Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

ANAIS NIN.- SOBRE ANTONIN ARTAUD (DIARIO)



Sabía que Artaud era un hombre enloquecido, enfermo, atormentado, y me interesaba, pero no humanamente. Y él, tan mórbido e hipersensible, también quería el trofeo que sabía que Allendy, Henry y Eduardo pretenden, y lo quería por entero... no sé por qué. Sentados en el Café La Coupole, nos besamos, e intenté demostrarle que era sincera, que soy un ser dividido, que esto no era un juego, sino una tragedia, porque yo no podía amar imaginativa y humanamente al mismo tiempo. Y, lentamente, la historia de mi propia "locura", tan parecida a la suya, lo conmovió, porque los seres humanos le parecen espectrales y duda de la vida, la teme. Dijo que amaba mi manera de deslizarme, mi vivacidad, mi vibración... que yo era la serpiente emplumada... serpiente y pájaro...


(...)Ahora sé que una y otra vez, incesantemente, voy a parar a este callejón sin salida, para encontrarme con el mismo resultado, la posesión física. Y que no me interesa la posesión física, sino el juego, como un Don Juan, el juego de la seducción, del enloquecimiento, de poseer a los hombres no sólo físicamente, sino también espiritualmente. Exijo más que las putas.


Hoy me sentí diabólicamente complacida cuando Artaud me dijo: "He adivinado que Allendy te ama, pero ¿lo amas tú?" no quise contestarle. Definitivamente hoy me sentí clasificada, categorizada como una especie de seductora que pocas veces se encuentra. Juego no únicamente con el sexo, sino con las almas, con las imaginaciones. La puta es una puta honrada. Seduzco los cuerpos y las almas de los hombres y juego con cosas serias y sagradas. Como Henry dijo una vez, amo el sacrilegio. Soy un tipo de hechicera. Los hombres de vida seria y profunda, que no son capturados por la puta, los hombres que menos se someten a la voluntad de la mujer, son los hombres que poseo. Soy un veneno que no sólo hace efecto en la carne, sino en manantiales más profundos. Vi a Artaud prisionero de la sacerdotisa inca, de la serpiente emplumada, del plumaje y la fluidez, de la astucia y el encanto. "Tan suave y tan frágil", dijo, y me miró con ojos absolutamente enloquecidos. "La gente cree que estoy loco". Y supe aquel momento, mirando sus ojos, que lo estaba y que yo amaba su locura.

(Anais Nin.- Incesto)

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