Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

lunes, 11 de febrero de 2013

Antonio Machín


"Jamás tuve problemas de racismo en Norteamérica, porque hablaba español y los negros hispanos no estaban mal vistos entonces».

ANTONIO MACHIN (11 de febrero de 1903 - 4 de agosto de 1977)





Nacido en Cuba en 1903, Machín interpretó cerca de 2.000 temas. Antonio Machín llegó a España cuando los nazis se disponían a invadir su amado París. Corría entonces el año 39 y las caras negras que se veían a este lado de los Pirineos no debían de ser más de 10 o 12. Negritos, que se les llamaba, solo había en las huchas con las que los niños postulaban para las misiones.Salvo una minoría, que no era otra cosa que la excepción que confirmaba la regla, todo el mundo simpatizaba con ellos.

En pocos años, Machín llegó a ser tan adorado como las reinas de la copla y demás géneros autóctonos. Se decía que cantaba con el corazón en los labios. Siempre moviendo sus maracas, éstas acabarían inspirando el lenguaje popular. Hombre de mundo y antiguo bon vivant, su elegancia era la que se estilaba en La Habana con anterioridad a la entrada de Fidel.

Machín, que en realidad era mulato, nació en Sagua la Grande (Villa Clara, Cuba), el 8 de febrero de 1903, aunque él acostumbraba a celebrar su cumpleaños el 17 de enero. Fueron sus padres un emigrante gallego, José Lugo Padrón, y una negra cubana, Leoncia Machín. Su infancia, según declararía el artista a una periodista española en una de la muchas entrevistas recogidas por Jover, fue «bastante feliz dentro de lo que cabe: dentro de la posición de mi familia, que no eran ni muy ricos ni muy pobres».

Doña Leoncia alumbró alrededor de 15 vástagos el número exacto, al igual que la fecha de nacimiento del cantante, le ha sido imposible de dilucidar a su biógrafo . Los primeros hijos vinieron al mundo en la hacienda de la que su padre era dueño. «Pero Antonio se presentó en este mundo en un mal momento y con muy mala salud», apunta Jover. La Guerra de Independencia, puesta en marcha por los mambises bajo los norteamericanos, había acabado con la prosperidad familiar. «Un día prendieron fuego a la plantación no se sabe si los cubanos o los españoles, con la cosecha ardieron los almacenes, los aperos, la casa,todo (..).
Sobre la vida desahogada y feliz de los Lugo Machín se cernió la sombra de la ruina». Ello no impidió que el artista siempre recordara a su madre, cuando no estaba embarazada,bailando.

No hay duda de que fue doña Leoncia a la que el artista quiso tanto como a su hija quien inculcó en el pequeño Antonio la pasión por la música. «A los siete años, mi madre me enseñó una canción, La tísica y me llevaron a un escenario donde tuve bastante éxito». En 1911, el párroco de Sagua le pone a cantar en su altar mayor. En cierta ocasión, con motivo de una fiesta benéfica, interpreta el Ave María de Schubert subido a una silla: se gana el aplauso de toda la población. Acaso consciente de que la única redención posible para los negros es la música, olvida sus sueños infantiles, en los que se veía abogado o ingeniero y,adolescente aún, está decidido a ser cantante.

Aprendiz de todo y oficial de nada, pasa de hacer recados a ayudar en una sastrería, pero él prefiere hacerle el yeso a un maestro albañil. Mientras se entrega a ambas ocupaciones, sigue soñando con la canción. Llega a escaparse hasta tres veces con los músicos ambulantes que pasan por su ciudad camino de La Habana. Cuando está en Sagua canta por las propinas y requiebra a las muchachas con sus canciones. «Uno tuvo su encanto, chica, no vayas a creer que fui siempre tan viejo», recordaría con el correr del tiempo a su hija. «Además, ya sabes cómo es Cuba, con ese aire, y ese calor, y eso olores, y el aroma de las mariposas»...Cuando Machín cumple 20 años, su mayor deseo es cantar ópera. Aunque no tarda en comprender la imposibilidad de su anhelo siendo negro, su repertorio quedaría reducido a Otelo , estudia bel canto.

Llega el cantante a La Habana en 1926 e, inmediatamente, se pone a ofrecerse a los tríos de músicos que actúan en los cafetines para hacer la segunda voz. Como nadie le conoce, no consigue meter la cabeza en aquel mundillo. Lejos de arredrarse ante la adversidad, comienza a buscar trabajos en edificios en construcción.En uno de ellos da con un capataz sevillano que simpatiza con él. José Martínez, el andaluz en cuestión, en palabras de Jover, habría de ser para Machín «una especie de ángel tutelar (...).Es curioso comprobar los vínculos que ya desde entonces, y sin conocer todavía la ciudad andaluza, Machín tuvo con Sevilla». Muchos años después (1943), el cantante se casaría con una cordobesa afincada allí.

Aún albañil en La Habana, cuando acaban en el tajo, Antonio y José, todo un noctámbulo, frecuentan los cafetines, tabernas y quioscos de la ciudad. El sevillano, un figura en dichos ambientes, introduce en ellos a Machín. Más aún, el día que el artista le dice que quiere dejar la espátula para cantar, es Martínez quien le presenta a un amigo guitarrista Miguel Zaballa , «la mejor voz de segundo de la trova cubana», quien no dudó en asociarse con Machín. La reputación del dúo fue creciendo entre los señores, cuyas fiestas animaban. Pero el destino del artista estaba en una emisora a la que acudió a cantar. Allí coincidiría con Don Azpiazu, en opinión de Jover, «el hombre que iba a cambiar su vida catapultándolo vertiginosamente hacia el éxito, la fama y el dinero».

Era Azpiazu el director de la Orquesta del Casino Nacional de La Habana. Fascinado con la voz de Machín, lo contrató como segundo cantante. Pese al puesto y pese a que por aquel entonces la sala era más racista que el Cotton Club los negros ni siquiera podían entrar a trabajar , Antonio no tardaría en medrar. Además de ser la primera voz de color que animó el Casino, supo ganarse a su público hasta el punto de que a las pocas semanas, ya cobraba la fortuna de diez dólares al día. Corría el año 29 y fue entonces cuando al artista se le ofreció el primer contrato para venir a España. Parece ser que Machín declinó la oferta por discrepancias con Zaballa y prefirió partir a Nueva York.

Cuando el cantante llegó a ella, la ciudad de los rascacielos vivía las postrimerías de lo que Scott Fitzgerald fue a llamar «la era del jazz». Empezaba el año 30 y el crack que meses antes asolara Wall Street seguía causando estragos. Quizá por ello, el 26 de abril, el artista fue tan bien recibido en su presentación en el Palace de Broadway. Recuerda Jover que «Antonio Machín decía y así consta en más de una entrevista que jamás tuvo problemas de racismo en Norteamérica, porque hablaba español y los negros hispanos no estaban mal vistos entonces». Máxime si sus canciones se convertían en un fenómeno social capaz de hacer olvidar la deprimente realidad económica.

Ése fue exactamente el caso de El manisero, primera grabación cubana de Machín, que, en su versión norteamericana para la RCA, vendió más de un millón de discos. Es de entonces de cuando se conserva el primer recuerdo nítido de sus maracas. Sostienen muchos de sus admiradores que los años que siguieron, junto con los 15 primeros de su etapa española, musicalmente hablando, fueron los mejores. Con el cuarteto, el sexteto o el septeto, bien con su propia orquesta o bien con la de Azpiazu, las grabaciones se suceden. Piezas de entonces son Aquellos ojos verdes, A chapear nos manda el mayoral, Mamá Inés, Reina guajira,Mamá, yo quiero un yoyo, A Baracoa me voy... Jover mantiene que ni Bing Crosby grabó tantas canciones en aquel tiempo.

Pedro Heredia, el primer biógrafo de Machín, estima que el cantante abandonó Nueva York en 1935, para seguir los pasos a Delita, la bailarina que le inspiraba en aquel tiempo. Sin embargo, habida cuenta de que cuando Delita regresó a La Habana, Antonio se vino a Europa, Jover sugiere que pudieron ser los disturbios raciales desatados en Harlem aquel año los que hicieron que el vocalista cruzara el Atlántico. El recuerdo que guardaba del viejo continente era el de la tolerancia racial de París, ciudad que visitara en el 34 junto a la orquesta de Don Azpiazu.

El primer destino de su segunda visita a Europa fue Londres.Un contrato para actuar en el teatro Adelphya le llevó a la capital inglesa. Su espectáculo de entonces, La vida empieza a las 8.40 conquistó a los londinenses, pero el artista ya estaba resuelto a instalarse en París.

Olvidada Delita, el cantante se enamoró de una francesa, Line.Con ella y con su orquesta realizaría una gira por Suecia. Estuvo a punto de instalarse en Estocolmo, pero el frío le hizo volver a París. De nuevo en la Ciudad de la Luz, el artista frecuenta la bohemia de Montmatre. Fue aquel un periodo del que nunca quiso hablar. La guerra habría de ponerle punto final.

«Siempre soñé con la tierra de mi padre (...). De pequeño, le oía con frecuencia contar las bellezas de los paisajes gallegos», declaró el artista. Aunque vino con el propósito de quedarse únicamente mientras durara la guerra, para volver con la paz a París, el amor que le inspiró España fue inmediato: «Decidí venir a esta bendita tierra en tan buena hora que aquí lo hallé todo».

Su primera actuación española tuvo lugar en Barcelona. Cataluña, junto con Sevilla, fueron sus lugares preferidos de nuestra geografía, pero cantó una y otra vez en todas las plazas. «En todas partes encontré y encuentro aplausos que nunca agradeceré bastante». Temas como Dos gardenias, Somos, Madrecita o Angelitos negros fueron a dar alegría al proverbial aburrimiento de la España franquista.

Muy probablemente, fue el primer negro que protagonizó un matrimonio interracial en este país. María de los Ángeles Rodríguez, su mujer, hizo de él un hombre hogareño: acabó viviendo en España más que en ningún otro lugar. Ya al final de sus días, mientras sus boleros empezaban a dejarse de escuchar, pudo ver cómo se le convertía en un rey del camp nacional.
Está enterrado en la Sevilla que tanto amó.
(Fuente:http://www.coveralia.com/biografias/Antonio-Machin.php )




ENVIDIA
 
Envidia,
tengo envidia de los valles,
de los montes y los ríos,
de los pueblos y las calles
que has cruzado tú sin mí.
Envidia,
tengo envidia de tus cosas
tengo envidia de tu sombra,
de tu casa y de tus rosas
porque están cerca de tí.
Y mira si es grande mi amor
que cuando digo tu nombre
tengo envidia de mi voz.
Envidia,
tengo envidia del pañuelo
que una vez secó tu llanto
y es que yo te quiero tanto
que mi envidia es tan sólo amor.
Envidia,
tengo envidia de tus cosas
tengo envidia de tu sombra,
de tu casa y de tus rosas
porque están cerca de tí.
Y mira si es grande mi amor
que cuando digo tu nombre
tengo envidia de mi voz.
Envidia, tengo envidia del pañuelo
que una vez secó tu llanto
y es que yo te quiero tanto
que mi envidia es tan sólo amor.
Envidia, envidia, tengo envidia
y es de tanto amor. 
 
 
---------------------------------------------
 
 

Antonio Machín en 'El tiempo de' (1999).TVE
Documental dedicado al célebre cantante cubano de boleros.
 

Joseph L.Mankiewicz


"La diferencia entre la vida real y las películas es que un guión tiene que tener sentido. La vida no." 


JOSEPH L.  MANKIEWICZ
(11 de febrero de 1909 – 5 de febrero de 1993)



 Joseph Leo Mankiewicz nació el 11 de febrero de 1909 en Wilkes-Barres, Pennsylvania (Estados Unidos), en el seno de una familia de ascendencia polaca.

Fenomenal estudiante y ávido lector, Joseph abandonó la Universidad en los años 20 para viajar hasta Berlín para trabajar como corresponsal del “Chicago Tribune”. En Alemania ingresó en la industria cinematográfica encargándose de traducir los subtítulos de los filmes de la UFA al inglés. Esta experiencia le llevó a Hollywood para redactar subtítulos para la Paramount.

A finales de década Mankiewicz, al igual que su hermano mayor Herman (quien co-escribió junto a Orson Welles “Ciudadano Kane”), ya trabajaba como guionista y dialoguista.

Algunas de las primeras películas escritas por Joseph L. Mankiewicz, que mostraban su agudeza en la escritura para distintos géneros, fueron “El Hombre Que Yo Amo” (1929), film dirigido por William Wellman y una de las muchas comedias que escribió para el actor Jack Oakie, “La Chica De La Noche Del Sábado” (1929), título protagonizado por Clara Bow y Jean Arthur, “Skippy” (1931), película por la que fue nominado al Oscar, “Alicia En El País De Las Maravillas” (1933), adaptación del clásico de Lewis Carroll, o “El Pan Nuestro De Cada Día” (1934), drama dirigido por King Vidor.

En 1934 Mankiewicz contrajo matrimonio con la actriz Elizabeth Young, vista al lado de Greta Garbo en la película “La Reina Cristina de Suecia”.

Divorciado en 1937, dos años después se casó con la intérprete austríaca Rose Stradner. Al margen de sus relaciones matrimoniales, Mankiewicz mantuvo relaciones amorosas con otras mujeres, entre ellas la actriz Linda Darnell.

A mediados de los años 30 fue contratado por la Metro Goldwyn Mayer para producir películas, como “Furia” (1936) de Fritz Lang, “Tres Camaradas” (1938) de Frank Borzage, “Historias de Philadelphia” (1940), film dirigido por George Cukor que le valió una nominación a Mankiewicz como productor, o “Las Llaves Del Reino” (1944), su primer film producido en la 20Th Century Fox, estudio en el que dio inicio a su carrera como director con “El Castillo De Dragonwyck” (1946), ensoñador film gótico protagonizado por Gene Tierney, Walter Huston y Vincent Price que adaptaba una novela de Anya Seton, y que Mankiewicz dirigió tras sentirse enfermo Ernst Lubitsch, el encargado en principio de realizar la película.

A partir de aquí Joseph L. Mankiewicz ofreció al aficionado al cine una serie de fenomenales títulos, significados por la excelente dirección de intérpretes, la elegancia en la puesta en escena, el empleo habitual del flashback y especialmente, la brillantez en los textos con especial incidencia en el ingenio en la creación de diálogos.
  

El mismo año de “El Castillo De Dragonwyck”, Mankiewicz realizó la cinta de cine negro “Solo En La Noche” (1946), un título protagonizado por John Hodiak y Nancy Guild.

En esta década dirigió películas de gran valía, como “El Mundo De George Apley” (1947), comedia familiar con Ronald Colman como estrella protagonista, la adorable “El Fantasma y La Señora Muir” (1947), fantasía romántica con Gene Tierney y Rex Harrison, basada en el libro de R. A. Dick, “Escape” (1948), thriller con Harrison de nuevo en el papel principal masculino, “Odio Entre Hermanos” (1949), estupenda adaptación de la novela de Jerome Weidman interpretada por Edward G. Robinson y “Carta a Tres Esposas” (1949), comedia dramática que le valió dos premios Oscars, uno a la mejor dirección y otro al mejor guión adaptado. La novela adaptada fue escrita por John Klempner.

  

En los años 50 prosiguió su excepcional trayectoria como director, consiguiendo con “Eva Al Desnudo” (1950) otras dos estatuillas al mejor director y al mejor guión, ahora en la categoría de mejor guión original.

El film, producido por Darryl F. Zanuck y con una inolvidable interpretación de Bette Davis, también ganó, entre otros, el premio a la mejor película del año y al mejor actor secundario para George Sanders.
  

Otras películas de Mankiewicz en este período fueron “Un Rayo De Luz” (1950), drama social con Richard Widmark, Linda Darnell y Sidney Poitier, “Murmullos En La Ciudad” (1951), drama con Cary Grant y Jeanne Crain, “5 Fingers” (1952), film de espionaje con James Mason por el que fue nominado al mejor guión , “Julio César” (1953), adaptación de la obra de William Shakespeare con el protagonismo de Marlon Brando y de nuevo James Mason, “La Condesa Descalza” (1954), melodrama con Humphrey Bogart y Ava Gardner con una nueva nominación al mejor guión, “Ellos y Ellas” (1955), musical protagonizado por Frank Sinatra y Marlon Brando, “El Americano Tranquilo” (1958), versión cinematográfica de la novela de Graham Greene, y “De Repente, El Último Verano” (1959), adaptación del clásico de Tennessee Williams protagonizada por Katharine Hepburn, Montgomery Clift y Elizabeth Taylor.

Después de este film, Mankiewicz, que sustituyó a Rouben Mamoulian tras ser despedido pocos días después de comenzar a filmar, se enroló en el megaproyecto “Cleopatra” (1963), película con múltiples problemas de producción que tardó varios años en ser rodada y que finalmente resultó ser un gran fracaso económico.

Estaba protagonizada en sus principales papeles por Elizabeth Taylor como Cleopatra, Richard Burton como Marco Antonio y Rex Harrison, encargado de dar vida a Julio César.

En 1958 había muerto su esposa Rose. Tres años después, en 1962, Mankiewicz se casó de nuevo, ahora con Rosemary Matthews.

En los años 60 solamente, y al margen de “Cleopatra”, dirigió un título cinematográfico más, “Mujeres En Venecia” (1967), comedia basada en un libro de Thomas Sterling. Para el papel protagonista volvió a contar con la colaboración de Rex Harrison. A su lado, gente como Susan Hayward, Capucine o Cliff Robertson.
  

En 1970 hizo equipo con Sidney Lumet para dirigir el documental “King: A Filmed Recorded… De Montgomery to Memphis”, película centrada en la figura de Martin Luther King.

El mismo año filmó con Kirk Douglas y Henry Fonda el western en tono de comedia “El Final De Un Canalla” (1970).

Su última película fuea “La Huella” (1972), fenomenal thriller psicológico protagonizado por Laurence Olivier y Michael Caine. Este título le supuso una nominación al Oscar como mejor director.

El 5 de febrero de 1993 Joseph L. Mankiewicz, cuyos hijos Tom, Christopher y Ben también se dedicaron al mundo del cine, falleció de un ataque al corazón en Bedford, Nueva York. Tenía 83 años.(Fuente:alohacriticon.com)






Dirigida por Joseph L. Mankiewicz en 1954, LA CONDESA DESCALZA es una pequeña obra maestra de cine sobre el cine.

María Vargas (impresionante Ava Gardner) es una bailarina madrileña que tendrá una meteórica carrera en el cine, siempre dirigida por su mentor y descubridor Harry Dawes  (Humphrey Bogart). Por desgracia, su triunfo profesional no irá acompañado de su estabilidad sentimental, en sus complejas relaciones con el multimillonario de Wall Street Kirk Edwards (Warren Stevens), con el magnate argentino Alberto Bravano (Marius Goring) o con el conde Vincenzo Torlato-Favrini (Rossano Brazzi).

Edmond O'Brien se llevó el Oscar al mejor actor secundario en 1955 por su caracterización del relaciones públicas Oscar Muldoon.

Eugenio Trías.- Reflexiones sobre la muerte



 “Es posible preguntarse: ¿es esta vida presagio de una vida diferente? ¿Son nuestras vidas 'preludios de una desconocida canción que tendría en la muerte su primera y solemne nota', como decía Franz Liszt?”. Pero la muerte “nos aguarda siempre detrás, a nuestras espaldas; en el peor de los casos, esperando una estocada a traición; en el mejor, asistiendo por anticipado al moribundo. Espera nuestro último suspiro para enterrarnos, o para disolvernos en el fuego, en el humo, en ceniza”. “Se muere varias veces en el argumento de la vida”

“Nada, no pasa nada, te estás muriendo”. (cita de un film de David Lynch)
 “Acto seguido se ve la cámara en la parte superior de la pantalla, y el director ordena; ‘corten”.

Mario Benedetti.- Locura




"Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura como siempre tan loca les propuso: ¿vamos a jugar a las escondidas?

La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse le preguntó: "¿A las escondidas? y... ¿Cómo es eso?"
"Es un juego", explicó la Locura, "en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón... y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupara mi lugar para continuar el juego.
El Entusiasmo bailó entusiasmado secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada. Pero no todos querían participar.La Verdad prefirió no esconderse...
¿Para qué?... si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella)... y la Cobardía prefirió no arriesgarse.


Uno, dos tres... comenzó a contar la Locura.
La primera en esconderse fue la Pereza, como siempre tan perezosa se dejó caer tras la primera piedra del camino.
La Fé subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La Generosidad casi no alcanzó a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos... Que si un lago cristalino... para la Belleza ... Que si una hendida en un árbol...perfecto para la Timidez.... Que si el vuelo de una mariposa... lo mejor para la Voluptuosidad.... Que si una ráfaga de viento... magnífico para la Libertad. Así terminó por acurrucarse en un rayito de sol.
El Egoísmo, en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo... pero sólo para él.
La Mentira se escondió en el fondo de los océanos...(mentira, se escondió detrás del arco iris).
La Pasión y el Deseo en el centro de los volcanes.
El Olvido... se me olvidó dónde se escondió el Olvido, pero eso no es lo más importante.

La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve... y el Amor no había aún encontrado sitio para esconderse entre sus flores. Un millón contó la Locura y comenzó a buscar.
La primera en encontrar fue la Pereza... a sólo tres pasos detrás de unas piedras.
Después se escuchó la Fé discutiendo con Dios sobre Teología y a la Pasión y el Deseo los sintió vibrar en los volcanes.
En un descuido encontró a la Envidia y claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo.
Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas.

De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza, y con la Duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse. Así fue encontrando a todos.
Al Talento entre la hierba fresca... A la Angustia en una oscura cueva... A la Mentira, detrás del arco iris, (mentira... en el fondo del mar). Hasta el Olvido... ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas.
Pero... sólo el Amor... no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y pensó: "El Amor siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas."
Tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido los ojos del Amor, la Locura no sabía qué hacer para disculparse: lloró... rogó... pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo.
Desde entonces, desde que por primera vez se jugó en la Tierra a las escondidas, el Amor es ciego... y la Locura siempre lo acompaña."

Imagen: Linda Butler.- Máscaras

Fragmento de "Escribir" - Marguerite Duras


 
"Un escritor es algo extraño. Es una contradicción y también un sinsentido. Escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido. Un escritor es algo que descansa, con frecuencia, escucha mucho. No habla mucho porque es imposible hablar a alguien de un libro que se ha escrito y sobre todo de un libro que se está escribiendo. Es imposible. Es lo contrario del cine, lo contrario del teatro y otros espectáculos. Es lo contrario de todas las lecturas. Es lo más difícil. Es lo peor. Porque un libro es lo desconocido, es la noche, es cerrado, eso es. El libro avanza, crece, avanza hacia su propio destino y el de su autor, anonadado por su publicación: su separación, la separación del libro, como el último hijo, siempre al más amado. Un libro abierto también es la noche."

Esta entrada está tomada de la página del escritor José Manuel Pérez Padilla, que os recomiendo sin reservas que visitéis. Os dejo el enlace: http://www.facebook.com/PerezPadilla.Novelas?ref=ts&fref=ts