Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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sábado, 27 de abril de 2013

La caza ( Thomas Vinterberg, 2012)



Porque los niños nunca mienten...


Lucas (Mads Mikkelsen) es un hombre que tras enfrentarse a un complicado divorcio y problemas laborales, parece encontrar la calma como maestro infantil  hasta que Klara (Annika Wedderkopp), una niña de cuatro años e hija de su mejor amigo, lo acusa injustamente.

La imaginación, la fantasía y los recuerdos se mezclan en la mente de la pequeña, quien con sus declaraciones alarma a la directora del colegio, los padres de familia y toda una comunidad que pierde el control y desata una serie de alegatos que comienzan a caer en el absurdo. El pueblo entero estalla en ira y el profesor se convierte en la presa de una cacería despiadada (el linchamiento pasará por la cabeza de varios en el público) en la que la verdad y la mentira desaparecen para convertirse en una violenta narración kafkiana. Vinterberg logra que la verdad se convierta en abuso en una película que desde el comienzo va al grano, habla de frente y nos describe sin posibilidad de que lo negemos, la manera de operar de las sociedades occidentales: doble moral, falso perdón, violencia oculta y sanguinaria reconciliación.

Muy a la manera de Haneke, Vinterberg entrega paisajes desolados de nuestras sociedades, en las que la ley es un pretexto para humillar y descargar culpas,  y en la que la verdad es tan distorsionada como todos los sujetos  que la juzguen y valoren . El tono de la cinta es duro, intenso, más por la impotencia del personaje al que castiga sin piedad en medio de un invierno eterno, que por la acción. Su cacería es más de intenciones y de deseos no dichos, pero que se pasean al acecho para sorprendernos: los deseos de venganza están en nuestra propia cabeza a pesar de que somos los únicos (nosotros los espectadores) que conocemos ambas versiones de la historia que ha desatado este infierno.

Entonces la verdad no existe y toma la forma del abuso; a falta de perdón Vinterberg parece ofrecer una reconciliación que, a fuerza de nutrir de nuevo a las dudas del caso, desaparece también para sugerir otra vez que los fantasmas en los sótanos de estas sociedades son gigantescos y que muchos sabe que están ahí.

En esta cacería sin final, cruda incluso en su conclusión, Vinterberg nos deja en las manos las armas de la sociedad, desde el perdón hasta la verdad, pero después de que nos ha mostrado lo que esas armas han construido es inevitable sentir que no se sabe qué hacer con ellas. La verdad última es la que dictamina quién es la presa, no por qué.


"La gente a veces miente y eso incluye a los niños también", ha declarado Vinterberg y es que en casos tan delicados como el abuso sexual infantil la palabra de un menor pesa más que cualquier prueba.Con un guión que engancha y que lleva al espectador a sentir la misma angustia y desesperación de su protagonista, La caza no pretende lanzar un drama entre buenos y villanos, pero sí desarrolla un sorprendente giro  en la relación víctima-verdugo.
Uno de los grandes puntos fuertes de esta película es la magistral interpretación  del danés Mads Mikkelsen, ante la cual no cabe extrañarse  de  que en la pasada edición del Festival de Cannes obtuviera el Premio a la mejor actuación masculina.

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