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martes, 2 de abril de 2013

Heman Melville y el origen de Moby Dick

 
HERMAN MELVILLE Y EL ORIGEN DE MOBY DICK
MOBY DICK - 1851- (Fragmento)

"En la misma New Bedford se yergue una capilla de los Balleneros, y pocos son los malhumorados pescadores, con rumbo al océano índico o al Pacífico, que dejan de hacer una visita dominical a ese lugar.

Al regresar de mi primer paseo mañanero, volví a salir para ese especial destino. El cielo había cambiado de un frío soleado y claro, a niebla y aguanieve con viento. Envolviéndome en mi áspero chaquetón, del tejido llamado «piel de oso», luché por abrirme paso contra la terca tempestad. Al entrar, encontré una pequeña y desparramada feligresía de marineros y de mujeres y viudas de marineros. Reinaba un silencio ahogado, sólo roto a veces por los aullidos de la tempestad. Cada silencioso adorador parecía haberse sentado a propósito aparte de los demás, como si cada dolor silencioso fuera insular e incomunicable. El capellán no había llegado todavía; y allí, aquellas calladas islas de hombres y mujeres se habían sentado mirando fijamente varias lápidas de mármol, con bordes negros, incrustadas en la pared a ambos lados del púlpito.

(…) No sabía yo si entre los asistentes había ahora algún pariente de los marineros cuyos nombres aparecían allí; pero son tantos los accidentes de la pesca que no se anotan, y tan claramente llevaban varias mujeres de las presentes el rostro, si no el hábito, de algún dolor incesante, que sentí con seguridad que allí delante de mí estaban reunidos aquellos en cuyos corazones incurables la vista de aquellas desoladas lápidas hacía que sangraran por simpatía las viejas heridas.

¡Ah, vosotros, cuyos muertos yacen sepultados bajo la verde hierba; que, en medio de las flores podéis decir: aquí, aquí yace mi ser amado; vosotros no conocéis la desolación que se cobija en pechos como éstos! ¡Qué amargos vacíos en esos mármoles bordeados de negro que no cubren cenizas! ¡Qué mortales huecos y qué infidelidades forzosas en las líneas que parecen roer toda fe, rehusando resurrecciones a los seres que han perecido sin sitio y sin tumba! Estas lápidas podrían estar lo mismo en la cueva del Elephanta que aquí.

¿En qué censo de criaturas se incluyen los muertos de la humanidad? ¿Por qué dice de ellos un proverbio universal que no contarán historias, aunque contengan más secretos que las Arenas de Goodwin? (…) ¿Por qué los vivos se empeñan tanto en silenciar a los muertos, de tal modo que el rumor de un golpe en una tumba aterroriza a una ciudad entera? Todas estas cosas no carecen de sus significados. Pero la fe, como un chacal, se alimenta entre las tumbas, e incluso de esas dudas mortales extrae su esperanza más vital. Apenas hace falta decir con qué sentimientos, en vísperas de mi viaje a Nantucket, consideré esas lápidas de mármol, y, a la lóbrega luz de aquel día oscurecido y lastimero, leí el destino de los balleneros que habían partido por delante de mí.

Sí, Ismael, ese mismo destino puede ser el tuyo."


Moby Dick fue un verdadero fracaso en su época, un hecho este que unido al esfuerzo creativo que demandó de Herman Melville (EEUU, 1819-1891) hizo que el escritor se viera afectado psicológicamente. A partir de entonces nada fue fácil para Melville que verse al verse acorralado por las deudas, vende todo lo que tiene y decide abandonarlo todo. Falleció en 1891 completamente olvidado, pero su obra prevaleció entre unos pocos aficionados, y a partir de la segunda década del siglo XX su figura fue revalorándose hasta convertirse en uno de los más apreciados escritores no sólo de la literatura norteamericana, sino de la mundial.

Pero centrándonos en Moby Dick, se puede decir que esta famosa obra de 1851 está inspirada en dos casos reales. El primero en el de un cachalote albino que merodeaba la Isla Mocha (Chile), al que a nivel global llamaban Mocha Dick en el siglo XIX. Como Moby-Dick, escapó incontables veces de sus cazadores durante más de cuarenta años, por lo que llevaba varios arpones incrustados en su espalda. Los balleneros contaban que atacaba furiosamente dando resoplidos que formaban una nube a su alrededor; embestía los barcos perforándolos y volcándolos, matando a los marineros que se atrevían a enfrentarlo. Según el marinero que contó la historia publicada en la revista, para lograr matar a Mocha Dick se requirió la unión de distintos barcos balleneros de distintas nacionalidades. Cabe destacar que en Chile, en la cultura indígena mapuche, existe el mito del Trempulcahue, cuatro ballenas que llevan el alma de los mapuches que mueren hasta la isla de Mocha, para embarcarse en su viaje final. En 2005, en la costa de Chile, se filmó a varios de estos cachalotes albinos.

El otro caso que sirve de inspiración a la novela es la epopeya que padeció el ballenero Essex, de Nantucket, Massachusetts. El 20 de noviembre de 1820 el Essex se encontró un cachalote mucho más grande de lo normal, el cual embistió el barco en dos ocasiones y lo hundió, mientras los hombres estaban persiguiendo y arponeando a otros miembros de la manada. Luego del naufragio los veintiún marinos se marcharon en tres pequeños botes balleneros (en este caso, usados como botes salvavidas) con suministros totalmente inadecuados de comida y agua fresca. Lograron arribar a la inhabitada Isla Henderson perteneciente a las Islas Pitcairn, actualmente territorio de la Gran Bretaña, donde padecieron hambre y sed, llegando al canibalismo. 91 días después fueron rescatados y desembarcados en Valparaíso (Chile). Dos de los ocho supervivientes relataron el suceso, del que Melville tuvo sobrado conocimiento.

Es indudable que aparte de estas dos notables influencias, Moby-Dick, está también basada en las experiencias personales de Melville como marinero.

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