Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Goldie Hawn



"Hay tres palabras que me gusta repetirme: vaso medio lleno, sólo para recordarme que debo sentirme agradecida por todo lo que se me ha dado" GOLDIE HAWN




Nació el 21 de noviembre de 1945 en Washington D.C. en el seno de una familia de músicos.

Aparece muy pronto en el mundo del espectáculo y en televisión, destaca en la emisión Rowan & Martin´s Laugh-In. Oscar a la mejor actriz secundaria por Flor de cactus, G. Saks, 1969; Dólares, Richard Brooks 1971. Realiza su primer trabajo dramático en Loca evasión (Steven Spielberg, 1974). En Shampoo (H. Ashby, 1975) encarna a una joven actriz de cine. Continua con Juego peligroso (Foul Play, Colin Higgings, 1978); Un viaje con Anita (M. Monicelli, 1979); La recluta Benjamín (Private Benjamin, Howard Zieff 1980); Amigos "muy" íntimos (Best Friends, N. Jewison, 1982) y Protocolo (Protocol, H. Ross, 1985). Triunfó con The First Wives Club (1996) en la cual actuó al lado de Diane Keaton y Bette Midler. En 1992 se estrena Death Becomes Her (La muerte os sienta tan bien) con Bruce Willis y Meryl Streep, en 1996 actúa en The First Wives Club (El club de las primeras esposas) con Bette Midler y nuevamente con Diane Keaton. En 2001 protagoniza junto a Warren Beatty la película Town & Country que resultó un fracaso comercial. Un año después trabaja junto a Susan Sarandon en la comedia The Banger Sisters.

Goldie Hawn hizo su debut como directora con Hope (Esperanza). Se interesó en el proyecto desde que leyó el guión de Kerry Kennedy, inspirado en la historia de una adolescente del sur norteamericano que hacia 1962 (al igual que la actriz) quería ser bailarina.

En 2003 fue nominada al Globo de Oro como "Mejor actriz de comedia o musical". En 2005, publicó su autobiografía, titulada Lotus Grows in the Mud.

Estuvo casada con Gus Trikonis de 1969 a 1976, y con Bill Hudson entre 1976 y 1980. Con éste tuvo dos hijos: Oliver (1976) y Kate Hudson (1979). Budista practicante crió a sus hijos en las fe budista y judaica. En su casa de Pacific Palasades, California, vive junto a sus hijos: Wyatt, cuyo padre es el actor Kurt Russell; los jóvenes actores Oliver y Kate Hudson, hijos de su ex marido, Bill Hudson, y Boston, el hijo de Russell con su ex esposa, Season Hubley. Su hija, Kate Hudson, también actriz, contrajo matrimonio con el cantante de la banda de rock "The Black Crowes".

En noviembre de 2004, Goldie Hawn y Kurt Russell se separaron después de 21 años de matrimonio. Goldie pasaba cada vez más tiempo en India, donde se la veía a menudo con el profesional del cricket paquistaní Imran Khan, una amistad con la que al parecer Russell no estaba muy conforme. (Fuente:http://www.buscabiografias.com/bios/biografia/verDetalle/5565/Goldie%20Hawn)




The First Wives Club (El club de las divorciadas en Hispanoamérica y EL CLUB DE LAS PRIMERAS ESPOSAS en España) es una película cómica de 1996 protagonizada Bette Midler, Diane Keaton y Goldie Hawn.
Tres maduras mujeres de Nueva York Bette Midler, Diane Keaton y Goldie Hawn, antiguas compañeras, coinciden en el entierro de una amiga común. Las tres, que están divorciadas, se dan cuenta de que sus maridos las han abandonado por novias más jóvenes. Entonces deciden formar un club con un único objetivo: vengarse de sus ex-esposos y golpearles donde más les duele... en el bolsillo.


Hermann Hesse.- Narciso y Goldmundo, 1930



"No existe ningún más allá. El árbol seco está definitivamente muerto, el pájaro aterido jamás vuelve a la vida; y lo mismo le acontece al hombre en cuanto fenece. Cuando se ha ido, pueden seguir pensando en él por algún tiempo todavía, pero tampoco esto dura mucho."

Imagen.- Frank C Pape

Voltaire.- Citas



El 21 de noviembre de 1694 nació François Marie Arouet, más conocido como Voltaire...

"No quisiera ser feliz a condición de ser imbécil."

"Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invoca solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo."

"Pensad por cuenta propia y dejad que los demás disfruten del derecho a hacer lo mismo."

"También hay fanáticos que conservan la sangre fría, pertenecen a esa clase los jueces que sentencian a muerte a los que no han cometido más crimen que el de no pensar como ellos... Las leyes y la religión, en vez de ser para ellas (las costumbres humanas) un alimento saludable, se convierten en veneno en los cerebros infectados."

"Vale más arriesgarse a salvar a un culpable que condenar a un inocente."

"Debe de ser muy grande el placer que proporciona el gobernar, puesto que son tantos los que aspiran a hacerlo."

"Es peligroso tener razón cuando el Gobierno está equivocado"

"La pasión de dominar es la más terrible de todas las enfermedades del espíritu humano."

"Es una de las supersticiones de la mente humana imaginarse que la virginidad pueda ser una virtud."


"Dios es un comediante que actúa para una audiencia demasiado asustada para reír."

"Dios ha hecho al hombre a su imagen y semejanza, pero el hombre también ha procedido así con él."

"La civilización no suprime la barbarie; la perfecciona."

"La gente busca la felicidad como un borracho busca su casa, sabe que existe pero no la encuentra."

"Las lágrimas son el lenguaje silencioso del dolor."

"Los que creen que el dinero lo hace todo, suelen hacer cualquier cosa por dinero."


"Los prejuicios son la razón de los tontos."

"Si alguna vez, ve saltar por la ventana a un banquero suizo, salte detrás. Seguro que hay algo que ganar."

José Ortega y Gasset.- Carta a un joven argentino, 1924





“Me ha complacido mucho su carta, amigo mío. Encuentro en ella algo que es hoy insólito encontrar en un joven, y especialmente en un joven argentino: pregunta usted algunas cosas. Es decir: admite usted la posibilidad de que las ignora. Ese poro de ignorancia que deja usted abierto en el área pulimentada de su espíritu, lo salvará. Créame: no hay nada más fecundo que la ignorancia consciente de sí misma. Desde Platón hasta la fecha los más agudos pensadores no han encontrado mejor definición de la ciencia que el título propuesto por el gran cusano a uno de sus libros: “De docta ignorantia”. La ciencia es, ante y sobre todo, un docto ignorar. Por la sencilla razón de que las soluciones, el saber que se sabe, son en todos sentidos algo secundario con respecto a los problemas. Si nos e tiene clara noción de los problemas mal se puede proceder a resolverlos. Además, por muy seguras que sean las soluciones, su seguridad depende de la seguridad de los problemas. Ahora bien: darse cuenta de un problema es advertir ante nosotros la existencia concreta de algo que no sabemos lo que es; por tanto, es un saber que no sabemos. Quien no sienta voluptuosamente esta delicia socrática de la concreta ignorancia, esa herida, ese hueco que hace el problema en nosotros, es inepto para el ejercicio intelectual.
…La juventud argentina que conozco me inspira (¿por qué no decirlo?) más esperanza que confianza. Es imposible hacer nada en el mundo si no se reúne esta pareja de cualidades: fuerza y disciplina. La nueva generación goza de una espléndida dosis de fuerza vital, condición primera de toda empresa histórica, y por eso espero en ella. Pero a la vez sospecho por completo de su disciplina interna, sin la cual la fuerza se disgrega y volatiliza. Por eso desconfío de ella. No basta la curiosidad para ir a las cosas. Hace falta rigor mental para hacerse dueño de ellas.  En el pensamiento joven argentino encuentro demasiado énfasis y poca precisión. ¿Cómo confiar en gente enfática? Nada urge tanto en sudamérica como una general estrangulación del énfasis. Hay que ir a las cosas sin más. El sudamericano, por razones que no viene al caso analizar aquí, propende al narcisismo. Al mirar las cosas no “abandona” su mirada sobre éstas, sino que tiende a hacer de ellas un espejo donde contemplarse. De aquí que, en vez de penetrar en su interior, se queda casi siempre ante la superficie, ocupado en dar representación de sí mismo y ejecutar cuadros plásticos. Pero la ciencia y las letras no consisten en tomar posturas delante de las cosas, sino en irrumpir dentro de ellas merced a un viril apetito de perforación. Son ustedes más sensibles que precisos, y mientras esto no varíe, dependerán ustedes íntegramente de Europa en el orden intelectual. Porque, al ser sensible, toda idea graciosa y fértil que se produzca en Europa conmoverá, quieran o no, el fino receptor que es su organismo. Pero al querer reaccionar frente a la idea recibida: juzgarla, refutarla, valorarla y proponerle otra, encontrarán ustedes dentro de sí es vaguedad, esa falta de criterio certero, firme, seguro de sí mismo que sólo se obtiene mediante rigurosa disciplina.
Siempre me ha sorprendido la desproporción entre la inteligencia, a menudo espléndida, de los sudamericanos y esa otra facultad que es el criterio. tal vez en horas de sinceridad consigo mismo percibe, todo buen intelectual sudamericano, ese extraño secreto de la insuficiencia de su criterio. Cualquiera sea su énfasis hacia el exterior (énfasis que en ocasiones se eleva a petulancia) en el fondo insobornable que arrastra todo hombre consigo se le advierte que no está seguro de sí mismo en el difícil manejo de las ideas…
La nueva generación necesita completar sus magníficas potencias con una rigurosa disciplina interior. Yo quisiera ver en los grupos de jóvenes la severa exigencia de ella. Pero acontece que veo lo contrario: un apresurado afán por reformar el universo, la sociedad, el Estado, la Universidad, todo lo que fuera, sin previa reforma y construcción de la intimidad.  En este punto no pactaré jamás con ustedes y me hallarán irreductible…

Ortega y Gasset, carta a un joven argentino que estudia filosofía, 1924)

Miguel de Unamuno.- Del Sentimiento trágico de la vida




“Varias veces, en el errabundo curso de estos ensayos, he definido, a pesar de mi horror a las definiciones, mi propia posición frente al problema que vengo examinando, pero sé que no faltará nunca el lector, insatisfecho, educado en un dogmatismo cualquiera, que se dirá: “Este hombre no se decide, vacila; ahora parece afirmar una cosa, y luego la contraria: está lleno de contradicciones; no le puedo encasillar; “¿qué es?”. Pues eso, uno que afirma contrarios, un hombre de contradicción y de pelea, como de sí mismo decía Job: uno que dice una cosa con el corazón y la contraria con la cabeza, y que hace de esta lucha su vida. Más claro, ni el agua que sale de la nieve de las cumbres.

Se me dirá que ésta es una posición insostenible, que hace falta un cimiento en que cimentar nuestra acción y nuestras obras, que no cabe vivir en contradicciones, que la unidad y la claridad son condiciones esenciales de la vida y del pensamiento, y que se hace preciso unificar éste. Y seguimos siempre en lo mismo. Porque es la contradicción íntima precisamente lo que unifica mi vida, le da razón práctica de ser.

O más bien es el conflicto mismo, es la misma apasionada incertidumbre lo que unifica mi acción y me hace vivir y obrar.

Pensamos para vivir, he dicho; pero acaso fuera más acertado decir que pensamos porque vivimos, y que la forma de nuestro pensamiento responde a la de nuestra vida. Una vez más tengo que repetir que nuestras doctrinas éticas y filosóficas, en general, no suelen ser sino la justificación a posteriori de nuestra conducta, de nuestros actos. Nuestras doctrinas suelen ser el medio que buscamos para explicar y justificar a los demás y a nosotros mismos nuestro propio modo de obrar. Y nótese que no sólo a los demás, sino a nosotros mismos. El hombre, que no sabe en rigor por qué hace lo que hace y no otra cosa, siente la necesidad de darse cuenta de su razón de obrar, y la forja. Los que creemos móviles de nuestra conducta no suelen ser sino pretextos. La mismo razón que uno cree que le impulsa a cuidarse para prolongar su vida, es la que en la creencia de otro le lleva a éste a pegarse un tiro.

No puede, sin embargo, negarse que los razonamientos, las ideas, no influyan en los actos humanos, y aun a las veces los determinen por un proceso análogo al de la sugestión en un hipnotizado, y es por la tendencia que toda idea -que no es sino un acto incoado o abortado- tiene a resolverse en acción. Esta noción es la que llevó a Fouillée a lo de las ideas-fuerzas. Pero son de ordinario fuerzas que acomodamos a otras más íntimas y mucho menos conscientes.

[...]

Mi conducta ha de ser la mejor prueba, la prueba moral de mi anhelo supremo; y si no acabo de convencerme, dentro de la última o irremediable incertidumbre, de la verdad de lo que espero, es que mi conducta no es bastante pura. No se basa, pues, la virtud en el dogma, sino éste en aquella, y es el mártir el que hace la fe más que la fe al mártir. No hay seguridad y descanso –los que se pueden lograr en esta vida, esencialmente insegura y fatigosa- sino en una conducta apasionadamente buena.

[...] ¿Cuál es nuestra verdad cordial y antirracional? La inmortalidad del alma humana, la de la persistencia sin término alguno de nuestra conciencia, la de la finalidad humana del Universo. ¿Y cuál su prueba moral? Podemos formularla así: obra de modo que merezcas a tu propio juicio y a juicio de los demás la eternidad, que te hagas insustituible, que no merezcas morir. O tal vez así: obra como si hubieses de morirte mañana, pero para sobrevivir y eternizarte. El fin de la moral es dar finalidad humana, personal, al Universo; descubrir la que tenga –si es que la tiene- y descubrirla obrando.

Hace ya más de un siglo, en 1804, el más hondo y más intenso de los hijos espirituales del patriarca Rousseau, el más trágico de los sentidores franceses... escribió las palabras que van como lema a la cabeza de este capítulo: “El hombre es perecedero. Puede ser, mas perezcamos resistiendo, y si es la nada lo que nos está reservada, no hagamos que sea esto justicia”. Cambiad esta sentencia de su forma negativa en la positiva diciendo: “Y si es la nada lo que nos está reservado, hagamos que sea una injusticia esto”, y tendréis la más firme base de acción para quien no pueda o no quiera ser una dogmático.

[...] Sí, merece eternizarse todo, absolutamente todo, hasta lo malo mismo, pues lo que llamamos malo, al eternizarse perdería su maleza, perdiendo su temporalidad. Que la esencia del mal está en su temporalidad, en que no se enderece a fin último y permanente.

Y no estaría acaso de más decir aquí algo de esa distinción, una de las más profundas que hay, entre lo que suele llamarse pesimismo y el optimismo, confusión no menor que la que reina al distinguir el individualismo del socialismo. Apenas cabe ya darse cuenta de qué sea eso del pesimismo.

[...] Pero de todos modos, tomemos el lema calderoniano en su La vida es sueño: que estoy soñando y que quiero obrar bien, pues no se pierde el hacer bien aun en sueños.

¿De veras no se pierde? ¿Lo sabía Calderón? Y añadía: Acudamos a lo eterno que es la fama vividora, donde ni duermen las dichas ni las grandezas reposan. ¿De veras lo sabía Calderón?

Calderón tenía fe, robusta fe católica; pero al que no puede tenerla, al que no puede creer en lo que don Pedro Calderón de la Barca creía, le queda siempre lo de Obermann.

Hagamos que la nada, si es que no está reservada, sea una injusticia; peleemos contra el destino, y aun sin esperanzas de victoria; peleemos contra él quijotescamente.

Y no sólo se pelea contra él anhelando lo irracional, sino obrando de modo que nos hagamos insustituibles, acuñando en los demás nuestra marca y cifra; obrando sobre nuestros prójimos para no dominarlos, dándonos a ellos, para eternizarnos en lo posible.

Ha de ser nuestro mayor esfuerzo el de hacernos insustituibles, el de hacer una verdad práctica el hecho teórico –si es que esto de hecho teórico no envuelve una contradicción in adiecto- de que es cada uno de nosotros único e irremplazable, de que no pueda llenar otro el hueco que dejamos al morirnos.

Cada hombre es, en efecto, único e insustituible; otro yo no puede darse; cada uno de nosotros –nuestra alma, no nuestra vida- vale por el Universo todo. Y digo el espíritu y no la vida, porque el valor, ridículamente excesivo, que conceden a la vida humana los que no creyendo en la realidad en el espíritu, es decir, en su inmortalidad personal, peroran contra la guerra y contra la pena de muerte, verbigracia, es un valor que se lo conceden precisamente por no creer de veras en el espíritu, a cuyo servicio está la vida. Porque sólo sirve la vida en cuanto a su dueño y señor, el espíritu, sirve, y si el dueño perece con la sierva, ni uno ni otra valen gran cosa.

Y el obrar de modo que sea nuestra aniquilación una injusticia, que nuestros hermanos, hijos y los hijos de nuestros hermanos y sus hijos, reconozcan que no debimos haber muerto, es algo que está al alcance de todos”.

El Graduado (Mike Nichols, 1967).- Fragmentos del guion



"― ¡Por dios señora Robinson. Me hace entrar a su casa, me da un trago, pone música, me habla acerca de su vida personal, dice que su esposo tardará [...] ― ¿Y? ― ¡Usted está tratando de seducirme!"

"Es como estar en un juego con reglas sin sentido creadas por las personas equivocadas."

"― Quiero decirte una palabra. Solamente te diré una palabra. ― Lo escucho señor. ― ¿Estás atento? ― Sí, señor. ― Plásticos."

"― ¿No te atraigo? ― No es eso, es la amiga más atractiva de mis padres."



"Yo diría que estoy flotando a la deriva en la piscina [...] es agradable dejarse llevar"

"Desde que me gradué siento el deseo de actuar compulsivamente todo el tiempo."

"Te amo, pero no funcionaría."


"-Repite eso
-Voy a casarme con Eleine Robinson
-Jajajaja ¡Bien, bien, bien!
-¿Qué es lo que pasa?
-Ben dice que él y Eleine van a casarse
-Jajajaja ¡No puedo creerlo!
-¿Eso es lo que has dicho no?
-Si, hoy me voy a Berkeley

-¡Oh, Ben, Jajajajaja!
-¡Oh, jajaja, que alegría!
-¡Vámos a llamar a los Robinson, esto tenemos que celebrarlo!
-No, creo que tendréis que esperar
-¿Ellos no lo saben?
-No, no lo saben.
-Pues...¿Cuando se ha decidido?
-Hace una hora
-Eh...Espera un momento. ¿Has hablado con Elaine esta mañana?

-No, ella no sabe nada.
-¿Quieres decir que ella no sabe que vas a Berkeley?
-No, en realidad lo que no sabe es que vamos a casarnos
-¿Pero habreis hablado del asunto?
-No hemos hablado
-¿No habeis hablado?
-Ben, por lo que veo todo está muy verde
-No, no lo está, está muy maduro, ya he tomado la decisión
-Pero...¿Querrá ella casarse contigo?

-No, no querrá, a decir verdad no le gusto lo más mínimo. "


Poesía: "Las hojas y los días" - Carmen Rubio López



"Nunca nadie
sabrá cuando murió, la cerradura
se irá cubriendo de un lejano polvo.
Francisco Brines

Van cayendo las hojas del jardín;
también el calendario se deshoja.
Sólo quedan en pie
sus muros; los retratos
con los rostros de entonces,
los enseres de ayer con su fatiga,
igual que vidas rotas o libros amarillos.

El tiempo es un ritual en el que muestra
finjida lejanía.
Simula que ese tren que nos recoja,
llegará con retraso a los andenes
muy cansado, tal vez, por el viaje.

Entretanto persiste en su silencio.
Sólo el rumor del aire que se cuela
por la estrecha rendija del postigo cerrado,
y el canto de los pájaros tardíos,
nos cuentan que en la tarde se engalana
con prendas verdiazules por el borde del mar.

Fuera se va tendiendo,
como ropa a secar, la luz por los tejados.
¡Si pudiera en la noche,
algún astro bajar a cerrarle los ojos!
Quizás dentro del sueño
pudiera recorrer aquel camino
que traza la inocencia,
donde la luz cambiaba con nosotros
su juventud, su todo por llegar.

Sólo le queda hoy un campo sin cosecha.
La juventud perdida llama y llama
con fuerza en sus oídos.
En su rincón más hondo,
paciente, va apilando el tiempo y su ceniza.


El poema es de nuestra amiga Carmen Rubio López, que gentilmente nos lo ofrece para el disfrute de todos. Pertenece a su poemario "Soliloquio de invierno" del apartado "La casa". Obutvo el premio "Rosalía de Castro" Casa de Galicia en Córdoba. Diputación de Córdoba. ¡Gracias Carmen! (Pizca)

Párrafos de "Tuareg" - Alberto Vázquez Figueroa



"Era un mar de cuerpos de mujeres desnudas, tumbadas al sol, con la piel dorada, a veces cobriza y hasta roja en las crestas de las cumbres más viejas, pero eran cuerpos inmensos, con pechos quesuperaban a veces los doscientos metros de altura, traseros de un kilómetro de diámetro, y largas piernas, inacabables piernas, inaccesibles piernas, por las que los camellos ascendían pesadamente, resbalando, chillando y mordiendo, amenazando a cada instante con flanquear y caer redondos hasta el pie de la duna para no levantarse más y concluir devorados por la arena"

"La noche había cerrado sobre la llanura pedregosa, la primera hiena rió a lo lejos y tímidas estrellas parpadearon en un cielo que pronto se cuajaría de ellas, en un portentoso espectáculo que nunca se cansaba de admirar, pues eran, quizás, esas estrellas de las noches en calma, las que le ayudaban a continuar en la brecha tras todo un largo día de calor, tedio y desesperanza. "Los tuareg pinchan con sus lanzas las estrellas, para alumbrar con ellas los caminos..." Era un hermoso dicho del desierto; nada más que una frase, pero quien la inventó conocía bien aquellas noches y aquellas estrellas, y sabía lo que significaba contemplarlas durante horas tan de cerca. Tres cosas le fascinaron desde niño: una hoguera, el mar rompiendo contra las rocas de un acantilado, y las estrellas en un cielo sin nubes. Mirando el fuego se olvidaba de pensar; mirando el mar se sumergía en los recuerdos de su infancia, y contemplando la noche se sentía en paz consigo mismo, con el pasado, el presente, y aún casi en paz con su propio futuro"

"Gacel conocía bien a los guías tuareg y le constaba que cuando uno de ellos equivocaba el rumbo, persistía en su error hasta sus últimas consecuencias, porque ese error significaba haber perdido por completo la noción del espacio, las distancias y el punto en que se encontraba, y ya no le quedaba otra solución que buscar la salvación en continuar adelante y confiar en que su instinto le guiara hasta el agua. Los guías tuareg odiaban cambiar de ruta si no estaban plenamente convencidos de que sabían hacia dónde se dirigían, pues, por tradición sabían, desde siglos atrás, que nada hay peor en el desierto, y nada agota y desmoraliza más a los hombres, que vagar de un lado a otro sin destino concreto. Por ello, sin duda, el guía de la “Gran Caravana”, cuando por alguna circunstancia que nunca conocería nadie, se descubrió de pronto inmerso en el desconocido universo de “la tierra vacía”, debió optar por seguir su rumbo, confiando en que Alá hiciera el camino mucho más corto de lo que era en realidad."

Fernando Fernán Gómez


"En España no solo funcionan mal los que mandan, sino también los que obedecen".

FERNANDO FERNÁN GÓMEZ  
(Lima, Perú, 28 de agosto de 1921 – Madrid, 21 de noviembre de 2007)




Fernando Fernández Gómez, conocido artísticamente como Fernando Fernán Gómez, fue un escritor, actor, guionista, director de cine y de teatro español. Fue miembro de la Real Academia Española durante siete años, en la que ocupó el sillón B desde su ingreso (30 de enero de 2000) hasta su fallecimiento.

Lo más probable, como él mismo escribe en sus memorias, es que naciese en Lima el 28 de agosto de 1921, por más que su partida de nacimiento indique que lo hizo en la capital argentina, Buenos Aires. La razón de esto responde a que su madre, la actriz de teatro Carola Fernán Gómez, estaba de gira por Sudamérica cuando nació en Lima, por lo que su partida de nacimiento fue expedida días más tarde en Argentina, nacionalidad que mantuvo, además de la española, que le fue otorgada en 1984. Hijo extramarital, su padre fue el también actor Luis Fernando Díaz de Mendoza y Guerrero, hijo de María Guerrero, quien impidió el matrimonio entre los padres de Fernando Fernán Gómez.

Tras algún trabajo escolar como actor, estudió Filosofía y Letras en Madrid, pero su verdadera vocación lo condujo al teatro. Durante la Guerra Civil, recibió clases en la Escuela de Actores de la CNT, debutando como profesional en 1938 en la compañía de Laura Pinillos; allí le descubrió Enrique Jardiel Poncela, quien le dio su primera oportunidad al ofrecerle, en 1940, un papel como actor de reparto en su obra Los ladrones somos gente honrada. Tres años más tarde le contrató la productora cinematográfica Cifesa y así irrumpió en el cine con la película Cristina Guzmán, dirigido por Gonzalo Delgrás, y ya al año siguiente le ofrecieron su primer papel protagonista en Empezó en boda, de Raffaello Matarazzo. En efecto, trabajó como actor hasta principios de los cuarenta para dedicarse después al cine, primero como actor (en éxitos como Balarrasa o Botón de ancla) y como director más tarde, sin descuidar su vocación de autor de teatro y director de escena, y escritor y guionista asiduo de la tertulia del Café Gijón.

A partir de 1984 vuelca su cada vez más intensa vocación literaria en la escritura de muy personales artículos en Diario 16 y el suplemento dominical de El País, produciendo además varios volúmenes de ensayos y once novelas, fuertemente autobiográficas unas e históricas otras: El vendedor de naranjas, El viaje a ninguna parte, El mal amor, El mar y el tiempo, El ascensor de los borrachos, La Puerta del Sol, La cruz y el lirio dorado, etcétera. Fue un gran éxito su autobiografía en dos volúmenes, El tiempo amarillo, de la que corren dos ediciones, la segunda algo más ampliada; pero acaso su éxito más clamoroso lo haya obtenido con una pieza teatral prontamente llevada al cine, Las bicicletas son para el verano, sobre sus recuerdos infantiles de la Guerra Civil.

Se casó y divorció de la cantante María Dolores Pradera (1947–1959), con la que tuvo una hija, la actriz Helena Fernán Gómez, y un hijo, Fernando, relacionado también con el mundo de la cultura. Se volvió a casar en 2000 con la actriz Emma Cohen, con la que mantuvo una relación desde los años 70, tras participar en un episodio de una serie de TVE donde Emma era protagonista (Tres eran tres, 1973) junto a Lola Gaos.

De su mano entró el cine en la Real Academia Española, de la que fue elegido miembro en 1998[3] y tomó posesión del sillón B el 30 de enero de 2000. Fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en el año 1995.


Polifacético, querido y respetado por los profesionales de la industria y por varias generaciones de espectadores, encontró la popularidad como actor casi al principio de su carrera cinematográfica con el clásico de la comedia negra Domingo de carnaval (del célebre realizador Edgar Neville), que protagonizó junto a Conchita Montes en 1945. Dos años antes había aparecido como secundario en otro notable título del cine español de los cuarenta como Cristina Guzmán. Ese mismo año acompañó a una ya consagrada Imperio Argentina y al recordado galán Alfredo Mayo en la exótica comedia Bambú, y también participó en un pequeño clásico de la comedia fantástica como El destino se disculpa, de José Luis Sáenz de Heredia, siguiendo el estilo del subgénero norteamericano en boga durante esos años (La pareja invisible, de Norman Z. MacLeod, Me casé con una bruja, de René Clair, Dos en el cielo, de Victor Fleming, etc.). A partir de entonces encadenó títulos de éxito que hoy críticos y cinéfilos califican de indispensables, trabajando con Gonzalo Delgrás (Los habitantes de la casa deshabitada); Carlos Serrano de Osma (Embrujo, junto a Lola Flores y Manolo Caracol); Sáenz de Heredia (La mies es mucha, Los ojos dejan huellas); Ramón Torrado (Botón de ancla), José Antonio Nieves Conde (Balarrasa, El inquilino); Luis Marquina (El capitán Veneno). En aquella época también trabajó en Barcelona como actor de doblaje.

En la década de 1950, se consolidó como actor principal en toda serie de comedias (El fenómeno), dramas (La gran mentira) y cine religioso (Balarrasa), o folclórico (Morena clara) propagandísticos o directamente escapistas (lo que en muchos sentidos también se considera propaganda para los historiadores), al tiempo que interviene en una de las primeras avanzadillas de lo que luego será el «Nuevo cine español»: Esa pareja feliz de Bardem y Berlanga. También ahora participa en algunas co-producciones de interés como La conciencia acusa (del genial Georg Wilhelm Pabst) o El soltero (de Antonio Pietrangeli) junto a Alberto Sordi, y por último, inicia una incipiente carrera como director, con obras de encargo de desigual fortuna: en este sentido, sobresale su versión de la novela de Wenceslao Fernández Flórez El malvado Carabel y dos excelentes comedias en las que compartió química y cartel con la deliciosa Analía Gadé, una de sus parejas más recurrentes, como son La vida por delante y La vida alrededor.

Al hilo del cine español de los sesenta, su filmografía como actor y director se llenó de comedias de todo tipo como: La venganza de Don Mendo, Adiós, Mimí Pompón, Ninette y un señor de Murcia, Crimen imperfecto o Un vampiro para dos, parodia de los filmes de Drácula con José Luis López Vázquez y Gracita Morales.

Incluso en esta época de trabajos eminentemente comerciales, hay excepciones como sus trabajos de dirección en El mundo sigue (1963), un durísimo drama naturalista, inspirado en la novela homónima de Juan Antonio Zunzunegui, donde se enfrentan dos hermanas de concepciones vitales opuestas en plena sociedad de posguerra española, su primer éxito como director, y en El extraño viaje (1964), en el que retrata, con casi mayor penetración que el propio Berlanga, el clima cicatero y opresivo de la sociedad española del Franquismo y que permanece como una de las cumbres del cine español de todos los tiempos; ambas producciones tuvieron tremendos encontronazos con la censura. Por otra parte, es ahora cuando inicia relación profesional con otra de sus parejas más emblemáticas, Concha Velasco, con la comedia negra Crimen para recién casados.

En los setenta, Fernán Gómez se convirtió en uno de los actores más solicitados de la llamada Transición española, con títulos dorados de esos años como El espíritu de la colmena, El amor del capitán Brando, Pim, pam, pum, fuego, Mi hija Hildegart, Los restos del naufragio, Mamá cumple cien años o ¡Arriba Azaña!. Con ello inició una exitosa colaboración al lado del notable director Jaime de Armiñán y una también estrecha relación profesional con Carlos Saura, ganándose con ello un justo prestigio como actor y director además de reconocimiento por su ya larga trayectoria. En 1976 intervino en un título de indudable valor, si bien no para el gran público, como El anacoreta, premiada en el Festival de cine de Berlín. También dirigió e interpretó dos exitosas producciones para TVE (el telefilme Juan soldado y sobre todo la serie El pícaro) que se cuelan en la memoria del gran público. Tras la muerte de Franco y la legalización de la CNT-AIT, tuvo una militancia activa en el Sindicato de Espectáculos de Barcelona participando en el anarcosindicalista Mitin de Montjuïc de 1977 junto a su compañera Emma Cohen.

En 1981 protagonizó un film memorable, Maravillas de Gutiérrez Aragón, y comenzó a encadenar éxitos de crítica y público (La colmena, Stico, Los zancos, Réquiem por un campesino español, La corte del faraón, La mitad del cielo y El viaje a ninguna parte). Termina la década con excelentes trabajos en filmes no muy bien acogidos pero de calidad: Esquilache y El río que nos lleva. En 1986 rodó en Argentina un título muy a tener en cuenta, Pobre mariposa, de Raúl de la Torre, junto a un reparto internacional (Bibi Andersson, Vittorio Gassman, Fernando Rey, Graciela Borges); y también es ésta la década en que se encuentra más activo en sus trabajos para TVE (Ramón y Cajal, Fortunata y Jacinta, Las pícaras, Juncal o Cuentos imposibles).

La década de 1990 presencia el inicio de un período de menor actividad profesional derivada de algunos problemas de salud y de, seguramente, falta de papeles de envergadura para un actor como él. Salvo Belle Époque y el Oscar que consigue la cinta como mejor película extranjera, debemos esperar hasta 1998 para volver a verle en dos cintas tan distintas como importantes (cada una a su manera) como son El abuelo (nominada al Oscar y gran éxito de taquilla) y Pepe Guindo (homenaje-ficción al gran actor por parte de un director infravalorado pero nada mediocre como Manuel Iborra). Entre medias, estuvo varias temporadas en la serie de TV Los ladrones van a la oficina, que le devolvería la popularidad a él y otros grandes nombres de la interpretación como Agustín González, Manuel Alexandre o José Luis López Vázquez. Después recupera fuelle con tres grandes películas (Todo sobre mi madre, Plenilunio y el éxito popular La lengua de las mariposas).

Más recientemente rodó Visionarios, de Gutiérrez Aragón; El embrujo de Shangai, con Fernando Trueba; Para que no me olvides, y la que probablemente quede como su última gran interpretación en la espléndida En la ciudad sin límites, de Antonio Hernández.

Marisa Paredes, presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, en la entrega de la décima Medalla de Oro, lo describió a la perfección: «Por anarquista, por poeta, por cómico, por articulista, por académico, por novelista, por dramaturgo, por único y por consecuente».

Colaboró durante treinta y cinco años con el diario ABC.

El 19 de noviembre de 2007 fue ingresado en el área de Oncología del madrileño Hospital Universitario La Paz para ser tratado de una neumonía. Falleció en Madrid, el 21 de noviembre de 2007, a los 86 años de edad.Tras anunciarlo el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero en la capilla ardiente del actor, el Gobierno de España le concedió el día 23 de noviembre, a título póstumo, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. También, el alcalde de Madrid Alberto Ruiz-Gallardón anunció que el Centro Cultural de la Villa de Madrid pasará a llamarse Teatro Fernando Fernán Gómez. En la capilla ardiente su féretro fue recubierto con una bandera rojinegra anarquista, siendo posteriormente incinerado.(Fuente: Wikipedia)



LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS (1999).Película de José Luis Cuerda.Con Fernando Fernán Gómez y ManuelLozano (Moncho).
La lengua de las mariposas remite a Antonio Machado: elmaestro de escuela de ideas republicanas, en el sopor de la provincia. En efecto, Fernando Fernán Gómez, el maestro de la película cita al poeta en una referencia un poco irónica. Sin embargo, el provincialismo proverbial de España no se supera en la película (no es una película de tesis). La provincia es el escenario de varias vidas, ante todo la de Moncho, el niño que ahora descubre sus primeras letras y los primeros milagros (la lengua de las mariposas) junto a su maestro.