Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

domingo, 20 de enero de 2013

David Lynch



     "Los sueños verdaderamente importantes son los que tienes cuando estás despierto."

  DAVID LYNCH





David Keith Lynch, nació el 20 de enero de 1946 en un pequeño pueblo de Montana llamado Missoula, Estados Unidos. Su infancia transcurrió en ambientes naturales, casi siempre magníficos por su belleza pero en ausencia de amigos de su edad. Sólo en compañía de sus dos hermanos menores. Su padre, científico, trabajaba para el servicio forestal (Ministerio de Agricultura) y su madre maestra de domicilio, y debía trasladarse continuamente por parques nacionales y reservas forestales. En 1961, Lynch y su familia se mudaron del noroeste a Alexandria, Virginia. Según el director, "En una ciudad grande me di cuenta de que había mucho miedo. Viniendo del noroeste, eso te golpea con la fuerza de un tren."

      "Creo que era un chico completamente normal," recuerda. "Por supuesto, a todos nos gusta pensar que uno es diferente y único... Según mis recuerdos, tuve una infancia feliz, sin demasiados problemas. Pero los chicos tienen los sentidos particularmente alertas, los ojos muy abiertos, las orejas muy atentas, y el mundo les manda una catarata de informaciones y sensaciones... Los chicos perciben las cosas de manera muy fuerte, pero tienen también una imaginación que puede amplificar los acontecimientos más insignificantes, los detalles más ínfimos. Agrandado por la imaginación de un niño, un pequeño acontecimiento puede convertirse en la más bella o la más horrible de las historias. Cuando era chico esta percepción de las cosas podía ser formidable, pero, al mismo tiempo, turbadora e inquietante. Por ejemplo, poder entrar a una casa y, sin buscar nada en particular, sin imaginarte nada de nada, sentir que hay algo raro en esa casa. Como una nube malvada que flota en el aire y te indica de manera confusa que en esa casa algo anda mal. Hay gente adulta, todo parece normal, pero sentís que hay algo escondido, que en la casa reina un cierto malestar subterráneo que los que viven ahí no quieren que los demás vean... En mi casa todo era muy tranquilo, muy normal. Mis padres nunca se pelearon, hasta tal punto que a veces hasta me habría gustado que se pelearan un poco, que hubiera en la casa un poco de movimiento. Pero jamás pasó nada. Nuestra casa era un lugar sólido, estable, tranquilizador. Quizá cuando desde el principio se posee una estabilidad tan grande, un fundamento bien sólido, uno se encuentra más inclinado a salir de sí mismo. Mientras que si uno crece en la inseguridad, después busca desesperadamente la seguridad, sin arriesgarse tanto. Desde ese punto de vista, creo que tuve suerte."

      "Cuando era un adolescente, intentaba divertirme 24 horas al día. No empecé a pensar hasta que tuve 20 o 21. Hacía cosas estúpidas y comunes. [...] No sucedió mucho en el piso de arriba hasta los 19. Mi madre se negó a darme libros para colorear cuando era niño. Probablemente me haya salvado, porque si lo piensas, lo que hace un libro para colorear es destruir completamente la creatividad."

      Así hasta que cumplió 19 años. O sea, edad en la que comenzó su ir y venir por diferentes escuelas de arte, las cuales abandonaba. En el año 1965, sin embargo, ingresó a la Pennsylvania Acadamy of Fine Arts (PAFA), de Philadelphia. "Era un tiempo magnífico para estar en la Academia," asegura. "Las escuelas tienen olas, y sucedió que yo le pegué a una ola creciente y gigante. Había tanta gente buena en la escuela. Y ese fue el comienzo de todo. Se me aclararon las cosas en términos de pintura, y mi estilo encontró su camino."

      "La casa a la que me mudé quedaba frente a la morgue, al lado de Pop's Diner. El área tenía un ambiente grandioso -fábricas, humo, autopistas, diners, los personajes más extraños, las noches más oscuras. La gente tenía historias cinceladas en sus rostros, y yo veía imágenes vívidas -cortinas de plástico sostenidas con curitas, harapos rellenando ventanas rotas- mientras atravesaba la morgue camino a un negocio de hamburguesas."

      "Yo vivía en la calle 13 y Wood. Es un lugar muy industrial. A las 5:00 ya no hay nadie en el barrio. Nadie vive ahí. Y me gusta mucho eso. Es hermoso, si lo ves de manera correcta."

      "Vivíamos barato, pero la ciudad estaba llena de miedo. Un nene fue baleado en nuestra calle y las marcas de tiza que rodeaban el lugar en el que había yacido quedaron en la vereda durante cinco días. Nos robaron dos veces, nos dispararon a las ventanas y nos robaron el auto."

      Entre sus obras de la época había una compleja y entretenida mesa de pool eléctrica y una serie de "mujeres mecánicas", esto es, claro, mujeres que se convertían en máquinas de escribir.

      Es allí donde encontró su verdadera vocación. Disfrutó muchísimo esa etapa junto a otros con inquietudes artísticas. Su inclinación por la pintura se hizo manifiesta.

      Tras pasar por escuelas de arte, en 1965 Lynch y un amigo, Jack Fisk, viajaron a Europa para estudiar con el pintor expresionista Oskar Kokoschka en Salzburgo, Austria. Viajaron a París, y finalmente a Atenas, Grecia, pero regresaron a los Estados Unidos a los 15 días. "No me gustó Europa," asegura. "Pensaba todo el tiempo, aquí es donde voy a pintar. Y no había ningún tipo de inspiración allí para la clase de trabajo que quería hacer. [...] Tenía la intención de quedarme tres años. En cambio, ¡me quedé 15 días! Me acuerdo de estar acostado en un sótano en Atenas con lagartos que trepaban a las paredes, y pensaba en que estaba a 7.000 millas de McDonalds!"

      De vuelta en Alexandria, consiguió (y perdió sistemáticamente) una serie de trabajos: en una cigarrería, en una tienda de arte, en una oficina de ingeniería y en una marquería, cuyo dueño se llamaba, apropiadamente, Michelangelo.

      "Cuando era despedido, eso me llevaba a otra parte, a nuevas experiencias. Cada vez que me echaban, ¡estaba feliz de la vida!", recuerda. "Pero después de limpiar un baño tapado (un trabajo que nadie más quería) por cinco dólares, habría ido a cualquier parte con tal de salirme de ahí."

      Se casó cuatro veces y tuvo una hija con su primera mujer (Peggy Lentz, 1967-1974), un hijo con su segunda mujer (Mary Fisk, 1977-1987). Su tercera mujer fue la productora y editora de sus films, Mary Sweeney (2006), con quien tuvo un hijo en 1992.  Su ultimo matrimonio se celebró el 26 de febrero de 2009 con Emily Stofle, actriz que aparecía brevemente en INLAND EMPIRE y quien dio luz en 2012 a una niña, el cuarto hijo de Lynch, cuyo nombre es Lula Boginia Lynch.
(Fuente:http://www.davidlynch.es/david-lynch/biografia)





EL HOMBRE ELEFANTE 
(The Elephant Man) es una película estadounidense de 1980 basada en la historia real de Joseph Merrick (llamado John Merrick en la película), un hombre gravemente deformado que vivió en Londres durante el siglo XIX. La película fue dirigida por David Lynch y protagonizada por John Hurt, Anthony Hopkins, Anne Bancroft, John Gielgud, Wendy Hiller, Michael Elphick, Gordon Hannah y Freddie Jones. El guion fue adaptado por Lynch, Christopher De Vore, y Eric Bergren de los libros El Hombre Elefante y Otras Reminiscencias (1923) de Sir Frederick Treves y El Hombre Elefante: Un Estudio de la dignidad humana de Ashley Montagu. Se rodó en blanco y negro. La película fue un éxito crítico y comercial, y recibió ocho nominaciones a los premios de la Academia, incluyendo Mejor Película en 1981.

Audrey Hepburn



"A medida que se hace mayor usted descubrirá que tiene dos manos, una para ayudarse a sí mismo y otra para ayudar a los demás."
 

AUDREY HEPBURN (4 de mayo de 1929 – 20 de enero de 1993)




Audrey Hepburn nació un 4 de mayo de 1929 en la ciudad Belga de Bruselas, descendiente de una familia de la aristocracia de Holanda, los Van Haemstra. Su abuelo era un barón muy próximo a la Corte. Su padre fue un banquero llamado Joseph Víctor Henry Ruston y su madre una aristócrata de origen holandés. Su nombre, con el que fue bautizada, era Edda kathleen Van Heemstra Hepburn - Ruston.

Antes de los 10 años vivió en Holanda hasta que sus padres se separaron en 1939 y se fueron a vivir a Londres. Allí comenzó a estudiar danza y arte dramático en la Marie Rambert School. En esos años la vida se hacía muy difícil por la segunda guerra mundial que se aproximaba, y viajó a Holanda y después a Inglaterra, donde empezó a incursionar como una pequeña modelo.

La guerra terminó con su triste infancia. Uno de sus hermanos fue llevado a un campo de concentración. El otro se perdió en los ataques de resistencia. Un tío y un primo fueron fusilados.


Años más tarde se dedicó a realizar pequeños roles en diversas películas y trabajar de corista en algunos teatros. En 1952 el director William Wyler le ofreció protagonizar una comedia muy buena, Vacaciones en Roma. A partir de ahí su vida cambió: había nacido una nueva estrella del cine. Obtuvo su primer premio, el Oscar a la mejor actriz. Luego hace su primer éxito protagónico en La princesa que quería vivir, de 1953, que supo cointerpretar con Gregory Peck, ambos dirigidos por William Wyler.

A partir de ese maravilloso período comienza a filmar sin parar y a extender su larga trayectoria con varias películas imposibles de olvidar como Desayuno con diamantes (1961) o Sola en la oscuridad (1967), incursionando en un papel más dramático en Historia de una monja (1959), y volviendo a la comedia en Sabrina (1954). Estas cuatro películas estuvieron nominadas al Oscar como mejor actriz. A fines del 50, exactamente en 1958, obtuvo el premio a mejor actriz en el festival de San Sebastián y el Bafta Británico en la misma categoría por Historia de una monja, y más tarde repite este galardón con la película Charada (1963).

En Hollywood conoce a un actor en la cima: Mel Ferrer, en 1954. Finalmente se casa con Ferrer el 25 de septiembre del mismo año y viven diez años juntos. Nace Sean, un 17 de julio de 1960. Su matrimonio se ve consternado ante la pérdida de sus cinco embarazos y en noviembre de 1968 se divorcian.

En enero de 1969, insiste con la idea de casarse nuevamente, y esta vez su compañero es un psiquiatra italiano, Andrea Dotti, del cual nace su hijo Luca Andrea, el 8 de febrero de 1970. Pero pronto le llegarían problemas a Audrey, porque tuvo que soportar las inevitables infidelidades en su vida conyugal y esto llevaría a un irremediable divorcio, en 1976.

Luego se retira del cine para ocuparse de su dos hijos durante algunos años, regresando con la historia final de Robin Hood, en Robin y Marian (1976), un film dirigido por Richard Lester. Pero ella necesitaba encontrar su lugar en el mundo y lo encuentra refugiándose en su casa de campo. Lejos del ruido de la ciudad, compra una propiedad de 30 años antigüedad en Suiza, en un pueblo de medio millar de habitantes: Tolochenaz -sur Morges.


Decide alejarse un poco del cine, pero igualmente frecuenta los sets de filmación en donde conocerá a su último amor, el actor holandés Bob Wolders. Su único fiel amor, según Audrey declaraba a la prensa: "Él me hizo vivir de nuevo, darme cuenta que no todo se había terminado para mí". Y sigue filmando otras películas. En 1979 filma, en Nueva York, Lazos de Sangre, con Omar Sharif y Ben Gazzara.

En 1988 fue nombrada embajadora de UNICEF y su solidaridad humanitaria por los niños pobres marcó sus últimos días de su vida. Los viajes a Sudán, El Salvador, Guatemala, Honduras y Vietnam fueron ocupando una larguísima agenda donde siempre faltaban horas. Viajó a Somalia poco antes de que se le declarara la enfermedad terminal, el cáncer de colón, que la hizo abandonar toda su generosa actividad.

Wolders, con sus dos hijos Sean y Luca, junto a sus ex-maridos, estuvieron acompañando el funeral en ese pueblito de Suiza donde ella había decidido vivir, un día frío y gris, un 24 de enero de 1993. Sus cinco hombres estuvieron juntos en el cementerio.

Hoy, Audrey nos dejó la imagen más hermosa de todos los tiempos. Su personalidad y su estilo fueron dignos de una moda inolvidable, inmortalizada en el tiempo. Su sonrisa fue la forma en que las chicas de la época debían sonreír; su figura esbelta y tenue, era la silueta que todas las muchachas debían tener.

Su última actuación fue con el rey Midas de Hollywood, Steven Spielberg, en Always (1989), donde su sola presencia hace eterna referencia a la frase inscripta en su funeral: "Si en el cielo existen los ángeles, estoy convencido de que deben tener los ojos, las manos, el rostro y la voz de Audrey Hepbrun".

En 1993, meses después de su muerte, la academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood le concedió un Oscar Humanitario Jean Hersholt por su labor como embajadora permanente en UNICEF.
(Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/actores/audrey_hepburn.htm)



Breakfast at Tiffany's (DESAYUNO CON DIAMANTES en España, Desayunando en Tiffany's en Hispanoamérica) es una película estadounidense del género comedia, rodada en 1961 y dirigida por Blake Edwards.

Protagonizada por Audrey Hepburn y George Peppard, contó con un reparto de actores secundarios que incluía a Patricia Neal, Martin Balsam, Mickey Rooney y el español José Luis de Vilallonga. La película es una adaptación bastante libre de la novela del mismo título de Truman Capote.

La banda sonora fue compuesta por Henry Mancini, y en ella que se encuentra la famosa canción Moon River, con letra de Johnny Mercer y que canta Audrey Hepburn

En 1961 la película ganó dos premios Óscar en las categorías Mejor banda sonora y Mejor canción.

Marilyn Monroe y los críticos

Marilyn Monroe en una prueba de vestuario para "Niagara" - 1953
Época en que empezaba a afianzarse su estrellato en Hollywood

En cierta ocasión, el dramaturgo y guionista francés Marcel Achard acompañó a un amigo suyo, crítico de cine, al visionado de una película de Marilyn Monroe. Damos por sentado que sería uno de aquellos filmes de la primera época de MM en la que todavía sus papeles eran meramente decorativos, como en "Amor en conserva", "La jungla de asfalto" o "Eva al desnudo" y  tantas otras en las que participó antes de que se convirtiera en el centro de todas las miradas. Al salir de la sala, el crítico comentó cáusticamente:

-"Es una chica muy mona, pero como actriz no vale nada. La voy a destrozar en mi crítica"
- "Pues mándame los trozos a casa" - le replicó Marcel Achard, con mucha más vista.

Marilyn Monroe en una prueba de vestuario de "Los caballeros las prefieren rubias" - 1953

 
Marilyn Monroe en una foto promocional de "Bus Stop" - 1956.
En esta época ya era toda una estrella, aunque quedarían por llegar:
 "Con faldas y a lo loco", "El multimillonario" y "Vidas Rebeldes"

Fragmento de "El rayo de Luna" - Gustavo Adolfo Becquer



GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
RIMAS Y LEYENDAS (Fragmento de "El rayo de luna")

"-¡No! ¡No! -exclamó el joven incorporándose colérico en su sitial-; no quiero nada... es decir, sí quiero... quiero que me dejéis solo... Cantigas... mujeres... glorias... felicidad... mentiras todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, ¿para qué?, para encontrar un rayo de luna.

Manrique estaba loco: por lo menos, todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figuraba que lo que había hecho era recuperar el juicio."


Este fragmento nos ha sido propuesto por el amigo Pertegal Stark Víctor. Gracias Pertegal!

La foto es de Brassaï, y tiene por título: "Tres árboles y el Pont Neuf" (Paris) - 1945

Entrevista a Óscar Wilde (por Edward Carson)



WILDE.–No creo que ningún libro u obra de arte haya tenido nunca ninguna repercusión sobre la moralidad.
CARSON.–¿Sería exacto decir que Vd. no tiene en cuenta sus repercusiones en lo que atañe a la producción de efectos morales o inmorales?
WILDE.–Desde luego, no las tengo en cuenta.
CARSON.–En lo que atañe a sus propias obras, ¿asume Vd. una actitud indiferente sobre la cuestión de su moralidad o inmoralidad?
WILDE.–No sé si emplea Vd. el término “asume” en una acepción determinada.
CARSON.–¿No es uno de sus términos favoritos?
WILDE.–¿Vd. cree? Pero no asumo ninguna posición al respecto. Cuando escribo una comedia o un libro, me interesa solamente la literatura, es decir, el arte. No intento hacer el bien o el mal; pretendo crear un objeto que posea determinadas cualidades estéticas.
CARSON.–Escuche, por favor. Veamos una de las “Frases y Filosofías para uso de la juventud” que Vd. ha escrito. “La maldad es un mito inventado por las personas de orden para explicar la curiosa capacidad de atracción de los demás”. ¿Cree Vd. que eso es cierto?
WILDE.–Pocas veces creo que cualquier cosa que escribo sea cierta.
CARSON.–¿Ha dicho Vd. “pocas veces”?
WILDE.–He dicho “pocas veces”. Pero podría haber dicho “nunca”. Nunca creo que sea cierta en el verdadero sentido de la palabra.
CARSON.–“Las religiones mueren cuando demuestran que son verdaderas”. ¿Es cierto?
WILDE.–Sí; esa es mi opinión. Sugiero una filosofía de la absorción de las religiones por la ciencia; pero creo que es una cuestión demasiado importante para abordarla en este momento.
CARSON.–¿Piensa que se trataba de un axioma prudente para insertarlo entre las máximas dedicadas a la juventud?
WILDE.–Creo que es un axioma enormemente sugerente.
CARSON.–“Si uno dice la verdad, está seguro más pronto o más tarde de haberla descubierto”.
WILDE.–Se trata de una divertida paradoja, pero no le atribuyo demasiada importancia.
CARSON.–¿Es adecuada para los jóvenes?
WILDE.–Todo lo que incita a pensar es adecuado, cualquiera que sea la edad del lector.
CARSON.–¿Con independencia de que sea moral o inmoral?
WILDE.–No hay pensamientos morales o inmorales. Sólo hay emociones inmorales.
CARSON.–“La única cosa por la que merece la pena vivir es el placer”.
WILDE.–Pienso que el primer objetivo de la vida es la propia realización, y es más hermoso realizarse a través del placer que del dolor. En ese punto, estoy plenamente de acuerdo con los antiguos, con los griegos. Se trata de una idea pagana.
CARSON.–“Una verdad deja de serlo cuando más de una persona cree en ella”.
WILDE.–Exactamente. Esa sería mi definición metafísica de la verdad: algo tan personal que la misma verdad no puede ser simultáneamente captada por dos mentes.
CARSON.–“La condición perfecta es la ociosidad; el acto perfecto es la juventud”.
WILDE.–Desde luego, eso es lo que creo. La amistad es verdad. La vida superior es la contemplativa, como admiten los filósofos.
CARSON.–“Hay algo trágico en el enorme número de jóvenes que viven en Inglaterra en la época actual: empiezan su vida con perfiles perfectos y acaban por adoptar alguna profesión útil”.
WILDE.–Me inclino a pensar que los jóvenes tienen el suficiente sentido del humor.
CARSON.–¿Encuentra ingeniosa esa máxima?
WILDE.–Pienso que es una divertida paradoja, un divertido juego de palabras.
CARSON.–¿Cuál sería a juicio de cualquiera el efecto de las Frases y Filosofías en conexión con un artículo como El sacerdote y el acólito?
WILDE.–Desde luego, fue la idea que podría formarse lo que me planteó las mayores reservas a la narración. Me di cuenta inmediatamente de que máximas que son absolutamente ilógicas, paradójicas o como usted quiera llamarlas, podrían ser leídas conjuntamente con ella.
CARSON.–¿Después de las críticas de que fue objeto Dorian Grey modificó usted sensiblemente la novela?
WILDE.–No. Introduje algunos pasajes nuevos. Se me indicó –no en un periódico ni en una publicación semejante, sino por el único crítico de este siglo cuyo juicio tengo en alta estima, el señor Walter Pater– que determinado pasaje era susceptible de ser mal interpretado, e hice algunos añadidos en él.
CARSON.–En su prefacio a Dorian Grey, usted dice: “Un libro no es en modo alguno moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos”. ¿Esa frase expresa su opinión?
WILDE.–Mi opinión acerca del arte, desde luego.
CARSON.–Por consiguiente, supongo que un libro, por inmoral que sea si está bien escrito, es, en su opinión, un buen libro.
WILDE.–Sí, si estuviera lo suficientemente bien escrito para provocar una sensación de belleza, que es la sensación más elevada que es capaz de experimentar un ser humano. Si estuviera mal escrito, provocaría una sensación de aversión.
CARSON.–Por lo tanto, ¿un libro bien escrito que exponga opiniones morales viciosas, podría ser un buen libro?
WILDE.–Ninguna obra de arte ha expuesto nunca opiniones. Las opiniones son cosa de personas que no son artistas.
CARSON.–¿Una novela pervertida podría ser un buen libro?
WILDE.–No sé lo que quiere decir para usted una novela “pervertida”.
CARSON.–Me atrevería entonces a indicar que Dorian Grey podría considerarse una novela de ese tipo.
WILDE.–Sólo los brutos y los ignorantes podrían interpretarla así. Los puntos de vista artísticos de los filisteos son enormemente estúpidos.
CARSON.–¿Una persona inculta que leyera Dorian Grey podría interpretarla así?
WILDE.–En arte no puedes tenerse en cuenta los puntos de vista de las personas incultas. Me interesa solamente mi propia concepción del arte. Me importa muy poco lo que otras personas piensen de él.
CARSON.–Su concepción de los filisteos y de los incultos ¿sería aplicable a la mayoría de las personas?
WILDE.–He encontrado excepciones magníficas.
CARSON.–¿Cree usted que la mayoría de las personas estaría de acuerdo con las tesis que expone.
WILDE.–Me temo que no sean lo bastante cultos.
CARSON.–¿Que no sean lo bastante cultos para distinguir entre un libro bueno y un libro malo?
WILDE.–Efectivamente.
CARSON.–¿La inclinación y el amor del artista de Dorian Grey podrían llevar a una persona vulgar a pensar que podría haber en el personaje una determinada tendencia?
WILDE.–No sé lo que pueden pensar las personas vulgares.
CARSON.–¿Nunca impidió usted que las personas vulgares compraran su libro?
WILDE.–Nunca les he incitado a no hacerlo.


GEORGE STEINER Y ROBERT BOYERS, La homosexualidad: literatura y política, Alianza Editorial, Madrid, 1985, págs. 301-306. Traducción de Ramón Serratacó y Joaquina Aguilar

Virginia Woolf.- Horas en una biblioteca




"El sexo charlatán, en contra de lo que dicta el sentido común, no es el femenino, sino el masculino. En todas las bibliotecas del mundo se oye al hombre hablar consigo mismo y, sobre todo, acerca de sí mismo. Es verdad que las mujeres prestan terreno a muchas especulaciones y es verdad que están representadas a menudo, pero cada día resulta más evidente que Lady Macbeth, Cordelia, Ophelia, Clarissa, Dora, Diana, Helen y las demás no son bajo ningún concepto lo que fingen ser. Unas son lisa y llanamente hombres travestidos; otras representan lo que los hombres quisieran ser, o lo que son conscientes de no ser"


VIRGINIA WOOLF, Horas en una biblioteca, El Aleph Editores, Barcelona, 2005, pág. 50, traducción de Miguel Martínez-Lage

Francisco de Quevedo.- cómo insultar a una reina sin morir en el intento




Llegó a apostar con sus amigos una gran suma de dinero a que era capaz de reprochar a la reina (Doña Isabel, esposa de Felipe IV) su regia cojera. Al recibir las apuestas de todos sus amigos (no pensaron que se atrevería), Quevedo aguardó la ocasión. Al poco tiempo, fue invitado a Palacio a una importante recepción. Se presentó con dos hermosas y bellas flores, siendo una rosa y un clavel. Al acercarse a la reina, la entregó ambas flores diciéndola:

-Entre el clavel y la rosa, Su Majestad escoja.

Quizás sea éste el calambur más famoso de nuestra historia. El propio Quevedo también tenía un problema en el pie que le obligaba a cojear levemente. Se dice que esta anécdota llegó a oídos del propio rey quien, molesto, intentó “devolverle” a Quevedo la jugada. Felipe IV le llamó a audiencia y le solicitó que le compusiera algún verso improvisado en el momento. El autor le pidió un tema o asunto sobre el que hacer el verso, diciéndole:

-Dadme pie Majestad.

El rey, aprovechando la frase, y con muy poca fortuna, le alargó la pierna para intentar burlarse del poeta, a lo que éste le respondió:

-Paréceme, gran señor, que estando en esta postura, yo parezco el herrador y vos la cabalgadura.

Otra no menos ingeniosa es la anécdota protagonizada cierta noche que paseaba por la ciudad. En su trayecto, una bella mujer asomada a un balcón le refería bellas palabras insinuándose al autor. Lo que no sabía Quevedo era que se trataba de una broma, al estar la mujer rodeada de amigos escondidos tras ella. La situación se fue animando y finalmente Quevedo accedió a subir al balcón por medio de una polea que había. Obviamente, eran los amigos de la mujer los que izaban la cuerda. A mitad del ascenso, los bromistas dejaron colgado al ilusionado poeta y empezaron a reírse y burlarse de él. Fue tal el ajetreo que motivó esta situación que los viandantes se paraban a ver tan cómica y grotesca situación. Este alboroto alertó a la guardia nocturna, quienes se personaron en el lugar para poner orden. Al contemplar el panorama, preguntaron:

-¿Quien vive?

Quevedo, siempre con sus oportunas respuestas, respondió sin inmutarse:

-Soy Quevedo, que ni sube, ni baja, ni está quedo.


FRANCISCO DE QUEVEDO, Anécdotas de Quevedo en Madrid, Historia de Madrid.com, 22 de noviembre de 2007 (AQUÍ)