Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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jueves, 21 de febrero de 2013

Esopo, el agua del mar y los políticos

 

Las promesas de los políticos (de cualquier color) y la forma tan gratuita en la que las olvidan me ha traído a la memoria una curiosa anécdota protagonizada por Esopo. Tal y como se ve en el cuadro que encabeza la entrada, Esopo (aprox. 600 a.C.), el famoso fabulista, no era precisamente lo que se dice un galán, es más, Plutarco que fue contemporáneo suyo decía que era feo, tartamudo y jorobado, aunque también ingenioso, inteligente y bromista, características estas que lo hicieron famoso.

Comenzó su vida siendo esclavo de Janto, quien agradecido por sus servicios terminaría por darle la libertad. Se cuenta que en cierta ocasión su amo, el citado Janto, se emborrachó hasta tal punto, que ufanándose de si mismo declaró que sería capaz de beberse toda el agua del mar y para darle más solemnidad a su promesa se aposto con sus invitados su casa y dejo su valioso anillo como prenda.

Al llegar el nuevo día, Janto no se acordaba de nada de lo que había dicho o hecho, pero se percató de que le faltaba su anillo y preguntó a Esopo si sabía que había ocurrido la noche anterior. Cuando Esopo le contó la apuesta que había lanzado a sus invitados se mostró desesperado y le pidió ayuda. Esopo se mostró sonriente y tranquilo y acompañó a su amo hasta la orilla del mar donde le esperaban sus invitados y un enjambre de curiosos. Le habían preparado un mesa sobre la cual habían dispuesto un gran número de recipientes llenos de agua de mar y ante ellos le dijo uno de sus invitados:

- !Aquí tienes el mar, Janto, comienza a beber!

Janto que no sabía cómo salir de aquel atolladero se volvió cariacontecido hacia su esclavo y fue entonces cuando intervino Esopo

-Un momento ¿En qué consiste exactamente la apuesta de mi amo?
- En que bebería toda el agua del mar -contestaron los invitados
- Luego, si solo debe beber el agua del mar, no ha de beberse el agua de los ríos ¿verdad?
- No, solamente la del mar
- Bien en ese caso, mi amo se beberá todo el agua del mar, tal y como ha prometido, en el mismo instante en el que vosotros logréis evitar que se mezclen las aguas de los ríos, que no ha de beber, con las del mar.

Los jueces de la apuesta se quedaron sorprendidos y evidentemente no pudieron dar por perdedor a Janto.

La anécdota me recuerda mucho a la forma que tienen los políticos actuales de justificar lo injustificable y quedar siempre libres de mancha, a pesar de lo evidente. Me supongo que sus "Esopos" particulares son ahora legiones de asesores y abogados.

En tiempos de Esopo, las gentes maravilladas por su astucia y sabiduría le preguntaban a éste cómo podía ser a un tiempo justo y leal, y el fabulista contestaba:

–Muy sencillo: haciendo lo contrario de lo que veo hacer.

Si que va siendo hora de que aparezca alguien, aunque no sea guapo de cartel, ni elegante y bien plantao, ni tenga el don de la oratoria, que aseguren los votos, que haga lo contrario de lo que todos vemos hacer… aunque sea feo, jorobado y tartamudo como Esopo.

El cuadro es la visión que muchos años después tuvo Velazquez de Esopo y que actualmente se exhibe en el Museo del Prado.

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