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miércoles, 13 de febrero de 2013

Joan Crawford o como ganar un Oscar desesperadamente




De todos es conocido que Joan Crawford era una actriz sumamente particular y de una personalidad muy fuerte. Es famoso su enfrentamiento con Bette Davis y todo el acontecer del rodaje de "¿Qué fue de Baby Jane?". Y si bien es innegable su talento como actriz lo cierto es que tras una esplendorosa etapa en los años 30 se encontraba ya en 1945 y sin su Oscar. 

 Ese año se le presentó la ocasión de ganarlo gracias a su sensacional actuación en "Alma en suplicio" (1945 - Michael Curtiz), en la que daba vida a una ama de casa que tras la muerte por asesinato de su segundo marido, sufre un interrogatorio a través del cual cuenta su vida y sus sacrificios y esfuerzos para ofrecer a su hija (Ann Blyth) todas las oportunidades que ella no pudo tener. 
 
Con este trabajo se siente con posibilidades de ganar definitivamente la estatuilla dorada pero también es consciente que frente a ella tiene poderosas competidoras: Ingrid Bergman por "Las campanas de Santa María", Greer Garson por "El valle del destino", Jennifer Jones por "Cartas a mi amada" y Gene Tierny por "Que el cielo la juzgue". Parece que a la Crawford le preocupaba especialmente esta última porque de sus oponentes era la única que tampoco había ganado el Oscar y su interpretación había sido también excelente.

El caso es que esta "alma en suplicio" estaba decidida a ganar el Oscar de una manera u otra y así decidió con su agente que ella desde un mes antes de la entrega de los premios estaría enferma, sin dejar nunca claro la gravedad de su dolencia. Sabedora del efecto que tendría esto sobre los miembros de la Academia que habían de votar el premio, decidió dar una nueva vuelta de tuerca y comunicó con tan solo dos semanas de antelación que no podría asistir a la ceremonia de entrega de los premios por sus problemas de salud que la tenían imposibilitada en cama.

La estratagema dio resultado, y gracias a su "buena actuación" durante la película y después de ella le fue concedido el premio, que fue recogido por Michael Curtiz, director de la película, y posteriormente entregado a la actriz, que muy metida en su papel, lo recibió en la cama y en presencia de los miembros de la prensa, a los que no tuvo empacho en declarar:

“Al diablo si los votantes de la Academia me dieron el Oscar a mí, por razones sentimentales, por Mildred o por 200 años de esfuerzo: me lo merecía”

Ni que decir tiene que unos días después se recuperó totalmente, puede que por los efectos milagrosos de la estatuilla.

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