caballo preparado para los senderos de la montaña


la espero,
con la elegancia del príncipe refinado y bello


la espero,


con siete almohadas rellenas de nubes ligeras


la espero,


con el fuego del penetrante incienso femenino


la espero,
con el perfume masculino del sándalo en el lomo de los caballos


la espero.


No te impacientes. Si llega tarde


espérala


y si llega antes de tiempo


espérala,


y no asustes al pájaro posado en sus trenzas.


Espérala,


para que se sienta tranquila, como el jardín en plena floración.


Espérala


para que respire este aire extraño en su corazón.
Espérala


para que se suba la falda y aparezcan sus piernas nube a nube.


Espérala


y llévala a una ventana para que vea una luna bañada en leche.


Espérala


y ofrécele el agua antes que el vino, no


mires el par de perdices dormidas en su pecho.


Espérala


y roza suavemente su mano cuando


poses la copa en el mármol,


como si le quitaras el peso del rocío.


Espérala
y habla con ella como la flauta


con la temerosa cuerda del violín,


como si fuérais dos testigos de lo que os reserva el mañana.


Espérala


y pule su noche anillo a anillo.


Espérala


hasta que la noche te diga:


no quedáis más que vosotros dos en el mundo.


Entonces llévala con dulzura a tu muerte deseada


y espérala...


Traducción del árabe por:
María Luisa Prieto.

Miguel de Molina




“Yo soy muy agradecido.  En Argentina he encontrado mucha gratitud de la gente porque siempre he querido divertirlos con honestidad y con honradez y tengo aquí muchas querencias que me va a costar mucho dejarlas...Más no puedo deciros.  Que os recuerdo, os quiero y que mi casa está llena de cosas de España, que más queréis que os diga...” (Última entrevista concedida por MIGUEL DE MOLINA  a Carlos Herrera,pocos meses antes de morir
)


                                                        MIGUEL DE MOLINA 

 (Málaga, España, 10 de abril de 1908 - Buenos Aires, Argentina, 4 de marzo de 1993)








Aunque todos le conocían como Miguel de Molina, su verdadero nombre era Miguel Frías de Molina. Nacido en Málaga, 1906. De familia humilde, Miguel estudió en los salesianos, de donde terminó expulsado e ingresando en un reformatorio, pero no tardó mucho en decidir abandonar Málaga y llega a Algeciras consiguiendo trabajo en un burdel regentado por «Pepa la Limpia», llamada así por mantener el local como los chorros del oro y sin que allí se produjese nunca ningún escándalo. Miguel es contratado para ayudar en la limpieza del burdel, hacer la compra y cocinar.
Fascinado por el mundo del espectáculo comenzó formando parte de algunas compañías de segunda fila, actuando en locales de poca categoría, al tiempo que realizaba otros trabajos.
En este tiempo Miguel de Molina no tenía repertorio propio, sino que interpretaba versiones de coplas de otras artistas, sobre todo Concha Piquer, Estrellita Castro o Imperio Argentina.
Miguel de Molina interviene en la obra El amor Brujo, de Manuel de Falla, con Antonia Mercé La Argentina., en el papel del espectro.
Dos canciones son estandarte de Miguel de Molina, aunque ninguna de las dos fue estrenada por el. Ojos verdes, creada por los maestros Valverde, León y Quiroga. Miguel de Molina contaba que esta copla nació en el Café Granja de Oriente, en Barcelona, donde se encontraban Rafael de León, Federico García Lorca y el propio Miguel. Parece ser que la base de la canción la contó Lorca, al que siguieron los demás. Pidieron a Rafael de León que escribiera una canción con la historia y Miguel de Molina se ofreció para estrenarla cuando estuviese confeccionada. Al final la canción no fue Molina quien la estrenó, sino una cantante llamada Blanquita Suárez. Más tarde Miguel de Molina hizo una versión de la copla y Concha Piquer también la incorporó a su repertorio.
Aunque quizás la copla más interpretada por Miguel de Molina sea La bien paga, de Perello y Mostazo. Pero tampoco La bien paga, fue estrenada por Miguel, sino que lo hizo otra cantante llamada Pastora Solís, pero al gustarle tanto la copla la incorporó a su repertorio y la cantó miles de veces.
Otras coplas que tenía en su repertorio La tarara, María Jesús, La hija de don Juan Alba, Los piconeros, Antonio Vargas Heredia.
No podemos dudar que Miguel fue el creador de un estilo propio con chaquetilla blanca y pantalón ajustado, cuando no con una torera de lentejuelas o con blusa roja de lunares, completando el atuendo con un sombrero de ala ancha.
Solía cantar acompañado de alguna bailarina a la que cantaba las historias de amor de sus canciones, mientras la bailarina bailaba a su alrededor.
Miguel consigue por fin triunfar en Madrid, aunque será en Valencia donde de verdad llega a conseguir su madurez artística que rompe el estallido de la guerra civil, que le coge rodando su primera película en Barcelona, aunque nunca será estrenada y él vuelve a Valencia donde compra una casa para vivir con su madre.
De ideología izquierdista, vivió la guerra civil española en el bando de la República, lo que le provocó enormes dificultades tras la victoria del otro bando.
Después de ganar Franco, Miguel de Molina recibe la visita de un empresario, miembro del Movimiento, quien le obliga a firmar un contrato para actuar por toda España a cambio de 500 pesetas por actuación, cuando anteriormente llegó a cobrar 5.000. Además le informa que si no acepta estas condiciones no se le permitirá trabajar y se le pasará factura por haber cantado para las tropas republicanas.
Cuando lleva un año junto a otra compañera actuando para este empresario, aunque el sabe perfectamente que detrás existe otra persona, otra persona mucho más importante, decide que no va a renovar el contrato y así lo informa a su contratante y esa noche después de la actuación se encuentra con la sorpresa de que tres que le obligan a subir a un coche al decirles que son policía y tienen la orden de llevarles al Paseo de la Castellana, a la Jefatura Superior de Policía.
El vehículo no llega a la jefatura, sino que llegará a un descampado donde Miguel de Molina es brutalmente torturado: le arrancan el pelo a jirones, le rompen varios dientes y le desfiguran completamente la cara mientras le gritan «esto por rojo y maricón».
Las vejaciones sufridas a manos de los vencedores le llevaron al exilio en 1942 a Argentina y, aunque regresó a España y vivió en México, acabó sus días el 4 de marzo del año 1993 en su casa bonaerense.
   
 (Fuente: http://letrasviperinas.com/coplas/biografias/miguelmolina.html y Wikipedia)    


Miguel de Molina interpreta una de sus creaciones más conocidas, "La bien pagá", en este fragmento de la película "Esta es mi vida", dirigida por Ramón Vinoly Barreto y rodada en Argentina en 1952.




"Esta es mi vida", dirigida por Ramón Vinoly Barreto y rodada en Argentina en 1952.



OJOS VERDES


Fragmento de "Cien años de soledad" - Gabriel García Márquez



GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ (1927/----) - Colombia
CIEN AÑOS DE SOLEDAD -1967- (Fragmento)

“A pesar de que el coronel Aureliano Buendía seguía creyendo y repitiendo que Remedios, la Bella, era en realidad el ser más lúcido que había conocido jamás, y que lo demostraba a cad...a momento con su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la abandonaron a la buena de Dios. Remedios, la Bella, se quedó vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas, en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas había empezado, cuando Amaranta advirtió que Remedios, la Bella, estaba transparentada por una palidez intensa.

—¿Te sientes mal? –le preguntó.

Remedios, la Bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.

—Al contrario –dijo–, nunca me he sentido mejor.

Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó con toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerinas y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la Bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la Bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria.”
 
Esta entrada está tomada de la página del escritor José Manuel Pérez Padilla, que os recomiendo sin reservas que visitéis. Os dejo el enlace: http://www.facebook.com/PerezPadilla.Novelas?ref=ts&fref=tsVer más

Max Factor, el maquillaje y el cine



Hoy día, para la mayoría de nosotros el nombre de Max Factor tan sólo nos evoca el nombre de una marca comercial de cosméticos, pero en realidad es también el nombre del creador de la compañía, un judío polaco (ruso para otras fuentes) llamado Maksymilian Factorowicz (1877-1938) que posteriormente americanizó su nombre hasta el conocidísimo Max Factor. Tras lograr emigrar a América encontró en la meca del cine una oportunidad excelente para proporcionar sus pelucas y maquillajes teatrales y la cosa fue tan fructífera que terminó por cambiar el rostro de la mayoría de las actrices del cine clásico, para las que logró un método personalizado de maquillaje adaptado a las características faciales de cada actriz (en la foto lo podemos ver estudiando el rostro de una chica) y a la consecución de un tipo de maquillaje que lucía perfectamente en pantalla y las mostraba más luminosas y radiantes en la imagen. Así pronto se encontraron entre las clientes habituales de su salón de belleza en Hollywood Boulevard actrices del calado de Gloria Swanson, Mary Pickford, Pola Negri, Jean Harlow, Claudette Colbert, Bette Davis, Norma Shearer, Joan Crawford o Judy Garland por citar algunas.

Esta aportación al mundo del cine y su trascendencia son perfectamente reseñadas en la biografía novelada que Lucía Guerra le dedica a Carmen Miranda, quien pone en boca de esta actriz el siguiente comentario acerca de Max Factor y sus productos:

"Un par de camarógrafos se puso de inmediato a estudiar los ángulos de su rostro haciéndola adoptar diferentes poses, y los especialistas en cosméticos decidieron elegir, de inmediato, la línea de tonos de aquel nuevo maquillaje liquido que Max Factor había inventado especialmente para la industria del cine. No sé si lo sabrán, pero Max Factor había nacido en Rusia y nada menos que la dinastía de los Romanoff lo había contratado para que hermoseara a las mujeres de la nobleza. Él hacia un trabajo tan extraordinario, figúrense ustedes, que el Zar le prohibió que se casara y…. teniendo que hacerlo en secreto, cansado del maltrato que recibía por ser judío, empezó a maquillarse la cara con una tonalidad amarilla para producir el efecto de que tenía una enfermedad contagiosa; sólo así lo dejaron emigrar a los Estados Unidos…. Max Factor era un verdadero artista. Fue él quien inventó las pestañas postizas, usadas por primera vez… creó el lápiz labial solido para reemplazar la antigua pasta roja que se corría por las comisuras de los labios, y gracias a él, también existe el polvo compacto… En realidad, este señor de anteojos y con el aspecto de un abuelo bondadoso reinventó, literalmente reinventó, los rostros de Marlene Dietrich, la Garbo y Joan Crawford, a quien por puro capricho, le dibujó esa enorme boca de labios sensuales, y por ingenio suyo también el pelo de Jean Harlow…"