Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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lunes, 28 de enero de 2013

Charles Dickens.- Grandes esperanzas




"Eres parte de mi existencia, de mí mismo. Has estado presente en cada una de las líneas que he leído, desde que vine aquí, un vulgar y tosco pobrecillo cuyo corazón heriste ya entonces. Has estado presente en cada proyecto desde aquel día, en el río, en las velas de los barcos, en los marjales, en las nubes, en la luz, la oscuridad, el viento, los bosques, el mar, las calles. Has encarnado cada fantasía con la que mi mente ha tropezado. No son más reales las piedras de las que están hechos los más recios edificios de Londres, ni tendrías mayor dificultad en desplazarlos con la mano de lo que han sido y seguirán siendo para mí tu presencia y tu influencia, allí y en todo lugar. Estella, hasta el último instante de mi vida no podrás sino ser parte de mi carácter, parte de lo poco que de bueno hay en mí, parte de lo que de malo llevo. Pero en esta separación, sólo puedo asociarte a lo bueno y fielmente te recordaré vinculada a ello, pues tienes que haberme hecho más bien que mal, cualquiera que sea la punzante tristeza que ahora pueda sentir."

"Fue un día memorable, pues obró grandes cambios en mi. Pero ocurre así en cualquier vida. Imaginemos que de ella arrancáramos un día especial y pensemos en lo distinto que podría haber sido su curso. Deténgase el lector y piense por un momento en la larga cadena de hierro o de oro, de espinas o flores que, de no ser por la formación del primer eslabón en un día memorable, jamás le hubiese atado. "

Miguel Ángel Buonarroti.- Cartas de amor y un poema (fragmentos)




El mayor amor de Miguel Ángel fue  Tommaso dei Cavalieri (1516-1574) que tenía 16 o 17 años cuando el artista se encontró con él en 1532, teniendo este 57 años. En su primer intercambio de cartas, fechado en enero de 1533, Miguel Ángel declara:

“Su señoría, única luz del mundo en nuestra era, nunca estará satisfecho con el trabajo de otro hombre porque no hay otro hombre que se te asemeje, ninguno que te iguale…Me apena grandemente que no pueda recuperar mi pasado y así, de esa manera por más tiempo estar a su servicio. Tal como es, sólo puedo ofrecerle mi futuro, el cual es corto ya que soy anciano… Eso es todo lo que tengo que decir. Leed mi corazón ya  que la pluma es incapaz de expresarse bien”

Fragmentos de otras cartas:

 «Mi alma a Messer Tommaso, mi queridísimo señor. Si añoro día y noche sin intermisión estar en Roma, es meramente para volver a la vida, algo imposible sin el alma. Mi corazón está por primera vez en las manos de aquel a quien he confiado mi alma…».

«El cielo hizo bien impidiendo la plena comprensión de vuestra belleza... Si a mi edad no me consumo aún del todo, es porque el encuentro con vos, señor, fue muy breve»

“Caro señor mío: no te irrite mi amor que se dirige sólo a lo que hay mejor en ti, porque el espíritu del uno debe prendarse del espíritu del otro. Lo que deseo, lo que me enseña tu hermoso rostro, no pueden comprenderlo hombres vulgares. Quien quisiera comprenderlo debe antes morir”

A su amigo Giannotti (rechazando un encuentro con éste):

“Cuando veo un hombre que posee algún talento o don del espíritu, un hombre que sabe hacer o decir algo mejor que los demás, no puedo evitar el sentirme atraído por él; y entonces me entrego a él tan enteramente que ya no soy dueño de mí mismo…Así lejos de sentirme reposado, fortificado y serenado por vuestra compañía saldría de ella con el alma desgarrada y dispersa a todos los vientos, hasta no saber, durante muchos de los siguientes días, en qué mundo me  estaba moviendo”


De los más de 500 sonetos que Miguel Ángel compuso muchos fueron dedicados a Cavalieri. En ellos se refleja una poesía amorosa adherida a las convenciones de la época y plasman su adoración por el joven que para el artista parecía un reflejo de la belleza eterna:

"Veo con vuestros bellos ojos una dulce luz,
Que con los míos ciegos ya ver no puedo;
Llevo con vuestros pies un peso, adosado,
Que de los míos no es ya costumbre.

Vuelo con vuestras alas sin plumas;
Con vuestro ingenio al cielo siempre aspiro;
De vuestro arbitrio estoy pálido y rojo,
Frío al sol, calor en las más frías brumas.

En vuestro querer está solo el mío,
Mis pensamientos en vuestro corazón se hacen,
En vuestro aliento están mis palabras.

Como la luna a sí solo me parece estar;
Que nuestros ojos en el cielo ver no saben
Sino aquello que enciende el sol."


Imagen: Miguel Ángel.- Cabeza ideal (Tommaso dei Cavalieri)


Robert Capa.- La rapada de Chartres (18 de Agosto de 1944)



La joven que ocupa el centro visual de la foto es Simone Touseau. Tiene 23 años y lleva en brazos a su hijo, un bebé de menos de un año. Antes del paseo público de escarnio y venganza a Simone le habían rapado el pelo al cero y marcado la frente con un hierro candente. El pueblo la acusaba de “colaboración horizontal” con los nazis, es decir, de haber mantenido relaciones sexuales con un militar alemán en los años de la ocupación de Francia.

Un paso frente a la muchacha, con boina y una bolsa de tela, camina su padre, George Touseau. Tras él, semioculta, también rapada a la fuerza, marcha su esposa, Germaine, madre de Simone. Toda la familia es sometida a la humullación.

La fecha y el lugar son conocidos: tarde del miércoles 18 de agosto de 1944 en la calle Beauvais (que en la actualidad se llama Docteur Jacques de Fourmestraux) de Chartres, la ciudad francesa de la prefectura del Loira que goza de la bien merecida fama de una catedral gótica iluminada por un conjunto de vidrieras —considerado por algunos como el más bello de Europa— donde una virgen “linda, rubia y con los ojos azules”, como dicen con orgullo los hijos del pueblo, propone los méritos de grandeza, humildad, pureza, compasión, experiencia, serenidad, tristeza, sonrisa y majestad. En la foto, tomada muy cerca del templo, no hay un ápice de ninguno de esos valores. La imagen, sin gota de piedad, es la de una purificación por la vía del escarmiento.

Quizá ya se hayan percatado ustedes de que el momento es coincidente con la liberación de París. El fotógrafo había entrado en Francia diez semanas antes, el 6 de junio de 1944, incrustado en las tropas estadounidenses que desembarcaron en la Playa de Omaha, en la operación militar de Normandía que precipitó la caída de Hitler. El reportero, asignado por la revista Life, estaba a punto de cumplir 30 años y, aunque se llamaba Endre Friedmann Erno, todos le conocían como Robert Capa.

La foto, que ha sido llamada La Tondue de Chartres (La rapada de Chartres), tiene el don de la oportunidad que le sobraba a Capa, al que avisaron de la celebración en Chartres de juicios populares y sin garantías en contra personas acusadas de haber colaborado o mantenido relaciones con los nazis. El reportero salió corriendo con una cámara Contax. No llegó a tiempo para asistir a varias ejecuciones sumarias in situ, ni al trabajo de un peluquero local que rapó a doce mujeres que ejercieron, según el tribunal del porpulacho, la “colaboración horizontal”, pero hizo la foto de Simone Touseau, su hijo y sus padres acompañados por la turbamulta de adultos y niños. La imagen dio la vuelta al mundo.

Gerard Leray y Philippe Frétigné, vecinos de Chartres, quieren reconstruir los detalles de una imagen demasiado cargada de emoción irracional. Gracias a ellos sabemos que la chica rapada había trabajado como intérprete para el ejército nazi desde 1941 y que se había liado con un soldado, del que sólo conocemos el nombre de pila: Erich. Cuando él, destinado al frente del este, resultó herido en combate, Simone se trasladó a Munich para acompañarlo en la convalencencia. Fue en la ciudad bávara donde se quedó embarazada. Dedicidió regresar a Francia en 1943. Tanto la chica como sus padres, según las acusaciones verbales de algunos vecinos, simpatizaban con el Partido Popular Francés del filonazi Jacques Doriot.

Madre e hija fueron internadas en la cárcel y juzgadas, esta vez con garantías procesales, en un proceso por traición que sólo concluyó en 1947. La sentencia condenó a Simone a diez años de degradación nacional, la figura punitiva establecida tras la guerra que dejaba sin derechos y convertía en ciudadanos de segunda a los colaboracionistas. Simone se entregó a la bebida y murió en 1966, a los 44 años. El bebé al que lleva en sus brazos en la foto vive todavía en Chartres, pero ha cambiado de identidad.

La foto, de una crueldad porosa y eterna, abre algunas líneas de debate sobre las irracionalidad de la justicia popular y la necesidad de cabezas de turco que justifiquen los pecados colectivos. Casi siempre, como resulta revelador, se trata de personas débiles. Alguien ha señalado, no sin razón, el contraste del caso de Simone Touseau con los de, por ejemplo, Maurice Chevalier y Édith Piaf, que cantaron para los alemanes ocupantes; Pablo Picasso, que siguió residiendo, pintando y vendiendo óleos en su apartamento parisino durante buena parte de la ocupación nazi; el cineasta Marcel Carné, que no dejó de rodar películas, o la mecenas millonaria Gertrude Stein, que no se cortó un pelo (¡y era judía!) en mostrar su admiración por Hitler.

Ánxel Grove (Tomado de 20 minutos. es)

Las barbas de Roald Amundsen


El noruego Roald Amundsen (1872-1928) fue sin duda uno de los grandes exploradores de inicios del siglo pasado. En aquella época, cuando todavía existían regiones vírgenes en nuestra planeta, dirigió la expedición a la Antártida que por primera vez alcanzó el Polo Sur, también fue el primero en surcar el Paso del Noroeste, que unía el Atlántico con el Pacífico, y formó parte de la primera expedición aérea que sobrevoló el Polo Norte. En cierta ocasión se encontraba Amundsen en una de esas reuniones de sociedad en la que era agasajado por sus conquistas y una señora de la alta sociedad lo tenía bombardeado a preguntas de todo tipo sobre sus viajes, no encontrando la manera, el indómito aventurero, de sortear este enjoyado peligro en forma de cotorra infatigable, que amenazaba con hacer insufrible la velada.

La conversación llegó a un punto en el que la señora de marras le rogo al explorador, que por favor les contara a los allí presentes el suceso más extraño que le hubiera sucedido durante sus viajes. Amundsen se quedó pensativo durante unos momentos, tras los cuales exclamo:

- Ya sé, !En una sola noche me creció la barba quince centímetros!

Todos los que escuchaban se miraron con mirada perpleja y en el rostro de la señora se dibujo un expresión de verdadero asombro y dijo:

- Pero ¿qué dice usted? ¡Eso es imposible! ¿En una sola noche…?

El explorador, riéndose en voz baja le respondió:

-Pues será extraño, pero así fue. Es algo que si resulta posible en el Polo Norte, un lugar en el que la noche dura seis meses.

No sabemos si la anécdota sirvió para calmar a la inquieta y curiosa señora o le dio alas para preguntar todavía más…. ¡A veces no conviene ser tan ingenioso!
 

Corcovado: Una escultura y una canción.


El Corcovado es el famoso cerro de Rio de Janeiro desde el cual mira la ciudad y su bahía el espectacular "Cristo Redentor". El Cerro tiene 713 metros a los que hay que sumar los 8 metros del pedestal y los 30 de la estatua en sí, una escultura que es obra del escultor francés Paul Landowski, hecha de granito y que pesa aproximadamente 1145 toneladas. La escultura fue considerada en 2007 como una de las 7 maravillas del mundo moderno en una encuesta promovida desde internet por la empresa New7Wonders. Las otras seis son: El Machu Picchu, la Gran Muralla China, el Coliseo de Roma, el Taj Mahal, Chichén Itzá, y Petra.

Considerada la estatua Art decó más grande en el mundo, su construcción fue realmente difícil ya que sobre la base sobre la que se asienta no cabía prácticamente el andamio, los vientos pusieron en jaque al equipo en más de una ocasión a pesar de lo cual nadie murió durante los cinco años que duró su construcción. Es prodigiosa la propia estructura de la escultura, cuyos brazos se extienden hacia el vacío y la cabeza queda inclinada en un desafío a la ingeniería, motivos estos por los que Levy calificó la obra de "hercúlea".

Pero además "Corcovado" es el título de una de las más deliciosas piezas de la bossa-nova, un tema escrito por el genial Antonio Carlos Jobim a mediados de los años 60 y versionado por multitud de artistas famosos. Como quiera que en la foto ya hemos disfrutado de la escultura y sus magníficas vistas, ahora solo queda poner unos videos con los que solazarnos con esta canción. Empezaremos por aquella sensacional fusión de jazz y bossa nova que hicieron Stan Getz y Joao Gilberto (y su esposa Astrud), pasando por Frank Sinatra y terminando por la reciente y delicada Stacey Kent…

Stan Getz - Joao Gilberto y Astrud Gilberto
 
Frank Sinatra
 
Stacey Kent