Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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viernes, 19 de julio de 2013

Groucho Marx y las corbatas



En cierta ocasión el genial Groucho Marx pretendía cenar en un hotel esos tan elegantes que si no llevas corbata, una de dos, o aceptas que el propio hotel te facilite una o no te queda más remedio que darte media vuelta y buscar otro lugar donde la etiqueta esté un poquito más relajada.

-Lamento mucho tener que recordarle que no lleva usted corbata -le dijo el maître en voz baja-

- Ah, no lo lamente usted, que yo aún recuerdo cuando no tenía ni para calzoncillos - le respondió cordialmente Groucho- esperando que aquel pequeño chiste desarmara al maître y le excusara la formalidad de la corbata.

Pero no fue así y la exigencia de la citada prenda fue mantenida de forma inexcusable. Groucho se quedó atónito ante la intransigencia del cancerbero del hotel, y en un arranque de los suyos avanzó rápidamente hacia el interior del salón comedor a donde le siguió el contrariado maître que le requería para que abandonara la sala, pero Groucho no se amilanó y caminó decidido hasta colocarse a la altura de un señor calvo que comía en el lugar y dijo:

- !Es que no hay derecho! A mí no me dejan entrar sin llevar corbata, y a esté lo han dejado entrar sin llevar pelo.

No me extrañaría nada que ese mismo día terminara tomando un refresco en un sitio más relajado junto a su amiga de reparto Margaret Drummond con quien lo vemos en la foto.
 

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