Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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viernes, 29 de marzo de 2013

Charles Chaplin y sus fans



Pocos actores han obtenido tanto cariño y fama como Charles Chaplin gracias a su personaje "Charlot". Este fama no siempre era oportuna y más de una vez le supuso graves trastornos. Cuenta David Niven que en cierta ocasión que se encontraba haciendo un crucero por el Mediterraneo en compañía de Douglas Fairbanks y Chaplin, tuvieron una cena a base de mejillones que no le sentó nada bien a este último. La cosa fue cada vez a peor y cuando se encontraban por el pequeño pueblecito pesquero de Grasse (Francia) Chaplin estaba desesperado por encontrar un retrete donde aliviar su malestar. Parte del problema era que ninguno de ellos sabía francés y para colmo los lugareños reconocieron a los famosísimos actores, haciendo un corro alrededor de ellos, mientras coreaban sus nombres. El momento no era evidentemente el más indicado para ponerse a firmar autógrafos ni para dedicar sonrisas o muecas charlotescas por mucho que a los admiradores no pararan de corear su nombre ¡Charlot!, ¡Charlot!, ¡Charlot!, ¡Charlot!

 A falta de francés y como buen actor de cine mudo, Charlot empezó a intentar explicarse con gestos, llevándose la mano al estomago y haciendo como si tirara de la cadena…. Pero de nada sirvió, el público empezó a reir y a aplaudirle pensando que les estaba dedicando una pantomima a lo Charlot, en atención a todos ellos. Entre los gritos de ¡bravo!, Chaplin desesperaba y Fairbanks acudió a su rescate y chapurreando dijo algo asi como "Le retrete pour Charlot", y parece que un quesero se apiadó de él y le ofreció el que tenía detrás de su tienda. Según se cuenta, unos minutos después de que entrara Charlot, los admiradores desesperaron y se abalanzaron sobre la casetilla de débil madera, que se derrumbó por completo ante el empuje del gentío que quería ver y tocar a su héroe, aunque fuera en momento tan delicado. Solo le quedó una solución, la que tantas veces ponía en práctica en sus películas, poner pies en polvorosa y huir de la marabunta. Parece que los vecinos del pueblo se pelearon por conseguir algún resto del retrete en el que estuvo Charlot "pensando", y algunas de sus bisagras se llegaron a vender por hasta 53 francos de entonces…. Como decía Don Quijote: Cosas veredes Sancho, que non crederes. 

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