Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

viernes, 30 de noviembre de 2012

Virginia Mayo




"Mi  sueño de niña había sido ser bailarina,pero acabé siendo actriz y tuve la suerte de trabajar con los mejores actores de nuestro tiempo".


 VIRGINIA MAYO (30 de noviembre de 1920 - 17 de enero de 2005)




Una de las grandes bellezas de los años 40 y 50, Virgina Clara Jones nació el 30 de noviembre de 1920 en St. Louis, Missouri (Estados Unidos), en el seno de una familia bien conocida en la ciudad y de posición bastante acomodada.

Desde pequeña comenzó a estudiar baile y canto, artes que le sirvieron para introducirse en el espectáculo musical de su localidad natal.

Tras ser descubierta por productores importantes como David O. Selznick, fue Sam Goldwyn el que terminó haciéndose con sus servicios.

Virginia debutó en el cine con la película "Jack London" (1943), un título protagonizado por Susan Hayward y Michael O'Sea. Con este último actor se casó en 1947.

Unos años antes, en 1944, había coincidido por primera vez con su partenaire más habitual dentro del género cómico: Danny Kaye.

Con otro humorista popular, Bob Hope, colaboró en "La Princesa y El Pirata" (1944) y en un breve papel como "Goldwyn Girl" con Kaye en "Rumbo a Oriente" (1944).
  
Con posterioridad obtuvo más relevancia al lado de Danny, colaborando con el rubio actor en cuatro ocasiones más: "Un Hombre Fenómeno" (1945), "El Asombro De Brooklyn" (1946) -que era un remake de una película de Harold Lloyd-, "La Vida Secreta De Walter Mitty" (1947) y "Nace Una Canción" (1948), remake en clave musical que Howard Hawks, director de la película, había realizado de su comedia "Bola De Fuego".

También en los años 40 participó en "Los Mejores Años De Nuestra Vida" (1946) de William Wyler, o en el western "Juntos Hasta La Muerte" (1949) de Raoul Walsh, director con el que repitió en la magistral cinta de gángsters "Al Rojo Vivo" (1949), protagonizada por un inconmensurable James Cagney.

En los años 50 continuó su regularidad en Hollywood, apuntalando su sensual imagen en la que ni su leve estrabismo (todo lo contrario) logró aminorar su atractivo para sus seguidores masculinos.

Los títulos más recomendables de Virginia en este decenio (muchos de ellos de aventuras y del Oeste) son "El Halcón y La Flecha" (1950) acompañada de Burt Lancaster, "Camino De La Horca" (1951) con Kirk Douglas, "El Hidalgo De Los Mares" (1951) con Gregory Peck, "La Novia De Acero" (1952) con Alan Ladd, "El Talismán" (1954) con Rex Harrison, "Una Pistola Al Amanecer" (1956) con Robert Stack y "Westbound" (1959) con Randolph Scott, trabajando con directores de prestigio como Raoul Walsh, Jacques Tourneur o Budd Boetticher.

En la década de los 50 filmó junto a Dale Robertson un western en 3D titulado "Noche Salvaje" (1953).

A partir de los años 60, la actriz de Missouri fue apartándose del cine, apareciendo en pocos papeles y en películas menores de serie B.

Su vida marital fue feliz a lado de O'Shea hasta el fallecimiento de este último en el año 1973. Tuvieron una hija a la que llamaron Mary Catherine.

El 17 de enero del año 2005 Virginia Mayo murió a la edad de 84 años.(Fuente:alohacriticon.com)



‘EL HALCON Y LA FLECHA’ (‘The Flame and the Arrow’, Jacques Tourneur, 1950) es una de las películas de aventuras más imitadas de todos los tiempos, y eso que en sí misma representa la cristalización de las corrientes aventureras más importantes de los años treinta y cuarenta, para regresar a un cine casi arcaico, con sabor a algo imperecedero de la memoria, pero que asombrosamente parece un cine renovador incluso hoy día, pues del vértigo y la tensión vivísimas de esta película aún aprenden algunos buenos directores que saben que lo sencillo y lo humano no tiene nada que ver con lo simple y lo ingenuo. Y mucho menos en el cine de aventuras, considerado demasiado a menudo como un género menor, cuando en realidad es el género de géneros (que abarca desde el western hasta el bélico, desde el terror hasta el histórico), y que propone, cuando merece la pena, una vida paralela a la nuestra con la que poder expresar nuestros más profundos anhelos.

En este caso, el de la búsqueda de la libertad, pues pocas películas hay que logren expresar esa emoción con tanta nitidez como ésta. Y lo hace articulando unos caracteres de vitalidad pura, y una puesta en escena de una sensualidad que, cuando la vi por primera vez a los ocho o nueve años me pareció enorme, y ahora, un par de décadas más tarde, creo que permanece intacta. Los grandes directores son directores sensuales, creo, y Tourneur lo era, apreciando siempre la fogosidad y el temperamento de los cuerpos, llevando a sus actores al paroxismo físico en sus más sublimes películas, exacerbando sus posturas, sus gestos, como estatuas dinámicas. Y esto se aplica en modo superlativo, por supuesto, a Burt Lancaster, pero también a su compinche Nick Cravat, a Virginia Mayo, a Robert Douglas, a Frank Allenby. Para ser un proyecto de encargo, como tantas veces dijo el cineasta, nos encontramos ante un cine de inusitada fuerza expresiva, majestuosa precisión, potenciando lo lúdico como forma de arte supremo.
(Fuente:blogdecine.com/)

No hay comentarios:

Publicar un comentario