Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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viernes, 2 de noviembre de 2012

Anacleto, agente secreto (Vázquez)



"Anacleto, agente secreto" es una serie de historietas creada por Manuel Vázquez Gallego en 1964 para las revistas de la Editorial Bruguera, y protagonizada por el personaje homónimo. Es una de las tres obras más célebres de su autor, junto a las anteriores Las hermanas Gilda (1949) y La familia Cebolleta (1951).

La serie es una parodia de las novelas, películas y series de espías, entonces tan en boga, igual que otras historietas contemporáneas (El agente 0077 de Torá y 7-7, cero a la izquierda de Rojas de la Cámara).

Según algunos, el modelo de Anacleto sería James Bond; el propio Vázquez, sin embargo, aseguró en una ocasión que se había basado en Maxwell Smart, el protagonista de la serie televisiva Superagente 86. En Anacleto se hace uso continuado de todos los gags relacionados con el género: mensajes secretos, microfilms, agentes dobles, etc.
El protagonista es un hombre joven, de pelo negro, con un característico mechón en el flequillo y nariz alargada. Viste traje negro con camisa blanca y pajarita. En la boca tiene permanentemente un cigarrillo.

El otro personaje de la serie es el jefe de Anacleto, gordo, con la cabeza absolutamente calva y gafas. Para marcar iconográficamente la diferencia de status, el jefe fuma gruesos cigarros puros. Uno de los temas recurrentes de la serie es la relación de Anacleto con su jefe. Éste manda a Anacleto a las misiones más difíciles, de las que sale frecuentemente mal parado, y le niega sistemáticamente los anticipos que su subordinado le solicita una y otra vez ; por su parte, Anacleto procura engañar a su jefe siempre que puede. Este es el aspecto en que la serie toma un sesgo más costumbrista, e incluso de leve crítica social.

En varias ocasiones el villano de la historieta es el propio autor, bajo el nombre de el malvado Vázquez. Ocasionalmente aparece el Profesor Boro.

Los decorados, mayoritariamente urbanos, son minimalistas y esquemáticos, como es frecuente en la Escuela Bruguera. Otros escenarios frecuentes son los siguientes:

El desierto, en especial el de Gobi: Acudir allí para realizar alguna misión es la fobia principal del protagonista, quien asediado por la sed solo ve espejismos en los que cae y desprecia el chiringuito real ; en el caso de poder usarlo solo consigue dos bocadillos de anchoas y en último lugar al pedir la ansiada cerveza, el chiringuito cierra por cualquier motivo y se queda tirado aún más sediento.

En segundo lugar las misiones en montañas altísimas que al final están dotadas de ascensor.

También característico es el tiburón que persigue siempre a Anacleto en las misiones que tengan como escenario el mar (sea yendo a una isla, o cruzándolo con barco), este animal (a veces varios), pretende zamparse a Anacleto (aunque nunca lo consigue), pero mantiene una especie de amistad por oficio.

El Gran Dictador (Charles Chaplin, 1940).- El gran discurso final




"Lo siento, pero no quiero ser emperador. No es lo mío. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo -si fuera posible-: a judíos, gentiles, negros, blancos. Todos nosotros queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos son así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajenas. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos.

El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos perdido el camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odio, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.

El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a las personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: “No desesperéis”.

La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás.


¡Soldados! ¡No os entreguéis a esos bestias, que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; decidles lo que hay que hacer, lo que hay que pensar y lo que hay que sentir! Que os obligan a hacer la instrucción, que os tienen a media ración, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón. ¡No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia y corazones de máquina! ¡Vosotros no sois máquinas! ¡Sois hombres! ¡Con el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No odiéis! ¡Sólo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados!

¡Soldados! ¡No luchéis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad!

En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre, ¡no de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres! ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder, el poder de crear máquinas. ¡El poder de crear felicidad! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad.

Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. ¡Pero mienten! No han cumplido esa promesa. ¡No la cumplirán! Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros. ¡Soldados, en nombre de la democracia, unámonos!

(...) ¡Las nubes están desapareciendo! ¡El sol se está abriendo paso a través de ellas! ¡Estamos saliendo de la oscuridad y penetrando en la luz! ¡Estamos entrando en un mundo nuevo, un mundo más amable, donde los hombres se elevarán sobre su avaricia, su odio y su brutalidad! (...) ¡Han dado alas al alma del hombre y, por fin, empieza a volar! ¡Vuela hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza! (...) ¡Alza los ojos!"





Creí que mi padre era Dios (Relatos compilados por Paul Auster)





 MESA PARA DOS (Lori Peikoff)

En 1947 mi madre, que se llama Deborah, tenía veintiún años y estudiaba literatura inglesa en la Universidad de Nueva York. Era una chica preciosa, vehemente aunque introvertida, y sentía una gran pasión por los libros y las ideas. Leía de una forma voraz y quería ser escritora algún día.


Mi padre, que se llama Joseph, era entonces un pintor en ciernes, que vivía de dar clases de arte en un instituto del West Side. Los sábados pintaba durante todo el día en su casa o en Central Park y después solía permitirse un pequeño lujo. La noche del sábado en cuestión decidió ir a un restaurante de barrio llamado La Vía Láctea.
La vía Láctea resultó ser el restaurante preferido de mi madre, y aquel sábado, después de estudiar toda la mañana y parte de la tarde, se fue allí a cenar llevando consigo un viejo ejemplar de Grandes Esperanzas de Dickens. El restaurante estaba abarrotado y mi madre ocupó la última mesa que quedaba. Se preparó para toda una velada de goulash, vino tinto y Dickens, y rápidamente perdió contacto con la realidad que la rodeaba.
Media hora después el restaurante estaba tan lleno que sólo se podía comer de pie en la barra. La agotada camarera se acercó a mi madre y le preguntó si podía compartir la mesa con otra persona. Mi madre dio su consentimiento casi sin apartar los ojos del libro.
"Una vida trágica la del pobre Pip" dijo mi padre al ver la gastada cubierta de Grandes Esperanzas. Mi madre levantó la mirada y en ese momento, según ella, vio algo extrañamente familiar en los ojos de aquel hombre. Muchos años después, cuando yo le suplicaba que me contara la historia una vez más, suspiraba y decía "Me vi a mi misma en sus ojos".
Mi padre totalmente cautivado por la persona que tenía delante,  jura hasta el día de hoy que oyó una voz dentro de él: "Esta mujer es tu destino", e inmediatamente sintió un cosquilleo que le recorría el cuerpo de la cabeza a los pies. Sea lo que fuere lo que mis padres vieron, oyeron o sintieron aquella noche, ambos se dieron cuenta de que había sucedido algo casi milagroso.
Hablaron durante horas, como dos viejos amigos que se encuentran después de mucho tiempo. Más tarde cuando se despidieron, mi madre escribió su número de teléfono en el interior de la tapa de Grandes Esperanzas y le regaló el libro a mi padre. Él le dijo adiós, besándola dulcemente en la frente,  después se alejaron, en direcciones opuestas, y se perdieron en la noche.
Ninguno de los dos pudo dormir, incluso después de cerrar los ojos, mi madre sólo veía una cosa: el rostro de mi padre. Y él, que no podía dejar de pensar en ella, se quedó toda la noche levantado, pintando el rostro de mi madre.
Al día siguiente, que era domingo, fue a Brooklyn a visitar a sus padres. Se llevó el libro para leerlo en el metro, pero estaba tan exhausto después de pasar la noche en vela que, tras leer algunos párrafos, le entró sueño. Así que metió el libro en uno de los bolsillos de su abrigo- que había dejado en el asiento junto a él- y cerró los ojos. No se despertó hasta que el tren se detuvo en Brighton Beach, en el extremo opuesto de Brooklyn.
Para entonces el tren estaba desierto y, cuando abrió los ojos y fue a coger sus cosas, el abrigo había desaparecido. Alguien lo había robado, y dado que el libro estaba en uno de sus bolsillos, también se había quedado sin él, lo que significaba que también se había quedado sin el número de teléfono de mi madre. Desesperado, empezó a buscar por todo el tren, mirando debajo de los asientos, no sólo de su vagón sino de los vagones anterior y posterior al suyo. Joseph se había sentido tan feliz de haber conocido a Deborah que no se había preocupado de saber cuál era el apellido. La única referencia que tenía de ella era su número de teléfono.
Mi madre nunca recibió la llamada que esperaba. Mi padre la buscó en varias ocasiones en el Departamento de Inglés de la Universidad de Nueva York, pero nunca la encontró. El destino les había traicionado a los dos. Lo que aquella primera noche en el restaurante había parecido inevitable pasó a ser algo claramente imposible.
Aquel verano los dos se fueron a Europa. Mi madre fue a Inglaterra a hacer un curso de literatura en Oxford y mi padre se fue a pintar a París. A finales de julio, mi madre tenía un descanso de tres días en sus estudios y voló a París, decidida a absorber toda la cultura que pudiese durante aquellas setenta y dos horas. En el viaje se llevó un nuevo ejemplar de Grandes Esperanzas. Después de la triste historia con mi padre, no había tenido la fuerza de volver a leerlo, pero una vez en París y sentada en un restaurante abarrotado, después de un largo día de visitas turísticas, lo abrió por la  primera página y empezó otra vez a pensar en él.
Al acabar de leer unas pocas frases, el mâitre interrumpió su lectura para preguntarle, primero en francés y después en un inglés macarrónico, si le importaría compartir su mesa. Mi madre dio su consentimiento y volvió a la lectura: enseguida oyó una voz conocida, que decía:
"Una vida trágica la del pobre Pip", ella levantó la mirada y allí estaba él otra vez."


  Los Ángeles, California


Imagen: Matisse

Alejandra Pizarnik.- La Carencia





Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.

José Luis López Vázquez



"He hecho mucho humor porque es lo que me gusta. Pero nunca me he sentido encasillado, aunque estarlo no me parece un defecto. Encasillado estaba Chaplin, los hermanos Marx, Woody Allen...".


JOSE LUIS LOPEZ VAZQUEZ  (11 de marzo de 1922 - 2 de noviembre de 2009)







Uno de los gigantes del cine español. Prolífico intérprete, ha trabajado con los grandes nombres de la industria y otorgado su rostro a más de doscientas películas, principalmente comedias en donde personificaba las ansias y anhelos del ciudadano medio peninsular, expuestas muchas veces en clave ácida y satírica.

Con Carlos Saura comenzó a explotar su extraordinaria capacidad dramática, confirmando su versatilidad y maestría interpretativa.


José Luis López Vázquez de la Torre nació en Madrid el 11 de marzo de 1922, hijo de un funcionario de Justicia que abandonó a su familia a los pocos años de nacer el pequeño José Luis, quien crecería con su madre, de profesión modista, su tío y su abuela.

A finales de los años 30 y tras abandonar sus estudios dio inicio a su espléndida trayectoria artística, comenzando su carrera de teatro como figurinista y asistente de dirección, participando en el Teatro de las Organizaciones Juveniles y en el Teatro Español Universitario.

Tras labrarse un nombre en el mundo teatral, López Vázquez debutó en el cine como actor, diseñador de vestuario y ayudante de dirección en “María Fernanda, la Jerezana” (1946), película dirigida por Enrique Herrero y protagonizada por Nati Mistral.
Al mismo tiempo que seguía interviniendo en la escena madrileña, el actor abordó de manera constante su actividad cinematográfica en la década de los 50, época en la que apareció en papeles secundarios en películas dirigidas por Luis G. Berlanga, como “Esa pareja feliz” (1951), título co-dirigido por Juan Antonio Bardem, “Novio a la vista” (1954) y “Los jueves, milagro” (1957).

También trabajó con José Maria Forqué en “El diablo toca la flauta” (1954), comedia protagonizada por José Luis López Vázquez, “Un día perdido” (1954) y “La noche y el alba” (1958); con Bardem con la citada “Esa pareja feliz” (1953) y “Felices pascuas” (1954), o con Luis Lucia, con quien participó en “Un caballero andaluz” (1954), film protagonizado por Carmen Sevilla y Jorge Mistral, “La lupa” (1955), “La vida en un bloc” (1956), “Esa voz es una mina” (1956), vehículo para explotar las habilidades cantoras de Antonio Molina o “Un marido de ida y vuelta” (1956), adaptación de un texto de Enrique Jardiel Poncela. “El pisito” (1958), comedia negra realizada por Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry fue su primer papel principal.
  
En los años 60, sus cualidades como actor de comedia fueron aprovechadas con mayor ahínco, convirtiéndose en protagonista principal de numerosas películas que le erigieron en una de las grandes presencias del cine español y prototipo del ciudadano medio peninsular, rodando cinco o más títulos por año con directores habituales en su carrera, como Fernando Palacios, Luis García Berlanga o los prolíficos Pedro Lazaga, Mariano Ozores y Jose María Forqué.
Berlanga lo incluyó en dos de sus mejores películas, “Plácido” (1961), con Cassen en el papel protagonista, y “El Verdugo” (1963), película con intervención estrella de Pepe Isbert, con quien López Vázquez ya había compartido créditos en “El Cochecito” (1960) de Marco Ferreri.

Con el productivo Mariano Ozores, José Luis López Vázquez colaboró en películas como “Hoy como ayer” (1966), “Crónica de nueve meses” (1967) o “Cuarenta grados a la sombra” (1967).

Con Lazaga rodó títulos como “Los económicamente débiles” (1960), “Trío de damas” (1960), “Fin de semana” (1964), “Los guardamarinas” (1967), “Novios” (1968), “El turismo es un gran invento” (1968) o “¿Por qué pecamos a los 40?”.

Fernando Palacios le dirigió en películas como “Tres de la Cruz Roja” (1961), “La gran familia” (1962), “Vuelve San Valentín”(1962), “Operación embajada” (1963) o “La familia…y uno más” (1965).

Uno de sus directores más asiduos fue José María Forqué con títulos como “Usted puede ser un asesino” (1961), “Accidente 703” (1962), “Atraco a las tres” (1962), “Casi un caballero” (1964), “Un millón en la basura” (1967), “Pecados conyugales” (1969) o “Estudio amueblado 2 P” (1969), comedia co-protagonizada por Fernando Fernán Gómez.

En este decenio, la asociación con la actriz Gracita Morales, con cuarenta títulos en el mismo reparto, cosechó excelentes resultados comerciales, alcanzando la pareja gran popularidad gracias a títulos como la citada “Atraco a las tres” (1962) de Forqué, “Sor Citroen” (1967) de Pedro Lazaga, “Mi marido y sus complejos” (1969) de Luis María Delgado, o “Chica para todo” (1963), “Operación secretaria” (1966) “Operación Cabaretera” (1967), “Operación Mata-Hari” (1968), “¡Cómo está el servicio!” (1968) y “Objetivo Bi-ki-ni” (1968), todas ellas dirigidas por el incansable Mariano Ozores.
  

En 1967 con “Peppermint Frappé” (1967) de Carlos Saura, el talento de López Vázquez, encasillado previamente en el género de comedia, ofreció una meritoria actuación dramática, que expandió ante ojos de crítica y pública su enorme capacidad como actor.
En la década de los 70, el intérprete madrileño prosiguió su fértil senda interpretativa, diversificando más los géneros.

“El jardín de las delicias” (1970) de Saura, “El Astronauta” (1970) de Javier Aguirre, “¡Vivan los novios!” (1970) de Berlanga, “El bosque del lobo” (1971) de Pedro Olea, “A mí las mujeres ni fu ni fa” (1971) de Mariano Ozores, “Blanca por fuera y rosa por dentro” (1971) de Pedro Lazaga, “La Graduada” (1971) de Ozores, “Mi querida señorita” (1972) de Jaime de Armiñán, “No firmes más letras, cielo” (1972) de Lazaga, “Venta por pisos” (1972) de Ozores, “Habla, mudita” (1973) de Manuel Gutiérrez Aragón, “No es bueno que el hombre esté solo” (1973) de Pedro Olea, “Lo verde empieza en los Pirineos” (1973) de Vicente Escrivá, “La prima Angélica” (1974) de Saura, “Manchas de sangre en un coche nuevo” (1975) de Antonio Mercero, “Nosotros, los decentes” (1976) de Ozores, “La escopeta nacional” (1978) de Berlanga o “Mamá cumple cien años” (1979) de Saura, son algunos de los muchos títulos grabados por

En este período tuvo tiempo también para triunfar en la televisión con la serie “Este señor de negro” (1976), de Antonio Mercero, quien también le dirigió en el título televisivo “La Cabina” (1972), un film escrito entre Mercero y José Luis Garci que sería recompensado con un premio Emmy.

Durante la última trayectoria de su carrera, y en especial en los años 90, las películas de López Vázquez fueron menguando su ritmo de producción. “Patrimonio Nacional” (1981), “Nacional III” (1982), “Moros y cristianos” (1987) y “Todos a la cárcel” (1993) de Berlanga, “La Colmena” (1982) de Mario Camus, “La corte de Faraón” (1985) de José Luis García Sánchez, “El largo invierno” (1991) de Jaime Camino, “El maestro de esgrima” (1992) de Pedro Olea o “El oro de Moscú” (2002), comedia dirigida por Jesús Bonilla son algunos de sus títulos más representativos de su postrera etapa.
Al mismo tiempo aparecía en producciones teatrales y en series televisiva, como “Los ladrones van a la oficina” (1993) o “El botones Sacarino” (2000), adaptación del conocido cómic de Francisco Ibáñez.
  

José Luis López Vázquez contrajo matrimonio en dos ocasiones, la primera con la actriz Ana María Ventura, “Chirri”, con quien apareció en “Un día perdido” (1954) o “Un marido de ida y vuelta” (1957).
Posteriormente y tras su divorcio mantuvo una relación con Ketty Majerus, con quien tuvo dos hijos, José Luis y Virginia (ya fallecida). En 1985 contrajo matrimonio con la periodista Flor Aguilar, con quien tendría gemelas. En el año 1992 el enlace se rompería.
En 1985 se le concedió la Medalla de Oro de las Bellas Artes y en el año 2002 el Premio Nacional de Teatro.
La Academia del Cine Español le otorgó en el año 2005 un Goya honorífico por su extensa carrera cinematográfica.

Falleció el 2 de noviembre del año 2009. Tenía 87 años.(Fuente:www.alohacriticon.com/elcriticon)





MI QUERIDA SEÑORITA (1971)  dirigida por Jaime de Armiñán y protagonizada por José Luis López Vazquez.
En una ciudad de provincias, Adela Castro, una solterona de cuarenta años, se siente diferente a las demás: se afeita todos los días y se siente atraída por su criada Isabelita. La pobre ha pasado los cuarenta y tantos años de su vida en soledad, meditando que se ha quedado soltera porque físicamente no le quedaba otro remedio. Por estos desarreglos de conciencia, Adela acude a pedir consejo a su confesor, que le envía a un médico. El diagnóstico revela que la señorita en realidad es... un hombre, hecho que ella desconocía porque sus padres la habían criado como mujer desde bebé. (FILMAFFINITY)

Pier Paolo Pasolini



"La vida es un montón de insignificantes e irónicas ruinas."

PIER PAOLO PASOLINI (5 de marzo de 1922 –  2 de noviembre de 1975)




Pier Paolo Pasolini  fue un escritor, poeta y director de cine italiano. Es uno de los cineastas más reconocidos de su generación y uno de los realizadores más venerados de la filmografía de su país.
Pasolini nació en Bolonia, ciudad de tradición política izquierdista. Era hijo de un soldado que se hizo famoso por salvar la vida de Benito Mussolini, cuando el joven Anteo Zamboni atentó contra su vida. Empezó a escribir poemas a los siete años de edad y publicó por primera vez a los 19 mientras se encontraba estudiando en la Universidad de Bolonia.

Fue reclutado durante la Segunda Guerra Mundial; capturado por los alemanes, logró escapar. Al finalizar la guerra, se unió al Partido Comunista Italiano en Ferrara, pero fue expulsado dos años después a causa de su homosexualidad. Fue asesinado el 2 de noviembre de 1975, en circunstancias no aclaradas completamente todavía.

En 1957 publica los poemas de Le ceneri di Gramsci (Las cenizas de Gramsci, Premio Viareggio de 1957) y al año siguiente L'usignolo della Chiesa cattolica (El ruiseñor de la Iglesia católica). En 1960 publica los ensayos Passione e ideología, y en 1961 otro libro de versos, La religione del mio tempo.

Se destacan los ensayos Sobre la poesía dialectal (1947), La poesía popular italiana (1960) y Escritos corsarios (1975); las antologías Poesía dialectal del siglo XX (1955) y Antología de la poesía popular (1955); sus obras poéticas La mejor juventud (1954), Las cenizas de Gramsci (1957), La religión de mi tiempo (1961) y Poesía en forma de rosa (1961–1964); sus novelas Muchachos de la calle (1955), Una vida violenta (1959) y Mujeres de Roma (1960), y los dramas Orgía (1969) y Calderón (1973).

Su obra poética, igual que su obra ensayística y periodística, polemiza con el marxismo oficial y el catolicismo, a los que llamaba «las dos iglesias» y les reprochaba no entender la cultura de sus propias bases proletarias y campesinas. Juzgaba asimismo que el sistema cultural dominante, sobre todo a través de la televisión, creaba un modelo unificador que destruía las culturas más ingenuas y valiosas de las tradiciones populares.

Se inició en 1961 como director, y al poco tiempo creó una suerte de segundo Neorrealismo, explorando los aspectos de la vida cotidiana, en un tono cercano al de la Commedia dell'arte, centrando su mirada en los personajes marginales, la delincuencia y la pobreza que arrastra Italia desde la posguerra, y estableciendo un estilo narrativo y visual en el que priman el patetismo y la ironía sobre el humor grueso y a veces sórdido de sus historias.

Debuta en 1961 con una película en clave neorrealista pero que abarca mucho más y sorprende a la crítica: Accattone, en la que inicia su relación personal y profesional con uno de sus actores fetiche (Franco Citti), quien, junto a su hermano Sergio Citti, había sido alumno de Pasolini cuando era profesor. Su segunda película, Mamma Roma (1962), es una obra ya plenamente neorrealista que se convierte casi desde su estreno en una de las cumbres del cine italiano de los 60, y que cuenta con una de las interpretaciones más aplaudidas de la memorable actriz Anna Magnani. Con El Evangelio según San Mateo (1964), Pasolini rompe con su trayectoria anterior (recordemos que Pasolini era un reconocido ateo, y que en 1963 fue condenado a 4 meses de cárcel por sus posiciones anticlericales en el film Ro.Go.Pa.G.), aunque no traiciona sus obsesiones personales ni las constantes de su cine, al presentar el pasaje bíblico en una lectura marxista (consecuentemente con su ideología de izquierda), y lo irónico es que el propio Vaticano en el año 1999 declarará ésta como una de las mejores películas del siglo XX en su retrato de las escrituras y de la figura de Jesús.[cita requerida]

Pajaritos y pajarracos (1966) es una de sus mejores obras (pese a las ya magníficas dos anteriores). Parábola política y humanística, inmortalizó al entrañable actor cómico Totó en una inolvidable creación, y es un film donde la música se hace protagonista de un modo único. Edipo Rey (1967), fue la primera cinta con guion ajeno, la famosa obra teatral de Sófocles, llevada al cine ese mismo año en una versión inglesa de menor repercusión comercial que ésta, que contaba entre su reparto con la maravillosa Silvana Mangano y uno de los actores favoritos del director, Laurent Terzieff. Teorema, estrenada en 1968, supone la consagración internacional de Pasolini, dotándole de un prestigio que incluso atrapó al público mayoritario. En ésta, sobresalen los trabajos de Terence Stamp y Laura Betti enmarcados ambos en una atmósfera sórdido-sensual que levantó algunas ampollas en su tiempo. Pocilga (1969), fue una de sus obras más crudas y realistas, de enorme polémica en su momento, se la consideró degradante, provocadora y obscena, lo que no evitó bastante éxito en los cines europeos. Medea (1970), con la diva Maria Callas entre el reparto, supone su segunda y mejor actualización-revisión-adaptación de una obra teatral de la Grecia clásica —esta vez de Eurípides—.

Los años 1970 se inician con la llamada Trilogía de la vida (integrada por El Decamerón, 1971; Los cuentos de Canterbury, 1972; y Las mil y una noches, 1974). Pasaron por los festivales de cine de Cannes, Berlín o Venecia con éxito crítico-comercial y definieron la deriva del último Pasolini hacia propuestas más libres y menos narcisitas (pese a que esta trilogía enseña prácticamente lo contrario de cara al espectador). En 1971 aparece un curioso film con el título de Los cuentos de Pasolini, dirigido por Sergio Citti, que aprovecha el tirón comercial del italiano y de Ninetto Davoli (su otro actor fetiche) de cara a la taquilla. Un poco antes, en 1970, había aparecido otro film que «copiaba» el estilo pasoliniano y «adoptaba» a alguno de sus actores: Ostia, dirigido por Sergio Citti y guionizado por Pasolini.

La carrera del cineasta se trunca cuando, en 1975, se estrena en los cines un film que convulsiona a toda la sociedad italiana y hace que el autor sea objeto de multitud de amenazas de muerte y presiones incluso políticas: Salò o los 120 días de Sodoma, en la que Pier Paolo adopta un tono autocrítico hacia algunos pasajes de su obra anterior y en la que adapta al Marqués de Sade con toda crudeza y con la mayor libertad con la que un creador se haya dotado a sí mismo nunca, desdibujando los límites convencionales y cinematográficos que encierran el erotismo, pornografía, expresión, sadismo, provocación y degradación humanas.

Esto no evitó que, a raíz de este último film y en circunstancias aún no del todo aclaradas, Pasolini muriera asesinado a manos de un joven marginal, que lo embistió con su propio coche, en el balneario popular de Ostia. Era para entonces un intelectual ampliamente reconocido y gozaba de una posición económica acomodada pero, como se ha comentado, la polémica que le rodeó en vida se agudizó en los últimos tiempos, y la Italia «oficial» de la época acabó por hacerle pagar. Así, durante las primeras investigaciones, las declaraciones del presunto asesino acerca de que lo había matado debido a que el director le proponía tener relaciones sexuales, no convencieron a toda Italia y siempre flotaron en el ambiente las teorías de que ciertas personas poderosas del gobierno deseaban muerto al director debido a las críticas que hacía continuamente a través de sus películas, sus libros y sus discursos políticos a la vez que el dia de su asesinato desconocidos lo habían llamado para chantajearlo y devolverle rollos con escenas inéditas de Salò.[7] [8] [9] [10] [11] Recientemente, en abril de 2005, unas nuevas declaraciones del supuesto asesino, quien ha asegurado que fueron en realidad tres jóvenes quienes le quitaron la vida a Pasolini aquella fatídica noche de noviembre de 1975, provocaron que un amplio sector del entorno político y cultural de Italia pidiese la reapertura del caso para esclarecer el crimen.

Tras su muerte, se han realizado diversos homenajes y películas documentales que analizan su figura desde distintas percepciones, tanto biográficas al uso como ensayísticas sobre su repercusión a nivel internacional, su eco en el cine posterior, la verdadera dimensión de su universo personal, etc., no estrenadas en los cines españoles pero si vistas en alguna TV europea (RAI, Canal +).

La noche antes de morir dio una entrevista, hoy famosa, a Stampa Sera, en la que recuerda el peligro del fascismo:http://www.girodivite.it/Siamo-tutti-in-pericolo-intervista.html




TEOREMA  es una película de Pier Paolo Pasolini realizada en 1968 que aborda el estudio de la familia burguesa tras el desarrollismo italiano de los años 50 y 60.

Luchino Visconti




"El cine nunca es arte. Es un trabajo de artesanía, de primer orden a veces, de segundo o tercero lo más." 

LUCHINO VISCONTI 

(2 de noviembre de 1906 -17 de marzo de 1976)



Director y guionista de cine italiano,nacido en el seno de una familia aristocrática, sus primeras aficiones fueron el teatro, la ópera y los estudios de música. Tras cumplir el servicio militar en la caballería, se dedicó a la cría y entrenamiento de purasangres. Visconti frecuentó los círculos parisinos más selectos, lo que le permitió conocer a Jean Cocteau y Jean Renoir, quienes fueron afianzando su deseo de entrar plenamente en el cine. Después de rodar en 1934 su primera película, en 35 mm y hoy perdida, Visconti participó en el rodaje de Une partie de campagne (1936) como ayudante de Jean Renoir.

A partir de 1940 Visconti comenzó a escribir en la revista Cinema, foro de intelectuales antifascistas, que muy pronto sufriría la acometida de la censura. Tras haber trabajado con Renoir de nuevo en Tosca (1942), dirigió su primer largometraje, Ossessione, basada en la novela El cartero siempre llama dos veces, cuyo autor, James M. Cain, no aprobó. Tampoco recibió la aceptación de la censura, hasta el punto de que el negativo fue destruido por el régimen fascista, aunque el director pudo guardar una copia. En 1947 se sumó a la inauguración del neorrealismo italiano con La terra trema, basada en la novela de Giovanni Verga I Malavoglia y rodada en escenarios naturales con actores no profesionales, y por la que Visconti, que narra la historia junto con Antonio Pietrangeli y Antonio Arcidiacono, fue nominado al León de Oro en el Festival de Venecia.

A partir de Bellissima (1951), una descarnada historia sobre la pobreza y el triunfo protagonizada por Anna Magnani, ganadora de la Cinta de Plata a la mejor actriz, concedida por el Sindicato Nacional Italiano de Periodistas Cinematográficos, Visconti fue incorporando el romanticismo a sus historias; Senso (1954) fue el punto de partida, pero pronto aparecieron otros títulos, como Rocco y sus hermanos (1960), mutilada sin piedad por la censura. A partir de la novela de Giovanni Testori, Visconti consiguió en esta película aunar la tendencia neorrealista con el espectáculo, sin temor a que el exceso empañara ninguna de las escenas. Represión sexual, celos entre hermanos, violación e incluso asesinato son los ingredientes de una historia dura y convincente, protagonizada por Alain Delon y Annie Girardot.

Visconti tardó dos años en terminar El gatopardo (1963), que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes. En ella el director italiano supo desarrollar un profundo análisis político, una de las características fundamentales de toda su filmografía: el personaje de don Fabrizzio, interpretado por Burt Lancaster, debe asumir el fin de la aristocracia y renunciar a sus privilegios de clase ante el nuevo empuje de la burguesía. Por otra parte, la pareja formada por Tancredi Salina (Alain Delon) y Angélica, la hija de un nuevo burgués interpretada por Claudia Cardinale, representa la única pareja feliz de toda la filmografía del director, como símbolo final del triunfo de la belleza y la juventud renovadas. Con El gatopardo Visconti persiguió la perfección en la puesta en escena, gracias al cuidado exhaustivo de cada detalle y a una producción y fotografía espléndidas, en este sentido algunas de sus películas pueden considerarse un completo tratado de estética; se dice que incluso exigió que los armarios estuvieran llenos de ropa aunque permanecieran cerrados durante las escenas. La película sirvió también para iniciar a Burt Lancaster en el cine europeo; después trabajaría con Bertolucci y Louis Malle.

Igual que se había ocupado de la evolución italiana, Visconti acometió el análisis de la evolución alemana a través de tres títulos: La caída de los dioses (1969), Muerte en Venecia (1971) y Luis II de Baviera, el rey loco (1973). En La caída de los dioses, que le valió el Oscar al mejor guión, exploró el auge del nazismo. Basada ligeramente en la familia Krupp, magnates del acero en el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial, el presupuesto de la película se terminó a la mitad de su rodaje, pero Visconti les mostró lo que llevaba rodado a los productores Alfred Levy y Ever Haggiag, y éstos proporcionaron el resto del dinero para poder terminarla. El lapso de tiempo duró varios meses, durante los cuales el protagonista, Dirk Bogarde, se embarcó en otras dos películas: Justine (1969) y Oh, What a Lovely War! (1969). La película supuso el debut del actor austriaco Helmut Berger, uno de los fetiches de Visconti.

Después llegó Muerte en Venecia, basada en la novela de Thomas Mann, en donde la decadencia impregnaba el último amor platónico de un homosexual, interpretado también por Dirk Bogarde. El diseño de vestuario fue nominado al Oscar, y la fotografía dirección artística, banda sonora y diseño de vestuario ganaron el premio BAFTA de la Academia Británica. Completa la trilogía, Luis II de Baviera, el rey loco, que de nuevo relataba el declive de la sociedad europea. Para este último, Visconti se apoyó en la figura imprescindible de Helmut Berger, que interpretaba al rey en un recorrido de cuatro horas.

Al terminar el rodaje de Luis II de Baviera, el rey loco, Visconti sufrió un ataque cerebral que le dejó en parte paralizado. En estas condiciones y con ayuda de sus colaboradores aún dirigió otras dos películas: Confidencias (1974) y El inocente (1976). La primera, con la inestimable ayuda de Burt Lancaster, Helmut Berger y Silvana Mangano, obtuvo el David de Donatello a la mejor película; y la segunda, basada en la novela de Gabriele d?Annunzio, con Laura Antonelli y Giancarlo Giannini como protagonistas, llevó a cabo un excelente estudio de personajes y repaso social. Poco antes de que la película fuera estrenada, Visconti murió en Roma.

La vida del director estuvo siempre marcada por la contradicción. De fascista a marxista, de mujeriego a homosexual, de neorrealista a romántico. Estos vaivenes, pasiones y odios se reflejaron a lo largo de su filmografía hasta el punto de que su propia carrera es su mejor biografía.(Fuente:http://www.uv.es/correa/cinehisdret1/gatopardo/visconti.htm)




MUERTE EN VENECIA (título original: Morte a Venezia),1971
 es una película franco-italiana dirigida por Luchino Visconti. Adapta la novela corta La muerte en Venecia del escritor alemán Thomas Mann.
Esta cinta, una de las últimas obras del director de Rocco y sus hermanos, Senso y El gatopardo, fue nominada al Oscar al mejor vestuario.
Es una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.



"Mirror of Venus" - Wingate Paine



La fotografía pertenece al álbum "Mirror of Venus" de Wingate Paine, un capitán de la Marina que además de aficionado al Yoga y degustador experto de vinos franceses, resultó un exquisito erotómano según se desprende de sus series de fotografías de desnudos femeninos. A raíz de estos trabajos sus fotografías llegaron a las galerías y al campo de la publicidad. En 1967 publico el citado libro " Mirror of Venus" que es reconocido además de como una joya de la fotografía como una de las obras fetiche entro del campo del fino erotismo que además contiene textos de Federico Fellini y Françoise Sagan. El libro sería su obra más importante como fotógrafo, dedicándose posteriormente a la escultura y como profesor espiritual. Un fotógrafo singular sin duda.
 
Os dejamos un video con un repaso a su obra:
 

 

Ivie Anderson: la voz de Duke

Ivie Anderson junto a Duke Ellington durante un ensayo
 
Entre las cantantes de jazz que no forman parte de la primerísima línea de figuras clásicas y archiconocidas figura en un lugar destacado Ivie Anderson, una cantante sensible, llena de musicalidad y ritmo que dio lo mejor de sí misma en la orquesta de Duke Ellington. Siempre pudo presumir Ellington de un maravilloso talento a la hora descubrir musicos talentosos que hicieran de su orquesta una de las más poderosas y afinadas maquinas de hacer jazz que se hayan formado jamás, pero esa singular habilidad le fallaba notablemente a la hora de buscar una vocalista que estuviera a la altura de sus compañeros. Ivie Anderson fue la excepción a esta regla, y acompaño exitosamente a la mejor banda de la historia entre 1931 y 1942. Suyas son las interpretaciones míticas de "I got it bad" o "It don't mean a thing". Duke era totalmente consciente de la calidad de Ivie y no dudo en calificarla como la mejor vocalista que jamás tuvo.

La cantante que nacio en el estado de California en 1904, recibió su primera educación musical en un convento, entre los nueve y los trece años de edad, y luego estudio durante dos años en Washington D.C. Su primer contrato profesional lo firmo en Los Ángeles antes de enrolarse con una serie de compañías de music hall y viajar a Nueva York, para cantar en el "Cotton Club". Hizo algunas giras como bailarina-cantante, luego, solo como cantante en una etapa en la trabajo con diversas big bands y trabajo con Earl Hines antes de unirse a la formación de Duke Ellington. Tras los doce años en los que acompaño a Duke y aquejada de problemas respiratorios abrió un restaurante en Los Ángeles, aunque durante un tiempo siguió cantando regularmente en la Costa Oeste hasta que sus ataques de asma restringieron sus actuaciones totalmente. Falleció en 1949.

Ivie hizo muy pocas grabaciones con su propio nombre aunque hay alguna notable por ahi como el disco grabado en 1946 "Ivie Anderson & her All Stars" en el que era acompañada por musicos de primera clase como Charlie Mingus, Lucky Thompson o Willie Smith. Aun así posiblmente su mejor disco tal vez sea el titulado "Ivie Anderson" en el que se recogen algunas canciones memorables del repertorio de Duke Ellington. Como curiosidad diremos que es la cantante que aparece en la película de los Hermanos Marx "Un día en las carreras"

Fuente: Enciclopedia ilustrada del jazz - Ediciones Jucar
 

Carmen Amaya


"Los pantalones no perdonan: se ven todos los defectos del mundo y no tienes dónde agarrarte.”

 CARMEN AMAYA 
(2 de noviembre de 1913 - 19 de noviembre de 1963)




Bailaora española. De etnia gitana, debutó acompañada de su padre, el guitarrista José Amaya el Chino, en el Teatro Español de Barcelona, cuando sólo contaba cuatro años. Desde ese momento empezó a ganarse la vida bailando en bares y tabernas. En 1929 formó, junto a su tía la Faraona y su prima María, el Trío Amaya, con el que actuó en París. Desde 1935, y ya en solitario, realizó diversas giras que la llevaron a actuar en los principales escenarios americanos y europeos, siendo su aportación esencial en la difusión del flamenco más allá de las fronteras españolas. De Carmen Amaya se ha dicho a menudo que había nacido con el baile dentro, con un demonio o un duende llenos de vida y de pasión. Su estilo revolucionó el flamenco, al prestarle un aire y un gesto inimitables y desconocidos hasta entonces. Desaparecida prematuramente, su arte ha quedado plasmado en algunas películas, de las que la más importante es Los Tarantos (1962).
(Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/amaya.htm)







En su época, Carmen Amaya, marco las pautas del baile flamenco actual, aportando la manera de bailar también con los pies, aun siendo mujer, ya que las bailaoras, principalmente bailaban de brazos, sin olvidarnos que ella fue la primera mujer que vistió en pantalones para bailar.


Josh Adamski.- fotografiando la calma


Copyright © 2012 (Josh Adamski). Todos los derechos reservados. 

Josh Adamski (1948) es un fotógrafo que nació y se crió en el Reino Unido aunque en la actualidad vive y trabaja en Israel. Tiene su residencia cerca de la playa y dice que esto le sirve para encontrar la inspiración en el mar. La mayoría de sus fotografías están manipuladas digitalmente para conseguir ese nivel de abstracción tan característico en su obra. Adamski utiliza siluetas para representar a las personas que aparecen en sus fotografías y conseguir, de esta manera, agregar un elemento de cierta intriga a su trabajo.  Aún así, las líneas suaves y borrosas hacen que su trabajo parezca estar a medio camino entre la fotografía y la pintura y después de todo, transmitir sensación de relativa calma.


Álbum con imágenes de Josh Adamski

W. Eugene Smith.- Paseo por el jardín del paraiso




"La fotografía es solamente una débil voz, pero a veces, tan sólo a veces, una o varias fotos pueden llevar a nuestros sentidos hacia la conciencia; las fotografías provocan en ocasiones emociones tan intensas que llegan a actuar como catalizadores del pensamiento.....
La fotografia es una débil voz. Una voz importante en mi vida, aunque no la única, una voz en la que tengo fe "
(W. Eugene Smith)

Tras ser herido en la Segunda Guerra Mundial, Eugene Smith pasó dos años sin tomar fotografías. La primera foto que tomó tras ese periodo fue la de sus hijos paseando por el jardín, la tituló: The walk to paradise garden (Paseo por el jardín del paraiso).
Smith había sufrido heridas, por el estallido de una granada, en las manos y la cara. Es así como él mismo relata su reencuentro con la cámara, al hacer la foto de sus hijos:
"El día que intenté hacer de nuevo, por primera vez, una fotografía, apenas podía poner el carrete en la cámara. Pero tenía la determinación de que la primera fotografía supondría un contraste con las fotografías de guerra y hablaría de la afirmación de la vida".
"Estaba obsesionado por la obstinada decisión de que, por algún motivo, esta primera foto tuviera un carácter singular. Nunca he entendido bien por qué debía de suceder así, por qué tenía que ser la primera y no la segunda, por qué si no la hubiese realizado aquel día no podría haberla conseguido la semana siguiente. De cualquier modo, me desafié a mí mismo, a mis nervios y a mi propia razón para obtenerla.
¿Quería probarme a mí mismo que estaba en condiciones de autodisciplinarme? ¿ Se trataba de orgullo o, tal vez, de una desmesurada valoración de mi habilidad? ¿O era simplemente el miedo de no poder reencontrar la fuerza de la imaginación, la agilidad física necesaria para mi trabajo o, aún peor, el pánico a convertirme en un peso muerto para mi familia y para el resto del mundo?
De una forma difícil de definir con claridad y cualquiera que fuese la razón o conjunto de razones, sentía que aquel sería el día de una importante decisión espiritual."

La definió como: "Un delicado momento de expresiva pureza que contrastase con la horrenda barbarie a la que me había enfrentado en mis fotografías de guerra, las últimas que había tomado". Y logró plasmar la esperanza de un camino hacia la luz para la inocencia de aquellos niños. Pero, fijaos bien, él permanecía en la sombra. Veía el camino hacia algo más hermoso y justo, lo suficiente para tomar nuevas fuerzas, pero debía volver al Purgatorio de la realidad: "Médico rural", "Aldea española", "Enfermera comadrona", "Un hombre de caridad", "Pittsburg", "Haití", "Minamata"... La "isla" existía... pero no para él


Edward Steichen eligió esta foto de Eugene Smith para cerrar la exhibición sobre el fotógrafo"The Family of Man". Esta exposición se inauguró en el Museum of Modern Art, de Nueva York, en 1955 y después circuló por 37 países durante ocho años. En buena medida la fotografía pasó a ser conocida por este hecho.
Ha sido una de las fotografías más conocidas del siglo XX.

(Para conocer mejor la obra de Smith, podéis ver el álbum sobre el fotógrafo en esta misma página) —

Álbum de Eugene Smith

Schopenhauer.- Reglas para ser feliz (según un pesimista)




"Eudemonología" o "el arte de ser feliz", explicado en 50 reglas para la vida es el título de una serie de artículos que escribió el filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860), recopilados y posteriormente publicados. A diferencia de "El arte de tener razón", que ya en forma manuscrita aparece como una pequeña obra acabada, El arte de ser feliz nunca fue terminada y quedó en su forma más básica: las 50 reglas para la vida de las que se compone se redactaron en diversos momentos y se encuentran dispersas en los distintos volúmenes y carpetas del filósofo alemán. Veamos las 5 primeras .

REGLA Nº1: “Todos hemos nacido en Arcadia, es decir, entramos en el mundo llenos de aspiraciones a la felicidad y al goce y conservamos la insensata esperanza de realizarlas, hasta que el destino nos atrapa rudamente y nos muestra que nada es nuestro, sino que todo es suyo”… (“El prudente no aspira al placer, sino a la ausencia de dolor”, Aristóteles)…

REGLA Nº 2: "Evitar la envidia"

"Nunca serás feliz si te atormenta que algún otro sea más feliz que tú"; "Cuando piensas cuántos se te adelantan, ten en cuenta cuántos te siguen" ambas frases de Séneca

REGLA Nº3: …” Por eso el mero querer, y también poder, por sí mismos aún no bastan, sino que un hombre debe saber lo que quiere, y debe saber lo que puede hacer. Sólo así dará pruebas de su carácter, y sólo entonces podrá realizar algo con logro…pues tal como el pez es feliz en el agua, el pájaro en el aire y el topo debajo de la tierra, así todo ser humano sólo se siente bien en su ambiente…Debemos aprender a través de la Experiencia qué es lo que queremos y de qué somos capaces… Una vez que hemos averiguado dónde están nuestras capacidades e insuficiencias, cultivaremos nuestras disposiciones naturales sobresalientes para usarlas y aprovecharlas de todas las maneras posibles, y nos encaminaremos siempre en aquella dirección donde son útiles y válidas, mientras que evitaremos por completo, venciendo nuestros impulsos, los propósitos para los que por naturaleza tenemos poco talento”…

“Los capítulos amargos de la recomendación del conocimiento de sí mismo se puede ilustrar excelentemente con este verso de Ovidio: “El mejor libertador de aquel espíritu fue quien rompió las ligaduras que le ataban el pecho y dejó de sufrir de una vez por todas”.

REGLA Nª4: “Los bienes que a alguien nunca se le había pasado por la cabeza pretender, no los echa en absoluto de menos, sino que está plenamente satisfecho sin ellos…La riqueza es cómo el agua de mar: cuanto más se beba, más sed se tendrá. Lo mismo vale para la fama…”

REGLA Nº5: " … Por añadidura, los motivos que llevan al suicidio son muy diversos, de manera que no podemos indicar una desgracia lo bastante grande para que induzca con gran probabilidad a cualquier carácter al suicidio, y hay pocos males que, por insignificantes que parezcan, no hayan provocado también suicidios…Pero, dado que el dolor es esencial a la vida y también en cuanto a su grado sólo determinado por la naturaleza del sujeto…"

Horacio: “Recuerda que en tiempos arduos hay que conservar la ecuanimidad, lo mismo que en los buenos un ánimo que domine prudentemente la alegría excesiva”… Lucrecio: “Pues mientras nos falta lo que deseamos, nos parece que supera a todo en valor; pero cuando fue alcanzado, se presenta otra cosa, y así siempre estamos presos de la misma sed, nosotros que anhelamos la vida”.

Del libro “El arte de ser feliz”, recopilación de los apuntes de A. Schopenhauer, de la editorial Herder

Agustín García Calvo.- Libre te quiero




Libre te quiero,
como arroyo que brinca
de peña en peña.
Pero no mía.
Grande te quiero,
como monte preñado
de primavera.
Pero no mía.
Buena te quiero,
como pan que no sabe
su masa buena.
Pero no mía.
Alta te quiero,
como chopo que en el cielo
se despereza.
Pero no mía.
Blanca te quiero,
como flor de azahares
sobre la tierra.
Pero no mía.
Pero no mía
ni de Dios ni de nadie
ni tuya siquiera.

Imagen: J. Sorolla.- María en la playa  de Biarritz

Los versos, cantados por Amancio Prada:


Bertrand Russell.- Cartas a dos admiradores



1ª CARTA.- Oxford,  10 de noviembre de 1961

“Gracias de todo corazón por todas las cosas que usted ha hecho. Me gusta usted. Si viene alguna vez a Oxford venga a casa a tomar té conmigo. Con mucho afecto, Paul Altmann. Tengo seis años.”

RESPUESTA DE RUSSELL.- 24 de noviembre de 1961

“Querido Paul Altmann, te agradezco tu linda carta, que sobre todo me pone contento porque encuentro en ella un aliento para seguir con mi tarea. Me encantaría tomar el té contigo en tu casa, pero creo que por el momento no iré a Oxford. Pero cuando vaya te lo haré saber. Con mucho afecto y los mejores deseos de Bertrand Russell.”


2ª CARTA.-6 de enero de 1968

“Le agradezco mucho su autógrafo. Muchas gracias. También le he dado gracias a Dios.”

RESPUESTA DE RUSSELL.-

 “Estimada señorita Bush, me complace que le haya gustado mi autógrafo, pero siento que se lo haya agradecido a Dios, porque eso significa que él está perjudicando mis derechos de autor. Con los mejores deseos y cordiales saludos, Bertrand Russell.”




John Kenneth Galbraith por él mismo


 
Habrá que empezar a interesarse por saber como pensaban todos los que fraguaron en mayor o en menor medida todo este caos..... asi que a ver que pensaba, Galbraith... el afamado economista

"En cualquier organización es mucho, mucho más seguro estar equivocado con la mayoríaque tener razón solo"

"El estudio del tema del dinero, por encima de otros campos económicos, es el tema en el cual la complejidad se utiliza para disfrazar la verdad o para evadirla, en vez de revelarla"

"El proceso mediante el cual los bancos crean dinero, es tan simple, que la mente lo rechaza"

"Si no piensas en tu porvenir, no lo tendrás."

"Aunque todo lo demás falle, siempre podemos asegurarnos la inmortalidad cometiendo algún error espectacular."

"Para manipular eficazmente a la gente, es necesario hacer creer a todos que nadie les manipula."

"Bajo el capitalismo, el hombre explota al hombre. Bajo el comunismo, es justo al contrario."

"El dinero es algo muy singular. Le da al hombre tanta alegría como el amor y tanta angustia como la muerte."

"Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad."


John Kenneth Galbraith (1908-2006) Economista - EEUU