Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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domingo, 18 de noviembre de 2012

Salvador Dalí y las hormigas




Las hormigas  aparecen como un tema recurrente o repetido en la obra de Dalí. Si nos fijamos bien, pueden observarse pequeños grupos de ellas en bastantes de las obras del pintor ampurdanés. Sobre las múltiples interpretaciones que en la obra de Dalí se han dado a las hormigas, hay para todos los gustos: aparecen en motivos vinculados con la muerte y la corrupción, con el paso del tiempo y el erotismo. También como elemento totémico y esotérico, o sencillamente de manera naturalista. Sin olvidar, por supuesto, las ocasiones en que parece predominar un sentido lúdico, provocador y desconcertante tan peculiar a las situaciones surrealistas.

Hay entendidos que dicen que representan el remordimiento, otros las asemejan  la podredumbre o la decadencia e incluso hay alguno que asegura que el mismo pintor le refirió en alguna ocasión “que no significaban absolutamente nada”.

En su autobiografía Vida secreta de Salvador Dalí (1942) narra vivamente el impacto que le produjo de niño descubrir que el murciélago que guardaba en un bote estaba siendo devorado por las hormigas. O el estremecimiento que le supuso la visión de un erizo muerto lleno de gusanos y hormigas.
Estas impresiones infantiles debieron dejar honda huella en la psicología del artista. Años después, en un encuentro juvenil con el cineasta Luis Buñuel, Dalí le contó que había soñado la noche anterior con unas hormigas que cubrían una mano. Buñuel le narró a su vez su sueño de una nube cortando la luna y de una navaja hendiendo un ojo. De ambos sueños nació aquel día un proyecto conjunto que culminaría en uno de los iconos fílmicos del surrealismo: el cortometraje El perro andaluz (1929). Las hormigas para la famosa escena de la mano fueron requeridas por Buñuel, desde París, al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, centro donde había trabajado varios meses bajo la dirección del gran entomólogo Ignacio Bolivar. El encargo lo llevó a cabo el entonces joven biólogo Carlos Velo, que recogió una colonia de Formica del grupo rufa en la Sierra de Guadarrama, y lo empaquetó para su envio a Francia. Velo terminó siendo, ya en el exilio mexicano, uno de los mayores cineastas hispanos del siglo XX.

1929 fue también el año en que Dalí se adscribió oficialmente al grupo surrealista de André Breton, y en el que conoció a Gala, su futura musa y esposa. Y fue, cómo no, el año en que comenzó a pintar hormigas en sus cuadros… No dejó de hacerlo en los 50 años siguientes, al menos hasta 1978, con mayor intensidad en las dos primeras décadas, y disminuyendo considerablemente tras la II Guerra Mundial y su regreso a Europa en 1948 desde EEUU, donde residió ocho años

Dalí pinta a las hormigas de forma realista, con clara intención de detalle. El efecto naturalista es realzado mediante un juego de luces sobre el cuerpo y sombras sobre el sustrato que da volumen a la hormiga. El resultado final es espléndido. La única excepción a los dibujos naturalistas de hormigas es, precisamente, una obra alegórica en la que representa mujeres metamorfoseadas en estos insectos.

Imagen: Salvador Dalí,  1936.- Rostro de hormigas

Cartas de Friedrich Nietzsche sobre Wagner




9 de noviembre,1868 en Leipzig, a Erwin Rhode:

[...] Me presentan a Richard y le digo algunas palabras de veneración; se interesa por saber con mucha exactitud cómo he conocido su música, dice cosas terribles contra todas las reperesentaciones de sus obras, excepción hecha de aquellas famosas de Munich, se mofa de los directores que dicn con blandura a la orquesta: Señores, ahora se hace apasionato, queridos, ahora un poquitín más apasinonadamente. Wagner se divierte en imitar el dialecto de Leipzig.

Ahora te contaré con brevedad lo que nos trajo consigo aquella velada: goces de un género tan específicamente excitantes que todavía hoy no he alcanzado a recobrarme... Antes y después de la comida, Wagner ejecutó todas las partes importantes de los Maestros Cantores, imitando todas las voces y haciendo todo con gran naturalidad. Es un hombre extraordinariamente vivaz y fogoso, que habla muy rápidamente, es muy ingenioso y en compañía tan intima se torna sumamente alegre. Tuve después con él un largo coloquio sobre Schopenhauer: comprenderás que placer fue para mí oírle hablar de él con un calor absolutamente indescriptible: qué le debía, por qué era el único filósofo que había comprendido la esencia de la música; se interesó después sobre la actitud de los profesores en relación con él, y se rió mucho del congreso de filosofía de Praga, y habló de los siervos filosóficos. Leyó luego un episodio muy divertido de su vida de estudiante en Leipzig, en el que todavía hoy no puedo pensar sin reírme; entre otras cosas, escribe con extraordinaria soltura e ingenio. Al fin, cuando estábamos por retirarnos, me estrechó con calor la mano y me invitó muy amigablemente a visitarle para hacer música y filosofía....



1873, 18 de abril, a Richar Wagner:

Respetado maestro: continuamente me asalta el recuerdo de los días de Bayreuth, y las numerosas enseñanzas y experiencias vividas en tan corto espacio de tiempo me abruman cada vez más. Comprendo perfectamente que no se mostrará muy satisfecho con mi estancia, pero esto ya no tiene remedio. Reconozco que yo me doy cuenta de las cosas demasiado tarde; ahora recordando el pasado, surgen sensaciones y pensamientos nuevos que deseo grabar a fuego en mi memoria. Sé muy bien, queridísimo maestro, que una visita como la mía no debe de resultarle muy agradable que digamos, e incluso sería insoportable en algunos momentos. Con frecuencia me decía a mí mismo que era libre e independiente, al menos en apariencia, pero en vano. En fin, le ruego me considere uno de sus discípulos que espera con la pluma en la mano y el cuaderno ante sí... He de reconocerlo: cada día que pasa aumenta mi melancolía al darme perfecta cuenta de cuánto me agradaría ayudarle de alguna manera, poder serle útil en algo, pero soy completamente incapaz de ello, y si ni siquiera puedo aportar mi granito de arena para que usted se distraiga y alegre.


1884, 2 de abril, a Franz Overbeck:

La maldita manía antisemita estropea todas mis cuentas sobre independencia pecuniaria, discípulos, nuevas amistades, prestigio; ella nos enemistó a R. Wagner y a mí, ella es la causa de la ruptura radical entre mi hermana y yo, etc., etc.,... He sabido aquí cuánto se me reprocha en Viena un editor como el que tengo.

Pedro Infante

¿A poco crees que por que ando repartiendo besos se me van a acabar? Ni que fueran canicas; al contrario, lo hago pa' practicar y besarte más bonito.

PEDRO INFANTE 
(18 de noviembre de 1917 —  15 de abril de 1957)



(Mazatlán, Sinaloa, 1917 - Mérida, Yucatán, 1957) Actor cinematográfico y cantante mexicano. A edad muy temprana se trasladó con su familia a Guamúchil, donde adquirió algunas nociones de música y fue en sus primeros años aprendiz de carpintero. Fue también miembro de un conjunto musical que actuaba en la localidad de Guasave.

En 1939, una emisora de radio local, la XEB, permitió a Pedro Infante iniciar modestamente su carrera como cantante hasta que, en 1943, consiguió grabar su primer disco, Mañana, cuyo relativo éxito fue el primero de su brillante carrera y supuso que su nombre comenzara a ser conocido por el gran público.

Intérprete especializado en el género de las "rancheras", Pedro Infante llegó a grabar más de trescientas canciones que siguen gozando de gran popularidad en toda Latinoamérica, donde su muerte, en un accidente de aviación acaecido en las proximidades de Mérida, Yucatán, en 1957, provocó un dolor y una estupefacción semejantes a los que rodearon la desaparición de los míticos Rodolfo Valentino y Carlos Gardel.

Pedro Infante inició su carrera de actor en un papel perfectamente irrelevante, aunque vinculado, como es lógico, a la actividad musical que comenzaba ya a hacerle famoso: fue contratado para reforzar, en la película La feria de las flores (1943), la voz del protagonista Antonio Badú en la melodía que dio título a la producción. La naturalidad, verismo y simpatía que impregnaban su trabajo de actor le supusieron un éxito inmediato, razón por la que comenzaron a lloverle las ofertas. Infante se convirtió así, muy pronto, en el galán y cantante favorito del cine nacional.

Su interpretación de papeles en los que encarnaba personajes de charro -hombre del campo, muy diestro en el manejo del caballo que viste un traje especial compuesto de pantalones ajustados y chaquetilla, acompañado del característico sombrero ancho, de copa puntiaguda-, varoniles y mujeriegos, así como su ejemplar personificación de las gentes humildes, siempre sencillas pero llenas de valor, a la vez que sentimentales y nobles, le valieron la aceptación del gran público, que lo convirtió en el símbolo por antonomasia de la mexicanidad.


La comedia Jesusita en Chihuahua, producida en 1942, constituyó una nueva revelación del talento interpretativo de Pedro Infante que, con naturalidad y verismo, personificaba a Valentín Terrazas, valiente sinvergüenza que se juega la vida por la mujer a la que desea y que termina por enloquecerlo de amor.

En La razón de la culpa, también de 1942, representó por única vez en su carrera el papel de "gachupín" (mote despectivo que los criollos mexicanos aplicaban desde el siglo XVII al español que emigraba y se establecía en México, y que, por su condición de metropolitano, gozaba de mercedes y cargos de los que la Corona excluía a los criollos; el sobrenombre continuó usándose después de la Independencia para referirse a los emigrados económicos españoles en la otra orilla del Atlántico), con resultados que dejaban bastante que desear. De 1943 es la filmación Arriba las mujeres, comedia ligera perfectamente obviable.

En el mismo año 1943, ya como protagonista y en una verdadera maratón cinematográfica, intervino en otras cuatro películas: Cuando habla el corazón, La Ametralladora, Mexicanos al grito de guerra, titulada también Historia del Himno Nacional (drama patriótico que hubo de vencer ciertas dificultades para ser exhibido) y Viva mi desgracia, comedia ranchera que gira en torno a un brebaje denominado "Animosa", capaz de transformar al tímido Infante en un bravucón desvergonzado, y que parece un reconocimiento del papel catártico que se atribuye al alcohol en buena parte de las producciones de cierto cine mexicano.

Una de sus creaciones más representativas es su actuación en Escándalo de estrellas (1944), comedia caricaturesca, caótica y dislocada, en la que se realizan sangrientas parodias del mundo de Hollywood cuyas estrellas, entre otras la célebre actriz Verónica Lake, sirven de blanco para las burlas de los guionistas, tal vez en una suerte de inconsciente venganza por el tratamiento que La Meca del cine reservó, tantas y tantas veces, a los actores mexicanos. Como dato curioso cabe destacar que el celebrado "gag" de la lectura de un texto muy largo, a cargo del propio Infante, fue copiado dieciséis años más tarde por el genial cómico Jerry Lewis en Cinderello (Érase una vez un ceniciento), de Frank Tashlin.

La biografía de Pedro Infante puede resumirse a partir de entonces en una serie ininterrumpida de películas ya como protagonista absoluto, que fueron creadas para el único lucimiento personal de Pedro Infante y puestas al servicio de sus dotes musicales. Vale la pena mencionar, aunque sea tan sólo a título indicativo, Cuando lloran los valientes (1945), cuyo título parece un resumen de su personaje arquetípico; Soy charro de Rancho Grande y Nosotros los pobres, ambas estrenadas en 1947, y en las que Infante renueva su interpretación del emblemático personaje mexicano; Los tres huastecos y Ustedes los ricos, ambas de 1948; El gavilán pollero (1950).

En 1951, siguiendo con su infernal ritmo de trabajo, interpretó A toda máquina, Ahí viene Martín Corona y El enamorado, a las que siguieron, en 1952, Dos tipos de cuidado y Pepe el Toro; dos películas más: Escuela de vagabundos y El mil amores, en 1954; El inocente, en 1955, y Tizoc y Escuela de rateros, en 1956. Aquel mismo año, 1956, obtuvo el Premio Ariel a la mejor actuación masculina por el drama (uno de los pocos que interpretó en su fugaz pero intensa carrera) La vida no vale nada. Tras su muerte, fue distinguida su participación en Tizoc con el Oso de Plata del Festival de Berlín (1957) y el Globo de Oro de Hollywood (1958).(Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/i/infante_pedro.htm)




PEDRO INFANTE. Cucurucucu Paloma






Compay Segundo




"-No espero en un rincón la muerte, ella tiene que perseguirme."

COMPAY SEGUNDO (18 de noviembre de 1907 - 14 de julio de 2003)



(Nombre artístico de Máximo Francisco Repilado Muñoz; Siboney, 1907 - La Habana, 2003) Músico cubano.
Compay Segundo nació el 18 de noviembre de 1907 en Siboney, Santiago de Cuba, en la costa oriental de la isla, en una familia de humildes campesinos. De su abuela, una esclava liberta que vivió ciento quince años, heredó el hábito de fumar y seguramente su propia longevidad.

Era pequeño aún cuando aprendió el oficio de torcedor de tabaco y empezó a trabajar en la fábrica de habanos Montecristo para ayudar en su casa, aunque esto no le impidió empezar a tocar «de oído» la guitarra y el tres cubano y a partir de ambos instrumentos inventar uno nuevo, el armónico, una guitarra de siete cuerdas, una de las cuales repite la nota sol.

Pero esto ocurrió ya en Santiago, adonde se mudó la familia en 1916, cuando su padre fue despedido del ferrocarril. Aunque allí empezó a ganarse la vida como barbero, él, al igual que cuatro de sus siete hermanos, sabía que lo suyo era la música.

Vestía aún pantalones cortos cuando se unió a otros niños del lugar para formar el sexteto Los Seis Ases. Al mismo tiempo, fue a clases de solfeo con Noemí Toro, una joven mandolinista y violinista hija del director de la escuela primaria a la que asistía, y cuando ésta le comunicó que ya podía tocar un instrumento, escogió el clarinete, que compró a un aficionado al que pagó armando tabaco en un chinchal de su propiedad.


Estudió luego con el maestro Enrique Bueno y, con quince años, consiguió ingresar en la Banda Municipal de Santiago de Cuba como clarinetista. Esta actividad, que le aseguraba un sueldo, le permitía en su tiempo libre cantar y empezar a componer sones. Su primera composición, el tema Yo vengo aquí, dedicada a una muchacha de la que se había enamorado, data precisamente de 1922, época en que empezó a relacionarse con grandes cantantes como Sindo Garay y Ñico Saquito.

Al despuntar los años treinta integraba el Cuarteto Cuba-nacán, modesta pero efectiva plataforma de lanzamiento que lo llevó después a trabajar con el quinteto Cuban Stars -que dirigía Ñico Saquito-, con el que en 1934 se fue a La Habana, y allí, tras dos temporadas como clarinetista en la Banda de Bomberos de Regla, formó en 1938 el Cuarteto Hatuey con Lorenzo Hierrezuelo, Marcelino Guerra Rapindey y Evelio Machín, hermano de Antonio Machín.

Con ellos vivió una época propicia que los llevó a México, y allí a participar incluso en el cine, en películas como Tierra brava y México lindo y querido. A su regreso sumó sus actuaciones como clarinetista en el famoso trío liderado por Miguel Matamoros en la etapa en que cantaba el mítico Benny Moré. Pero aún tuvo que esperar para que se produjera el gran momento de su carrera...


En 1949 creó, junto con un compañero del Hatuey, su amigo Lorenzo Hierrezuelo, guitarrista de Siboney, el dúo Los Compadres, nacido con el propósito de rescatar la música de «monte adentro», los sones de su tierra oriental. Fue entonces cuando recibió su apodo, ya que a Hierrezuelo se lo conocía como Compay (diminutivo oriental de compadre) Primo (porque hacía la primera voz); él, que tocaba el armónico y hacía la segunda voz, pasó a ser Compay Segundo.

El dúo marcó toda una época de la música cubana, y canciones suyas como Macusa, Mi son oriental, Los barrios de Santiago, Yo canto en el llano, Huellas del pasado, Hey caramba, Vicenta o Sarandonga hallaron entonces el vehículo perfecto para convertirse en éxitos populares y perdurar, casi todas ellas, en el repertorio de Compay hasta sus últimos discos. Los Compadres arrasaban en la Cuba de Fulgencio Batista, y todo fue fenomenal hasta 1955, en que se produjo una agria ruptura entre ambos cuando Hierrezuelo prefirió darle el sitio de Repilado a su hermano Reynaldo (hoy octogenario director de la Vieja Trova Santiaguera) y Compay, principal inspirador del dúo, se quedó en la calle.

Fue el compositor Walfrido Guevara quien lo convenció de que debía curarse en salud y poner su nombre al frente de un grupo. Así nació Compay Segundo y sus Muchachos, en el que entraron como cantantes Carlos Embale y Pío Leyva y que mantuvo hasta el final de su vida, formado ya por dos de sus cinco hijos, Salvador y Basilio -su sucesor en el conjunto actual-, Julio Alberto y Benito Suárez.

En sus comienzos lograron sobrevivir en la Cuba convulsa de aquellos años. La anécdota de que hubo que interrumpir la grabación de su primer disco porque en esos momentos se estaba produciendo el ataque de los revolucionarios al palacio Presidencial y el tiroteo se podía escuchar desde el propio estudio sirve de ejemplo. Luego, con Fidel Castro en el poder y no obstante un manifiesto apoyo a los músicos, la nueva realidad hizo que sus grabaciones se espaciaran, y Compay fue quedando en el limbo de las viejas glorias, hasta que se vio obligado a retomar su viejo oficio de tabaquero y entró a trabajar en la compañía H. Upmann.

Sólo le fue posible volcarse otra vez enteramente en la música después de su jubilación, en 1970. Pero empezar de nuevo no le fue fácil. Durante casi veinte años actuó en círculos reducidos y con poca o ninguna trascendencia en los medios, e incluso llegó a tocar para los turistas en tabernas y hoteles de La Habana.

Su suerte comenzó a cambiar en 1989, cuando el musicólogo Danilo Orozco lo llevó como invitado especial, junto al Cuarteto Patria y Marcelino Guerra Rapindey, al Festival de Culturas Americanas Tradicionales que se celebró en el Smithsonian Institute de Washington. El mismo Orozco fue el encargado de presentarle, algún tiempo después, al inquieto músico español Santiago Auserón (el ex rockero Juan Perro, del grupo Radio Futura) en uno de sus viajes a Cuba en busca de otros «sones», y nunca mejor dicho, porque el encuentro fue todo un hallazgo.

Auserón fue uno de los artífices de las posteriores visitas a España de Compay, en 1994 y 1995, con motivo de los Encuentros del Son Cubano y el Flamenco en Sevilla, donde actuó junto a Chano Lobato y Juan Habichuela, y el productor del disco Antología de Compay Segundo (1996). Y de algún modo también fue el responsable de la magia que se generó en torno al sonero cubano, cuya música y personalidad fueron como un imán para compartir ritmo y voces para muchos artistas.

Después llegó a La Habana el estadounidense Ry Cooder, el extraordinario guitarrista que pusiera música a la película París, Texas (1984), de Wim Wenders, e ideó y produjo el disco Buena Vista Social Club (1997), que ganó un Grammy e inspiró a Wenders una película con ciertas concesiones a la comercialidad que no hacía demasiada justicia a esos músicos y sus raíces, pero que también se alzó con un premio, el del Cine Europeo. Si el disco supuso una resurrección de viejas celebridades -Omara Portuondo, Rubén González, Ibrahim Ferrer, Pío Leyva, Eliades Ochoa y el propio Compay-, la película fue para ellos la llave del mundo.

Días antes de su muerte, cuando el médico le prohibió el café y el tabaco, protestó: "yo sé esto y me escondo en un platanar". Y ese proverbial sentido del humor lo devolvió por un momento a su infancia en Siboney, antes del largo recorrido que empezó a desgranar ese gran himno a la canción cubana que es su Chan-Chan: «De Alto Cedro voy para Marcané. Llego a Cueto, voy para Mayarí...».

Era un hombre sorprendente, y el primer sorprendido por ese reconocimiento tardío que lo situó donde le correspondía. Pero en él no había pizca de resentimiento por tantos años de olvido. Tras la repercusión que alcanzó el disco que le dio fama, Compay entró por la puerta grande en la elite de los circuitos musicales internacionales, y se presentó en los más importantes escenarios del mundo, del Olympia de París al Carnegie Hall de Nueva York, e incluso en la Sala Nervi del Vaticano, donde actuó ante el papa Juan Pablo II. Con él cantaron artistas tan heterogéneos como Charles Aznavour, Raimundo Amador, Cesaria Evora, Martirio, Pablo Milanés, Khaled, Santiago Auserón y hasta Antonio Banderas.

Grabó nada menos que una decena de álbumes -entre otros, Yo vengo aquí (1996), Lo mejor de la vida (1998), Calle Salud (1999), Las flores de la vida (2000), Duets (2002)- en tan sólo seis o siete años. Lo llamaban el patriarca del son, pero Compay no sólo era la figura cumbre de ese género y uno de los grandes músicos populares de todos los tiempos; era, sobre todo, un personaje fuera de serie, de un optimismo y unas ganas de vivir abiertamente ejemplares: «Espero llegar a los cien años y pedir prórroga, como hizo mi abuela. Yo voy sacando candela...».
(Fuente:http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/compay.htm )






'CHAN CHAN' es una canción de son compuesta por el cantante cubano Compay Segundo, que trata de dos personajes, 'Juanica' y 'Chan Chan'. La canción es una de sus últimas composiciones y se escribió en 1987. Chan Chan la grabaron tanto Compay Segundo como varios artistas cubanos, aunque la versión más conocida, y la que obtuvo fama mundial es la primera pista del disco Buena Vista Social Club, con Eliades Ochoa e Ibrahim Ferrer.


Ha fallecido Miliki, uno de nuestros payasos

Fofó, Gaby, Miliki y abajo Fofito

Todos recordamos aquellas coletillas de los payasos: "se me lengua la traba", "el mar, idiota, el mar" o el característico "nianonianoooo", pero si hoy nos preguntaran desde el televisor, el consabido "¿Cómo están ustedes?" sin duda tendríamos que contestar que tristes por la muerte de Miliki, uno de aquellos fantásticos payasos que hicieron las delicias de los que como yo eran unos niños durante sus años de éxito televisivo. Sus parodias, gracietas y canciones junto a Gaby, el gran Fofó y los posteriores Fofito (arriba los vemos juntos en la foto) o Milikito cubrieron de risas no pocas tardes, además de descubrirnos el mundo del circo y toda su magia a través de las actuaciones invitadas al programa. En 2006, Miliki recibió el Premio "El Chupete" al personaje con una mejor influencia en los niños por su larga trayectoria profesional.
 
Miliki se llamaba en realidad Emilio Aragón Bermúdez y había nacido en 1929 en la localidad sevillana de Carmona. Era descendiente de una gran familia de payasos, su padre era Emilio Aragón Foureaux, conocido como Emig y era sobrino de los inmensos Pompoff y Thedy. Muy joven se unió a sus hermanos Gabriel (Gaby) y Alfonso (Fofó) para formar el trío Gaby, Fofó y Miliki que comenzaron su andadura en los años treinta y se mantuvieron varias temporadas en el "Circo Price" de Madrid. Su madre fue la bailarina acróbata sobre caballo Rocío Bermúdez y también tuvo una hermana menor, Rocío, bailarina de flamenco. Y como continuación artística de la saga tuvo a Milikito, Emilio Aragón Álvarez, el famoso actor, humorista, músico, director de cine, compositor, payaso y empresario audiovisual al que más alla de otros exitos siempre lo recordamos siguiendo el final de aquella interminable linea.

Tras una estancia en Cuba, Venezuela y Argentina, regresó a España en 1972 y a partir del año siguiente comenzó a trabajar en el programa "El gran circo de TVE", que convirtió a los integrantes del grupo (que pasaron a conocerse como "Los payasos de la tele") en un auténtico fenómeno sociológico en España. El programa fue retirado en 1983 lo que supondría poco tiempo después la separación profesional de Los Payasos,  tras lo cual Miliki se dedicó al mundo de la producción discográfica (lanza al grupo "Monano y su Banda"), y forma un tándem artístico con su hija Rita Irasema, junto a la cual grabó varios discos.

Como persona inquieta que era, se atrevía con todo y en 1987 fue director de una película del Duo Sacapuntas: "Yo quiero ser torero", y al año siguiente se sumerge en el género de la literatura infantil, publicando "La familia de los coches".

Con la llegada de las televisiones privadas a España, volvió a ponerse delante de una cámara para conducir espacios infantiles, con su hija Rita. Ambos presentaron los programas "La Merienda" (1990-1991), "La Guardería" (1990-1991) los dos en Antena 3 y "Superguay" (1991-1993) en Telecinco. En 1993 recuperan en Televisión Española "El gran circo de TVE" que duró hasta 1995.

Tras editar sus Memorias en 1996, Miliki y Rita crearon el espectáculo "El circo del arte", con éxito en toda España. En los años siguientes se dedicaría tanto a la producción discográfica (lanzando el Grupo Trilocos), como a continuar su carrera como cantante infantil. Todavía en 2008 publicaría el libro "La providencia" bajo el seudónimo Emilio A. Foureaux (que es el nombre de su padre, ocultando el primer apellido). El libro, orientado a un público adulto, cuenta la historia de Martín, un militante de la guerrilla en la revolución cubana que tiene que huir de una caza orquestada por Fidel Castro en Nueva York.

Espero que allá donde esté siga tocando la acordeón, cantando y repartiendo sonrisas. Yo de momento me voy a poner ese discazo suyo que es "A mis niños de 30 años"..... que ya son alguno más.
 
Una de las canciones donde toma protagonismo Miliki, "Chinita de amol" con Fofiito
 
Una de aquellas paradias que entonces tanto nos gustaban "La tabla del nueve".  Ya llovió....
 

La famosa entrada del "¿Cómo están ustedes?" y un popurri de sus canciones


La gallina turuleca

Párrafos de "Mortal y rosa" de Francisco Umbral



Francisco Umbral (1932-2007) en realidad se llamaba Francisco Pérez Martínez y era un escritor realmente controvertido, que no a todos lograba convencer con sus obras. Mostraba su más afilado ingenio en sus columnas periodiscticas que podían condensar en pocas lineas más aciertos e ideas que no pocos libros. Pero entre su obra literaria hay una que sobresale claramente y esa es "Mortal y rosa", una obra dedicada a la perdida de su hijo que rezuma amor, poesia y delicadeza en cada una de sus páginas. Os dejo unos párrafos de la misma:

"Sólo encontré una verdad en la vida, hijo, y eras tú. Sólo encontré una verdad en la vida y la he perdido. Vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad. Soldadito rubio que mandaba en el mundo, te perdí para siempre. Tus ojos cuajaban el azul del cielo. Tu pelo doraba la calidad del día. Lo que queda después de ti, hijo, es un universo fluctuante, sin consistencia, como dicen que es Júpiter, una vaguedad nauseabunda de veranos e inviernos, una promiscuidad de sol y sexo, de tiempo y muerte, a través de todo lo cual vago solamente porque desconozco el gesto que hay que hacer para morirse. Si no, haría ese gesto y nada más."

 "Qué estúpida la plenitud del día. ¿A quién engaña este cielo azul, este mediodía con risas? ¿Para quién se ha urdido esta inmensa mentira de meses soleados y campos verdes? ¿Por qué este vano rodeo de la muerte por las costas de la primavera? El sol es sórdido y el día resplandece de puro inútil, alumbra de puro vacío, y en el cabeceo del mundo bajo un viento banal sólo veo la obcecación vegetal de la vida, su torpeza de planta ciega. El universo se rige siempre por la persistencia, nunca por la inteligencia. No tiene otra ley que la persistencia. Sólo el tedio mueve las nubes en el cielo y las olas en el mar"

  "Es el paisaje quien viaja. Un pescador, una mujer por un camino, un niño en el barro. Toda una vida vista en un momento. Los montes pasan como música, los bosques cantan como orfeones, los cielos viajan como rías. Pero si nos paramos, si echo pie a tierra, el mundo es inmenso, quieto, solemne. Pasamos de un tiempo a otro tiempo. La eternidad se hace lentísima. Ya no hay música ni coros ni viaje. Sólo la perpetuidad oscura de un cielo devorado por los altos bosques y las crudas montañas. Ahora ya no soy el señor fugaz de vidas y haciendas, sino que desaparezco: soy la mirada ciudadana y cansada que no puede coger en su red débil el pez inmenso y coleteante del mundo."