Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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jueves, 19 de septiembre de 2013

La ira de Beethoven

 
Todos sabemos del carácter fuerte y apasionado de Beethoven y que tras destacar como un portentoso pianista, fue perdiendo gradualmente la audición, haciendo que a poco a poco se alejase del terreno de la interpretación , para volcarse en su maravillosa faceta de compositor. Pero este abandono de los escenarios no ocurre de la noche a la mañana y Beethoven solo se convencerá de ello tras algún que otro fiasco.
 
Se cuenta que en el estreno de uno de sus conciertos para piano en el vienés "Theater an der Wien", Beethoven se encontraba al piano ejecutando la parte que le correspondía de la pieza a la vez que dirigía a la orquesta desde su banqueta, algo realmente difícil en situaciones normales, y que para Beethoven, ya medio sordo, era una verdadera temeridad.

Concentrado exclusivamente en la música y en el débil eco que de ella llegaba a sus oídos, no le quedaba margen de atención para otros detalles y así, en uno de esos pasajes en los que la música empezaba a subir de intensidad y culminaba en uno de esos apoteosis sonoros tan típicos de las obras del maestro de Bonn, este abrió de forma entusiasta los brazos en un gesto de plenitud y no pudo evitar tirar al suelo las velas que iluminaban el atril con la partitura. Rápidamente se ayudó de dos chicos del coro que se colocaron a los lados del piano sosteniendo las entonces imprescindibles velas, pero no paso mucho tiempo antes de que se repitiera el mismo pasaje de la obra y de nuevo en la apoteosis, Beethoven repitió el gesto, golpeando en esta ocasión la cabeza de uno de los niños, provocando que se le cayera la vela al suelo y que el otro niño, asustado ante el frenesí y los aspavientos que mostraba el maestro, saliera corriendo del escenario. El público, ante este segundo percance no pudo ya reprimir sus risas y el teatro estalló en una sonora carcajada que no paso desapercibida al debilitado oído de Beethoven, quien enfurecido se centró en su piano e intentó acallar las risas con el poder de su arte al teclado. Fue tal la rabia con la que tocaba que rompió seis cuerdas del piano.

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